sábado, 5 de mayo de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 V Domingo de Cuaresma Jn 12, 20-33 18-3-2018

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto dice Jesús. A un grano de trigo no se le pregunta si desea que lo arrojen en la tierra para dar fruto.. a nosotros sí. Jesus nos pregunta si queremos poner nuestra voluntad debajo de la Voluntad de Dios con la única garantía del mismo Dios que te promete que su Voluntad es buena para tí, para tu realización como persona. Solo desde una amplitud de miras podremos atisbar que la propuesta de Jesús es excepcionalmente buena. La vida que nos vino de nuestros padres, tiene un mayor o menor ciclo vital enmarcado en unos límites. La que acompaña a la propuesta de Jesús se llama Vida. Al aceptar ser grano de trigo ¡Tú mismo eres el fruto eterno! Ser grano de trigo, no supone desertar de ninguna de tus potencialidades, al contrario las eleva a su máxima plenitud que es: Estar y Vivir por siempre en Dios.

(P. Antonio Pavía)
comunidadmariamadreapostoles.com

Salmo 5.- Oración de la mañana

https://youtu.be/PPmUZ_tB9pA


(Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David).

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos; Haz caso de mis gritos de socorro, Rey mío y Dios mío . A tí te suplico Señor.
Por la mañana escuchas mi voz: por la mañana te expongo mi causa y me quedo esperando. 
Tú no eres un Dios que ame la injusticia; ni el malvado es tu huésped, 
¡No, los arrogantes no se mantienen en tu presencia!
Detestas a los malhechores y destruyes a los mentirosos. 
¡El Señor aborrece al hombre sanguinario y traicionero!.
Pero yo, por tu gran bondad, entro en tu Casa, y me postro hacia tu Templo con toda reverencia. 
Guíame, Señor, con tu justicia, por mis enemigos, que me acechan. Endereza ante mí tu camino. 
En su boca no hay sinceridad, su corazón esta lleno de maquinaciones. 
Su garganta es un sepulcro abierto, mientras halagan con su lengua. 
Castígalos, oh Dios. Que sus planes fracasen.
Expúlsalos por sus numerosos crímenes, porque se rebelan contra ti. 
Que se alegren los que se refugian en Tí, que se regocijen para siempre.  Tú los proteges, y se llenan de gozo los que aman tu Nombre. 

Porque tú, Señor, bendices al justo, como un escudo lo protege tu favor.

Reflexiones del Padre Antonio Pavía:
Dios vence al mal 

El salmista busca a Dios y su camino se ve entorpecido por la incomprensión de los que le rodean. Ante esto, el salmista se acoge a Dios y acierta. Y así le oímos clamar desde lo más profundo de su corazón: «A ti te suplico, Señor. Por la mañana escucha mi voz; por la mañana te expongo mi causa, y me quedo esperando».

En el mismo escenario y con las mismas opresiones externas, vivió el Mesías su misión de abrir un camino hacia el Padre y nos dijo:: «En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).

Y el evangelista san Juan: «Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Impulsado por su fe.

Sigue el salmista: «Por la mañana escucha mi voz». Cada mañana, este hombre se dirige a Dios, y Él le responde, le habla. precisamente porque cada mañana tiene el oído abierto para escuchar a su Padre y su lengua ágil para hablar con Él. 

En este contexto entendermos la oración que Jesús enseñó a sus discípulos: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mt 6,11). Puesto que cada día somos tentados a servir al mal, también cada mañana, como oímos al salmista, necesitamos el alimento De Dios para vencer el combate.

El cristiano, discípulo del Hijo de Dios, de aquel que cada mañana elevaba sus ojos al Padre, recibe del mismo Hijo de Dios esta Sabiduría de tener cada día el oído abierto, y el paladar anhelante para ser sostenido por el Pan de la Palabra.

Salmo 6.- Plegaria en la tribulación

(Salmo de David).

¡Señor, no me reprendas con tu ira, no me corrijas con tu cólera!
Misericordia, señor, que desfallezco.
Cúrame, Señor, que se dislocan mis huesos. Todo mi ser se estremece...
Y tú, Señor, ¿hasta cuándo...? 
¡Vuélvete, Señor, libérame ! 
¡Sálvame, por tu misericordia! 
Pues en la Muerte nadie se acuerda de ti: 
¿Quién te va a alabar en el Abismo? 
Estoy agotado de tanto gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas. 
Mis ojos se consumen de dolor, envejecen por tantas contradicciones.

