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lunes, 24 de septiembre de 2018

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XIX El círculo estrecho JuanJosé Prieto Bonilla — 15 Octubre, 2014

Juan José Prieto Bonilla
El camino hacia el crecimiento personal o, como decimos los cristianos, hacia la santidad, no es un camino desde lo universal hacia lo individual, sino justo lo contrario: desde lo individual hacia lo universal.
Es un proceso donde uno abandona sus demandas personales para ocuparse de los demás. En definitiva, un proceso para dejar de mirarse el ombligo.
Miro con asombro cómo muchas personas estamos sentadas mirando nuestros dispositivos de conexión a Internet con suma atención. Realmente pensamos que a través de las redes sociales y sistemas de comunicación a los que accedemos desde nuestros equipos se nos pone en las manos una puerta abierta al mundo, cuando, en realidad, muchas veces estamos dentro de un fondo de saco.
Convencidos de estar bien informados, sólo miramos los titulares de las noticias que muestra el medio, conociendo parcialmente muchos acontecimientos (en su mayoría inútiles) que sólo ofrecen una visión distorsionada y parcial del mundo.
Tenemos multitud de personas de contacto con las que compartimos información a través de la red, convencidos de que esto nos ofrece amplitud de campo de visión y un valor añadido a nuestra inteligencia.
Sin embargo, cuando he tenido ocasión de hablar con algunas personas que pasan gran parte del tiempo conectadas a las redes de información y comunicación, me doy cuenta que en su círculo personal de acogida entra muy poca gente en realidad: apenas su familia en muchos casos, a veces una mascota y otras muchas veces nadie. En realidad, no hay verdadero contacto, no hay comunión con los hermanos, no hay conocimiento real de las necesidades propias y ajenas, no hay visión global, el círculo de acogida es demasiado estrecho.
Y, desgraciadamente, este mismo síntoma cada vez se manifiesta más y más entre todas las clases sociales, incluidos profesores, políticos y dirigentes de empresas.
Observo cómo, detrás de toda una multitud de mensajes y avisos que ofrecen la ilusión de ser útil e imprescindible, existe un sentimiento profundo de malestar provocado por la agitación mental y agotamiento debido a la apariencia de estar haciendo muchas cosas a la vez. Resulta que, en realidad, no se hace nada, sino estar con la mente allí y el cuerpo aquí.
Incluso hay quien diseña su propio perfil y su supuesta vida a través de las redes sociales, mostrando al mundo una imagen que quiere que los demás tengan de él. Imagen que en el fondo no le importa a nadie porque todos están demasiado ocupados en sí mismos.
Se nos escapa el mundo alrededor cuando estamos imbuidos en nuestros dispositivos y esto nos hará estar mal, porque no estamos donde debemos. Muchas veces uno está mal simplemente porque no está en el lugar donde tiene que estar, es decir, el cuerpo aquí y la cabeza allí.
Esto dificulta la concentración, la capacidad de reflexión, el sosiego y el discernimiento, convirtiéndonos en una especie de entes mentalmente hiperactivos a la búsqueda de una comodidad personal y una paz que nunca llega del todo. Y desgraciadamente los modernos medios de comunicación invitan constantemente a esta situación.
Un termómetro infalible que mide la madurez de un hombre es simplemente su capacidad de estar quieto y de estar atento. Las disciplinas que se han establecido desde siempre para la educación de los más jóvenes iban dirigidas en este sentido.
Sin embargo, vivimos en la era de la interrupción, ahora un SMS, ahora un mail, ahora un whatsapp y ahora una llamada. El caso es tener la atención dividida, el cuerpo aquí y la cabeza allí. Esto dificulta mucho la capacidad de concentración, añade problemas de hiperactividad y complica la madurez de los más jóvenes.
Los medios de comunicación son herramientas muy valiosas pero desgraciadamente se están utilizando muchas veces en nuestro propio perjuicio. El diablo también anda en la red y nos hace ver las cosas al revés de cómo son en realidad. Sencillamente debemos ser conscientes de que no encontraremos la felicidad y la plenitud de nuestras vidas en la red. Aunque esto parezca una verdad de Perogrullo: conviene recordarlo cuando usemos nuestros dispositivos de conexión.
La felicidad es el estado natural del Alma cuando se quitan los obstáculos y el resto de cosas inútiles donde vaga nuestra atención. Entonces el Alma existe en bienaventuranza, nadie en la creación puede existir sin algo de bienaventuranza. No es necesario buscarla por ahí, y menos en la red. La encontrará en su alma y acogiendo a los demás, se trata de ampliar el campo de acogida, salir fuera de uno mismo, del círculo estrecho.
Uno puede sentir que la felicidad va y viene según los acontecimientos y los logros, pero esto es solamente ilusorio. El estado verdadero es que la felicidad está siempre en el alma del hombre, le pertenece por derecho propio y es inmutable.
Es solamente nuestra visión lo que ha cambiado.

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XVIII Todo para el perdedorJuan José Prieto Bonilla — 24 Septiembre, 2014

Parece que no terminamos de aprender nunca la lección. Imaginemos, por ejemplo, que uno va a cruzar la calle, espera a que el semáforo le permita el paso, mira a izquierda y derecha, comprueba que no viene nadie, y entonces cruza tranquilamente.
De pronto, aparece un vehículo que sale de un aparcamiento a toda velocidad, se salta el semáforo, te atropella y se da a la fuga rápidamente, dejándote tirado en el asfalto, con una pierna rota.
Bien. Pues si te enfadas, te indignas, reniegas de la situación y te enfureces, encima pierdes tú. Tú también pagarás las consecuencias de tu enfado o tu acceso de ira, además de la pierna rota. “Todo para el perdedor”.
La clave de este juego es: “El que se implica siempre pierde”. Y siempre pierde sea aparentemente ganador o perdedor.
Sin embargo, siempre nos parece que estamos en el mundo para demostrar cuán adecuado es nuestro sentido de la justicia. Por lo general, solemos tener una idea muy exacta de cómo deberían ser las cosas y cómo tendrían que comportarse las personas en cada momento.
Tal vez he puesto un ejemplo un poco extremo, pero no por esto deja de ser cierto.
Pagarás las consecuencias de cualquier implicación o identificación con un acontecimiento, por muy justa y legítima que la consideres, pequeña o grande.
La implicación siempre significa olvido de mí mismo, de mi verdadero ser.
Si piensas que eres un gran Ingeniero (“Me han dado premios que lo demuestran”), un gran actor (“Tengo un óscar que lo demuestra”), un gran músico (“Tengo un Grammy”), una víctima, (“No hay derecho a que me hagan esta injusticia”) etc., si realmente piensas eso de ti mismo, o algo parecido, bueno o malo, estás perdido y no sabes lo que eres.
Entonces necesariamente entrarás en conflicto antes o después. Un papel tan pequeño no puede satisfacer un ser eterno como el tuyo. Sería como intentar meter un elefante en un Ferrari, no hay papel por interesante o relevante que sea que pueda satisfacer el alma humana.
No estoy diciendo que no haya que luchar contra las injusticias, no estoy diciendo que dé igual ser bueno o malo en tu trabajo, no estoy diciendo que “pases de todo”.
Estoy diciendo que uno tiene que representar su papel en el drama de la creación, dedicándose en cada uno de sus actos a la perfección, y disfrutar con ello, sobre todo disfrutar con ello. Pero uno debe recordar que no es ese papel que representa, sino que su verdadero ser y el de los otros actores está muy por encima de su apariencia.
Es necesario hacer pausas entre actos en el drama de la vida, no quedarse dormido e implicado en un papel.
El precio de la libertad es la vigilancia, es necesario mantener la lámpara encendida, siempre para la llegada del Esposo.
Es la lámpara del recuerdo de uno mismo, el propio verdadero ser que se manifiesta como un testigo detrás, un observador final inafectado, que ha estado viendo todos y cada uno de los acontecimientos vividos desde que naciste, un alma eterna, inmóvil, imperturbable, llena de bienaventuranza, siempre igual, antigua y de naturaleza divina.
Ese eres tú.
Ese testigo siempre ha estado allí, nada le sobra y nada le falta. Su naturaleza es pura consciencia a imagen de Dios, no es algo que tú hayas creado.
Su origen es el Padre de todo el Universo.
No puede ser herido por nada ni por nadie, a veces se manifiesta como suave contentamiento, nuestro Padre nos lleva allí en la Oración, el verdadero refugio junto a Él, aunque te duela la pierna rota y te toque hacer de paciente, siempre está detrás, bendiciendo a Dios.
El olvido nunca es obligatorio aunque el papel sea difícil.
No pierde el que pierde, pierde el que olvida. Y llega a no saber que ha olvidado.
Cuando tu paz se vea amenazada recuerda que Dios nunca cambió de parecer con respecto a ti, te Ama tanto como puedas imaginar y te sostiene segundo tras segundo en el hueco de su mano, acepta tu papel, y niégate a olvidarte de ti mismo.
Y sin duda disfrutarás de cualquier papel que te toque representar, fácil o difícil y volverás a la Paz que nunca se fue.

