lunes, 7 de agosto de 2017
domingo, 6 de agosto de 2017
¡No esperes más! (por Rafael Salazar)
¡No esperes más!, Deja que la existencia del Señor dé sentido a tu existencia.
¡No esperes más!, Deja que Jesús y su Evangelio eliminen las sombras y el sin sentido que sin Él se ciernen, sobre tu nacimiento, tu vida y tu muerte.
¡No esperes más! Deja que el Evangelio elimine el sin sentido de tu mundo.
¡No esperes más!, La misma palabra que existía antes de la Creación de todo, existe y clama hoy. Déjala que actúe en tu vida.
¡No esperes más, La Palabra De Dios da sentido a tu existencia!
Alabado sea Dios
Poemas II.- SI TE CULPAS (por Olga Alonso)
Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo Jn 12,46-47
SI TE CULPAS
Nuestro Dios quiso amarnos en el perdón y negar su perdón es negar su amor.
Solo se conoce a Dios cuando permitimos que El, cumpliendo su voluntad primera, nos libere de la pesada carga de nuestras culpas.
Por eso, dedicó el momento culminante de su vida en la tierra a morir por nosotros.
Con esta entrega, nos dijo a cada uno que su voluntad era amarnos hasta el extremo y, en su cruz, abrazó nuestras pesadas cargas, las de cada día,
las grandes y las pequeñas,
las que te impiden amar,
las que te inclinan a maldecir,
las que no te permiten levantar los ojos del suelo
y las que te restan libertad y te nublan el aire para no ver a Dios.
Si nuestro Padre del cielo, amó nuestra culpa hasta morir para quedarse con ella
¿Cómo tener la arrogancia de no entregársela?
¿cómo retenerla para que siga emponzoñando nuestro corazón?
Nuestra culpa le pertenece y quien se la entrega, descarga su corazón y deja espacio para el Amor de Dios.
Dios crea Amor en nuestro corazón cada vez que nos perdona y, quien sufre reteniendo su culpa pierde la oportunidad de sentir la libertad de los Hijos de Dios y caminar por el mundo tocando el suelo con la punta de los pies, sintiendo que tocamos el Cielo.
Mi sacrificio es un espíritu contrito,
Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias Salmo 51(50), 19b
viernes, 4 de agosto de 2017
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 6 de Agosto de2017
¿ QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 6 de Agosto de 2017
Por mucho que demos rienda suelta a nuestra imaginación con el fin de hacernos una idea de lo que Dios tiene preparado para los que le aman, siempre nos quedaremos cortos. Lo vemos en el Evangelio de hoy. Jesús , junto a Moisés y Elías, prototipos de todo israelita fiel, se manifiesta transfigurado y glorioso ante Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor. Pedro no concibe mayor plenitud de vida que la de plantarse en el monte para contemplar la Gloria de Jesús Transfigurado. Muy pobre su expectativa. Jesús en la Ultima Cena dice que subirá al Padre y que preparará a los suyos una morada junto a El ( Jn 14,1-3). Junto a Él y no como espectadores, sino gloriosos y transfigurados.
Oigamos a Pablo: "..esperamos como Salvador al Señor Jesús quien transfigurará nuestro cuerpo corruptible en un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil 3,20b - 21)
comunidadmariamadreapostoles.com
Elevar la mirada (por Rafael Salazar)
Ante las dificultades y sufrimientos de esta vida no te quedes mirando a ras de suelo.. ¡Mira sí! Pero mira elevando la mirada, mira desde la trascendencia eterna de tu vida y mira desde el Amor eterno de tu Dios.
Pasar la noche (Carmen Pérez)
"Y ahora bendecid al Señor los siervos del Señor, los que pasáis la noche en la casa del Señor.." (Salmo 133).
Los que esperan con paciencia que pase esa noche triste, donde no ves nada y todo te parece mentira ..
y muchos ...y tú mismo te preguntas donde está Dios ... pues esta ahí contigo ..pasando la noche y esperando que llegue el día ...y poder decir: ¡Tú me das más alegría de la que se puede nadie imaginar!
miércoles, 2 de agosto de 2017
El grito del hombre esperanzado en Dios Salmo 129 (Tomás Cremades)
Desde lo hondo grito al Señor:
¡Señor, escucha mi voz!
