Mostrando entradas con la etiqueta Poemas de amor... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas de amor... Mostrar todas las entradas

martes, 24 de abril de 2018

POEMAS I.- GRACIAS SEÑOR


"Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada," Lc 1; 46-48


GRACIAS, SEÑOR
Porque cada día te hablo y me escuchas,
Gracias, Señor
Porque en esta conversación, calmas mi alma,
Gracias, Señor
Porque con tus palabras, recibo luz para iniciar el camino,
Gracias, Señor
Porque nunca me engañas cuando pongo mi vida ante ti,
Gracias, Señor
Porque siempre hay respuesta,
Gracias, Señor
Por la calma, por la paz,
Gracias, Señor
Porque el día comienza con este encuentro,
Gracias, Señor
Gracias por esta certeza de que no me faltarás, cada mañana, cuando la vida empieza y necesito tu luz para caminar.
(Olga Alonso)

"La senda del justo es recta; tú allanas la senda recta del justo. Pues bien, en la senda de tus juicios te esperamos, Yahveh; tu nombre y tu recuerdo son el anhelo del alma .Con toda mi alma te anhelo en la noche, y con todo mi espíritu por la mañana te busco. Porque cuando tú juzgas a la tierra, aprenden justicia los habitantes del orbe." Is 26;7-9

jueves, 18 de mayo de 2017

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO.-16.-TEJIENDO NUESTRAS VIDAS (POR OLGAALONSO)


“No atesoréis tesoros sobre la tierra, donde la polilla y la herrumbre los hacen desaparecer; atesorad mas bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre. Porque donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón.”

Mt 6; 19-21

TEJIENDO NUESTRAS VIDAS

Cuanto tiempo dedicamos
a tejer nuestra existencia
a tramar todos los hilos
que nos permitan sentir
la ansiada seguridad
de tenerlo todo atado
de ser nuestros propios dioses
de poseer nuestras vidas.


Y que será, que después
de tanto trabajo inútil,
nos invade la impresión
de estar encerrando el alma
de estar embalsando el mar.

De que nuestra misma vida
de tanto querer guardarla,
se escapa entre nuestros dedos.

Y entonces tu llegas, Padre
y nos hablas de pobreza,
de morir para nacer
de vaciarse por dentro
de abrir nuestro corazón,
y dejarnos habitar.

Nos hablas de perdonar
incluso al que nos ofende.
Nos hablas de ser por Ti
esclavos de nuestro hermano.

 
Y nos parece que, así,
nos propones lo imposible.
Nos invitas a un camino
que no podemos seguir

Y es en nuestro abatimiento,
cuando nos hemos rendido
cuando estamos derrotados,
que levantamos los ojos
como el ciego del camino
y pedimos un milagro
para poder verte a Ti.

Y entonces Tú te apareces
como siempre, imprevisible
con el rostro de Jesús,
a ofrecernos tu Palabra,
que es tu presencia en la tierra.

Y a regalarnos el cielo
tan solo con confiar
plenamente en tu Promesa.
Y es esa misma Palabra
la que se ocupa de hacer
tu trabajo en nuestro alma.

Y un día, el que Tú quieres,
nos damos cuenta, en silencio
que hemos muerto para Ti.

Y, que aquel “imposible”
que siempre nos proponías
es hoy una realidad
en la que vivo y habito,
envuelta en Eternidad.
“Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños…
Tu no quieres sacrificios ni ofrendas y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: “Aquí estoy
como está escrito en mi libro – para hacer tu voluntad.”

Salmo 39, 5, 7-9

sábado, 7 de enero de 2017

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 15.-Buscarte un hueco en mi día.-(Olga Alonso)

“Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; 
llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

Lc 11; 9-10

Hay un día en nuestras vidas
que aprendemos, de repente
que buscarte es un regalo.
Que la fuerza que nos lleva
a querer sentirte cerca
es la certeza infinita
de que obtendremos respuesta.
Ha pasado tantas veces,
que hemos parado el tiempo
en nuestro vivir diario…
Que hemos levantado el rostro
hacia el cielo que tu habitas,
y te hemos encontrado allí…
Que seguimos cada día
volviéndolo a intentar.
Luchando con la marea
de nuestras pequeñas cosas.
Tirando de nuestro alma
y buscando eternidad.

“Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.”

