miércoles, 9 de diciembre de 2015

DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO (Ez 36,24-28) (por Tomás Cremades)

Dice el Señor por boca del profeta Ezequiel:
“…Os recogeré entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra…”
Yahvé se ha escogido un pueblo, el pueblo de Israel, del que nosotros somos sus herederos; y, en esa herencia, siempre presente en Él por sus atributos de Eternidad y Presente continuo y permanente, nos elige también a nosotros; no ciertamente por nuestros méritos o por nuestra valía; simplemente por su infinito Amor. Nos reúne de entre todos los pueblos, sin distinción de raza, color de piel, sexo, edad, formación…estas características nos definen a los humanos, incluso, a veces, nos separan, “nos clasifican”, pero no son válidas para Dios.
Nos lo recordará muchos siglos después Pablo: “…Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús…” (Gal 3,28)
Y nos llevará a nuestra tierra. ¿Cuál es nuestra tierra? Es la tierra prometida, el Cielo, la visión Beatífica de Dios. Esa es nuestra tierra. Es nuestra particular Tienda del Encuentro
La Tienda del Encuentro es el lugar donde Moisés se encontraba con Dios-Yahvé, donde Moisés hablaba cara a cara con Él, como un amigo habla con su amigo. (Ex 33,11)
Y esto sucede inmediatamente después de la idolatría del pueblo de Israel adorando al becerro de oro. Yahvé quiere castigar a su pueblo-pueblo de dura cerviz, nos dirá-, pero por la intercesión de Moisés, le envía a la Tierra Prometida, tierra que mana leche y miel, ciudad de Jericó.
Hay una oración bellísima de Moisés a Yahvé pidiéndole compañía para llegar a la tierra prometida; Yahvé le contesta: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (Ex 33.14)
Y Moisés contesta: “Así, tu pueblo y yo nos distinguiremos de todos los pueblos sobre la tierra”
A lo que Yahvé replica: “Haré también esto que me pides, pues has obtenido mi favor y yo te conozco por tu nombre”( Ex 33,17)
Hermosísimas palabras de Dios-Yahvé: “te conozco por tu nombre”en el mismo sentido nos dirá Jesucristo en (Jn10,28): “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”
Los cristianos, los que buscamos a Dios, los que queremos ser discípulos de Jesucristo, escuchamos la Voz de Dios, y Él nos llama por nuestro nombre.
…Y, continuando con Ezequiel, dice: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará, de todas vuestras inmundicias os he de purificar, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne…”
Profecía de Ezequiel, anunciando a Jesucristo: Él es el Agua viva, como le dice a la Samaritana en ese bellísimo diálogo que recoge Juan en el capítulo 4 de su Evangelio. Le dice Jesús: “…Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ¡Dame de beber!, tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado Agua Viva…”
Y más adelante continúa: “…el que beba del agua que Yo le de se convertirá en él fuente de agua que brota para la Vida Eterna…”(Jn4,14)
Jesucristo es esta agua Viva derramada sobre nosotros para purificar todas nuestras idolatrías, lavar nuestros pecados. Él cambia nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, con las palabras ARRANCARÉSi recordamos, en las palabras de la Consagración, decimos: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo…”. Palabras que dice Juan el Bautista cuando ve pasar a Jesus antes de bautizarlo (Jn 1,29), y cuya traducción más exacta es que ARRANCA EL PECADO DEL MUNDO, esto es: arranca de raíz el pecado. De esta forma, arrancará el Señor Jesús nuestros pecados, como dice la Escritura en boca de Ezequiel, cambiando nuestro corazón de piedra en uno de carne.
“… Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, vosotros seréis mi pueblo y Yo seré vuestro Dios…”. Esta tierra será para nosotros nuestra Tienda del Encuentro con Jesucristo, profetizado por Ezequiel, anunciado por Moisés en la Teofanía-manifestación- en el desierto, promesa de Jesús: “…Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos Morada en él…”(Jn 14, 23)

Alabado sea Jesucristo


martes, 8 de diciembre de 2015

Tarjeta postal de Navidad

Toques del Alma 132

.…y el hombrecillo se llegó ante Él y le dijo: Aquí me tienes, mi Dios, con deseos de amarte, también de escucharte, mirarte y creer en ti. El hombrecillo no sabía que Dios por un momento dejó todo su quehacer de lado para mirarle a él, con él quería estar.