¡Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica!
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿Quién podrá resistir?
Pero de Ti procede el perdón
Y así infundes respeto
Mi alma espera en el Señor,
Espera en su Palabra,
Mi alma aguarda al Señor
Como el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor
Como el centinela la aurora
Y Él redimirá a Israel de todos sus delitos
El hombre que ha tocado fondo en su vida, y ve sus miserias, tiene tres opciones: desesperarse creyendo que sus pecados y su salvación ya no tienen perdón de Dios; pasar olímpicamente del tema diciendo como el impío: no hay Dios; o confiar en la Misericordia de Dios. Que comprende sus miserias, y perdona de todo corazón al pecador arrepentido.
El primer supuesto, es el de Judas. Judas, como buen judío de su tiempo, conocedor de las Escrituras, se aplica el lema de ojo por ojo y diente por diente. Dice el libro del Levítico: “El que mate a un animal, indemnizará por él, mas el que mate a un hombre morirá” (Lev 24, 19-21)
Leemos en el libro del Éxodo: “Si se produce una riña, con daños, pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pi por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal” (Ex 21, 22-26)
Igualmente podemos leer en el libro del Deuteronomio, capítulo 19 versículo 21. Es la llamada Ley del Talión.
Sin embargo, Jesucristo nos aclara la situación: “No he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud” (Mt 5,21). Es lo que Judas no entendió, aun después de convivir con Jesús durante tres años, y ver sus prodigios y enseñanzas. Y aun así, no podemos juzgar a Judas, ni asegurar su perdición: todo está en las Manos bondadosas de la Providencia divina, y no tenemos derecho a juzgar a nadie; el juicio SOLO es de Dios. Nosotros ya tenemos bastante con mirarnos a nosotros mismos.
La segunda postura es la del pasota: No hay Dios. Así me quito de complicaciones, entierro mi cabeza en la tierra, no quiero saber nada y vivo la vida sacando de ella todo el beneficio que pueda mientras no me pillen. De un plumazo me he quitado de en medio todos mis problemas.
Es la imagen del necio. La Escritura, Sabiduría de Dios, como atributo de Él, en el Salmo 14 nos recuerda:
“…Dice el necio en su interior:
¡No hay Dios!
Corrompidos están, da asco su conducta
No hay quien haga el bien
Se asoma Yahvé desde los cielos
Por ver si hay algún sensato
Alguien que busque a Dios…” (Sal 14, 1-3)
Es la imagen misma de la Parábola de las “vírgenes sabias y las vírgenes necias” (Mt 25, 1-13)
En el Salmo 129 el salmista opta por la tercera opción: reconoce su pequeñez, su limitación: “Desde lo hondo grito al Señor, ¡escucha mi voz!”, poniendo oídos al Espíritu en una bellísima metáfora.
Y recuerda al Señor que no es un contable, que no lleve cuenta de sus pecados, que nadie es justo a los ojos de Dios. Y confía en Él, auténtico argumento de fe= fiarse de Dios. Decimos la noche de Pascua: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!
Y terminando con el Salmo, aparece la imagen del centinela: el que vigila, el que está expectante toda la noche para no caer en manos del enemigo. El centinela espera el relevo cuando amanezca. Está alerta.
Por eso nos dice el canto del Benedictus: “... Por la entrañable Misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto…”. Este Sol, este Amanecer, es imagen de Jesucristo, Sol que viene de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.
Y al despertar me saciaré de tu semblante, Señor, veré tu Rostro. (Sal 17,15). Este despertar no es otra cosa que el encuentro definitivo con Jesús. Entonces, entonando el libro del Apocalipsis, podremos cantar el canto de los elegidos:
“…Llevarán su Nombre en la frente
Ya no habrá más noche
Ni necesitarán luz de lámpara o del sol
Porque el Señor Dios irradiará su Luz sobre ellos
Y reinarán por los siglos de los siglos…” (Ap 22,4-6)
Alabado sea Jesucristo
Tomas Cremades
lunes, 31 de julio de 2017
Perdón y salvación (por Carmen Pérez
"Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo". (Salmo 49).
