lunes, 30 de marzo de 2020

HABLAR CON DIOS

Somos capaces de hablar con Dios cuando, antes, le hemos escuchado a Él

Cuando nuestra alma ha aprendido a seguir la luz, el sonido suave que a veces se nos resiste y que brota de su Palabra.

Sólo escuchando, solo después de oírle, podemos hablar con Él.
Y es entonces cuando nuestras palabras parten de un corazón  que es todo verdad, que no se miente a sí mismo, que no esconde nada, porque es libre

Y esa libertad, es un don que Dios ha imprimido dentro de nosotros al hablarnos, al dirigirse a nosotros de una forma única, personal, irrepetible.

No hay conversación con Dios sin escucha de su voz, de su Palabra.
No se halla el lugar del encuentro si Él no guía nuestros pasos desde las entrañas de nuestro corazón hacia el centro de su ser, su bendito Evangelio. 

(Olga) 
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viernes, 27 de marzo de 2020

Reflexiones al Evangelio del V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45)

Hay dos formas de andar por la vida: en círculos, más o menos amplios, pero círculos que por más que se coloreen son repetitivos y por tanto cansinos. La otra forma es ir hacia nuestro Padre de la mano del Buen Pastor. No está en nosotros la capacidad sin más, de ir hacia Dios, alguien tiene que venir a nuestro encuentro y guiarnos. Alguien, el Señor Jesús. 
De esto nos habla el Evangelio de hoy en el que Jesús resucita a Lázaro. Entre las muchas vertientes catequéticas, nos quedamos con ésta en la que Jesús dice a los amigos de Lázaro recién salido del sepulcro: ¡Desatadlo y dejadle andar! ..Ya puede encaminar su vida hacia su Padre. Bien conoce Jesús las ataduras que nos amarran a esos círculos agobiantes que terminan por cerrarse contra nosotros. Al igual que a Lázaro nos desata de ellas y Él por su parte queda atado a la Cruz con la violencia de unos clavos. Pedro lo describe así: Habéis sido rescatados... no con oro ni plata, sino con la Sangre preciosa del Cordero inocente, Jesucristo (1 P. 1,18-19).

(Antonio Pavia-Misionero Comboniano) 
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Han cerrado tus templos

Tercera  semana DE PASCUA 2020 ,, 17 MARZO.
Han cerrado tus templos mi Señor,
Te han dejado solo en Tu Santuario Sagrado.
Recluidos en nuestras casas nos encontramos todos, porque tú haces salir el sol sobre buenos y malos.
Afligidos por el dolor de no poder adorar, frente a Tu Sagrario, tu Nombre Santo, nos preguntamos los que en ti esperamos... ¿por qué nos ha sucedido esto, cual es el motivo de lo que nos está pasando?
En todo el país nos sacuden con la espada del miedo, nos traicionan con su veneno y tu pueblo queda silencioso prisionero.
Las calles se han quedado vacías ya apenas pasea alguien por sus aceras y las avenidas solitarias han dado paso a la luz del día, ya no se escucha el ruido de voces en las terrazas de los bares, y los coches se han dejado aparcados en los garajes, han cesado los olores de sus humos y todos nos encontramos dentro de nuestras casas viendo pasar las horas día tras día observando tras los cristales, allá fuera, como la vida continua.
Brotan de los arboles renuevos verdes de sus tiernas ramas, el campo se viste de toda clase de flores, y las aves, sin importarles lo que a nosotros nos suceda, dibujan su silueta esbelta y alegre bajo un cielo que espera la inminente primavera, y… ¨Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, cuanto más hará por vosotros, hombres de poca fe¨. Mateo 6. 
Y ahora que los ruidos del mundo se han silenciado y que todo el ajetreo se ha callado me pregunto… ¿será capaz el hombre de dejar caer lo velado de sus ojos, será capaz de destapar sus entumecidos oídos sordos?
¿Comprenderá que sus dioses de nada le sirvieron para salvar su vida, o será pasajero y volverá a adorarlos, cuando todo esto pase, de nuevo?