MARÍA, ACEPTÓ EL PLAN DE DIOS.- (por Manuel Armenteros)

Si, fué en aquella doncella hebrea reconocida como Maria la de Nazaret, donde Dios fijó sus ojos y pidió permiso para poner su “tienda entre nosotros”.  Y María dijo SI, se fió y confió en Dios: CONSINTIÓ.  Y fué tan grande su , como su valentía.  Digo bien, su valentía, porque tras aceptar su nueva e inesperada situación, respondiéndole al mensajero de Dios: Hágase en mí según su Palabra…, Maria corrió y puso en riesgo su vida. Dadas las severas y crueles Leyes judías de su tiempo; las cuales castigaban con lapidación hasta la muerte, a la mujer por todo acto de adulterio. Es decir, por violar la fidelidad conyugal, que ya comenzaba o se iniciaba desde los “desposorios nupciales contraídos”. Tanto es así, que el joven israelita llamado José, que más adelante desposaría a Maria, la repudió en su interior. Decisión que tornó aceptar al anunciarle, en sueños, el mensajero celeste de la procedencia divina, sin intervención humana, del Hijo que portaba en su vientre inmaculado MARIA. Y así el bueno de José quedó también incorporado al Misterio Redentor y Salvador, ya iniciado en la Encarnación.
Gran lección de MARIA, la siempre Virgen desde la , para todas las mujeres en cinta de nuestras actuales sociedades; que salvando tiempo y creencias, hoy se desangran por tantos desahucios a la vida. MARIA, se fió y confió valientemente aceptando su nueva situación y Dios…hizo el resto. Y también de JOSÉ, el fiel y humilde servidor de Dios, quien ofrece gran lección para nuestros dirigentes e Instituciones (civiles y eclesiásticas). Para que imitando a José, quien asumió la responsabilidad de la crianza y protección de aquel Niño llamado Emmanuel, faciliten medios legislativos o ayudas a madres solteras o casadas con dificultades. A favor incluso propio, de la necesaria fertilidad que precisa URGENTEMENTE nuestra mermada familia europea.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Toques del Alma 131

El Evangelio es algo así como las burbujas de Dios. Bailan sobre nuestras entrañas acariciándolas hasta que estallan, es entonces cuando nos es dado conocer, al menos en parte, la creatividad amorosa de Dios: nadie como Él para cortejar nuestra alma.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El Señor siempre oye (por Carmen Pérez)

"CUANDO PAREZCA QUE NUESTRA ORACIÓN NO ES ESCUCHADA QUE EL SEÑOR NO OYE, RECORDEMOS A LA VIUDA DEL EVANGELIO, QUE TODAS LAS MAÑANAS ACUDÍA AL JUEZ PIDIENDO JUSTICIA -TODOS LOS DÍAS-. SEGURO QUE A VECES SE DESANIMARÍA... SI TÚ CREES QUE A PESAR DE TU ORACIÓN SE COMPLICA O EMPEORA LO QUE PIDES, CIERRA LOS OJOS DEL ALMA Y CONFÍA, NO TE DESANIMES. ÉL, NOS PUSO EL EJEMPLO DE CÓMO PEDIR SIN DESANIMARNOS. EL SEÑOR SIEMPRE OYE".

sábado, 5 de diciembre de 2015

¿QUIÉN ERES SEÑOR? Hch 9,5 (Domingo 6-12-2015)

¿QUIEN ERES SEÑOR?  Hch 9,5
Para el Evangelio del domingo 6-12-2015)
(Por el padre Antonio Pavía)

Todos verán la salvación  de Dios, leemos hoy. .. Sí, todos los que acogen al Emmanuel "se saciarán de gozo en su Presencia"  Sl 16,11 Si nuestros ojos no captan aún al Hijo de Dios, tendremos que soltar lo que nos estorba, como el ciego de Jerico Mc 10,46-52,  hasta que Él nos diga  ¿Qué quieres que haga por tí?  Sabemos la respuesta....¡ Señor.abre mis ojos...!