Jesús desde la cruz , nos juzga y diciendo: "perdónales Padre no saben lo que hacen", Él nos enseña y demuestra como en el perdón está la salvación. Los que estaban allí se fueron dándose golpes de pecho y diciendo verdaderamente era hijo de Dios.... Perdonar hasta setenta veces siete ... Eso nos dice el Evangelio ... Y es el perdón lo que nos salva a quien perdona y al perdonado ... Todo lo hizo el Señor para enseñarnos el camino de la salvación y Él dijo: yo soy el camino y la verdad y la vida
Cuando experimentas esto...te sale la alabanza ...y la acción de gracias ...
y Él nos promete que al que sigue el buen camino le hará ver la salvación De Dios.
¡ ESTE ES NUESTRO DIOS !
domingo, 30 de julio de 2017
Ocupa mi corazón (por Mila)
Quiero Jesús que, como un ocupa, estés en mi corazón, por la sangre que he recibido yo de Tí.
sábado, 29 de julio de 2017
Pastores según mi corazón.-( Edit. San Pablo) Cap XXIX.- EN SU REGAZO
En
su regazo
Una de las imágenes de mayor
hondura afectiva que el Evangelio nos ofrece para darnos a conocer la íntima
relación entre Jesús y sus discípulos la encontramos en la Última Cena tal y
como nos la narra Juan. Nos dice que el discípulo amado estaba recostado en el
seno de Jesús (Jn 13,23).
La escena no
puede ser más entrañable, y la dimensión que alcanza la intimidad entre el Hijo
de Dios y una persona normal como lo era el discípulo amado, no es medible en
nuestros cómputos acerca del amor por muy elevados que sean. Repito, esta
relación entre el Hijo de Dios y todo aquel que ha llegado a ser su discípulo,
y, en cuanto tal, amado, no es en absoluto medible ni cuantificable. Aclaro que
la mayoría de las traducciones nos dicen que el discípulo amado estaba
recostado en el pecho de Jesús, lo que no se corresponde totalmente con lo que
en realidad nos está diciendo Juan; no es en el pecho sino en el seno donde
estaba recostado.
A primera vista podría parecer que esta
suplantación de términos no tendría mayor importancia; la tiene porque la
palabra seno conlleva una riqueza inmensamente superior al de pecho, sobre todo
en lo que respecta a entrar en la intimidad del otro. En este caso hablamos de
la entrada de un ser humano en la intimidad que el Hijo de Dios le ofrece. Es
bueno saber que los santos Padres de la Iglesia nos dicen que Juan habla del
discípulo amado sin ninguna referencia personal. La explicación que dan es que
Juan pretende decirnos que este título pertenece a toda persona que alcanza la
madurez en el discipulado.
El profeta
Isaías nos brinda una imagen conmovedora, a la par que hermosa, de Dios, de sus
entrañas maternas. Nos dice que cuida con una delicadeza maternal a las ovejas
fatigadas por el esfuerzo de dar a luz a sus corderillos: “Como pastor pastorea
su rebaño, recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con
cuidado a las que acaban de dar a luz” (Is 40,11). La profecía es estremecedoramente
bella, anuncia la solicitud con la que envolverá tiernamente a los pastores de
los tiempos mesiánicos.
Así como el
Buen Pastor dio a luz a la Iglesia desde la cruz una vez que le fue abierto el
costado (Jn 19,34), -sigo textualmente a los Padres de la Iglesia- igualmente
da poder a sus pastores para ser un día no sólo padres, sino también madres por
el hecho de dar a luz, por medio de la predicación del Evangelio, a nuevos
discípulos del Señor Jesús. Estos pastores, cuanto mayores son sus fatigas, su
perderse por el Evangelio, tanto más son recostados en el seno confortable del
Hijo de Dios.
Creo que la
figura del discípulo amado recostado en el seno de Jesús en la Última Cena, es
todo un anuncio profético de la experiencia que se promete a los pastores según
el corazón de Dios. Además, si el Maestro, después de las fatigas de su misión
que le llevaron a la muerte, descansa glorioso en el seno del Padre (Jn 1,18),
sus discípulos/pastores reciben ya las primicias de lo que será su descanso
eterno; saben que, cruzado el umbral de la muerte, se recostarán, también
ellos, en el seno del Padre junto al Hijo por expreso deseo de éste. “En la
casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a
prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y
os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros” (Jn 14,2-3).