Salmo 22; 6

domingo, 1 de enero de 2017

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 14.- Cada vez que nos perdonas.-(Olga Alonso)

 
“Te digo que quedan perdonados sus muchos pecados porque amó mucho, mas a quien poco se perdona, poco ama.”

Lc 7; 47


Si Tú nos descubres, Padre,
aspectos de nuestra vida
que nos alejan de Ti
es porque sólo Tú sabes
que el corazón de los hombres
se cansa, se agota y busca
vivir la vida sin Ti.
Y a pesar de conocer
la infidelidad inmensa
con que pagamos tu amor,
nos ofreces cada día
un nuevo pacto, un encuentro
una cita, una alianza
un estar juntos de nuevo
sin volver la vista atrás.
Cada vez que nos perdonas,
nos enseñas tus dos manos
y nos repites paciente
que hace mucho decidiste
grabar nuestro nombre en ellas.
Y que no importa las veces
que tengas que levantarnos.
Que tu infinita paciencia
esperará por nosotros,
en cada nueva caída.
Y que nuestra historia juntos
empieza cada mañana
sin memoria, sin recuerdos,
y sin caminos andados.
Y en esta respuesta tuya
incondicional, perpetua
nos robas el corazón.
Y sentimos cada día
que nuestro corazón débil
vuelve de nuevo al Camino.
Y que, en cada perdonar,
logras acortar distancias
entre tu amor y nosotros
Y NOS GANAS PARA TI.

“Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados.”
Is 38; 17

miércoles, 28 de diciembre de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO.- 12.-EL CAMINO QUE LLEVA A TÍ.- (por OlgaAlonso)


“Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús respondió: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.”
Jn 14; 5-6
Yo no sé cómo ha ocurrido casi me cuesta pensar en las partes del camino que me han llevado hasta Ti.
 
Has sido Tú quien lo ha hecho
es por tu fidelidad
que yo me encuentro contigo.
No son mis planes, mis metas,
eres sólo Tú el camino.
 
Y te pido, cada día
que me quites el temor
de abrir, de una vez por todas
a ti, Dios, mi corazón.
 
Entero, sin presupuestos
sin condiciones, sin planes
sin miedos y sin certezas
pero con plena confianza
de saber que, ya mi vida
reposa toda en tus manos.
 
Y encomendar a tus manos
igual que Cristo en la Cruz
mi espíritu, mi vida, todo.
Y saber que Tú, seguro
serás mi único alimento
para el resto de la vida.
Hasta que un día Tú quieras
que, tan llena ya mi vida
de Tu presencia infinita
no pueda yo distinguir
esta vida en este mundo
de tu vida, que es la eterna.
 
Y entonces mis ojos vean
como el ciego del camino.
Y se cumpla la promesa
que le hiciste desde antiguo
a nuestro Padre Abraham.
 
Ya no tengo dudas, Padre.
Tú existes y nos ocupas
Tú nos recoges del fango
nos rescatas y nos guías
Tú nos amas como nadie
ha amado al mundo jamás.
 
Tú nos creaste y, por eso,
ya nunca te cansarás
de la preciosa labor
de levantar nuestras almas
de este suelo que las prende
y elevarlas hacia el cielo
el lugar de donde nunca
debieron haber salido.

“Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.”
Salmo 15; 11

domingo, 25 de diciembre de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 13 .- Testigos de Tu Luz.- (OlgaAlonso)

TESTIGOS DE TU LUZ

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”
Hech. 1; 8

Cuando estamos en tu Luz,
se nos ilumina el mundo
y nos haces tus testigos.
Y nos muestras los lugares
donde Tú quieres que estemos,
donde Tú quieres estar.
Sitios que no conocemos
que nunca habíamos visto,
espacios entre los hombres
que necesitan de Ti.
Y no lo saben pedir.
Y tan sólo se limitan
a preguntarse, en silencio
dónde estás, si es que Tú existes
dónde hallarte, en qué lugar.
Y una vez que Tú nos llamas,
y nos pides que acudamos
Tú desatas nuestra boca
y te ocupas de habitar
estos huecos en el mundo.
Y no vemos qué sucede
en el corazón del hombre
que ve tu Luz en nosotros.
Sólo creemos en Ti
y tenemos la certeza
de que Tú te ocuparás
del resto de la tarea.
Y que harás, una vez más,
nacer un nuevo Hijo tuyo
en el hombre que recibe
sin resistirse, Tu Luz.
Y por eso, mi Señor
Tú quisiste un día que fuéramos
tus lámparas en el mundo,
tu presencia en las tinieblas,
tu esperanza para el hombre.
Y sabemos, Padre nuestro
que el trabajo que nos pides
hubo un día, en nuestras vidas,
que lo hicieron con nosotros.
Alguien que quiso aceptar
ser vasija de tu barro,
ser portador de tu Luz.
Alguien que iluminó
con aquella Luz mi vida.
Y por eso, ¿cómo no
recoger aquel testigo?
¿cómo no entregar mi vida
a que otros se iluminen
con tu eterna claridad?

