martes, 13 de junio de 2017

PASTORES SEGÚN MI CORAZÓN.- (Hombres de Dios para el mundo).- XXVII.- AMARON SU VIDA


XXVII.-Amaron su vida

De las más variadas formas, los Padres de la Iglesia nos dicen que el seguimiento a Jesucristo y su identificación con Él van al unísono. Respecto al seguimiento es necesario decir que está a años luz del servilismo, que no deja de ser un sometimiento. Digamos que el seguimiento, al contrario del servilismo, engendra una identificación que respira comunión de vida y de misión con el Hijo de Dios.

Partiendo, pues, de esta identidad/comunión de vida con el Señor Jesús, pasamos a ver, con los ojos de la fe y del amor, lo que significa compartir la misma misión del Buen Pastor. Se comparte la misma misión por el hecho de que se comparte la vida entregada por el mundo. Hablamos de entrega o, mejor dicho, de la capacidad para entregarse, de ser entregado por el Padre al mundo para que sea salvado prolongando la misión del Hijo (Jn 3,16-17). El Señor Jesús da a sus pastores la capacidad de darse al mundo como Él se dio.

Así es. Los discípulos/pastores según el corazón de Dios hacen una experiencia en consonancia y de la mano de Jesucristo. Son entregados como Él al mundo no pasivamente, sino desde la libertad de su aceptación. Aun haciendo hincapié en su libertad, no podríamos hablar de identificación, de comunión con su Buen Pastor, si no compartieran también su certeza de que entregan su vida y la recuperan con el sello de la inmortalidad.

Para no quedarnos en simples supuestos que podrían derivar peligrosamente hacia ensoñaciones fantasiosas, comunes a todas las religiones inventadas por los hombres, abrimos el Evangelio de nuestro Señor, sus palabras de vida, con el fin de apoyar lo que estamos diciendo. Nos sustentamos, pues, en el Evangelio, que, como nos dice el apóstol Pablo, irradia vida e inmortalidad (2Tm 1,10).

Desde esta fe que llamamos adulta, nos acercamos al testimonio que nos brinda el mismo Hijo de Dios, testimonio que expresa su total y absoluta confianza y certeza de que se deja entregar, ofrece su vida, no de forma inconsciente e irresponsable, sino como vencedor, pues sabe que la recobra. Para que no quede la menor duda sobre esta su libertad, Jesús puntualiza que nadie le quita la vida, sino que es Él quien la entrega voluntariamente: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo” (Jn 10,17-18).

He ahí un rasgo, por cierto no accidental sino absolutamente esencial, que identifica a aquellos a quienes Jesús llama para ser sus discípulos y que cobra especial relevancia en sus pastores. Lo serán según su corazón si este rasgo brilla en todo su esplendor a lo largo de su misión. Es evidente -continuamos con la cita bíblica de Juan- que la relación de estos pastores con el Padre es muy parecida a la de Jesús. Al igual que Él, saben que su Padre les ama por el hecho de entregar su vida. No estamos hablando de heroísmos ni oblaciones ciegas, sino de certezas, las mismas que las de su Señor, y que se resumen en hacer suyo confiadamente su confesión y testimonio: Nadie nos quita la vida, la damos voluntariamente, tenemos poder para darla y poder también para recuperarla… Por eso nos ama nuestro Padre, por esa nuestra identidad con su Hijo. Ha sido de Él de quien hemos recibido este poder.

Tengo la impresión de que, a estas alturas, más de uno está moviendo nerviosamente su cabeza al leer que se puede participar del poder del Hijo de Dios hasta este punto. Bueno, en primer lugar he de decir que el Evangelio de Jesús es la Gracia de todas las gracias para los que creen en él, es decir, para los que lo acogen sin reservas. Pablo dirá a los cristianos de Colosas que cuando les fue predicado el Evangelio oyeron y conocieron la gracia de Dios: “…instruidos por la Palabra de la verdad, el Evangelio, que llegó hasta vosotros, y fructifica y crece entre vosotros lo mismo que en todo el mundo, desde el día en que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en la verdad…” (Col 1,5b-6).
 