Yo os engendré en
Cristo Jesús
Es muy probable
que esta imagen no sólo paterna, sino también materna, de los discípulos del
Señor Jesús que, entregados en cuerpo y alma al anuncio del Evangelio,
pastorean a sus ovejas, nos choque profundamente. Habrá quien piense que hago
una especie de oportunismo para congraciarme con la mujer realzando con tanto
énfasis la maternidad del pastoreo. Algo así como que hay que contentar a
alguien dados los tiempos que corren.
No tengo
ninguna intención de acoplar la Palabra a ninguna tendencia sociológica; de
hacerlo así, ya no sería la Palabra sino mi palabra. No sólo eso, es que además
no es, en absoluto, necesario dar estos pasos en falso porque, si retrocedemos
dos mil años y nos vamos al encuentro de Pablo, nos daremos cuenta de que él
mismo no escatima conceptos a la hora de considerarse no sólo padre, sino
también madre del rebaño confiado por su Buen Pastor.
Sí, el Pablo
tan duro y áspero, a veces, con las mujeres, y que tanto ha dado que hablar, no
tiene reparos en expresarse en estos términos que nos sorprenden en su Carta a
los Gálatas. Los fieles de esta comunidad habían quedado bloqueados en su crecimiento
en el discipulado, por culpa de falsos pastores que les querían inculcar una
vuelta a la servidumbre de la Ley. Es tan fuerte el dolor que aflige su alma
porque estos hijos suyos –así los llama- parece que se van a quedar a medio
camino respecto a la fe que, suplicante, hecho un mar de lágrimas, les exhorta
como si fuera su madre: “¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de
parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros” (Gá 4,19).
Sí, hemos leído
bien. El apóstol que deshizo sofismas, que se enfrentó a los doctores de la
ley, que rompió mil barreras para llevar el Evangelio de Jesús hasta los países
más lejanos donde aún no había sido predicado, llora como una mujer, como una
madre que ha sufrido múltiples dolores de parto para dar a luz a unos hijos que
unos esclavos de la Ley le quieren arrebatar. Se lamenta no tanto por él cuanto
por estos hijos suyos a quienes quieren devolver al mundo del temor y las
tinieblas. Su lamento nos recuerda a los de Raquel que llora por sus hijos
porque se los han arrebatado: “En Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo.
Raquel que llora por sus hijos, que rehúsa consolarse porque ya no existen” (Jr
31,15).
Desde esta su
libertad, Pablo asume el papel de padre y madre de sus ovejas, y llega incluso
a afirmar, lleno de santo orgullo, que ha sido él quien las ha engendrado por
medio del Evangelio. “No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más
bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues aunque hayáis tenido
diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien,
por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús” (1Co 4,14-15).
Sí, motivos
tiene Pablo para estar orgulloso de su pastoreo. Conoce todo tipo de fatigas,
tribulaciones, persecuciones, penurias, desgaste personal, mas no minan su
misión. Su ser pastor a la imagen de su Buen Pastor que dio su vida por él (Gá
2,20), y por cuya sangre “ha sido constituido heraldo, apóstol y maestro del
Evangelio” (2Tm 1,11), es su mayor gloria. En la misma línea, no se avergüenza
de proclamar que ha engendrado a Onésimo, su hijo en la fe, entre cadenas (Flm
1,10). Así es, y nos quedamos profundamente sorprendidos cuando le oímos
testificar que entre cadenas no se siente esclavo ni rehén de nadie; todo lo contrario, se considera ¡embajador del Evangelio de su
Señor! Exhorta a los fieles de Éfeso a que recen por él… Oigámosle: “…para que
me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el
Misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas…” (Ef 6,19-20).
Saboreando a Dios
Hablamos ahora
del binomio que acompaña permanentemente a los pastores según el corazón de
Dios de todos los tiempos: fatigas y descanso. Fatigas por el Evangelio y
descanso en Dios, en su seno, como las ovejas madres de las que nos hablaba
Isaías, como el apóstol recostado en el seno de Jesús en la última Cena,
llamado, como sabemos, el discípulo amado por representar a todos los
discípulos/pastores según el corazón de Dios.