martes, 5 de enero de 2016

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XIII.- Los niños deOccidente.-(por Juan José Prieto Bonilla)

No digo nada extraño que no se haya dicho montones de veces: digo que el mundo occidental vive una época de cierta decadencia. La razón en mi opinión, no es tanto por el hecho de habernos instalado en la comodidad, sino por causa de la debilidad en el carácter de las personas que llega a imprimir una mala educación basada en el exceso de información y la falta de conocimiento.
Educación pésima de la que adolecen muchas de nuestras sociedades en occidente.

Y es que demasiado al Este, llega a ser el Oeste, y ciertas bondades sin medida, llegan a ser maldades.

Por ejemplo, cuando yo era niño y me subía a un árbol, si una persona mayor me decía “bájate”, yo sabía que me decía lo correcto, ya que eso mismo me habría dicho mi padre, mi tío, mi maestro y el alcalde del pueblo. Pero si hoy le dices a un niño “bájate del árbol”, es muy fácil que llegue una persona cargada de cierta bondad diciendo que estás atentando contra los derechos del niño pues impides que desarrolle adecuadamente su sistema psicomotriz.

Desafortunadamente hoy en día en occidente, no es lo mismo lo que le dice al niño papá, que lo que le dice mamá, o lo que le dice el tío, el maestro o el presidente del gobierno por televisión. Entonces lo que pasa es que el niño no tiene certezas y no está seguro si está bien o está mal subirse al árbol. 

Por tanto, vive en un mundo incierto, donde las cosas son relativas y como nadie se atreve a ponerle límites, descubre con gran satisfacción que sus deseos pueden convertirse en sus derechos por encima casi de cualquier autoridad.

Además como todo el mundo quiere proteger mucho a los niños que tienen más de 9 meses (los que tienen menos ya es otra cosa), para evitar abusos de autoridad, la madre cuestiona la autoridad del padre, el padre la de la madre, y ambos la del maestro y por supuesto todos la del señor cura, entonces la autoridad la gobierna el niño y su deseo, mientras los demás se ponen de acuerdo en su educación.

Así vemos madres muy amorosas incapaces de decir “no” a un niño necesitado de alguien que con cierta autoridad encauce sus emociones desbocadas.

El hecho de que vivamos en regímenes de gobierno democráticos no significa que eso debe extenderse al interior de las familias. Un niño debe saber que una familia no es una democracia, sino que allí manda el padre puesto que el padre es su mente hasta que el niño crezca lo suficiente para que su potencial mental tenga el uso de razón debido. Y el padre debe hacerse responsable de esto y representar si es el caso el papel de lobo, pues si todos quieren ser caperucitas, el cuento no sale bien y el niño no aprende que en el drama de la vida, hay caperucitas, abuelitas y lobos.

Si no se truncan ciertos deseos de un niño, no desarrollará resistencia a la frustración y no será capaz de renunciar a nada que le apetezca, pues siempre habrá alguien muy comprensivo y bondadoso que le dará en el futuro hasta el consentimiento de quitarle la vida a otros niños menores de 9 meses para que no se interpongan en sus planes y así él pueda seguir disfrutando de la vida que le niegan a otros, como auténticos dioses con poder sobre la vida y la muerte.

Nuestros abuelos sabían bien que para educar a un niño, hasta los cinco años todo es amor y juego, pero a partir de esa edad el niño debe aprender a servir a los demás, a hacer algo que no solo sea para su propio beneficio, sino para el de los demás. Esto le dará su sitio en el mundo, los afianzará como personas y aprenderán a respetarse a sí mismos, les será más fácil esquivar los pensamientos descorazonadores y suicidas propios de una adolescencia ociosa.

Todo el secreto de la educación de los jóvenes está en el servicio a los demás, esto debería ser una regla sagrada, conviene saber que las palabras “sacrificio“ y “sagrado” tienen la misma raíz etimológica, pues primero el hombre ama aquello a lo que sirve y por lo que se sacrifica, y luego resulta que después de forma natural sirve a lo que ama.

Esto al principio puede resultar incómodo pues tendrá el niño que renunciar a algo, y así aprenderá que al fin y al cabo la vida es un acto continuo de renuncia, hasta renunciar a la vida misma. Pero si el niño no desarrolla esta resistencia a la frustración, sufrirá más él y sus allegados, se sentirá débil, se dará cuenta con el tiempo de lo mucho que hizo sufrir a sus padres y de lo incómodo que resulta criar a un hijo como él, y entonces no querrá tener hijos y no los tendrá.

Y en estas estamos en el mundo occidental.

Las palabras de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí”, también deberían entenderse en el sentido de educarlos en los valores de Jesús y acercarlos a su enseñanza. Y su enseñanza dice que el que quiera ser el primero y necesite crecer en el espíritu, (como necesitamos todos y en especial un niño) que sirva a los demás y sea el último.

Esto, sin ninguna duda, sienta las bases de una psicología normal para el hombre.
No hay mucho más que añadir.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XIV.- La medida del Poder.-(por Juan José Prieto Bonilla)