Loles.

miércoles, 25 de marzo de 2020

INCLINARME


INCLINARME

Inclinarme bajo tu mano poderosa
Aprender a decirte “sí” contra toda esperanza
Renunciar a mi juicio, mi sentido común, mis razones y dejarte a ti hacer
Aceptar la locura de obedecerte más allá de lo razonable y creer en ti, en tu susurro
Caminar por un estrecho lugar y no poder agarrarme
Preguntarme si será verdad, cerrar los ojos y saltar, dejarte a ti hacer
Cederte el paso, confiarte mi vida y mi decisión
Respirar hondo y aguardar
Esperar y confiar ……   y ver que se cumple
Que tu mano firme toca la superficie de mi mar y la calma aplaca la tormenta

Ya no sopla el viento y despacio, muy despacio, todo ocurre, como tú quieres, como habías prometido
Todo a tu forma, no a la mía
La realidad modelada por tus manos porque no fui yo quien  obró, solamente me incliné bajo tu mano poderosa

(Olga) 
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martes, 24 de marzo de 2020

ORATORIO

El mayor don que podemos recibir de Dios es el de estar a gusto con El, tan a gusto, que podamos decir con el Salmista: "Para mí, mi bien es estar junto a Dios"(Sl 73,18).
La Sabiduría de estar a gusto junto a Dios viene de Él mismo, que la concede a todo el que la busca. Esto es lo que se desprende de lo vivido por María, la hermana de Marta, que dejando de lado "sus cosas" por muy importantes que fueran "..sentada a los pies de Jesús -junto a Él- escuchaba su Palabra...el Pan vivo. El se lo estaba partiendo. Jesús dijo de ella que " había elegido la parte buena" ( Lc 10,38-42). Hay que saber escoger la parte inmejorablemente buena de la vida, que es el estar a gusto con  Dios. Una vez que se escoge, Dios hace el resto... que te sientas a gusto con Él.. Estamos en tiempo de confinamiento, os invito a hacer como algunos hacían antes, una especie de Oratorio en vuestras casas. Escoged la estancia o parte de ella más apropiada, un crucifijo, una imagen de la Virgen y una Biblia abierta.. ya tenéis vuestro Oratorio... ya podéis estar como María a los pies de Jesús esperando que os parta la Palabra... pronto sabréis lo que es estar a gusto con Dios...buenos días ovejuelas.

(P. Antonio Pavia) 
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lunes, 23 de marzo de 2020

OJALÁ ESCUCHÉIS HOY SU VOZ (Salmo 94)


Meditando el Salmo 94, vemos que el salmista implora: “…Ojalá escuchéis hoy la Voz el Señor…”. Está expresando un deseo: escuchar su Voz, sinónimo de Palabra, de su Evangelio, que es como el Señor Jesús nos habla. No en vano esta Voz va con mayúscula. Y es que, en el mundo de hoy, hay una sola Voz y muchas voces; hay demasiado ruido en el mundo. Y en muchas ocasiones escuchamos más la voz del mundo…
” …No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto…”. Y es que el hombre de entonces, igual que el de ahora, ha endurecido su corazón. Nos lo recuerda el profeta Ezequiel: “…arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne…” (Ez 36,26), un corazón que sea capaz de amar.
Continúa el salmista: “…cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras…”; se está refiriendo a la construcción del becerro de oro (Ex 32,4). El pueblo de Israel se construye un becerro de oro al que da culto, a sabiendas de que no es verdad, que es imposible esa farsa. El pueblo de Israel ha sido testigo privilegiado de las obras que Dios ha hecho con él, cómo les ha sacado del país de Egipto, cómo les ha alimentado en el camino… Sin embargo, es mucho más cómodo fabricarse un dios que él domina. El hombre de hoy no puede comprender esa necedad, y, sin embargo, actúa igual. 
El hombre de hoy no construye con sus manos un becerro de oro. Lo construye con su corazón. Rinde pleitesía a otros dioses: al dios dinero, al dios “Ego”, que le impulsa a ser él mismo su propio dios. ¡¡Rinde pleitesía y adoración a la vanidad, a los vicios…pero también se equivoca incluso con cosas que son buenas!! 
Estas cosas buenas pueden ser incluso el trabajo, el estudio, o el amor. ¡hasta en eso podemos ser tentados! Somos tentados en cuanto nos apartan del Dios verdadero, que no es el primero, sino el ÚNICO.
A veces el trabajo nos aparta de la dedicación a la familia, cuando realmente lo que buscamos es el no estar en casa más que el tiempo justo porque no estamos a gusto…
El amor, aunque parezca un contrasentido, puede apartarnos de Dios. Abraham amaba tanto a su hijo Isaac, que éste fue para él su propio “becerro de oro”. El señor Yahvé orientó su camino hasta el monte Moria, para que comprendiera que Él es el Único Dios. 