Al servicio de su rebaño

Si la Palabra, el Evangelio de Jesús, es don, es gracia, no nos debería extrañar en absoluto que Dios hiciese a los que lo reciben sin reservas en sus entrañas, partícipes del poder de su Hijo. Sin embargo y para los reticentes, fijémonos, no sin asombro y estupor, que en el Prólogo del evangelio de Juan se nos hace saber que a todos aquellos que recibieron, acogieron en su corazón, la Palabra, Dios les dio poder para hacerse hijos de Dios. Se nos habla de un nuevo nacimiento, y además, cualitativamente superior al originado por la carne y la sangre: “…Pero a todos los que la recibieron –la Palabra- les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; éstos no nacieron de la sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios” (Jn 1,12-13).

Hablamos del poder creador de Dios por el cual le es dado al hombre la capacidad de dar el salto a la trascendencia e inmortalidad, la vida eterna que tantas veces oímos en labios de Jesús. De este poder emana  la potestad de los pastores según el corazón de su Buen Pastor para dar la vida, sabiendo, al igual que Él, que el Príncipe de este mundo no tiene poder alguno sobre ellos, sobre la vida que entregan. Más aún, son conscientes de que, al entregarla así, con una libertad tan meridiana, manifiestan ante el mundo entero que aman y confían en su Padre como amó y confió su Maestro y Señor. “… Llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según Él me ha mandado” (Jn 14,30b-31).

Son, pues, pastores al servicio de su rebaño, del mundo entero. Lo son incondicionalmente, y no por heroísmo o porque tengan un plus de generosidad que los hace destacar sobre los demás. Por supuesto que tampoco realizan su misión con el estigma del victimismo. ¡Dios nos libre de estos “pastores”! Entregan su vida por el mundo porque se han dejado crear/hacer por Dios. En su libertad, le dijeron: ¡Aquí estamos para ser entregados y recuperados por Ti!

Sólo desde estos parámetros de total y absoluta libertad y confianza, podemos ver, en toda su profundidad, la real dimensión de esta entrega. No existe en absoluto ningún desprecio a la propia vida, como quizá alguien podría suponer leyendo lo que Pablo dice en su catequesis de despedida a los presbíteros de Éfeso. Al final de su exhortación y como broche de oro, les testifica que tiene el mañana puesto en manos de Dios; sabe que su ministerio pastoral según el corazón de su Señor, lleva implícitos sufrimientos y cadenas. Dicho esto, confiesa triunfalmente: “…Pero yo no considero mi vida digna de estima, con tal que termine mi carrera y cumpla el ministerio que he recibido del Señor Jesús, de dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios” (Hch 20,24).  

No hay la menor duda de que este no considerar su vida digna de estima provoca sorpresa en unos y escándalo en otros. Quizás los que se escandalizan sean los menos indicados para dar lecciones a nadie, pues es posible que su propia vida no sea ya más que un desecho de lo que la palabra vida significa; más aún, quizá no llega a ser más que el grito estruendoso de una muerte anunciada. Se llega a esta ínfima calidad de vida cuando ya no se espera más allá de lo que el cuerpo, la mente, las emociones y sensaciones puedan dar de sí.

Dios es de fiar

No considero mi vida digna de estima, dice Pablo. Pero sí considero -repetimos la expresión- digna de estima la Vida alcanzada para mí por el Hijo de Dios. Se entregó al Padre y, gracias a esa entrega, hemos sido vivificados: “…la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros… Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!” (Rm 5,8-10).

Pablo, pastor, sigue las huellas de su Buen Pastor y en Él se apoya. Se entregó a la muerte por mí –dirá- y ¡está vivo! Yo también, y he recibido de Él el don, la capacidad de entregarme al Evangelio: ¡Patrimonio de los pecadores! Por eso moverá cielo y tierra por predicar el Evangelio en toda ocasión. Recordemos a este respecto su exhortación a su colaborador Timoteo: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo…”(2Tm 4,2) para que todos puedan hacer suya su experiencia de fe: “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). La comunión de Pablo con Jesucristo en su misión es su fuerza; por ello proclama que todo lo puede en Jesús que le conforta (Flp 4,13). Nos parece ver en el apóstol la figura del salmista que, de la mano de Dios, su Buen Pastor, confesó: “Él conforta mi alma” (Sl 23,3).