Aunque parezca un juego de palabras, no es por eso menos cierto que tener el poder de la medida es en realidad la medida del poder.
Pues tener la medida de uso del mundo es lo que confiere al hombre verdadero poder sobre éste.
De hecho, cuando uno se siente impuro o pecador o como se le quiera llamar, no es sino porque uno reconoce una falta de medida, bien en sus actos, omisiones pensamientos o palabras y es en esta falta de medida donde está el punto débil o el pecado del individuo que eventualmente podría degenerar en enfermedad e incluso matar a la persona.
Esto es fácilmente demostrable en el mundo físico, si una célula pierde su medida y se reproduce alocadamente se convertirá en un cáncer, y si no se reproduce convenientemente, también causará una deficiencia que en ambos casos enfermará el cuerpo de la criatura.
También una mente desmedida y obsesionada en una idea o grupo de ellas puede enfermar, al igual que una emoción desbocada puede tener consecuencias trágicas.
Todo tiene una medida en el universo el cual se rige por leyes que aunque aparentemente puedan parecer caóticas en realidad obedecen a principios muy precisos. Y creo que el hombre puede afirmar sin lugar a dudas que esta es la verdadera voluntad del Creador, de Dios.
Podría no encontrar argumentos convincentes como para afirmar que rezar el Rosario sea más voluntad de Dios que cumplir los preceptos del Ramadán; sin embargo, lo que sípuedo afirmar es que la voluntad del Creador es que si te tiras de un quinto piso, bajarás con una velocidad de (2xgxh)1/2, y que si tu estructura ósea no es capaz de soportar el impacto debido a la velocidad, sufrirás las consecuencias.
Esto es una ley física y como tantas otras descubiertas y sin descubrir, son voluntad del Creador y no de los científicos. Conocer la medida de los parámetros de esta ley, te dará poder para saber hasta dónde puedes establecer los límites para dar un salto o saber en qué medida puedes aplicar otras leyes para contrarrestar los efectos de la primera.
Si el universo desobedeciera estas leyes y, por ejemplo, el agua no se dilatara a 0ºC, se congelarían los mares y no sería posible la vida; si no se atrajeran las masas o las cargas positiva y negativa; si el aire no absorbiera humedad o perdiera su punto de rocío; si se agotara la capa de ozono tampoco sería posible la vida… y así cientos de miles de ejemplos, que obedecen a una medida muy precisa: la voluntad del Creador.
Está contado hasta el último cabello de nuestra cabeza.
Pero moviéndonos en un campo más prosaico, si quieres hacer una tortilla de patatas o una paella, conviene que conozcas las medidas y proporciones de los ingredientes; de lo contrario, te podría salir otra cosa, y aunque parezca una bobada, también esto es voluntad del Creador.
Hoy en día aparecen anuncios donde hay quien asegura conocer la medida exacta de las grasas que debes tomar, las calorías que necesitas e incluso te venden productos con los que aseguran conseguirás tener la medida adecuada de estos parámetros sin esfuerzo. 
Pero nadie o casi nadie habla de la medida de utilización del mundo, y me atrevo a asegurar que el hombre que conoce esta medida es un hombre realmente poderoso; sabe lo que debe comer, beber, dormir, fumar, hablar, callar, escuchar, mirar etc., y este conocimiento le convierte en un hombre libre, pues lo que normalmente llamamos fuerza de voluntad, no es sino administrar medida al uso del mundo.
Todos los hombres que aspiran a la santidad, eventualmente, se retiran a orar o a meditar, de alguna manera dejan de utilizar el mundo, como actores que necesitan descansar entre los actos de un drama.
Cuándo nos retiramos a orar, sentimos que de alguna forma somos solo los actores en un drama, y que es la unión con Dios lo realmente importante; entonces podemos regresar al mundo de nuevo a interpretar nuestros papeles con cierta distancia. 
Después de la oración, somos capaces de tomar la acción necesaria en el momento como la situación lo demanda y después la soltamos. De esta manera regulamos el uso del mundo y podemos interpretar nuestros papeles sin el sentimiento de ser un hacedor independiente y separado, sino más bien como parte de un todo, respondiendo a un drama que se representa. Esta actitud trae consigo un sentir de gran liberación y libertad.
Solo Dios es la Verdad, el Conocimiento y la Bienaventuranza. 
La Creación es el Paraíso que Dios hizo para el hombre, para su Bienaventuranza, y sus leyes tienen el mismo propósito. Los seres humanos son hijos de Dios y son por sí mismos veraces, conscientes y felices.
Pero el hombre no quiere reconocerse hijo de Dios sino que quiere ser Dios mismo y prefiere gozar como hacedor,no como testigocreando su propio mundo imaginado dentro de la creación, donde él es el máximo protagonista y todo se convierte en “querer” y “obtener” para sí mismo. Así pierde la medida de uso del mundo y la libertad.
Todo esto ata al hombre en límites pequeños y le proporciona sólo una pequeña bienaventuranza. 
Pero resulta que eAlma del hombre es infinita a imagen de Dios, y como no hay medida que la colme sino Dios mismo, no podría quedar satisfecha con esa pequeña bienaventuranza. De ahí que haya un movimiento y búsqueda constante que finalmente sólo pretende más bienaventuranza, más verdad y más conocimiento. Este movimiento hace a los hombres correr furiosamente tras sus deseos, lo que es seguido por problemas, ansiedades, conflictos entre ellos más falta de medida.
El propósito verdadero de la vida en el Paraíso se pierde completamente. 
Sólo si los hombres se abandonaran en los brazos de Dios y dijeran un “SÍ” a su Voluntad, verían que no tienen nada que hacer, nada que reclamar, nada que lograr en esta Creación, que ya es completa y feliz. Ellos también comenzarían a disfrutar con su papel en este drama y sabrían con exactitud cuál es la medida de uso del mundo.



J.J. Prieto Bonilla.

Noviembre 2013

miércoles, 7 de octubre de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XII.- El demonio espiritual.-(por Juan José Prieto Bonilla)

De todos estos años de vida laboral por cuenta propia y por cuenta ajena, he observado que fundamentalmente hay tres tipos de comportamiento en los trabajadores con respecto a la empresa a la que sirven.

El tipo “competitivo”, normalmente trabaja comparándose con otros, intentando superarlos, estar por encima y escalar puestos en la compañía, normalmente sin muchos escrúpulos en su comportamiento hacia los demás, aprovechándose de ellos cuando conviene.

El tipo “defensivo”, que trabaja para cubrir sus espaldas, de forma que nunca le salpiquen responsabilidades, tiende a la queja fácil y a quitarse de en medio los problemas en vez de atenderlos, derivándolos a un tercero si se presta la ocasión, en definitiva, “cubre el expediente”.

El tipo “colaborador”, normalmente pone entusiasmo e interés en la tarea, le agrada ser útil a los demás y colabora para el buen desarrollo del proyecto, puede ser o no ser amable, pero se esfuerza en ser efectivo, razonable y honesto.

En todos los trabajadores se muestran estos tres rasgos en mayor o menor medida, sin tener en cuenta las características propias de la personalidad: entusiasta, depresivo, orgulloso, humilde, etc… pero, al final, sea cual sea nuestro prototipo en un momento dado, no deberíamos perder el norte, teniendo siempre en mente que se trata del bien de la empresa y no del bien propio.

Bien pues esto mismo ocurre en el trabajo espiritual, en nuestra actitud para con el servicio a los demás, en nuestra relación con Dios.

Uno puede pretender escalar puestos al Cielo como si se tratara de una Sociedad Anónima, pretendiendo que cuanto más alto sea su cargo o más figure, más cerca está de su objetivo, o simplemente cumplir el expediente, realizando los ritos establecidos, por aquello de por si acaso, sin realmente tener inquietud espiritual y también puede mostrarse colaborador, sincero y diligente, cumpliendo con agrado los preceptos propios de su culto. Sin embargo, sea cual sea nuestra actitud al igual que el trabajo en una empresa, deberíamos hacernos la pregunta; ¿Va este esfuerzo dirigido en beneficio propio o en beneficio de lo Universal?


Muchas veces deberíamos ser honestos y reconocer que todo este trabajo espiritual que realizamos como si se tratara de una tarea cotidiana y por supuesto muy lícita, está fundamentado en un deseo de cambiar, más que en un deseo de ayudar a los demás o de desprendernos de nuestro querido ego.

Si miramos con honestidad dentro de nosotros mismos, en el trasfondo de lo que parece legítimo, en el hecho de querer cambiar, se agita un mundo entero de juicios negativos sobre mí mismo, de desprecio orgulloso de lo que creemos ser, de ambición espiritual, de pretensiones de futura gloria. Finalmente cambiar un ego por otro ego que consideramos mejor.

Tal vez queramos cambiar para ser admirables, reconocidos, amados, y hasta deificados, y eso puede ser lo que en la sombra representa el motor de un deseo de cambio, en un ego comprometido con un camino espiritual, lo que yo llamo “el demonio espiritual”.

No deberíamos olvidarnos de que el demonio también cree en Dios, de no ser así, no se tomaría la molestia de intentar usurpar su puesto.