“Señor, tu misericordia llega al cielo; tu fidelidad hasta las nubes;… porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.”
Salmo 35; 6,10

domingo, 11 de diciembre de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 10.- Tú nos elegiste.-(Olga Alonso)

“Id y anunciad el evangelio por toda la tierra y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Mt 28; 19-20
Tú nos elegiste un día
nos invitaste a dejar
de un lado las ataduras
que no dejan despegar
nuestro corazón del suelo.
 
Tú nos regalaste alas
que nos permiten volar
y sentir la libertad
de ver con distintos ojos
la realidad de este mundo.
 
Es ahora el momento,
ahora nos toca a nosotros
los que guiados por ti
saquemos a los hermanos
de esta misma realidad.
 
Tu nos confiaste el mundo
nos creaste para vivir
atados a la vocación
más preciosa: EL AMOR.
 
Y abrimos nuestros corazones
para que Tú, cada día
nos reveles los detalles
de qué tenemos que hacer
para cumplir la misión
por la que fuimos creados.
Y a medida que crecemos
en ese conocimiento
amamantamos al hombre
que, nuevo ya, junto a Cristo
camina con paso firme
hacia el destino final
que es parecerse a Ti.

“Como un joven se casa con su novia,

así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”.
Is 62; 5

miércoles, 7 de diciembre de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 24 - Como yo no te encontraba - (PorOlga Alonso)

“Os dejo la paz, mi propia paz. Una paz que no es la que el mundo da. No estéis angustiados, no tengáis miedo. Ya habéis oído lo que os he dicho:
«Me voy, pero volveré a estar con vosotros»”
Jn 14, 27
Como yo no te encontraba, caminaste Tú hacia mí.
Como yo no te veía,
te hiciste luz para mí.
Como yo iba… y venía,
Tú decidiste aguardar
a que la desesperanza
hiciera huella en mi vida
y te viniera a buscar.
Como ahora sé que vienes,
busco todos los momentos
que tejen mi día a día,
cierro los ojos, y rezo
y te espero en el silencio.
No hay nada que valga más
que sentirte aparecer.
No hay nadie que, como Tú
logre estremecer mi alma
y llenar de tanta PAZ
mi agotado corazón.
“En paz me acuesto y enseguida me duermo,porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.”
Salmo 4, 8

jueves, 1 de diciembre de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 22.- En tierra de nadie.- (OlgaAlonso)

“Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del 
mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.”

Juan 8; 12




En tierra de nadie,
ni en el lugar dónde estaba
ni en el que Tú me prometes.
El miedo en el alma,
sabiendo que ya
no puedo volver.
La duda que asusta.
No ver dónde estás
y sólo sentirte.
Vivir la esperanza
que Tú me regalas
de saber que es cierto.
La añoranza siempre
de aquella promesa
de la luz que brilla.
Pero sobre todo,
la certeza insólita
de que eres VERDAD.
…¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.


Salmo 36; 10

viernes, 8 de julio de 2016

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 9.- Entregarse a la obediencia.- (Olga Alonso)

“Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.” Jn 4; 34


Ojalá siempre tengamos
nuestra voluntad dormida
para que así te dejemos
realizar tu voluntad.
Ojalá Tú nos enseñes
a saber obedecer
con la plena confianza
en tu santa Providencia.
Y entendamos ya, por fin
que cuando te obedecemos
en tanto hacemos tu obra
llenamos al mundo ciego
de tu Eterna claridad.
De forma que, cada vez
que hacemos tu voluntad
asistimos al milagro
de tu poder creador.
En nosotros, por hacer
de instrumentos para Ti
y en los otros, porque Tú
les alcanzas con tu gracia.
¡Qué hermoso resulta ahora
entregarse a la obediencia!
Qué libertad más inmensa
el dejarse invadir
por la fuerza de tu reino,
por la gracia de tu Ser.
Y entregarse al “no saber”
y vaciarse al “no querer”
y sólo desear que todo
sea ocupado por Ti.
Y así experimentar
hasta qué punto nos amas
y creaste nuestro alma
unida a la Eternidad.
Y como a un viento suave
abandonarse a Ti
y sentir a cada paso
el nuevo ser que ahora habita
en nuestros antiguos cuerpos.