Pablo no está delirando, así como tampoco ninguno de los apóstoles llamados personalmente por Jesús, que también despreciaron su vida al considerar que su pastoreo era infinitamente superior a sus proyectos existenciales. Sin duda que también ellos al igual que todos los tuvieron; su sorpresa es que Jesús sobrepasó –repito- infinitamente sus expectativas al confiarles su pastoreo. En Él creyeron y pusieron todo su corazón, mente y alma. Entregaron su vida por Jesús y su Evangelio sabiendo que la recuperaban tal y como Él les había dicho: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35).

Repito, creyeron en palabras de Jesús como ésta, y ahí reside su secreto. Al igual que la confesión que David le hizo a Dios: “tus palabras son de fiar” (2S 7,28), también consideraron fiables las de su Hijo. Supieron muy bien que eran palabras no tanto para ser escritas en unos recordatorios o enmarcadas en documentos institucionales, cuanto para ser grabadas en la médula del alma. Así lo creyeron y salieron a buscar al hombre que no sabe vivir. Lo encontraron y le dijeron: hemos recibido el poder de entregar la vida y recobrarla, y por eso estamos aquí, ofreciéndoos el Evangelio de la gracia y de la vida; os lo ofrecemos porque queremos que también vosotros seáis reengendrados en y por Jesucristo (2Co 5,17).

Así fueron y evangelizaron los primeros pastores. Así son y evangelizan los pastores según el corazón de Dios de todos los tiempos. No tienen encadenado, esterilizado, el Evangelio de la vida y de la gracia bajo el peso de innumerables simposios, cursos, reuniones que, a veces, son tan banales que sólo sirven para darse culto a sí mismos tanto los que los dan como los que los reciben.
Estos pastores saben lo que son, y que lo son por Aquel que les llamó. Puesto que han llegado a ser pastores por Él, su Buen Pastor, son conscientes de hasta dónde descendió su Señor para llamarlos. Por eso todos pueden hacer suya la confesión de Pablo: “No soy digno de ser llamado apóstol" (1Co 15,9). Con esta su riqueza y pobreza a cuestas, ¡bendita y liberadora pobreza!, ponen su vida al servicio de la Vida; son como antorchas luminosas en manos de Dios (Flp 2,15). Recorren el mundo entero con el más noble y alto de los fines: hacer que el hombre, a la luz de sus antorchas, encuentre su alma… y se deje hacer por el Señor Jesús (Jn 1,12).  

Amemos la Liturgia 11.- Aleluya (por Tomás Cremades)

De dónde viene, y qué significa la palabra Aleluya

Es importante, cuando escuchamos algo que no entendemos, por su contexto, por la semántica o por la raíz latina, griega o hebrea, tengamos la curiosidad de saber. Esta curiosidad es un “beso” del Señor, que nos está diciendo: ¡abre el oído, o el pensamiento, abre el alma!, para conocerme mejor!.
En la Escritura aparece muchas veces ¡aleluya!, como expresión de júbilo y alegría. La palabra aleluya es una contracción de dos palabras hebreas: el término “Ya” refiere a Yavhé, Dios de los hebreos, Dios de los cristianos, y el término hebreo del verbo hâlal, que significa alabar. Los salmos de alabanza, se denominan salmos “hallel.
La palabra significa “¡alabad a Yahvhé”!

domingo, 11 de junio de 2017

Gracias Señor por tu ascensión (por Mila)

Señor yo te amo:

Por enseñarnos a perdonar.
Por indicarnos tu camino hacia Dios.
Por llamarnos Bienaventurados.
Por subir a la Cruz por nosotros.
Por derramar tu sangre por nosotros.
Por morir en la Cruz y con tu madre a Tu Lado, darnos madre para todos.
Por ser obediente hasta La muerte.
Por resucitar y resucitarnos a todos. 
Por resucitar y darnos Vida Eterna.
Por resucitar y vencer a la muerte.
Por subir al cielo y enseñarnos el camino.
Por marcharte al cielo y esperarnos a todos.
Por ascender a Dios y No olvidarnos. 
Por entrar en el cielo y guardarnos un sitio.