Pero resulta que en el trabajo espiritual, no se trata de obtener sino de dejar. Dejar hasta el mismo deseo de cambiar. Dejar de ser lo que no somos para poder ser lo que somos, por lo tanto el verdadero trabajo y camino espiritual comienza, con un acto de rendición, rendición de lo que creemos ser, rendición de nuestras pretensiones incluso del deseo de querer cambiar, rendición en las manos de Dios para que sea Él y no nosotros el que modele nuestro corazón.

Esto es más importante que nada, la verdad está por encima de cualquier rito y el amor a Dios y al prójimo por encima de cualquier verdad.

Hay un termómetro infalible a la hora de chequear nuestra correcta trayectoria espiritual, y que nos puede ayudar a reconocer en qué parte del camino nos encontramos, a saber:
La demanda de un aprendiz de discípulo es siempre ser amado, la demanda de un discípulo es amar.

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XV .- El Buscador de la mentira.- (por Juan José Prieto Bonilla)

No nos equivoquemos, el matrimonio no está pensado para la felicidad tal como usualmente la entendemos y las relaciones de pareja son muy difíciles, porque en realidad no es una relación de dos: Tú y Yo. Más bien es una relación de seis o más, a saber:
  • “La que tú eres”: (A).
  • “La que yo creo que tú eres”: (B).
  • “La que tú crees que eres”: (C).
  • “Con el que yo soy”: (D).
  • “El que yo creo que soy”: (E).
  • “El que tú crees que soy”: (F).
Además, como las creencias y forma de pensar de cada uno varían con el tiempo, resulta que tenemos combinaciones de muchos elementos en grupos de dos, o sea, un auténtico enredo. ¿Como es posible entenderse en este maremágnum?
Desde mi punto de vista, por ejemplo, cuando “El que yo creo que soy” (E) se relaciona con “La que yo creo que Tú eres” (B), tú piensas que “El que tú crees que yo soy” (F) se relaciona con “La que tú crees que eres” (C).

Donde yo veo una relación de “E” con “B”, tú ves una relación de “F” con “C“, es decir cada uno vive en su mundo particular, y al final ambos mundos son mentira, pues están basados en los egos que cada uno inventa para sí mismo y para los otros.

El matrimonio hace muy patente esta mentira que cada uno vive de forma particular, lo cual siempre resulta doloroso sobre todo si ambos miembros no están comprometidos con un camino de crecimiento personal, religioso o del tipo que sea, donde estén dispuestos a intentar rendir su ego.

Pues al final, día a día, mientras no seamos santos, se vive una relación de egos que luchan por tener el mando del televisor, y eso no le hace feliz a nadie, en el sentido más simple de entender la felicidad.

Por eso cuando el sacerdote une en matrimonio a una pareja, no dice “Y seréis felices a partir de ahora”, nada de eso, pues te tocará rendir el ego, y eso siempre es doloroso, sobre todo cuando no se quiere rendir.

Los egos son variables, porque no fueron creados por Dios, y la interacción (mental o física) entre egos produce cambio en éstos, y esto es porque el ego es sólo una idea, una mentira y no es un hecho cierto.

Tu matrimonio será feliz en la medida que sepas valorar cómo ayudará a ver y a rendir tu ego, tu propia mentira, algo así como un despertador, que siempre es incómodo, pero necesario para levantarse por la mañana.

Mucha gente se declara “buscador de la verdad”, pero yo prefiero declararme “buscador de la mentira”, pues sin encontrar primero la mentira que forja cada día nuestro ego, nuestros mundos personales y nuestras percepciones erróneas, nunca será posible percibir la realidad, la verdad.

Una vez pregunté a una persona que consideraba de gran discernimiento, ¿Qué es la verdad?, y me contestó: “La verdad es lo que es”.

A mí personalmente me pareció una respuesta muy acertada, sobre todo porque cuando Dios se apareció a Moisés en la zarza ardiente y dijo su nombre, dijo, “Yo soy el que soy”. Deduzco entonces que lo que es, es verdad y lo que no es verdad, es que no es. Lo que es lo mismo que decir que sólo existe la verdad.

Nosotros la mayor parte del tiempo sólo vemos la mentira y la confundimos con la verdad, nuestro mundo limitado de ideas y pensamientos inventado, con nuestro ego como protagonista absoluto, el cual puesto en funcionamiento, usurpa las atribuciones del verdadero Ser y toma el mando, de modo que nos comportamos como si ese conjunto limitado de ideas y pensamientos que se han hecho con el poder fuera nuestra propia naturaleza.

Todas las enseñanzas que llamamos espirituales, no son para el espíritu, son para el ego, es el ego el que necesita paciencia, humildad, templanza etc., y finalmente rendición total, por tanto el ego percibirá las enseñanzas espirituales como algo aterrador, la misma muerte.

Pero por suerte, si el ego muere sólo moriría la mentira. Afortunadamente nuestra valía no la establecemos nosotros ni va en función de nuestro ego, la estableció Dios cuando nos creó y nos hizo hijos suyos y nos dio un Espíritu puro y además, nos brindó su perdón y su amor incondicional por si nos quedaban dudas.


Breves Recuerdos del Paraiso XXI.- Un extraño acuerdo.- (Por Juan José Prieto Bonilla)

Supongamos que nos encontramos en una situación en la que una persona quiere quitarse la vida saltando por la ventana. Además, sabemos que esa persona es un delincuente sin remedio, adicto a las drogas con un largo historial delictivo a sus espaldas y que actúa contrario a lo que entendemos por virtud. ¿Qué le diríamos? ¿Salte, o no salte?
Afortunadamente la mayoría de nosotros le diríamos: “¡¡No salte!!”
Sabemos que, es un caso perdido, pero, no obstante, le salvamos. ¿Qué queremos salvar de esa persona? ¿Su adicción a las drogas?, ¿Los atracos que ha cometido y que va a volver a cometer?
Nada de esto. No es esa persona lo que queremos salvar, es LA VIDA y lo escribo con mayúsculas porque ni siquiera se trata de su vida se trata de la vida que todos tenemos y se manifiesta en toda su dignidad en la forma humana.
No es lo que todos vemos de esa supuesta persona lo que salvaríamos, es lo que no vemos de ella, pero que, en el fondo, sabemos que es verdadero.
¿Por qué queremos a un bebé?
¿Por qué es muy guapo?…..no siempre lo es. ¿Por qué es muy listo?…….no sabemos. ¿Por sus méritos?………..no los ha hecho. ¿Por sus facultades?……..no las puede demostrar.
Nada de esto, se le quiere porque sí. Mejor dicho, se le quiere porque es, por su presencia, por lo que no se ve en él.
El verdadero valor de las cosas la mayor parte de las veces, no está en lo que se ve sino en lo que no se ve de ellas.
Un zapato puede ser muy bonito pero es su vacío lo que le da utilidad real, lo mismo ocurre con una vasija, un automóvil, cualquier prenda de vestir, etc… es como si la verdadera utilidad de las cosas realmente viniera del espacio invisible, común pero confinado con una determinada forma.
Este texto no es sino tinta manchando un papel, pero sólo es útil por su significado, eso que a simple vista no se ve.
Sin embargo, muchas veces esta realidad tan patente se nos olvida, y sólo damos importancia a la forma exterior de las cosas, cuando su utilidad o verdadero valor está en lo invisible.
¿Qué echamos de menos en un ser querido cuando fallece?: ¿sus manos?, ¿su cara?, ¿sus pies?, ¿su pelo?………es posible, pero sobre todo, echamos de menos su presencia.
Cuando realmente usted quiere a una persona, no le importa demasiado su buena conversación, o su cuidado aspecto, o sus ideas más o menos brillantes, o si resulta más o menos simpática, aunque todo esto ayuda, lo que realmente le importa es su presencia.
Recordar esto que a simple vista parece tan evidente y tan obvio es de suma importancia para todos nosotros y, en especial, para todos aquellos que por una circunstancia u otra se sienten deprimidos o descorazonados.
Su valor verdadero no lo establece usted. Usted en realidad no tiene ni idea de cuál es su valor. Su valor lo estableció Dios nuestro padre que le quiere, aunque usted tal vez se sienta frustrado o no crea ser lo suficientemente merecedor de su gracia.
Tal vez piense que no fue el buen hijo que esperaban sus padres, que no fue el mejor estudiante, que no fue todo lo guapo que debería haber sido, que no fue el mejor padre o madre, que no cumplió las expectativas que el mundo esperaba de usted, que no fue ni es el mejor amigo, que no es lo suficientemente inteligente, alto, rico, bueno, que le falta carisma, que no tiene don de gentes, que es ignorante, etc, etc, etc. O tal vez piense todo lo contrario, o una mezcla de ambas cosas.
Tal vez se afane en conseguir todo lo que piensa que le falta, o en quitarse todo lo que piensa que le sobra.
Bien pues a Dios nada de eso le importa, no le quiere por nada de eso, le quiere porque sí, le quiere porque usted Es.
El problema es que usted no puede entender que Dios le pueda Amar tanto a cambio de nada. Pero Dios no piensa como usted.