“En la mañana, hazme escuchar tu gracia

ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma hacia ti.”

Salmo 142; 8

domingo, 25 de octubre de 2015

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO.- PRÓLOGO.- El hombre y sus raíces.- (Olga Alonso)

¿Puede el hombre vivir, o sacar partido de su vida sin una vinculación existencial con sus propias raíces? Es ésta una pregunta que subyace hoy día y siempre al hombre, ensimismado ante la obra de sus manos.
Amigo lector, tienes en tus manos un libro sin grandes pretensiones literarias pero que es fruto maduro de un alma inquieta y buscadora.
Cuando el aire se hace irrespirable, cuando los horizontes se vuelven cansinos de tanto vadearlos el alma, ésta, como si estuviera enfebrecida, se queja y es entonces, cuando acontece la búsqueda.
Su autora, Olga Alonso, me ha pedido y al mismo tiempo concedido, la deferencia de prologar sus notas escritas al son de los acordes de su alma. He accedido a su petición, no sin antes sopesar mis limitaciones.
Lo primero que quisiera comunicaros es que Dios es bueno. No es que sea bueno con unos y con otros no; es bueno con todos. Si las razones que Dios tiene para amar al hombre fueran del mismo tipo que las que tenemos nosotros para amar, entonces nadie podría conocer ni experimentar su cercanía. Esto ya lo intuyó el salmista cuando le dirigió su súplica: “¡Dios mío!, si tienes en cuenta las culpas, ¿quién podrá resistir?, más junto a ti está el perdón” (Sl 130; 3-4).
Dios sabe muy bien que somos de barro… y el salmista, hombre orante, también; sabe que la “debilidad” de Dios reside en su perdón ilimitado; de ahí su audacia: “¡tu perdón está siempre, siempre junto a ti!”.
Quizás el drama del hombre no resida en sus culpas visibles, las que se pueden ocultar o enmascarar hasta el punto de considerarlas normales y razonables. El verdadero drama del hombre es el de acostumbrarse a vivir sin sus raíces; el hecho de conocer de su vida sólo lo que está enmarcado en el estrecho paréntesis de lo que domina con sus capacidades, sin explorar las inmensas e inabarcables riquezas de su espíritu.
Me atrevo a afirmar que el hombre que prescinde de sus raíces, que le enlazan con el Otro, el Insondable, el Trascendente, aunque llegue a realizarse llevando a lo más alto todos los proyectos surgidos de su mente y su corazón… está incompleto. Le falta algo. Y, esa falta da lugar a la sensación de agobio y opresión de quién aspira a más y la cuerda de la vida no da de sí.
Somos tan nuestros, tan celosos de nuestro “yo” que cubrimos esta necesidad tan perentoria con mil iniciativas nuevas, con la ilusión cada vez menos creíble de engañar o de retrasar el adormecimiento que se cierne sobre nuestro ser.
Dios sabe que todos somos así… y no se violenta, no se impacienta. Sabe esperar el momento en que nuestro barro se fije en Él. Es entonces cuando como si de una creación se tratara, se establece una relación con Dios totalmente desconocida, ignota para todo el ámbito de nuestras experiencias. Acontece un intercambio de amor que fluye desde nuestras raíces hacia el Manantial de la Vida y viceversa. Sucede los Inaudito: ¡El hombre habla con Dios!
Hoy día, en el que hablar con los demás se ha convertido en un lujo porque no hay nada nuevo que decir, en el que la palabra está asociada a la evasión… la extraordinaria noticia de que podemos hablar con Dios oxigena nuestra existencia. Repito, el hombre puede hablar con Dios.
No es un monólogo en el que tú dices todo, preguntas y te respondes al mismo tiempo. Es un hablar con Dios-Espíritu que ve, oye, palpa y siente contigo.
No estoy dando a entender que hoy día estemos viviendo tiempos peores, que hayamos perdido profundidad, que estemos en una crisis de espiritualidad… El hombre siempre ha sido así. En su comodidad y necedad ha buscado siempre una relación con Dios basada en milagros y apariciones portentosas con la misma perspectiva de dominar todo. Y en una relación basada en milagros e imágenes, el que domina es el hombre.
Solo ante el Evangelio, el hombre aprende a dejarse llevar y dejar que el Otro marque el camino.