(Tomás) 
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El “hoy” de Dios. Ojalá escuchéis hoy su Voz. Preocupémonos hoy de esa Voz, y pidamos, como en el Padrenuestro, el pan de hoy, para volver a pedir el de mañana: El Pan de la Palabra de Dios.


viernes, 20 de marzo de 2020

Reflexiones al Evangelio del IV Domingo de Cuaresma Ciclo A (Jn 9,1-41) 22-03-2020


Jn 9,1-41 Isaac recibió de Dios la bendición-elección dada por Él a su padre Abraham. Con la bendición en su alma, se estableció junto a un pozo en una localidad llamada Lajay ROI que significa: El Viviente que me ve, nombre que nos permite entender mejor el Evangelio de este Domingo en el que Jesús da la vista a un ciego. Asi empieza: Al pasar Jesús vió a un ciego de nacimiento.. Jesús es el Viviente que ve los sufrimientos y pesares de este hombre a merced del Príncipe de las Tinieblas..a todos nos representa este ciego. Jesús se le acerca y toma un poco de barro, signo de la precariedad de nuestra vida y lo mezcla con su saliva, le pone el empaste en los ojos y le dice que vaya a lavarse; volvió ya viendo. La saliva es imagen de la Palabra, de hecho un hombre que no segrega saliva no puede hablar. Cuando el hombre deja que Jesús le abra los ojos es cuando ve que el proyecto de vida que tiene sobre él está libre de horizontes y límites. Jesús es el Viviente que nos ve, no para vigilarnos, sino para protegernos y cuidarnos de visiones opacas que nos hacen tan pequeños como la muerte.. y es que el Viviente que nos ve, venció dos muertes: la suya y la tuya.

(P.Antonio Pavía) 
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Toque Reconocimiento

Señor Jesús, vivimos en una sociedad en la que cada vez importas menos.. y yo, como un necio, me lamento porque los demás no reconocen lo que hago por ellos.

(P.Antonio Pavía-Toques del Alma) 

jueves, 19 de marzo de 2020

¿Por qué Dios no me concede lo que le pido?