Toques del Alma 130

5-12-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

Vengo hoy mi Dios, contigo, no digo para mirarte porque eres el Invisible, pero sí para que tú me mires a mí. Cuando tu mirada me alcanza, los ojos de mi alma se cruzan con los tuyos. Parece un juego de palabras, mas no… o sí. Es cierto, es un juego, mas no de palabras sino de amores; es juego que abre la puerta a la Fiesta.

viernes, 4 de diciembre de 2015

MI SEÑOR, MI ESPERANZA..- (por María Pilar)

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra, mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora (Salmo 130, 5-6)

     El que espera en el Señor, es el que se deja moldear por la Gracia Divina. El Señor dice: "Tened ceñida la cintura y encendidas vuestras lámparas" (Lucas 12,35).

     Sí, es preciso estar siempre a la espera y alertas al paso de Dios en nuestra vida, porque Él quiere formar parte de ella para que tengamos una vida plena, dejándonos saciar de todos sus bienes, de su misericordia infinita.

     "Para mí, la vida es Cristo", decía S. Pablo, porque bien sabía en quién esperaba, y cuál era su ganancia. Todo lo tenía por basura ante la sublimidad de haber conocido a Cristo Jesús. Dios permitió que Pablo perdiese la luz corporal de sus ojos temporalmente, quizás para poder recuperar una luz mayor, la de su alma, al ser inundado por la Luz de Cristo. Como dice el Salmo 36, 10: "Pues en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz".

Sí, el Señor llega. No debemos de dormirnos y estar alerta, porque no sabemos ni el día ni la hora: "Llega el esposo, salgamos a recibirle con las lámparas encendidas" (Mateo 25,1); como las vírgenes prudentes, la luz siempre encendida y la Palabra en el corazón. Ahora es el momento de llenar nuestras lámparas de aceite para que no nos fate la luz que necesita nuestra alma para estar con Él cuando llegue (Mateo 25,6).

Y, "ceñida la cintura"; no para ceñirse a los falsos atractivos que nos ofrece el mundo, tantas veces obras de las tinieblas, sino para ceñirnos a la Gracia de Dios, -Salmo 62: "Tu gracia vale más que la vida"- esta Gracia que nos mantiene el espíritu joven, renovado y en la verdad. El Salmo 91, dice hablando del justo que en la vejez seguirá dando  fruto y está lozano y frondoso..., por tanto no depende de tener muchos o pocos años, sino de saberse ajustar y estar más en sintonía en las cosas de Dios; deseos de acercarnos a Él, de estar con Él para conocerle mejor en la intimidad de la oración personal y permanente, para llegar a amarle más, y sobre todo, dejarnos amar por Él, de modo que sea el centro y el Rey de nuestra vida.

     Esperar en el Señor es estar siempre en movimiento continuo  en busca de su Rostro, buceando en las Aguas Vivas de su Palabra, que es siempre nueva e inagotable para quienes tenemos el oído abierto a la escucha de su voz.

     Dios llega, sí, y llega con su recompensa "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. (1 Corintios 2,9).

     Por eso, mi alma espera en el Señor, espera en su Palabra.


ESPERO EN TÍ, MI DIOS Y SEÑOR. TÚ MI ESPERANZA. TU MI VIDA ETERNA. ¡¡GRANDE Y ADMIRABLE, SEÑOR!!

jueves, 3 de diciembre de 2015

Toques del Alma 129

El tiempo erosiona sin piedad todo aquello que no lleva el toque del Eterno. Todos anhelamos algo que conserve la vitalidad y frescura que en su día nos fue posible disfrutar. Si bien es cierto que no podemos esquivar el desgaste de lo que en un tiempo nos asombró y sorprendió, sí está a nuestro alcance, por increíble que parezca, el Alguien que permanece. Basta meterse en cuerpo y alma en el Evangelio, todo él sabe a eternidad.

Toques del alma 128

 Qué pasaría por la cabeza de san Jerónimo cuando escribió… “del manjar sustancioso de las Escrituras, pan de la Palabra que nutre el alma…” por su cabeza quizás nada, por su corazón ¡el Manantial del Dios vivo!