¡Apartáos de mí todos los malhechores, porque el Señor ha escuchado mis sollozos!. 
El Señor ha escuchado mi súplica, 
el Señor ha aceptado mi oración. 
¡Que se avergüencen todos mis enemigos, que huyan al instante llenos de vergüenza! 

Reflexiones del padre Antonio Pavía (Extractadas del Libro En el Espíritu de los Salmos con autorización de la Editorial San Pablo):  

 ¡Jahvé, recobra mi Alma!

En este Salmo encontramos a un hombre que se siente hundido hasta tal punto, que pierde la esperanza de seguir viviendo. Se encuentra este hombre, con su vida incluida la espiritual, completamente desmoronada. Apela entonces a la piedad y misericordia de Dios gritándole: «¡Cúrame, Señor, que se dislocan mis huesos!».
El salmista, y con él todos nosotros, sentimos que sólo con nuestras fuerzas no podemos cumplir la Palabra De Dios, por eso el salmista pide a su Creador ayuda: «¡Vuélvete, Señor, libérame!».
Y Dios se vuelve hacia el hombre. Le ama tanto en su postración que, en su propio Hijo, se hace Emmanuel-Dios con nosotros; y con nosotros permanece para siempre.
Si el hombre sólo no puede cumplir la Palabra, ¡Dios sí puede! Y, en su amor a nuestra debilidad, nos ofrece el Evangelio, que es ¡la misma Fuerza de Dios en aquel que lo acoge! Es tal palabra de Vida, que hace posible, ahora sí, que el hombre, a igual que Jesús, pueda llevar a término en su vida la voluntad de Dios. Lo que de otra forma le hubiera sido imposible. Esta Palabra es la oferta de Dios a la humanidad: el Evangelio.
Que Dios nos conceda a todos pasión por el Evangelio para que podamos ser testigos de que las promesas de Dios se cumplen.
(Antonio Pavia. Misionero Comboniano)

Salmo 7.- Oración del justo perseguido

(Lamentación de David. La que cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita). 

Señor, Dios mío, me acojo en ti. 
¡Líbrame de mis perseguidores
¡Sálvame! ¡que no me atrapen como un león, y me desgarren, sin que haya quién me libre.
Señor, Dios mío, si he hecho algo... si he cometido injusticia, si he devuelto a un amigo mal por bien, si he liberado sin razón al que me oprimía, que el enemigo me persiga y me alcance, que me pisotee vivo por tierra apretando mi vientre contra el polvo.
¡Levántate, Señor, con tu ira! ¡Alzate contra el abuso de mis opresores!
¡Despierta Dios mío! ¡Convoca un juicio!
que te rodee la asamblea de las naciones; pon tu asiento en lo más alto de ella.
El Señor es el Juez de los pueblos-.: júzgame, Señor, según justicia , conforme a la inocencia que hay en mí. Pon fin a la maldad de los injustos y apoya tú al inocente, pues Tú sondeas el corazón y las entrañas, Tú, el Dios justo.
Dios es quien me protege, él, quien salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo. Dios amenaza cada día, puede irritarse en cualquier momento. Si no se convierten, afila su espada, tensa el arco y apunta; prepara sus armas mortíferas, apunta sus flechas incendiarias. 
Mirad:  El injusto ha concebido el crimen, está preñado de ambicion y da a luz el engaño. Cava y ahonda una fosa, y acaba cayendo en el hoyo que ha excavado. Su maldad se vuelve contra él.  Recae su violencia sobre su cabeza.
Yo Daré gracias al Señor por su justicia, cantaré el nombre del Señor Altísimo.

ReflexionesDios, protector del justo
(por el P. Antonio Pavía)