¿Cuántas veces nos ocurre esto? Es humano pensar que si soy bueno, si cumplo con Dios, es lógico que él cumpla conmigo. Sí, es humano. Pero Dios no piensa así. Dios no es un “conseguidor”; ni tampoco hay un juego o un pacto entre Dios y el hombre, fiel o infiel. Si apruebo los exámenes, te pongo una vela, o voy a misa un día o hago tal o cual sacrificio. Y este pensamiento también se produce entre cualquier persona, que pide ayuda a Dios, y, a cambio, le promete cualquier acto piadoso. Este pensamiento de Dios es infantil y erróneo. No tenemos a un Dios que hemos de “contentar”, para que no se enfade.
Este pensamiento se daba en los pueblos primitivos, que ofrecían sacrificios a sus dioses, para implorara su protección, para tenerlos contentos. Dios no es así.
Entonces ¿por qué parece que a veces, no me hace caso? Indudablemente nosotros no sabemos pedir. Pedimos lo que creemos que nos conviene, pero Dios, Infinito y Eterno Presente, tiene tanto Amor a sus criaturas, que sólo les dará lo que realmente les conviene, en orden primero, a la Vida Eterna, y después, para su felicidad aquí en la tierra. 
Pero, si pedimos cosas que realmente son buenas para nuestra alma, ¿por qué no nos las concede? La respuesta está siempre en el Evangelio. Dice Lucas (18,1-8), que en una ciudad había un juez injusto que no creía en Dios ni le importaban los hombres. Esta “injusticia” del juez, más que una pura injusticia de no dar a cada uno lo suyo, que seguramente sí lo hacía, en boca del Señor quiere decir que “ no se ajustaba” a los preceptos dictados por Dios; de ahí su “injusticia”. Y hay una viuda que le reclama justicia, y la que él no hace caso; pero, harto de su insistencia, al fin decide hacerle “justicia”, a que ella demandaba. En esencia éste es el texto del Evangelio citado. 
María, nuestra Madre, nos enseña a pedir: “…no tienen vino…” (Jn 2,3), recordará a Jesús en las bodas de Caná. Dios sabe de sobra nuestras necesidades. No tenemos que decirle a Dios lo que tiene que hacer; le decimos que nos falta el vino de la fiesta; la Fiesta de su Presencia, la fiesta de estar con Él; “…Es que tienen que ayunar los invitados a la boda mientras el Novio está con ellos?...”(Mc 2, 19)
Jesucristo nos invita a las “Bodas del Cordero”, a su Fiesta. A la Fiesta del Cielo, su Reino; y nuestro gran problema es que no tenemos el vino de su Fiesta. Pidamos, pues, de ese Vino.
Pero ¡ojo! No hemos leído bien el comienzo, ni tampoco el final. Dice así (Lc 18, 1-8):
“Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse…”, - les propone la parábola que hemos enunciado-.
Y termina: “…Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”
La catequesis está muy clara: Jesús, si lo que pedimos es conforme a su Voluntad, que siempre será para nuestro bien, lo concederá: “…Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, tened confianza en que lo conseguiréis, y Él os lo dará, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…” (Jn 14,13). Pero quizá lo conceda en el tiempo de Dios, que no es el nuestro, y de la forma que Dios quiere, que puede no ser exactamente la nuestra.
Y la pregunta final, duele: ¿tendremos nosotros esa fe en Él?

Alabado sea Jesucristo
(Tomás) 
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martes, 17 de marzo de 2020

RECIBÍ TU LUZ

Recibí tu luz y me mostró mi interior
Recibí tu luz y me sentí retratado
Se inquietó mi ser y salí a buscarte
Busqué tu perdón al que me guio tu luz
Y en tu luz encontré la paz, recuperé la inocencia

Así es siempre, nos dejas alejarnos, como hijos inconscientes que necesitan explorar
Y esperas como Padre bueno la caída para acudir como luz
Nuestra conciencia, lo que nos retrata, lo que nos confronta al mal que hacemos, es tu luz
Tu luz que desea recogernos desde el mismo momento en que nos alejamos.
Cuando regresamos a ti abatidos por nuestras culpas, ya llevamos tu luz en nuestro interior y es esa luz la que nos muestra el camino
Tu luz imbatible para quien nos engaña
Tu luz poderosa para sacarnos del abismo
Tu luz es el signo de tu amor, la respuesta de un padre a nuestra soledad cuando caemos
Bien en forma de luz para los que sentimos culpa, luz como agua para nuestras almas agrietadas por el mal
Bien por mal………….para ser fiel a tu Palabra

(Olga) 
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domingo, 15 de marzo de 2020

Salmo 56(55).- El fiel no sucumbirá

TEXTO BIBLICO 

Ten piedad de mí, oh Dios, porque me atormentan, me atacan y me persiguen todo el día; 
todo el día me vigilan y me atormentan, son muchos los que me combaten desde lo alto.
Levántame en el día terrible, pues yo confío en ti.
En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temeré.
¿Qué podrá hacerme un mortal?
Todos los días discuten y planean,
maquinando hacerme daño;
se reúnen, se esconden y espían mis pasos, vigilando con codicia mi vida.
¡Recházalos por su injusticia!
¡Derriba con tu ira a los pueblos, oh Dios!
¡anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu odre!
¡Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que tú eres mi Dios!