Breves Recuerdos del Paraiso XXIII.- Casualidades.- (por Juan Jose Prieto Bonilla)

Usted hace constantemente actos de fe, o ¿acaso no es un acto de fe subirse en el ascensor cada mañana al salir de casa o para entrar a la oficina?, o ¿no es un acto de fe ponerse a 120 km/h en la autopista dentro de un artefacto lleno de engranajes y articulaciones?, o ¿no es un acto de fe volar en un avión?,…
Esto no le parecen actos de fe, puesto que basándose en la razón confía que hay ingenieros detrás de todos estos equipos y vehículos que saben lo que hacen, ha visto que estas cosas normalmente funcionan durante un tiempo y ni siquiera se para a pensar las consecuencias de un fallo mecánico.
¿Tendría esa misma fe un hombre de la Edad Media si de pronto lo metieras en un avión en pleno vuelo?
Al fin y al cabo son actos de fe basados en la razón.
En otro plano distinto, usted sabe que su sangre circula, que su respiración funciona, que su aparato digestivo y otras funciones necesarias para la vida funcionan de forma autónoma. No necesita controlarlas, no tiene que pensar en ellas, sencillamente le ocurren. Igualmente confía en que funcionará la Inteligencia detrás capaz de equilibrar estas funciones al menos durante un tiempo, porque está claro que usted no las ha inventado ni las gobierna, sin embargo tiene fe en que todo seguirá funcionando.
Puede pensar que es casualidad, pero está claro que la temperatura de su cuerpo está regulada y sube para eliminar bacterias o virus cuando enferma y eso es Inteligencia que usted no controla.
Puede engañar a una semilla en un invernadero y hacer que dé fruto fuera de temporada, pero no sabe realmente porqué nace el fruto en esas condiciones y no en otras. Eso no lo controla, esa parte no la entiende.
Sabe que los planetas giran; que los imanes se atraen; que se produce electricidad; que hay leyes que calculan todas esas fuerzas; que hay sólidos, líquidos y gases que se comportan conforme a reglas muy precisas; que hay miles de colores que vibran en diferentes frecuencias del espectro visual; que lo mismo ocurre con los sonidos. Sabe que hay cuerpos geométricos, triángulos, cuadrados, pirámides, conos, cuerpos de revolución, paralelepípedos… que se atienen a leyes matemáticas muy exactas; sabe que hay animales, mamíferos, aves, insectos, peces, reptiles, bacterias, parásitos,…; sabe que un solo cromosoma de cualquiera de éstos puede tener tanta información como la Biblioteca Nacional; que hay millones de granos de arena diferentes uno de otro con cualidades muy concretas; que hay plantas, árboles, arbustos, hongos, etc, metales y no metales, minerales de todo tipo y características diferentes y necesarios para la vida; sabe que hay estrellas, satélites y planetas, galaxias que viajan en el espacio, cometas, enanas blancas y agujeros negros, etc, átomos, protones, neutrones electrones, positrones, partículas alfa, rayos gamma, etc.
Usted tiene fe en que todas las cosas seguirán existiendo y funcionando conforme a sus leyes, aunque realmente no sabe por qué pasan estas cosas. Sí, claro, porque los electrones se mueven, porque los polos opuestos se atraen, claro, claro,… …sí, pero ¿por qué?, ¿por qué tenemos forma humana y no somos, por ejemplo, plasma inteligente?, ¿ha sugerido usted a la naturaleza que todo esto sea de una forma y no de otra?
Aunque piense que todo es por casualidad, está claro que casualmente hay una inteligencia detrás. Pero estará de acuerdo en que esa consciencia, esa fina, fina Inteligencia no la controla en absoluto y tiene fe en que mañana seguirá funcionando. Por supuesto, también lo basa en la razón. Ha sido así durante toda su vida, no tendría por qué cambiar.
Usted sabe que ocurren estas cosas, y que ocurren de forma ordenada todos lo días a cada instante en un equilibrio perfecto que usted no controla y es consciente de que no sabe por qué ocurren estas cosas.
Puede ser que piense que todo esto se puso en marcha así, por casualidad, en un momento, hace mucho tiempo y ya no se puede parar. Algo así como que no se puede detener la bala que se acaba de disparar. Pero pudiera ser que no, que realmente todo se debe a que, instante tras instante, la Inteligencia esa que usted no controla, esté sujetando cada cosa creada con su mirada y que el milagro de la Creación sólo ocurra en este instante preciso y en cada instante.
Usted que puede estar muy preparado académicamente y además vive en el siglo XXI sabe todo esto y tiene fe en que todo seguirá su curso, pero dice que no cree en Dios.
Pero no se preocupe no es lo importante que usted crea en Dios. Lo importante es que Dios cree en usted y, por eso, amanecerá de nuevo.

Breves recuerdos del paraiso XXIX.- El cielo silencioso.- (por Juan José Prieto Bonilla)

Todos los sonidos y todas las palabras surgen desde el silencio y vuelven al silencio.
El silencio oculta los sonidos y los sonidos enmascaran el silencio, pero es finalmente al silencio donde todos los sonidos retornan.
Cuando alguien le cuenta un secreto a usted, la única forma de guardarlo es permaneciendo en silencio.
El silencio guarda los secretos. Por eso, sólo en el silencio se pueden buscar.
Cuando usted entre en el silencio podrá ver los secretos que allí están guardados, pero ¿cómo oculta usted el silencio para no entrar en él y ver sus secretos?
Muchas veces las personas hablamos y hablamos en voz alta y en voz baja, o en nuestra propia mente sin voz, y no decimos nada. Es como si nuestro único propósito fuera emitir sonidos para ocultar el silencio.
El silencio lo envuelve todo, todo el universo está envuelto en silencio. Es el lenguaje de Dios.
Cuando Dios habla con nuestras palabras a través de las Escrituras Sagradas, no es su entendimiento tan importante como el silencio que imprimen en su espíritu.
Cuando una verdad de Dios es dicha, la mente que la reconoce queda en silencio para que, en secreto, quede guardada en el corazón. A eso lo llamamos reverencia o adoración.
Ante la verdad de Dios, nada se puede decir, nada se puede hacer. Ya no queda más remedio, la mente cae de rodillas en silencio, en adoración ante el profundo misterio del infinito.
Muchas veces subo en el ascensor con personas incapaces de mantenerse en silencio durante tan breve trayecto. Necesitan romper el silencio generalmente con una queja sobre el tiempo (frío, calor, lluvia, etc) como buscando complicidad
Supongo que deben pensar que soy irrespetuoso cuando no contesto, o simplemente maleducado por negarme a compartir esa complicidad basada en una queja, pero lo que pasa es que no me molesta el silencio ni me pone nervioso.
Simplemente miro a los ojos de esa persona y recuerdo que la cercanía de Dios se experimenta como silencio, como secreto, dulzura y una invitación a adorar la vida. Nada que ver con una queja y, como mucho, esbozo una sonrisa y agacho la cabeza.
Nuestra vida y el silencio es la misma cosa. Cuando se dé usted cuenta, verá que en el silencio lo tiene todo y encontrará lo que busca. Se encontrará con Dios en su eterna perfección y su alma oirá lo que no oyen sus oídos.
Cuando hoy salga usted a la calle, mire el inmenso cielo silencioso que arropa el paraíso. Vea cuánta paz hay en su silencio y, tal vez, se encienda el amor en su espíritu o simplemente se dibuje en su cara una sonrisa.