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Sentimientos 4.- (por Mila)



Silencio.. es una de las palabras  más bonitas que hay. En donde estés, en un rincón mismamente de tu casa, estás en conversación con Jesús a solas. Es la mente quien habla con él, no la boca. Habla de las mismas cosas que él sabe mías y para mí son momentos de mucha felicidad. Cuando me levanto porque me tengo que ir, parece ser como si le oyese:  " Ven pronto.. ".    Eso es amor.

Poemas II.-ABRAZAR EL EVANGELIO.- (Por OlgaAlonso)


Puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro.  Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece .

1 Pe, 1,22-25


ABRAZAR EL EVANGELIO

Queremos abrazar el evangelio contra nuestro pecho y hacerlo con todas nuestras fuerzas porque deseamos que las palabras que escuchamos empapen nuestro corazón, lo libren de sus ataduras y lo transformen.

Queremos que las palabras que oímos, lleguen al lugar primero de nuestras intenciones, de nuestros sentimientos y de nuestros pensamientos; para que, así, todo lo que hacemos, pensamos, sentimos, venga del Dios que tanto anhelamos.

Sin embargo, sabemos que nosotros  tan sólo,  podemos tener la voluntad de extender los brazos y retener las palabras que sabemos pueden transformar en vida, la muerte que tantas veces perseguimos .Pero Cristo, solamente nos pide que lo abracemos.

Solamente a él le corresponde el milagro de que esas palabras traspasen los huesos y se hagan uno con nuestro alma.

¿Cómo ocurre?
No lo sé

Pero, cada día, camino los pasos de este sendero que traza Dios y experimento como el cielo se derrama en un corazón que ya nada se parece al que antes era.

Yo solamente pongo el deseo de que así sea; Dios hace lo demás

Yo le digo: Señor, quiero, y… él se ocupa.

No hay experiencia comparable a sentir cómo el aliento de Dios roza nuestra espalda y nos hace amar lo que antes ni siquiera conocíamos.

Nada se parece al deseo de querer morir para que él sople sobre nuestras cenizas y cree en nuestro alma de nuevo la VIDA, SU VIDA


Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme

Salmo 50. 1

PASTORES SEGÚN MI CORAZÓN - (Hombres de Dios para el mundo) - CAPÍTULO IV.-El maná escondido