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temeré.
¿Qué podrá hacerme un hombre?
Mantengo, Dios mío, los votos que te hice, los cumpliré con acción de gracia porque libraste mi vida de la muerte, mis pies de la caída, para que camine en presencia de Dios, en la luz de los vivos.


REFLEXION, - Desde la Cruz
Un hombre fiel acude desconsolado a Dios, pues está pasando por una terrible experiencia de hostigamiento y opresión por parte de sus enemigos: «Ten piedad de mí, oh Dios, porque me atormentan, me atacan y me persiguen todo el día;
todo el día me vigilan y me atormentan, son muchos los que me combaten desde lo alto».
Nos detenemos en este aspecto que le causa la angustia de nuestro hombre orante. Sus enemigos se emplean con saña contra él y le quieren derribar de su altura. Este hombre, injuriado, es Jesucristo levantado en la cruz. 
Vemos a Satanás actuando en el pueblo, vociferando a Jesús, e instándole a que demuestre a todos si es o no Hijo de Dios: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: soy Hijo de Dios» 
Tentación terrible la que vive Jesucristo: Durante su vida nadie ha creído en Él, ni en sus milagros ni a través de la predicación ni por su continuo testimonio que da del Padre. Ahora le gritan que creerán en Él si es capaz de bajar de la cruz: si desiste de su misión. Jesús, suspendido de lo alto, entre el cielo y la tierra, escucha dos catequesis diferentes. La de los hombres: baja de la cruz y creeremos en ti; y la del Padre: mantente en la cruz porque tú mismo anunciaste que «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna»  
Seguimos al salmista y vemos cómo encuentra su fortaleza en Dios y en su Palabra: «Así sabré que tú eres mi Dios. En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temeré. ¿Qué podrá hacerme un hombre?». Estas palabras: «Tú eres mi Dios», resuenan en los oídos de Jesús durante el fragor de la tentación. Palabras que le ayudan a volver su espíritu en búsqueda de una certeza: Él es el enviado del Padre para llevar a cabo la salvación del hombre.
Jesús, tiene conciencia de que todo lo que el Padre le ha susurrado, todo lo que ha escuchado de Él, permanece para siempre. No hay fuerza que pueda apagar la Palabra que Él ha oído del Padre. Y esta es su fuerza. Esta, la roca donde se asienta en el momento culmen de su misión. Éste es su escudo para rechazar las catequesis insidiosas que vienen de parte de la muchedumbre: «¡Baja de la cruz y creeremos en ti!». Jesús, aún con el cuerpo desgarrado, no tiene duda de que «el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» 
Jesús es el que nos enseña a oponer la catequesis de Dios a las catequesis de los hombres; es Él el que da un sentido profundo completo a la afirmación del salmista: «¿Qué podrá hacerme un hombre?». Jesús, con su decisión de mirar y escuchar solamente al Padre, da testimonio de la veracidad de las palabras del profeta Isaías: «Toda carne es hierba y todo su esplendor como flor del campo... La hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece para siempre»  
Jesús es el Camino. En Él y por Él aprendemos que no podemos estar en dos palabras: la de los hombres y la de Dios. La de Dios nos levanta a la altura de la cruz: es la única que da vida eterna. Abrazarnos a ella, es la garantía de nuestra inmortalidad. La palabra del hombre, a la altura a la medida de su ambición, es como la hierba que crece esplendorosamente, tiene su ciclo de grandeza, después decae hasta que muere. 
A esta altura, repetimos con Jesucristo y con el salmista: «Así sabré que tú eres mi Dios». Y es cierto, está y permanece para siempre. Apoyados en esta esperanza, sabemos que Él cuidará de nosotros y nos devolverá la vida que, por la fe recibida, estamos perdiendo en lo alto, en el misterio de la cruz. Llamados a ser discípulos de Jesucristo, tenemos conciencia de que por Él apareció la vida en el mundo, vida 
inmortal que nos ha sido concedida. Esta es la buena noticia proclamada insistentemente por los primeros anunciadores del Evangelio, como lo vemos, por ejemplo, en el apóstol san Juan: «Y este es el testimonio: que Dios nos 
ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida» 

viernes, 13 de marzo de 2020

Reflexiones al Evangelio del Domingo 3 de Cuaresma Ciclo A (Jn 4,5-42) 15_03_2020