Breves Recuerdos del Paraiso XXVIII.- El tiempo oportuno.- (por Juan José Prieto Bonilla)

La Historia de su vida, lo sepa usted o no, no es sino la historia de su relación con Dios.
Usted viene al mundo desprovisto de todo. Aprende un ego que le enseñan sus padres y el mundo a su alrededor, que utiliza para lidiar con el mundo y adquirir cosas. Luego deja todo lo adquirido, se muere su cuerpo y su ego. Y ahí termina su historia.
Esta historia toma más o menos tiempo cronológico, actualmente nadie llega a los 130 años.
De esta breve historia usted dirá que su relación con Dios se limita a esporádicos momentos (si es que ha pensado en Dios alguna vez). Tal vez a períodos más largos de tiempo en los que usted sufría e intentaba acercarse a lo más fuerte (Dios) para que le protegiera, o tal vez usted vea su vida llena de momentos junto a Dios si es usted un hombre con inquietud espiritual.
Los griegos tenían dos palabras para designar el tiempo:
Cronos: Lapso de tiempo, duración de tiempo. Raíz de la palabra cronómetro y sus derivados.
Kairos: Medida correcta, ocasión, período definido, tiempo oportuno, tiempo favorable, momento señalado y preciso.
Cuando hablamos de Cronos, hablamos del tiempo terrenal, que se puede medir.
Cuando hablamos de Kairos hablamos de un tiempo que no se puede medir, y en la teología cristiana se le asocia con el “Tiempo de Dios”, el tiempo oportuno.
Usted siente a menudo el fluir de Cronos sobre su vida: la tiranía del tiempo, que en cierto modo siente que se le escapa, ve pasar las horas los días y los años sin poder detenerlo. Pero, sin embargo, tendrá que reconocer que muchas veces está deseando que el tiempo pase, que pase el momento presente para encontrarse con el siguiente momento, en lo que usted piensa que será una situación más favorable para encontrar la paz que busca. ¿Acaso no es esto rechazar el momento presente?
Esto trae un sentimiento de que la vida se escapa de sus manos y el tiempo juega en su contra.
Rechazar el momento presente no es sino rechazar la voluntad de Dios para sustituir su voluntad por la de usted. Detrás de esto solo hay un juicio: que su mundo (ése que usted vive dentro de su cabeza) es con mucho mejor que el que Dios le propone en este momento; el cual siempre está rodeado de circunstancias que necesita para acercarse a Dios.
La paz siempre desaparece cuando uno está deseando que pase lo de ahora esperando lo siguiente, pero realmente sólo existe ahora, lo siguiente en realidad no existe ni ha existido jamás.
El pasado solo fue mientras fue presente, ya no es, el futuro solo será cuando sea presente, si es que lo es. Nunca ha existido otra cosa que no haya sido el presente.
Pero, ¿qué hay de Kairos?, ¿Cuál es el momento oportuno de acometer cualquier cosa? ¿Cual es el momento preciso?, ¿Cuál es el tiempo de Dios? Le daré la respuesta: Kairos es ahora, y sólo puede ser ahora.
Usted dice muchas veces: “Ya lo haré”, pero usted no acometerá nunca nada que no sea ahora.
El tiempo de Dios es el ahora. No se puede medir y conecta con la eternidad. Si usted pudiera de verdad vivir en el ahora sin que su mente le proyecte al pasado o al futuro, viviría en el lugar y momento preciso que Dios dispone a cada instante para usted, usted viviría en la eternidad, usted viviría en el Paraíso.
No vivirá otra cosa. Podrá imaginar, soñar o pensar su vida constantemente, pero no vivirá otra cosa. Su historia verdadera es la historia de su momento presente de su relación con Dios.
Usted creerá que vive, pero sueña; en su sueño sufrirá y reirá; y se llenará de olvido en un mundo demente.
Sin embargo, duerme usted en el Paraíso, soñando que está ocultado de Dios.
Dios le llama en cada instante, pero usted no le oye, pues está lleno de su propia voz y sólo se oye a sí mismo.
Si por un instante de gracia decidiera venir al eterno presente, vería sin lugar a dudas que la única Historia de los seres humanos (se den cuenta o no de ello) no es sino la historia de su tiempo de Dios, de su relación con Dios en el Paraíso.

lunes, 21 de septiembre de 2015

BREVES RECUERDOS DEL PARAISO CAP XXXI: UNA PERSPECTIVA DEL ESPACIO.(Por Juan José Prieto)


Seamos objetivos. Cuando usted reza, ¿Porqué cree usted que Dios le escucha?, ¿Exactamente en que lugar se produce el rezo? ¿Acaso Dios va a ese lugar a escuchar su oración? Sin embargo muchas veces usted se siente escuchado. ¿No será una imaginación suya?.
No soy teólogo y no pretendo ni sabría hacer la exégesis del rezo, pero entre las muchas formas de este, entiendo que podemos simplificar entre rezar en voz alta o interiormente.
Suponiendo que Dios escucha el rezo sea de la forma que sea, Dios tendría que estar en el espacio exterior para oír su voz o en el espacio interior para oír sus pensamientos o sentir su emoción.
O puede que el espacio exterior y el espacio interior realmente son lo mismo y en realidad no hay diferencia.
Está claro que el espacio exterior es común y si ambos rezamos en voz alta, Dios nos escucharía a ambos. ¿Pero que pasa si los dos rezamos mentalmente? ¿En que espacio mental está Dios en el suyo o en el mío, o en el de millones de personas que pueden estar rezando a la vez en silencio?.
Fíjese bien, en realidad no existe tal cosa como espacio exterior y espacio interior o mental, el espacio es el mismo con diferente perspectiva.
En realidad no existe tal cosa como su mente o mi mente, es la misma mente con diferentes pensamientos y emociones en el tiempo. Cuando usted o yo muramos, esa mente no va a morir, tal vez ya no tengamos pensamientos ni emociones, honestamente no lo sé, pero seguro que otros los tendrán, esa mente no va a morir.
Y esa mente no es de su propiedad privada, esa mente la comparte usted conmigo y con el resto de personas y ninguno de nosotros la hemos creado.
Esa mente que se manifiesta como un espacio interior, en la cual usted ve los pensamientos y sentimientos más hermosos o más inconfesables, esa mente la compartimos con Dios.
Así que puede estar seguro de que su oración es escuchada incluso antes de ser pronunciada.
Es usted libre de atender cualquier tipo de pensamiento o emoción, unos le ayudaran, otros le enfermarán, las ideas o emociones que usted alimenta no son solo para usted, estarán en el espacio mental que comparte con Dios y con los hombres, y alguien más en algún momento recogerá el producto de sus pensamientos y emociones, por supuesto usted será el primero.
No crea que todos los pensamientos y emociones que ve en su mente son de fabricación propia, seguramente los ha cogido de la mente común sin darse cuenta; un anuncio en la televisión, un artículo que leyó, algo que escuchó, o simplemente surgió en la mente y se desvaneció.
De usted depende limpiar o ensuciar ese espacio común, esa mente común que comparte.
Pensar, no siempre es inteligente.
Pero sobre todo lo que no debe olvidar nunca, es que ese espacio común, esa mente la comparte usted con Dios que es quien la ha creado y es en realidad, absolutamente pura y santa.
En realidad lo mejor que tienen las ideas ruidos y pensamientos es que desaparecen y si alguna vez decide no hacerlos propios todos ellos, verá sin duda que lo que queda entonces es el lugar que en el universo comparte con Dios, lleno de bondad y bienaventuranza…………. el Paraíso donde Él nos puso.
 