En este Salmo se nos presenta a un hombre justo, fiel a Dios, que es objeto de infamia y persecución por parte de sus enemigos, quizá porque su amor a la verdad en su relación con Dios es molesta a los «fieles» de su entorno. Vista su inferioridad en esta confrontación tan desigual, decide cobijarse en Dios gritando: «Dios mío, me acojo a ti. Líbrame de mis perseguidores…».
¿A quién podemos ver en este hombre sino a Jesucristo, el único que puede presentar su inocencia ante Dios? Él, limpio de pecado, se sometió a toda injusticia humana, y por eso puede presentarse ante el Padre, sabiendo que es acogido por Él. 
Jesucristo puede acudir al Padre con esta confianza y, como en el Salmo, puede dirigirse a Él así: «SI he cometido injusticia». Es decir, no tiene sus manos manchadas de sangre porque no ofendió ni de palabra ni de obra absolutamente a nadie. Sus manos están limpias de iras y rencores.
¿Podemos nosotros decir lo mismo acerca de nuestras manos? 
La Buena Noticia del Evangelio es que, si
éramos incapaces de poder presentar a Dios unas manos sin divisiones ni rencores, hemos sido lavados por Aquel que, con su sangre, nos ha santificado para Dios. Lo que no era posible en la antigua ley, Dios lo ha hecho posible a partir de Jesucristo en los hombres que creen en Él. Y es en y por medio del Evangelio como el hombre es consagrado a Dios porque se encuentra con la Verdad. El Evangelio no es, pues, un libro de estudio, sino que es la misma Palabra viva de Dios que es salvación, justificación, santificación, consagración…
El Evangelio termina de moldearnos, de «ajustar» nuestra imagen y semejanza de Dios hasta que encajamos totalmente en Él.
El hombre, rescatado por Jesucristo con su muerte, y hecho efectivo el rescate por medio de la Palabra acogida, puede, ahora sí, unir su voz a la de Jesucristo y continuar la plegaria del Salmo: «Júzgame, Señor, según mi justicia, conforme a la inocencia que hay en mí. Pon fin a la maldad de los injustos y apoya tú al inocente, pues tú sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. Dios es quien me protege, él quien salva a los rectos de corazón…».

Sentimientos y Diálogos (El libro de Mila)


El conjunto de textos "Sentimientos y Diálogos" recoge los escritos que nuestra compañera de Comunidad Mila Gutiérrez nos ha ido regalando a lo largo de los  últimos años 2015 a 2017,  desde que la comunidad le pidió que escribiera sus sentimientos de fe para que pudieran ser difundidos y sirviesen de referencia para todas las personas que lo lean.

La reacción de "nuestra" Mila fue maravillosa y nos ha regalado  estos textos que, como un gran ramo de flores, nos ofrece. Un gran ramo que rezuma espiritualidad, esa espiritualidad sencilla, firme , serena, que nos  trasmite Mila y a la que, sin duda,  aspiramos todos. 

Estos escritos que la autora iba entregando, como en secreto,  en un papel en el que había plasmado cada escrito, o cómo otras veces, a través del teléfono, los leía suave y lentamente, iban a su vez   calando en nuestras almas y nos han venido trasmitiendo su fe y alegría.

Destacar el gran eco que estos escritos tienen al ser difundidos en las redes sociales y recibidos por tantas y tantas personas que comparten e incorporan a su corazón la actitud de Mila.  

La Comunidad María Madre de los Apóstoles manifiesta su agradecimiento al Señor que a través de Mila, nos hace llegar estos textos los cuales reflejan la espiritualidad y los sentimientos que  diariamente son vividos en la Comunidad.


Madrid a 1 de Mayo de 2018

Nota: Este libro puede verse en  comunidadmariamadreapostoles.com

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 Domingo VI de Pascua Jn 15,9-17


Dice Jesús: "Ya no os llamo siervos porque los siervos no saben lo que hace su amo, os llamo amigos porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer". Este anuncio supone un salto cualitativo en la relación del hombre con Dios. Existe la relación de siervo, en la que a éste solo le preocupa quedar bien con su amo pero su corazón está lejos de él y la relación de amigos, que es como llama Jesús a sus discípulos. Para entender mejor esto, sepamos que en la Escritura la palabra amigo significa "mi otro yo". Seguimos partiendo la alocución de Jesús y nos sobrecoge al oír porqué razón llama amigos a los suyos y es porque así como su relación con su Padre está tejida por las palabras que El le habla y que componen el Evangelio, así es su relación con ellos al anunciarles las mismas palabras. Es por eso que al aparecerse a María Magdalena al resucitar, la da este encargo para sus discípulos...los de todos los tiempos : "Vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" Jn 20,17

(Por el P. Antonio Pavía)
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 4 de mayo de 2018

Poemas II.- LÍBRAME


"Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. .Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»"  Jn 10;4-5

LÍBRAME

Librame de mí misma, Señor.
Líbrame de esa voz que suena dentro y que dirige mi vida y mi voluntad.
Entra por la puerta de mi alma, y llámame, para que tu voz sea más fuerte que la “otra voz”.
Sopla con tu voz sobre las cenizas muertas del espacio por el que tantas veces transito y que se empeña en atraerme hacia sí.
Sácame con tu voz de allí, mi Dios y recuérdame que un día elegí seguirte porque tus palabras se fundieron con mi alma y mi voluntad aprendió a crecer cada mañana en tu escuela de vida.
Dime que no, Señor, que lo que creo que escucho no es la verdad. Enséñame a elegirte sin esfuerzo, a seguirte sin renunciar, a tomar el camino y dejarme ceñir la cintura por ti.
Pero tú me dices: confía, persevera, háblame, reza, dime que de verdad lo quieres y haré que tu vida sea nueva. 
Dame tu mano y caminemos, déjame que pueda mirarte y escucharte y enséñame que tú, siempre entras por la puerta y que llegará un día, en el que, de entre todas las voces, sólo escucharé tu Voz.