Esta figura del
pastor, discípulo amado porque da su vida, se fatiga por sus ovejas (Jn 10,11),
y que encuentra en el seno de su Maestro y Señor su lugar para recostarse y
descansar, viene también ya profetizado por el salmista, quien compara estos
amigos de Dios con los pequeñuelos; así es como Jesús llama a sus discípulos
(Mt 10,42). Éstos, habiendo vaciado su corazón de toda pretensión y vanidad
librándose así de una existencia banal, han sabido y podido encontrar en el
regazo de Dios/madre el lugar natural en
la que relajarse confiadamente. “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos
altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y
modero mis deseos como un niño en el regazo de su madre…” (Sl 131).
Desde este
lugar santo y único en el que descansan y son alimentados estos pastores, brota
esplendorosa una experiencia de Dios que podríamos llamar exclusiva e
incomparable. Exclusiva porque, aun siendo común a todos los que alcanzan a
recostarse en Dios, es propia y personal de cada uno. No hay lugares estándar
en Dios, como en las suites de los hoteles. El regazo de Dios, lugar santo por
excelencia, se adecúa a la totalidad de la persona que se acoge a Él. Es
–repito- una experiencia exclusiva al tiempo que incomparable por no repetirse
en nadie. Cada cual, por su cuenta y desde una historia única, proclama que sí,
que a Dios se le puede gustar y saborear, tal y como profetizó en forma de
exhortación el salmista: “Gustad y ved qué bueno es el Señor, bienaventurado el
hombre que se cobija en él” (Sl 34 9).
Sí,
bienaventurado quien ha encontrado acomodo en Dios, en su seno; y nos parece
oír al mismo Dios lo que dice de aquellos que, después de mil fatigas por
llevar su Evangelio en medio de innumerables contradicciones a miles y miles de
corazones, estas palabras proféticas: “Porque él se abraza a mí, yo le libraré,
le exaltaré, porque conoce mi nombre. Me llamará y le responderé; estaré a su
lado en la desgracia, le libraré, le glorificaré…” (Sl 91,14-15).
Estas y muchas
otras palabras de vida eterna (Jn 6,68) susurra a cada uno de sus pastores. Uno
a uno fueron llamados (Jn 10,3), y uno a uno oyen que por haberse abrazado a
Él, han aprendido a recostarse en su regazo. No están privados estos pastores
de la persecución y del odio del mundo, como no fue privado su Señor (Jn
15,18-19), por eso está con ellos. Jesús mismo será quien les enseñe a
descansar en Él al abrigo de todos los miedos, incluido el de que les sea
arrebatada la vida. Su Señor les dirá que aunque les den muerte, nadie podrá
arrebatarles la vida, puesto que está a buen resguardo: en sus manos. “Mis
ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida
eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10,27-28).
Nos imaginamos
por un momento a estos pastores que saben descansar en Dios, que han encontrado
en su seno su lugar de reposo. Nos los imaginamos descansando y, al mismo
tiempo, yendo hacia los hombres para anunciarles la belleza inexplorada, que
nace como una creación, de lo inaudito: ¡gustar y saborear a Dios!
Todo el que conoce su regazo se deleita con
este sabor. En este su regazo tienen acceso a los secretos de Dios, a su
Misterio. El Evangelio llama a estos
secretos “las cosas de Dios, que Él mismo revela a sus pequeños” (Mt 11,25).
Son reveladas a los discípulos amados quienes, a su vez, en su pastoreo, las
anuncian a sus ovejas para que puedan disfrutar del descanso del alma (Mt
11,29), y para que, al igual que ellos, experimenten que la Palabra sabe a Dios.
viernes, 28 de julio de 2017
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 30 de Julio de2017
En pocas palabras Jesús nos hace saber qué pasa en el corazón de un hombre al encontrarse con Dios. Le sucede como a quien descubre un tesoro en un campo; no repara en gastos con tal de hacerse con este campo. Es posible que este campo no valga mucho en sí. Su valor estriba en el tesoro que contiene. El hombre del que nos habla Jesús sabe que en el campo del Evangelio está Dios oculto y que Él es la Fuente de la Vida que todos buscamos. Analicemos la actitud de este hombre, vende todo por apropiarse del campo que encierra el Tesoro de los tesoros : La Vida en plenitud y toma esta decision por, puntualiza Jesus, la alegría que le da. No lo hace por un gesto de generosidad, ni de sacrificio, ni de entrega, sino por la alegría que le brota del corazón.! Basta ya de héroes en lo que se refiere a seguir a Jesús y responder a su llamada para ser sus discípulos. ¡Es la alegría, que nos desborda, la que nos mueve a seguirle incondicionalmente.!
www.comunidadmariamadreapostoles.com
Poemas II .- Antes (por Olga Alonso Pelegrín)
“Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos.
Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable”,(Sb 9, 9-10)
ANTES
Antes, mi paz y mi tranquilidad residían en tenerlo todo atado, bien planificado, nada fuera de control.
Cuanto más orden, más seguridad.
Ahora, anhelo y te pido que me enseñes a dejar reposar mi cabeza en tu corazón.
A dejar mi vida en tus manos
A confiar en que Tú te ocuparás
A disfrutar de la maravillosa quietud del “no saber”, del “no querer”.
A no existir, para poder estar plenamente en Ti.
A no pensar, para sentirte enteramente en mí.
El Señor es mi Pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hacer recostar.
Me conduce hacia aguas tranquilas y repara mis fuerzas
Salmo 22
miércoles, 26 de julio de 2017
Nos buscas en todas partes (Carmen Pérez)
"A dónde iré lejos de tu aliento? dónde escaparé a tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú. Si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.(Sal 138)
Me imagino a nuestro Buen Pastor buscándonos por todas partes, no le importa donde tenga que meterse... entre zarzas y espinas.. en el desierto de nuestra vida.... allí nos encuentra y en vez de reprocharnos nuestra mala conducta ... nos abraza y nos carga en sus brazos, nos mima y nos dice palabras dulces y amorosas ... y nos lleva al redil y -dice el Evangelio- que hay más fiesta en el cielo por alguien que se convierte que por cien justos.
¡ESTE ES NUESTRO DIOS!
Amemos la Liturgia 12.- El alzar de las manos (Tomás Cremades)
En la celebración de la Santa Misa, en el momento del rezo del Padrenuestro, muchos cristianos alzamos las manos de diferentes formas y posturas. Unos lo hacemos con las palmas vueltas hacia el altar, otros con las manos en actitud de presentación de nuestras ofrendas, otros en actitud de escucha con los brazos doblados y los cantos de las manos al frente, etc. Otros, al fin, sin ninguna actitud especial, con respeto, como se debe a la celebración del momento que se está viviendo.
La realidad es que no hay ninguna recomendación en la liturgia que nos indique qué postura tomar, y se deja en el sentimiento de los fieles, como una forma de dirigirnos al Padre celestial.
En mi caso particular, yo presento mis palmas a Jesucristo crucificado, siempre presente en la celebración y con la imagen en el altar del celebrante. Él me enseña las suyas, sangrando por mis pecados y los pecados del mundo. Él, el “sin pecado”, el Cordero manso que “quita el pecado del mundo”, el que en una traducción más exacta es el “que borra” el pecado del mundo, me enseña sus Santas y Venerables Manos en la Cruz. Él, que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso (Gal 1,4). Él nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose Él mismo, maldición por nosotros, pues dice la Escritura: “Maldito el que cuelga del madero (Gal 3,13)”
Ya está profetizado en el Salmo 24:
¿Quién puede subir al Monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El Hombre de Manos inocentes y puro corazón
Que no confía en los ídolos
Ni jura contra el prójimo en falso
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El Hombre de Manos inocentes y puro corazón
Que no confía en los ídolos
Ni jura contra el prójimo en falso
Este Hombre es Jesucristo. En Él se cumplen todos los Salmos. Y en mi alzar de mis manos, yo le enseño las mías: estas sí están manchadas de sangre, de la sangre de mis pecados, los que Él recogió para hacerlos suyos. Y en esta actitud, con las palabras que Él mismo nos enseñó, recuerdo mis pecados borrados con su sacrificio, le pido perdón y me dispongo a recibirlo en la Eucaristía. Y le digo:
“Que mi oración sea como incienso para Tí
Mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde” (Sal 141, 2)
Mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde” (Sal 141, 2)
Alabado sea Jesucristo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