 
 
J.J. Prieto Bonilla.
 
Septiembre 2015

viernes, 18 de septiembre de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XVII Charlar con el diablo (2ªparte), Justo al revés.-(porJuan José Prieto Bonilla)



La cuestión es muy simple y fácil de reconocer: se trata de poner las cosas al revés. Cuando el diablo charla a través de la mente discursiva simplemente te cuenta que lo malo es bueno y lo bueno es malo, siempre trata de engañar haciendo ver las cosas diametralmente opuestas a como son en realidad.

Y cuando realmente establece su engaño en la criatura, ésta conoce las cosas justo al revés de cómo son.


Por ejemplo, el hombre siendo engañado, sentirá que sobre todo es su cuerpo, que dentro de éste está su mente y si piensa que tiene alma, la situará en algún lugar más pequeño y escondido dentro de él. Resulta que, en realidad, lo más pequeño es su cuerpo, su mente estará más allá de éste (no hay más que mirar alrededor para ver infinidad de objetos creados por el hombre, es decir impregnados por la mente humana) y mucho más allá (sin límite) su alma de naturaleza divina, capaz de influir en toda la humanidad, es decir, justo al revés.

La charla del diablo siempre pondrá las cosas al revés y así a la disciplina de los sentidos que no hace sino regular el uso del mundo para no caer en la esclavitud la sentirá como esclavitud, (no puedo comer todo lo que quiero, no puedo beber todo lo que quiero, etc.) y al libertinaje que acabará por esclavizarte a algún vicio o deseo lo sentirá como la libertad más absoluta. Sin embargo, lo primero liberará al hombre mientras que lo segundo lo esclavizará.

Y lo triste es que hoy en día hay hombres con poder para hacer “Decretos Ley”, que no saben que simplemente están siendo engañados por la “charla del diablo”, pensando que ellos son “sus ideas y sentimientos propuestos por su mente discursiva” y como consecuencia por ejemplo se dicta una ley que legaliza el aborto, considerando el hecho un éxito y una liberación para la mujer.

Sin embargo, la realidad es que un aborto siempre será un fracaso, especialmente para cualquier criatura femenina del reino animal, racional o irracional. Si además el aborto es provocado injustificadamente, posiblemente el provocador quedará esclavizado a un fuerte sentimiento de culpa o, peor aún, a un endurecimiento del corazón. Esto significará que el engaño se estableció definitivamente para quedarse largo tiempo, el olvido de la verdad y las cosas al revés.

El verdadero problema del pecado es que produce esclavitud por el olvido de la verdad: uno olvida y no se acuerda ni siquiera de qué es lo que ha olvidado.

Y por eso se sufre mayormente, pues no se sabe ni que uno ha olvidado, ni qué cosa se ha olvidado y se vuelve a buscar lo que la mente discursiva propone ser la libertad que en realidad es más esclavitud.

La charla del diablo te engañará siempre, de esto no hay duda, y te dirá que Dios es el castigador de los pecados y que te arrojará al infierno. Sin embargo, Dios, eterno padre amoroso, no castigará ni arrojara al infierno a ningún hijo, pues ya te ha perdonado. Por otra parte, nunca te obligará a salvarte, eres tú quien decide acogerse o no a su perdón.

Te acusará el diablo y te dirá que no puedes aceptar el perdón de Dios pero sí las culpas que él te echa en cara y, por tanto, eres impuro y pecador inmerecedor del Paraíso y deberás pagar por ello.
Jesús no vino para juzgar nuestros pecados sino para perdonarlos, sólo acusa el diablo.

Pero, mientras sigamos escuchando la charla del diablo, se seguirán viendo las cosas al revés, es decir, a Dios como castigador inflexible y al diablo como víctima y permisivo con nuestras maldades.
Justo al revés.

Cuando el hombre da oídos a “las mentiras de la serpiente” lo único que oye son falsedades, pero no hay por qué continuar creyendo lo que no es verdad. En realidad sólo se trata de una mentira, una pesadilla, un sueño profundo del que Adán aún no se ha despertado.

Todo ello puede desaparecer inmediatamente (porque no es más que una mentira): simplemente ponte en manos de Dios, acepta su perdón y su amor incondicional y luego nos lo cuentas a todos.
Otros santos (anteriormente grandes pecadores, ladrones y asesinos) afortunadamente ya lo han hecho.

Dejemos de luchar contra la verdad y rindámonos ya de una vez, estamos rodeados por el Amor de Dios. ¡¡No hay escapatoria!!.

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XVI Juan José Prieto Bonilla,Charlar con el diablo (1ª parte)

Al despertar cada mañana todos podemos oír internamente la voz de la verdad que simplemente dice “Soy”, el sentir de la existencia, algo real e innegable para cualquier criatura, pero inmediatamente la mente humana hace que uno empiece a pensarse a sí mismo y añada otras cosas, soy alto, soy bajo, soy feliz, soy desgraciado, soy alguien muy ocupado y tengo prisa, etc…

En inglés la expresión “I am”, tiene su raíz etimológica en la palabra sanscrita Aham cuyo significado en ambas lenguas es “Yo soy”. Tanto en el Reino Unido como en la India, hay una tradición que dice que ésta es la primera palabra que los recién nacidos intentan pronunciar, I am o Aham, que nuestras abuelas en España traducían por “ajo, ajo”.


Hay quien dice que ésta sería una palabra del idioma común universal del que se habla en el pasaje de la Torre de Babel en el Antiguo Testamento.

Lo curioso es que al ego, en el lenguaje sanscrito se le denomina Ahamkara, que significa “Yo soy alguna cosa”, por ejemplo alto, bajo, feliz, desgraciado, ocupado, etc., etc.

El ego no es más que un proceso mental donde la mente trata de percibirte tal como te dice que debes ser, en función de los juicios que ha hecho de ti mismo, en vez de como realmente eres. Soy guapo, soy feo, soy un enfermo, soy serio, soy simpático, etc., un sinfín de apelativos falsos asociados a la verdad “soy”, por eso el diablo dice que se llama “Legión”.

Y aquí no acaba el cuento, ya que los demás son seres como tú donde ves reflejadas virtudes y faltas que antes has tenido que ver en ti (por eso las reconoces) y los juzgas e inventas un ego para ellos, un ego que tú no querrías ser, otra legión de falsas identidades: es alto, es bajo, es tonto, es listo, etc.
A veces en tu mente interactúan ambos egos inventados, por ejemplo:

Yo que soy bueno, le voy ha decir al otro que es malo, ¿Por qué has hecho esto?, entonces el otro que es insolente me va a contestar, “porque me da la gana” y yo que soy listo le diré ¿ah sí?, pues entonces yo voy a hacer esto otro para que te fastidies, y él que es así, me contestará… …etc.
Esto es lo que yo llamo charlar con el diablo.

Finalmente siempre suele ocurrir otra cosa diferente a la que has pensado, pero si esta conversación se diera en realidad entre dos personas, igualmente sigue siendo charlar con el diablo.