Dios concede, a quien le busca, la Espiritualidad de la Palabra, fundamento del Discipulado.
Ella hace que cualquier pasaje del Evangelio, o un Salmo, etc.. se nos abra al corazón con manantiales nuevos de los que jamás hemos bebido. Lo contrario, es ir a estos mismos textos con la autosuficiencia de que "te los sabes" y entonces Dios cierra los innumerables manantiales que fluyen en su interior. 
En el Evangelio de hoy, Jesús dice a la Samaritana.. ¡Si conocieras el don de Dios!,.. El don de Dios es tener acceso a sus Manantiales ocultos en su Palabra... solo los Pobres de Espíritu los encuentran y estos Manantiales les empujan para encontrar el lugar donde dar de este agua de Dios a los demás. Tengamos sed de estos Manantiales y para  ello hagamos nuestra la súplica del Salmista: "Dice de Tí mi corazon busca mi Rostro, tu Rostro buscaré Dios mío (Sl 27,8). De eso se trata, de buscar el Rostro de Dios que resplandece en su Palabra. 

(P.Pavía-Misionero Comboniano) 
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Toque buscar a Dios

Los que se atan a dioses muertos se encierran por siempre en la muerte,los que tienen sed del Dios vivo y se lanzan en su búsqueda como el salmista Sl 42,1-3 se abren a la Vida Eterna

jueves, 12 de marzo de 2020

TU SINFONÍA

Tocamos para ti una sinfonía en el mundo, la sinfonía de nuestro creador
Y lo hacemos con nuestro vivir, con nuestras acciones que son tus notas
Notas que surgen de un corazón habitado por ti, notas que derraman tu espíritu

martes, 10 de marzo de 2020

TEMOR DE DIOS Y TEMOR A DIOS


Mucho, y muchas veces mal, se ha enseñado y se ha hablado del “temor de Dios o temor a Dios”. Hablo de nosotros, los cristianos, pues lo que ni siquiera conocen a Cristo, no se les pasa por la imaginación, no les preocupa. 
Y es que en nuestro lenguaje español, tan rico en todo tipo de expresiones, palabras, modismos…, a veces hasta nos perdemos. 
Dios no es un Dios terrible, que nos espera para castigarnos y llevarnos a la perdición. Es un Dios todo bondad, mansedumbre, magnanimidad, infinitamente misericordioso. ¿De dónde, pues, esta sensación de miedo? Quizá porque en la lectura del Antiguo Testamento se nos presentó así…Hemos de considerar que los Libros Sagrados de la Escritura, son libros escritos en lenguaje oriental, que envía sus mensajes a modo de imágenes, que expresan los sentimientos; en nuestra cultura occidental, hija de culturas romana y griega, se sigue mucho más la literalidad del lenguaje.
Temer “a” Dios es considerarle como un “castigador”, vengador de los seres humanos, que infunde terror a sus enemigos, y al que hay que contentar con sacrificios, oraciones, etc., pero sólo eso. Ahí no hay amor. Y en los tiempos que corren, pesa tanto, que se le abandona. Pero es que ese Dios NO existe. 
El temor de Dios, el Santo Temor de Dios, procede del Amor. Y tenemos miedo, sí, pero no a Dios, sino a perderle, a causa de nuestros males. Por eso decía Jesús: “…Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre…”  Y entonces comenzamos a temer perder este Dios Jesucristo, que dio su Vida por nosotros. Nadie tiene más amor que Aquel que da su Vida por los demás. Ese sí es nuestro Dios. No hay religión alguna que tenga este Dios, pues es el Único. No hay religión más que aquella que ama y perdona al enemigo, al que te difama, al que te calumnia, al que te hace mal. Sólo Jesucristo es así, y así nos enseña a amar. 
Tengamos entonces “temor” a perder este Dios. Entonces no nos costará acercarnos a Él con la confianza de un hijo, pues conoce nuestro barro, nuestras debilidades. 

(Tomás Cremades) 
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