¡GRACIAS!

sábado, 10 de junio de 2017

Toques del Alma 008





8. Evangelio y predicación: he ahí el binomio inseparable. Sólo la vinculación al Evangelio libra al predicador de hablar de sí mismo y de sus cosas. Recordemos lo que dice san Agustín: “Quien no se aplica a escuchar en su interior la Palabra de Dios será hallado vacío en su predicación externa”.

Esperan de Tí su comida (Carmen Perez)

"Todos ellos esperan de Tí que les des su comida a su tiempo.
Se la das y ellos la toman; Abres tu mano y se sacian de bienes" (Sal 103)

Así es. Todos tenemos un tiempo.... para que el Señor nos alimente con su palabra.... 

Nos vamos alimentando y nos vamos saciando...hasta que la palabra de Dios nos va llenando de. Paz ..Sabiduría ... y al fin felicidad...

Ahora el Señor nos manda ir a comunicarlo a otros. Que también tomarán su Palabra ... Para que se cumpla lo que nos dijo: estará con nosotros hasta el fin del mundo.

Y los padres enseñaran esto a sus hijos 

Bendito Seas Señor

¡SE ENTREGO POR TÍ Y POR MÍ !


¿QUIEN ERES SEÑOR ? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 11 de Juniode 2017

Tanto nos ama Dios que entregó a su Hijo por cada uno de nosotros. Creo que ésta entrega de Jesus, tan dolorosa como humillante, resquebraja nuestras soberbias y nos abre al asombro y de ahí a la adoración. Fijémonos por ejemplo en Pablo. Nos lo imaginamos arrebatado por una sorpresa amorosa que le supera. Con mano temblorosa escribiría : " No vivo yo, es Cristo quien vive en mí...me amó y se entrego por mí.." Gal 2,20 . Es como si se hubiese abstraído de la humanidad entera, se quedase a solas con Él y solo acertase a susurrarle:          ¿Quien soy yo para que te hayas entregado así por mí? Quien es capaz de preguntar esto a Dios ya está en condiciones de adentrarse en su Misterio...ya dobló ante Él las rodillas de su corazón.

(Por el padre Antonio Pavía )
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 9 de junio de 2017

Él lo hace todo (por Carmen Pérez)

"El que me ofrece ación de gracias, ese me honra; Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios" (Salmo. 49).


Le haré ver ... le haré llegar a ser.... no dice que nosotros tenemos que hacer ... solo tenemos que seguir el buen camino... y el buen camino lo dijo  el Señor: Yo soy el buen camino...

Pero ¿como andar por ese camino? ... Solo hay una cosa que nos  lleva por ese camino, se llama EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JEDUCRISTO y sólo tenemos que confiar, Él lo hace todo, Él hara en nosotros que poco a poco confiemos en ese camino ..que  es Verdad y Vida eterna . 
AMEN

miércoles, 7 de junio de 2017

JESÚS, LA PIEDRA ANGULAR (Tomas Cremades)


Jesucristo, el Humilde por excelencia, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría… (Fp 2, 6-11). Y, como el Gran Pedagogo del Universo, se pone a nuestra altura, y a la altura de la gente del tiempo en que se rebajó a vivir entre nosotros. Y, de esta forma, catequizaba al pueblo con imágenes sencillas que ellos pudieran comprender, tales como las aves del cielo, los peces del mar…Otras veces con las labores del campo, la siega, la siembra, la semilla,…Incluso con parábolas en las que les enseñaba el amor entre el Padre (Dios) y el hijo,  (el hombre de toda época), en el Hijo Pródigo….O cantaba la alegría de la mujer que encuentra la moneda perdida, o el tesoro oculto en el campo, simbolizando el encuentro con nuestro mayor Tesoro, el Santo Evangelio…Así es Jesucristo.