Las imágenes confortan y tranquilizan, mientras que el Evangelio inquieta… tanto inquieta que se prefiere dejar para “almas selectas” como son los santos.
La verdad es que sólo el Evangelio toca los raigones de nuestro alma y nos catapulta a nuestro grado más alto de evolución: partícipes de la divinidad del Señor Jesús.
A este respecto, conviene recordar un pasaje del Evangelio: Jesús multiplica los panes para una multitud de hombres y mujeres. Una vez que comieron y se saciaron, una vez que el milagro no dio mas de sí, todos, hombres y mujeres se retiraron uno tras otro.
Lo que Jesús les estaba intentando transmitir, su Palabra, no les interesaba. Se marcharon como quien, una vez finalizado, abandona un espectáculo al que ha asistido.
Quedaron únicamente los apóstoles y entonces, Jesús les dijo: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Pedro, en nombre de los doce, le dijo desde lo más profundo de su alma: “¡Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de Vida Eterna.” (Jn, 6:68).
Pedro no tenía hambre de pan. Hablaba desde su alma sedienta. Ya conocía a Jesucristo lo suficiente como para saber que la savia que haría reverdecer sus raíces exhaustas no era otra que la Palabra, el Evangelio que Dios había grabado en la boca de su Hijo.
El título de este libro poético ya es de por sí una explosión de esperanza: “Poemas de Amor de Dios al mundo”. Es cierto, Dios ama al mundo, al hombre-mujer. No reniega de ninguna de sus criaturas: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, no para condenarlo sino para salvarlo” (Jn 3; 16-17).
En cuanto a Olga, la autora –ella dice y dice bien que el autor de este libro es Dios– es una mujer normal y corriente. Alguien podría pensar que quizás no tiene otra cosa que hacer y que, por ello, se permite el lujo de escribir al igual que otros buscan tiempo para sus hobbies.
Os puedo decir que Olga es una mujer felizmente casada y con hijos, es decir, felizmente madre. Además, trabaja sus ocho horas diarias en una empresa, aquí en Madrid. De forma que entre su familia y su trabajo no tiene mucho tiempo para dedicarlo a ensoñaciones y arrebatos.
¿Cómo pues ha sido posible este libro?
Hasta donde yo puedo deciros, lo que sé es que Olga contactó con las raíces de su alma y vio, asombrada, lo que contienen las raíces de todo ser humano.
Estaban llenas de savia, estaban llenas de Dios; no es en vano que somos hijos suyos. Se encontró con Dios dentro de sí misma.
De lo que ella vio, oyó y palpó de Dios, ha querido compartir algo con nosotros. Dios se le hizo transparente y ella ha sentido la urgencia evangélica de hacer el bien, desvelándonos algo de lo divino que Dios le ha dado.
Quiero añadir algo; aún sintiendo la necesidad de evangelizar con la riqueza recibida de Dios, también sentía el lógico pudor de desvelar su alma.
Yo mismo la invité a hacerlo, motivándola con la certeza de que muchos hermanos y hermanas de todas las latitudes se beneficiarán de este Dios tan bueno. Así pues, por esto y sólo por esto, accedió a mi petición. En nombre de todos los beneficiados, que estoy seguro seremos muchos, ¡Gracias!
 
Antonio Pavía
Misionero Comboniano

miércoles, 7 de octubre de 2015

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 23 .- ¿Cómo vamos a volar?.- (Olga Alonso)

 

“Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni

recogen en graneros; y vuestro Padre
celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que
ellas?”

Mateo 6, 26




¿Cómo vamos a volar?
si tenemos llena el alma
de tanta carga pesada
de tantas esclavitudes…
¿Cómo vamos a volar?
si concentramos las fuerzas
en construir un gran muro
entre la Vida y nosotros…
¿Cómo vamos a volar?
si tenemos tanto miedo
de desprendernos de todo
lo que hemos ido tejiendo
a lo largo de una vida.
Y Tú nos dices que ahora
es a Ti a quien corresponde
el ceñir nuestra cintura
y ponernos en camino.
Y comenzar a vivir
en un avanzar constante
donde el alma se aligera
y se eleva sobre el suelo
Donde ya no somos nadie
pero, a la vez, somos TODO.
Donde volamos, sabiendo
que nos sostiene en el aire
tu inefable libertad:
la de los hijos de Dios.