IV - El maná escondido

El Señor Jesús previene a los suyos: “Donde esté vuestro corazón, allí estará vuestro tesoro” (Lc 12,34). Con estas palabras establece la relación de un hombre de fe, un discípulo, con las riquezas, con sus bienes. Es una exhortación que les suena tan nueva como extraña y que, por supuesto, les deja asombradísimos. Ya les había dicho anteriormente que a los ojos de su Padre son más valiosos que las aves del cielo y los lirios del campo, a quienes provee y cuida (Mt 6,26…); ahora su Maestro les habla al corazón para inculcarles que su relación con sus bienes es el termómetro que marca la calidad de su fe y amor a Dios.
En realidad les ha trazado el punto de partida que conduce al pastoreo según su corazón. Decimos esto porque a continuación les imparte una catequesis que tiene el fin de delinear este aspecto que define la identidad de su ser pastores, y que consiste en compartir con Él sus entrañas de misericordia para con la multitud vejada y abatida: “Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,36).
Volvemos al texto de Lucas con el que comenzamos esta reflexión. Después de exhortarles e indicarles la relación entre corazón y tesoro, añade: “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas…” (Lc 12,35 ss). Estad preparados para caminar como vuestros padres en Egipto cuando salieron hacia el camino a la libertad: Yo soy vuestro camino y vuestra libertad; ceñíos, pues, los lomos para poder seguir mis pasos; “escuchad mi voz y seguidme” (Jn 10,27). Escuchadme y prestad atención a mis huellas, las que llevan al Padre. Para ello, “tened encendidas vuestras lámparas”; sólo con mi luz podréis sortear el valle de tinieblas que se interpone ante vosotros (Sl 23,4). No temáis, no os dejaré solos, como nunca solo me dejó mi Padre. “El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él” (Jn 8,29).
Ésta será, podría seguir diciendo, vuestra mayor experiencia de fe. Que la Luz de Dios     –que soy yo mismo- estará siempre a vuestro alcance, como lo profetizó el salmista: “Tú eres, Dios mío, la lámpara que alumbra mis tinieblas” (SL 18,29). A esta altura, Jesús previene a los apóstoles de lo que podríamos llamar la desidia en su ministerio, en su pastoreo; prevención que culmina con un apremio a estar preparados porque “en el momento que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Lc 12,40).
Nos preguntamos cómo cogió a los apóstoles esta exhortación catequética del Hijo de Dios. Tenemos motivos para creer que un poco desprevenidos. Lo que escuchan tiene mucho de novedad, no están acostumbrados a un lenguaje así, tan directo. Quizá la experiencia que tienen de los pastores que les habían apacentado es de otra índole; algo más sistemático, funcional y, por supuesto, sin la fuerza de provocar grandes cambios en sus vidas. Pastores acostumbrados, que sólo imparten normas, y celebran ritos que dejan a sus ovejas vacías, insatisfechas, y, lo peor de todo, “acomodadas al sistema”.
Es evidente que lo que oyen de su Maestro y Señor les espolea, más aún, les sabe a pan candeal, tierno y humeante, como despidiendo aún el olor de las brasas; también a vino nuevo. Sus paladares, los del alma, parecen despertar después de un largo letargo. Podríamos decir que por primera vez los discípulos se percibieron que estaban provistos del “sentido del gusto en el alma”. No obstante, junto a la grandeza y sublimidad que se estaba apoderando de ellos, surge la normal pregunta o inquietud; es Pedro quien la pone sobre la mesa: “Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?” (Lc 12,41).
Jesús acoge y escucha atentamente la inquietud formulada. Su respuesta no deja lugar a dudas: la proclama con la autoridad que le da el ser el “único Maestro” (Mt 23,8); y además, esta respuesta es y llegará a ser la carta de ciudadanía que habrá de identificar a los pastores según su corazón. Sus pastores, aquellos según su corazón, serán administradores fieles y prudentes, pecadores y débiles, pero con tanto amor a su Evangelio que se harán fiables. Por eso recibirán de Él el alimento para poder nutrirse, primero, a sí mismos, y también a sus ovejas, a las que proporcionarán “a su tiempo su ración conveniente” (Lc 12,42).
Lo que era figura de los bienes futuros (Hb 9,11) se ha hecho realidad en Él y, por su medio, en sus pastores. La ración de maná que los cabezas de familia de Israel habían de recoger en el desierto para ellos y para los suyos (Ex 16,16), alcanza su plenitud en los pastores según el corazón del Hijo de Dios, los que Él llama.
Mi pueblo se saciará de mis bienes
Lucas continúa narrándonos el discurso bellísimo de Jesús acerca de los pastores; nos unimos a los apóstoles para participar con ellos de su asombro. Asombro, porque nunca en su existencia, a veces tan escasa de incentivos y novedades, se habían sentido tan valorados y tan amados. ¡Resulta que el Hijo de Dios les considera aptos para colaborar con Él, les hace partícipes de la misión a la que su Padre le envió al mundo! Sin inmutarse, como quien está diciendo la cosa más natural, Jesús acaba de proclamar que pondrá a los suyos -pastores según su corazón- al frente de todos los bienes que el mismo Dios tiene preparados para los hombres. Bienes de los que  tenían noticia por medio de los profetas.