En esta ocasión, nos habla de la piedra angular. Y no es precisamente Jesucristo quien, con todo derecho, se podría poner en ese lugar. Es el salmista quien toma toda la revelación de Dios para entonar en el Salmo 117: “…la piedra que desecharon los arquitectos es la piedra angular…”.
La piedra angular refiere a las construcciones de la época, y aún posteriores, donde los conocimientos actuales de cálculo no se conocían. Y no por eso se realizaban menores construcciones. La piedra angular refiere a la parte más alta de un arco circular, lo que llamamos “la clave” del mismo. Esta pieza, tallada en piedra, se construye de forma que dos de las caras de la piedra no sean paralelas, sino con un ángulo de inclinación, para que actúen sobre las demás cerrando el arco.

                            
LA PIEDRA ANGULAR DEL ARCO

 

 
En otras ocasiones, y de ahí le viene el nombre, para levantar  un                                                                                                                                                                             muro en dos direcciones, se construían en ángulo desde donde arrancaban la edificación.
 

 

 

 

 

                                        
LA PIEDRA ANGULAR DE LA EDIFICACION EN ESQUINA

Cuando se produce la curación de un tullido, relatada en los Hechos de los Apóstoles, por Pedro y Juan, se presentaron los sacerdotes, los saduceos y la guardia del Templo para detenerlos. Y es cuando, al ser interrogados: “en nombre de quién habéis hecho esto”, Pedro les dijo: “…Sabed que ha sido por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros matasteis, y a quien Dios resucitó de entre los muertos. …Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado, y que se ha convertido en piedra angular…” (Hch 4 8-11)
Si la piedra de la construcción no se ejecuta como está en los cánones de buena construcción, ésta cae. Con Cristo ocurre igual: Sólo amparándonos en Él, con nuestra práctica de “buena construcción”: la “Buena Nueva del Evangelio”, la construcción del edificio de nuestra alma, de nuestra salvación, permanecerá en pie, como postura cierta de la resurrección.
Nuevamente Jesús, como Pedagogo y Maestro, nos enseña, con ejemplos sencillos, el camino cierto y seguro: Jesucristo y su Evangelio, Camino, Verdad y Vida.
Alabado y adorado sea Jsucristo
 
 

martes, 6 de junio de 2017

Los discípulos de Jesús y la Palabra (por el padre Antonio Pavía)

Uno de los manantiales de espiritualidad más rico y profundo que nos ha legado la Iglesia primitiva es la plena certeza de que los discípulos de Jesús alcanzan a ser –recordemos a san Ignacio de Antioquía- como su misma Palabra; es decir, que así como Él es la Palabra del Padre, también sus discípulos llegan a serlo a causa del seguimiento de sus pasos.
Esta certeza inaudita e inabarcable no es fruto de ninguna revelación “mística” ni nada que se le parezca; el mismo Jesús lo ofrece como promesa abierta cuando, por ejemplo, le oímos decir que todo discípulo bien formado llega a ser como su Maestro (Lc 6,40b). Promesa a la que Pablo se refiere como ya cumplida en él cuando manifiesta su deseo como anunciador del Evangelio, de que Jesucristo llegue a ser formado en aquellos que acogen su predicación: “Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros” ( 4,19).
Pablo tiene una diáfana claridad acerca de lo que es un discípulo del Señor: alguien que deja que Él se forme en sus entrañas progresivamente al ritmo de su acogida del Evangelio. El apóstol puede hablar así porque, aunque sabe que tiene que seguir creciendo en la fe, es consciente de que Jesús ya vive en él. “… Y no vivo yo, sino que es Jesucristo quien vive en mí” ( 2,20b).
Insisto en que llegar a ser transformado en la Palabra de forma análoga a la que Jesús es la Palabra del Padre, es uno de los pilares gloriosos de la espiritualidad de los primeros cristianos. Podemos, por ejemplo, fijar nuestra atención en este texto de san Cirilo de Alejandría entresacado de su comentario catequético a la segunda carta de san Pablo a los Corintios: “Porque, desde el momento en que ha amanecido para nosotros la luz del Unigénito, somos transformados en la misma Palabra que da vida a todas las cosas”.
Llegar a ser, como hemos visto, Palabra del Padre de forma análoga a Jesús es algo simplemente sublime, y seríamos necios si redujésemos esta impactante realidad  a una especie de titular cuya única finalidad sería aflorar el sentimentalismo. No hablamos de sentimientos, sino de algo esencial al discipulado que supone la plenitud de nuestra adhesión a Jesús como Señor y como enviado del Padre. Cuando reducimos textos del Evangelio a un merotitular corremos el peligro de reducirlo a un simple florero, un adorno que impide fijar nuestro corazón en lo que realmente importa: llegar a ser, como nuestro Maestro, Palabra del Padre. 
Combatimos este peligro que es real, a la luz de algunos pasajes de la Escritura. Empezamos por el salmo 24. El salmista lanza desde lo más profundo de su corazón una pregunta sobrecogedora: ¿Quién puede estar, vivir con Dios, creador del universo? A lo largo del salmo vamos encontrando la respuesta. Podrán llegarse hasta Dios aquellos cuyas manos sean inocentes, que tengan el corazón puro, que no albergan vanidades en su alma, que huyen del engaño, la mentira, etc.
 