“El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.”

Ha 3, 19

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 21 .- La esperanza del dolor.- (Olga Alonso)

 

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose,

vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les
enseñaba, diciendo:…
Bienaventurados los que lloran porque ellos serán
consolados.”

Lc 6; 20-23




Que desde mi dolor
agachada, encogida
con tus alas como abrigo
vea tu Rostro Señor.
Que Tú me permitas ver
lo que no está permitido
ver al corazón humano
cuando le supera el miedo.
Que el lugar que ha escogido
mi corazón este día
para soportar la angustia
sean tus manos, Señor.
Y que, recostada allí
aunque yo no vea nada
cegada en el sufrimiento
sepa que Tú me acompañas.
Sepa que es ése el lugar
al que Tú acudirás
para acompañarme, Padre
en las horas de destierro.
Y que Tú estarás conmigo
cubriendo con tus dos alas
la soledad de mi alma,
la angustia de mi dolor.
Y que sólo si es así,
con mis huesos derrotados
con la arcilla de mi cuerpo,
que no se sostiene en nada.
Tú podrás tomar mi alma
trabajarla con tus dedos
igual que modela el barro
el incansable alfarero.
Y cuando Tú finalices
tu trabajo, modelando
mi alma estará un poco
más llena de Eternidad.
Por eso te pido, Padre
que me des Sabiduría
para poder comprender
que siempre nos acompañas.
Para sentirte muy cerca
en esos momentos duros
en los que veo a mi mundo
desvanecerse ante mí.
Y que, aunque no te veamos
es el fondo del abismo
el lugar, de donde Tú
nos recoges y nos haces
Hijos de la Eternidad.
Enséñanos a vivir
la esperanza del dolor.
Enséñanos a sentir
con plena seguridad
que después del sufrimiento
amanecemos de nuevo
y el mundo se nos presenta
empapado en claridad.

“El Señor es mi luz y mi salud,

¿a quien temeré?.
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿quién me hará temblar?…
Porque me esconderá en su tienda
en el día aciago,
me ocultará en lo escondido de su tabernáculo,
sobre una roca me levantará.”

Salmo 26; 1-5

POEMAS DE AMOR DE DIOS AL MUNDO | 20.- Ciudades de Hielo.- (Olga Alonso)

 

“Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, nos visitará la luz de lo alto – Jesucristo – para iluminar a
los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte.”

Lc 1; 78-79


Tienen frío…
Les han enseñado
a llenar sus vidas
y a cubrir sus almas
con cientos de cosas,
pero… tienen frío.
Nadie les ofrece
una alternativa.
Nadie se preocupa
realmente por ellos.
Les venden formatos
de vida feliz.
Les hacen promesas
que nunca se cumplen.
Les hablan de rutas,
de sitios, de espacios
de itinerarios
para conseguir
su felicidad.
Y nada les sirve
porque, en el camino
han abandonado,
sin saberlo ellos
la única ruta:
la del corazón.
Y por eso…
tienen frío.
No te amamos, Padre
si permanecemos
ausentes e impávidos
ante tanto frío.
No hemos comprendido
la muerte de Cristo
si nos limitamos
a compadecernos
de tanto dolor.
El dolor que sufre
tanta y tanta gente
que vive en ciudades
cubiertas de hielo.
Gente que daría
hoy toda su vida
por salir de allí.
Son los convocados
por Cristo aquel día
en aquel sermón
desde la montaña.
Son los abatidos
porque no encuentran
nadie que les guíe.
Y en su soledad
y en su vejación
levantan sus ojos
y nos interpelan:
¿dónde está tu Dios?
porque tengo frío.
Y los que tenemos
las antorchas llenas,
llenas de tu Luz,
debemos correr,
correr a su encuentro.
No descanses, Padre,
dinos dónde están,
todos esos hombres,
para así, poder
pasarles la antorcha
de tu Luz eterna,
de la única Vida
que viene de Ti.

“En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también

con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el
espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los
humillados.”

Is. 57; 15