 Fijémonos en la profecía de Jeremías teniendo en cuenta que los bienes de los que hace mención, pensando en la vuelta del destierro, no son sino una pálida figura de aquellos que Dios ha puesto en manos de su Hijo para nosotros (Ef 1,3 ss.) Nos detenemos, pues, en esta profecía: “… El que dispersó a Israel le reunirá y le guardará como un pastor su rebaño… Entonces se alegrará la doncella en la danza, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su duelo en regocijo, y les consolaré y alegraré de su tristeza; empaparé el alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo se saciará de mis bienes” (Jr 31,10b-14).
No nos es difícil ver su cumplimiento en el gesto y acontecimiento del Buen Pastor, al llamar a sus discípulos con el fin de enviarlos al mundo con su Evangelio. “Mi pueblo se saciará de mis bienes” había dicho Dios por medio de Jeremías; y vemos a Jesús empapando el alma de sus pastores con sus palabras que “son espíritu y vida” (Jn 6,63). Él es quien les da el Pan de vida, lo da por que lo es. “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35). Bien entendió esto –por supuesto que  a la luz del Espíritu Santo- el salmista que nos dio a conocer el paralelismo entre el alimento que sacia el cuerpo y el que sacia el alma: “Como de grasa y  médula se empapará mi alma (de Ti)” (Sl 63,6). Paul Jeremie traduce catequéticamente este texto con la maestría a la que nos tiene acostumbrados: Así como el cuerpo se deleita con la grasa y la médula –las mejores raciones de la carne en aquel tiempo-, así el alma de los buscadores de Dios se empapan de Él.
En este contexto, bajo esta realidad, profecía y promesa se cumplen en los pastores llamados por Jesús. Son pastores en consonancia con su ímpetu buscador del rostro del Dios vivo en el Evangelio. Sólo así, empapados de Dios, pueden ser administradores y repartidores de sus bienes, aquellos que hacen crecer a sus ovejas “hasta ver al Señor Jesús formado en ellas” (Gá 4,19).
He ahí, pues, uno de los signos de identidad con los que Dios reconoce si un pastor es o no según su corazón. Lo es en la medida en que arden sus entrañas en búsqueda de su Sabiduría, de su Palabra. No lo hace para instruirse simplemente, sino porque ansía la vida. Jesús dejó muy claro la diferencia entre la búsqueda académica y la existencial. Dice a los fariseos: “Vosotros investigáis las Escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida” (Jn 5,39-40), en realidad, nos parece seguir oyéndole, no buscáis la vida eterna sino la vuestra; queréis ser sabios sólo para vuestra gloria, y dejáis a las ovejas “vejadas y abatidas…”, sin la Palabra donde está la Vida (Jn 1,4).
El pastor según el corazón de Dios le busca, pues sabe que vive oculto en la letra de la Escritura. Dios corona sus pesquisas, hechas con sencillez y con la clara percepción de sus límites ante el Misterio de la Palabra, revelándoseles, manifestándoseles en Ella. Al abrir su Misterio a sus corazones, les está dando, tal y como prometió, “el maná escondido” (Ap 2,17a).
Una vez que Dios pone en sus manos y en sus bocas el maná escondido, los pastores hacen partícipes de este alimento  a sus ovejas. Esta es la predicación que alimenta de verdad al hombre. Delicia que alegra y robustece el alma a través de una escucha paciente y amorosa. Lo profetizó Isaías: “¡Oíd todos los sedientos, id por agua, los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed, sin dinero, y sin pagar, vino y leche!… Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma” (Is 55,1-3).
Saciados y empapados los pastores por la Palabra que Dios mismo ha sacado a la luz para ellos, la reparten a sus ovejas, que no son otras que aquellas que tienen hambre y sed de vivir (Mt 4,4). Reparten el alimento de Dios con sencillez, sin prepotencia ni derechos sobre nadie.  Lo expresa muy bien el autor israelita al mostrarnos la experiencia de un buscador de Dios que, encontrándole, recibió su Sabiduría. “Con sencillez la aprendí y sin envidia la reparto; no me guardo ocultas sus riquezas porque son para los hombres un tesoro inagotable, y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios” (Sb 7,13-14).
Pastores según su corazón. Gratis han recibido los tesoros, los bienes de Dios, gratis y sin jactancia los comparten con sus ovejas (Mt 10,8), como hacen los padres con sus hijos. Al igual que Pablo, han comprendido que el Evangelio está todo él lleno de las riquezas de Dios, las que empapan el alma de Vida, de Él; por eso lo anuncian sin descanso (2Tm 4,2). Además, al igual que Pablo, saben que el que predica el Evangelio participa de sus bienes (1Co 9,

TOBÍAS 4. NO HAGAS A OTROS... - (por Carmen Pérez)

"TOBÍAS 4. NO HAGAS A OTROS LO QUE NO TE GUSTARÍA QUE TE HICIERAN A TI. Con esto estaríamos cumpliendo con lo de amar a tu prójimo como a ti mismo. El Señor lo superó amándonos más que a sí mismo dando la vida por todos, buenos y malos".