La Bendición por antonomasia
Es evidente que con estas premisas nunca alcanzaremos a vivir con Dios. Claro que este salmo es una profecía acerca del Mesías, de quien se nos dice que “alcanzará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación”. La buena noticia es que esta bendición alcanza a Jesucristo sobre todo en función de sus discípulos de todos los tiempos; de ahí que oigamos a continuación: “ésta es la raza de los que le buscan, de los que van tras tu rostro, oh Dios”.
Nos centramos en el cumplimiento de esta profecía en nosotros, los que pretendemos ser discípulos de Jesúsporque, como ya he dicho, a nosotros va dirigida esta bendición. Estamos hablando de la Bendición de todas las bendiciones, la que el Espíritu Santo derramó en primer lugar sobre la Madre de la Iglesia: María de Nazaret, por medio de su prima Isabel: “…Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamando con gran voz, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.
Esta Bendición de todas las bendiciones fue proclamada sobre María porque llevaba en su seno: ¡al Bendito del Padre, su propia Palabra hecha carne! Bendición que, como hemos dicho, alcanza a los discípulos de Jesús porque su seno –como el de María- también es Bendito. “Jesús, puesto en pie, gritó: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: De  su seno correrán ríos de agua viva” (Jn7,37-38).
Hemos leído bien. Del seno de los que creen en Jesús y su Evangelio -¡que nadie los separe!- correrán las aguas vivas de la Palabra que da la vida al mundo, (Ez 47,1…). Los discípulos de Jesús sacan de su riquísimo seno las aguas de la salvación, y gozosamente las ofrecen a sus hermanos. “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación” (Is 12,3).
Han sido transformados, -como nos dijo san Cirilo de Alejandría- y de la abundancia de sus entrañas fluyen -seguimos a san Agustín- los ríos de la predicación evangélica que dan la vida eterna. “…El que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna” (Jn 5,24). Los discípulos de Jesús, porque han llegado a ser Palabra del Padre, predican su Evangelio por  todo el mundo. Recordemos algunos de ellos: Francisco Javier, en Asia; Daniel Comboni, en África; y con ellos, tantísimos más que, de generación en generación, entregaron su vida, y con ella la vida eterna a sus hermanos.
Herederos de la gran Bendición, millones de hombres y mujeres, movidos por distintos carismas, alcanzaron y llenaron de vida a toda la humanidad. A causa de su seno, lleno de Dios y de su Palabra, pudieron ser ángeles para sus hermanos heridos a la orilla del camino (Lc 10,33-35). Imposible nombrar ni siquiera a una mínima parte de ellos; aun así nos arriesgamos a citar a Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, Vicente de Paúl, Inés…

LA NOCHE OSCURA vs LA VIDA TIBIA (Tomas Cremades)

Muy probablemente, los cristianos, y, en general, los seres humanos, hayamos vivido lo que san Juan de la Cruz denominó:”La noche oscura del alma”. Y generalizo el término de “seres humanos”, frente al menos genérico de “cristianos”, por razones obvias. 