Y así se nos pasa la vida escuchando tertulias de diablos juzgando todo el tiempo lo que es adecuado e inadecuado, lo que es bueno, lo que es malo, lo que soy yo, lo que es el otro, lo que es el mundo y hasta lo que es Dios mismo. Sin embargo, sólo podrás conocerte a ti mismo como realmente eres y a Dios como realmente es, ya que todo lo demás es mentira.

Seguiremos viviendo en la mentira mientras no sepamos lo que realmente somos y lo que realmente es Dios. Esto durará mientras sigamos escuchando la charla del diablo.

Mientras el hombre siga escuchando las mentiras de los diablos, seguirá fuera del Paraíso y esto es conocido desde el principio de la humanidad, dicen que la famosa frase “conócete a ti mismo” ya estaba escrita en el Templo de Apolo en el oráculo de Delfos.

Y sin embargo seguimos montando guardia en torno a “nuestras ideas”, para que no cambien pensando que así estaremos en paz, cuando deberíamos dejarlas marchar o ponerlas en manos de Dios para que las corrija a través del Espíritu Santo y así alcanzar la verdadera paz.
La mente tiene el poder de hacernos creer que somos algo distinto de lo que realmente somos, incluso hace parecer que nuestra verdadera naturaleza es cambiante y diferente a la que realmente es.

Todo es debido al proceso mental llamado ego, originado en la incesante actividad de la mente, por el cual se identifica nuestro ser con una porción limitada y transitoria de ideas y pensamientos que bullen en ella.

Pero el ego no es algo constante. Por tratarse de un proceso: se pone en marcha en un momento dado, se para un tiempo después e, inmediatamente, se inicia otro en paralelo,… De este modo, el ego da la impresión de ser algo constante. De hecho, mientras uno de estos procesos dura se comporta como si fuera la personalidad permanente e inmutable del ser humano, pero se trata tan solo de algo transitorio y falso.

La mente puede hacerte creer que eres cualquier cosa separada de Dios y tus hermanos, y esta creencia es debida a la “charla del diablo”. Esta charla genera una idea poderosa y destructiva que se llama ego y está en clara oposición a Dios debido a que principalmente niega Su Paternidad, cimentándose en la mentira.

Por la mente puede pasar cualquier tipo de pensamiento bueno o malo, pero no es obligatorio apropiárselo. Se puede ver en ella cualquier cosa que haga a uno sentirse terriblemente culpable o santo, inducirte a la depresión o la euforia, pero en realidad no ha ocurrido nada, ni podrá ocurrir nada en el bendito presente donde acontece la vida sostenida a cada instante por la mirada de Dios.
El alma o el verdadero Ser nunca ha dejado de estar en paz, a pesar de que la mente esté en conflicto.

Desde atrás mira el ojo de Dios que todo lo ve, incluido el proceso mental con sus pensamientos inconfesables y te está llamando desde el silencio. Sólo se trata de no hacer caso a la “charla del diablo”, para eso está la oración y las escrituras sagradas, para oír la verdad en lugar de la mentira, para el recogimiento del alma, para llevarte a ese lugar junto con Dios, para retornar al paraíso del que un día decidimos irnos por escuchar a la serpiente, sinuosa y astuta como la misma mente, por escuchar la infame “charla del Diablo”.

Juan José Prieto 
7 Enero 2014

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo II .-Una cuestión de arte.- (Por Juan José Prieto Bonilla)

Lejos quedaron los días donde los hombres sabían de arte.

¿Es que acaso estoy diciendo que en el siglo XXI el hombre no sabe de arte?, efectivamente, eso estoy diciendo, es más, estoy diciendo que para saber que es arte o que no lo es, no es necesario tener un grado universitario, ni hacer ningún máster o estudios de historia del arte o de bellas artes. De hecho, pienso que en vez de historia del arte sería más adecuado llamarlo “historia de obras y trabajos que hicieron nuestros antepasados”, los cuales creo que por otra parte sabían algo más de arte que nosotros.

sábado, 29 de agosto de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XXX La comida de los cerdos.- Juan José Prieto Bonilla — 26 agosto, 2014

Existe un acuerdo tácito entre las personas mediante el cual nos hemos comprometido en secreto para no hablar nunca de aquello que realmente importa.

Existe un acuerdo no escrito y que nadie tiene intención de violar mediante el cual hemos decidido poder hablar de cualquier cosa que sirva para aturdir el alma.

viernes, 28 de agosto de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XX.- El movimiento ilusorio (por Juan José Prieto Bonilla)

Juan José Prieto Bonilla
 
Iba sentado tranquilamente en el autocar de la Compañía con destino a mi oficina, como cada mañana, cuando noté como un ruido insistente pretendía agitar el ambiente. Se trataba de una emisora de radio, en la que un señor hablaba alto y rápido con un fondo de música que sonaba muy ligera y machacona, como pretendiendo que no era cierta la inmensa paz y silencio que lo envuelve todo cada amanecer.
¿Como puede ser la agitación una invitación a despertar? No nos confundamos, sólo es una invitación a agitarse. Sólo puede despertar “la voz dentro de la cabeza”, “la mente discursiva”, que inmediatamente empezará a juzgar lo que es bueno y lo que es malo, a añadir un pensamiento a cada cosa que percibimos.

martes, 25 de agosto de 2015

Breves Recuerdos del Paraíso Capitulo I .- Siento que vivimos tiempos extraños (Juan Josë Prieto Bonilla)

También en nuestro tiempo parecen estar ocultas las verdades más simples a los sabios e inteligentes.
Siento que vivimos tiempos donde los hombres ricos y poderosos, simplemente se creen sabios solo por ser ricos y poderosos.

Siento que vivimos tiempos de gran confusión, donde solo se escucha al que grita más fuerte, o mejor dicho, donde nadie escucha a nadie, porque todos creemos ser muy listos y tener la verdad.
Siento que vivimos tiempos donde se confunde la “información” con la sabiduría y la “oratoria florida” con el discernimiento.

sábado, 22 de agosto de 2015

Breves Recuerdos Del Paraiso Capitulo XI INEVITABLE DIOS (Juan Jose Prieto Bonilla)



Mucha gente nos hemos sentido heridos por palabras o sentencias que nos han ofendido y sufrimos por ello.
También ciertos actos realizados por otras personas con relación hacia nosotros nos causan o nos causaron sufrimiento.
Y digo sufrimiento y no digo dolor, porque pretendo diferenciar el aspecto físico del aspecto mental y emocional, es decir:
Las terminaciones nerviosas del cuerpo, cuando son dañadas, nos producen dolor, pero no es obligatorio que ese dolor tenga que transformarse en sufrimiento; de hecho, yo puedo pellizcarme a mí mismo y causarme dolor durante mucho tiempo, pero esto no implica que me haga sufrir necesariamente, pues el sufrimiento siempre implica una actitud mental.

sábado, 15 de agosto de 2015

Breves Recuerdos del Paraiso XXIV.-EL MEJOR DISFRAZ (Juan José Prieto Bonilla)


Usted elige lo bueno por propia naturaleza: entre una manzana sana y una manzana podrida, siempre elegirá la sana.

Puede ocurrir que la manzana se vea sana por fuera e interiormente esté podrida. Entonces usted vuelve a elegir lo bueno pero se encuentra con que lo bueno en realidad era lo malo.

Si el diablo le hiciese una visita a cara descubierta y le dijera que quiere mantenerle viviendo en el error, usted directamente lo rechazaría como a la manzana podrida y, por tanto, no tendría nada que hacer con usted ya que al ser descubierto sería rechazado de forma natural. Como lo sabe, se mostrará como una manzana sana, por algo dicen que “el diablo siempre se disfraza”.