Los cristianos, los discípulos del Señor Jesús, los que le buscamos, somos conscientes de nuestra precariedad en la búsqueda, pero le miramos a Él. Se hace realidad en nosotros la profecía: “… mirarán al que traspasaron…” (Za 12,10), y también (Ap1, 7)
Pues los cristianos sufrimos en nuestra propia alma esa noche oscura, en donde aparecen las dudas de fe, en donde nos ocurren acontecimientos en los que parece que Dios no se ocupa de nuestra causa. Dice el salmista:”…Son mis lágrimas mi pan día y noche, cuando me dicen todo el día: ¿dónde está tu Dios?...” (Sal 42,4)
Esta “noche oscura” la permite Dios porque nos hace crecer en la fe. Él no nos deja en la estacada. Pero hay otras formas de vivir la vida: naturalmente la vida de los que viven sin Dios. Y una más: los que viven una vida de forma tibia. No se preocupan nada más que de cumplir, de no faltar, ausentes de todo tipo de “compromiso”. ¡Que no me compliquen la vida! 
Naturalmente que hay que cumplir los preceptos de Dios y de la Iglesia, pero no es suficiente; nuestra alma necesita más alimento. No me refiero a términos de salvación del alma, pues esto SOLO le corresponde a Dios. Es que el que actúa así, se pierde lo mejor de la “fiesta”. 
No en vano nos recuerda el libro del Apocalipsis: “…No eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca…” (Ap 3 14-17)
 
Alabado sea Jesucristo

lunes, 5 de junio de 2017

Olvidaron sus obras (salmo 105) por Carmen Pérez)


"Las aguas cubrieron a los atacantes,y ni uno solo se salvó.Entonces creyeron sus palabras Y cantaron sus alabanzas Pero bien pronto olvidaron sus obras Y no se fiaron de sus planes"

Este salmo dice que con milagros no nos convertimos, ..se nos olvida enseguida.... pensamos que es una cosa que nos merecíamos... una casualidad más.
En el Éxodo está escrita toda nuestra vida, todos pasamos por ahií, es nuestro caminar por esta vida.
Por eso tenemos que acojernos a la palabra De Dios  y poco a poco ..como dice el profeta, "como lluvia que empapa la tierra" irá haciendo de nosotros hijos De Dios.
AMEN

sábado, 3 de junio de 2017

¡Señor dame tu Espíritu!


¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 4 de Junio de2017

Una de las fuentes que mana del Espíritu Santo enviado por Jesus a la Iglesia, es aquella cuyas aguas infunden la Verdad. Jesús nos habla de ella inequívocamente: "...El Espíritu de la Verdad que os guiará hasta la Verdad completa" Jn 16,23 

Feliz el hombre que tiene sed de la Verdad, ¡sí feliz y bienaventurado! porque la Verdad trae consigo la Sabiduría y la Fuerza con la que podra deshacer la Mentira con la que el Tentador acaricia nuestros oídos para ponernos de espaldas a Dios que es Padre. 

La Verdad es propia de los discípulos de Jesús, en ella se asienta la Libertad en estado puro. Jn 8,31-32

comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 2 de junio de 2017

Poemas II.- Hermano (por Olga Alonso)

Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

Mc 10;21
HERMANO
 
Hermano, te miro y me quedo en lo que veo de ti.
Con ojos de observar el mundo, miro tu ropa, tu andar , tu forma de hablar.
Construyo en mi mente mi imagen de ti y juzgo, aunque ni siquiera sé tu nombre, lo que haces, lo que dices, lo que creo que eres.
Esto es a lo que llegan mis pobres ojos, que no están preparados para más.
Hermano, ayúdame a mirarte con los ojos de Jesús. Hermano, ayúdame a llamarte no “el otro” sino hermano.
Dime que tienes anhelos como yo, que sufres, como yo, que ríes, como yo y que tantas veces te sientes derrotado, como yo.
Padre, enséñame a amarle, por qué mi corazón no sabe mirar con otros ojos.
Mi Señor, no tengo capacidad de amar si tú no me enseñas.
 
Pero el Señor dijo a Samuel: No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor  mira el corazón. 
1 S 16;7b