"Se engañan unos a otros, no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han pervertido, incapaces de convertirse. Fraude por fraude, engaño por engaño, se niegan a reconocer a Yahveh."  
Jr 9;4-5

(Por Olga Alonso)


jueves, 3 de mayo de 2018

Salmo 1.- Los dos caminos


"Dichoso el hombre que no acude al consejo de los injustos, ni anda por el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo ésta en la ley del Señor y medita su ley de día y de noche.
Es como un árbol plantado al borde de la acequia que da fruto a su tiempo y sus hojas nunca se marchitan. Todo lo que hace tiene buen fin. 
¡No así los injustos! ¡No así! Al contrario: son como paja que arrebata el viento. Por eso, los injustos no se levantarán en el Juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos.
Porque el Señor conoce el camino de los justos, mientras que el camino de los injustos acaba mal.

Reflexiones.- El hombre que escucha 

Este Salmo nos habla de la felicidad que experimenta una persona que pertenece ya a Dios por haber abierto el oído a sus Palabras. Así también lo afirmará Jesucristo diciéndonos: «el que es de Dios escucha las palabras de Dios» (Jn 8,47).

Esta persona es  igualada en este Salmo, a un árbol que plantado junto a las corrientes de agua, da a su tiempo su fruto.  La persona, por escuchar a Dios, es tanta la vida que le viene dada, que su confianza en Dios se dispara hasta límites insospechados, sabiendo que no será defraudada. 

Recordemos el libro del Apocalipsis en el que vemos cómo el agua de la Vida que brota del trono de Dios, fecunda los árboles (Ap 22,1-2).  Nos es fácil identificar este río de Agua, con el Evangelio, que brotó de la herida abierta del costado de Jesucristo, desde el trono de la Cruz.

La persona justa, es alguien que se complace en la Palabra de Dios. Es tal el gozo que siente, que la susurra día y noche, de la misma forma que del recodo de un valle brota el agua porque las entrañas de la tierra están colmadas.

A la persona, se le presentan dos caminos. Llegará a su plenitud si escoge el de escuchar a Dios, y su vida será fecunda, alcanzando en ella la completa personificación de su ser. 

(P.Antonoo Pavía)

miércoles, 2 de mayo de 2018

EL AGUIJÓN DE PABLO


“…Para que no me engría con la sublimidad de estas revelaciones, me fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: “te basta mi gracia, que mi fuerza se realiza en la flaqueza” (Cor 12, 7-11)
Pablo no explica en qué consistía este “aguijón”. La Biblia de Jerusalén habla de una posible enfermedad, otros han querido ver en ese aguijón una lucha que Pablo experimenta contra la lujuria…Nos quedamos sin saber.
Pero ya que nos quedamos sin saber, podemos tratar de imaginar qué pudo ser, no tanto por conocer la personalidad del Apóstol,- siempre interesante, por cierto-, sino para tratar de encontraren nuestra vida ese posible aguijón que quizá tengamos, o que, quizá, no lo hayamos descubierto aún.
En la Carta a los Corintios, dice Pablo: “…Yo soy el último de los apóstoles, indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la Gracia de Dios, soy lo que soy; y la Gracia de Dios no  ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la Gracia de Dios conmigo…” (1 Cor 15,9-11)
Este pensamiento de “trabajar más que todos los demás apóstoles”, - quizá no exenta de orgullo-, es lo que le hace ser engreído en la Revelación de Jesús. Y es por lo que el Señor le permite que haya “un ángel de Satanás” que le abofetee constantemente.
Este pensamiento me induce a pensar que son los remordimientos de su vida pasada de persecución a los cristianos lo que constantemente le recuerdan sus pecados, y le hacen sufrir. Pero el Señor, aun permitiendo que esto le ocurra, para depurar su alma y su conciencia, le da esta enorme esperanza: “Te basta mi Gracia”.
Ante estos acontecimientos de aquel entonces, el episodio también es actual en nuestra vida: ¿quién no tiene remordimientos de su vida pasada? Aquello que hicimos en algún o algunos momentos de nuestra vida, no nos pueden aplastar. Dios permite este “aguijón”, como el de Pablo, no para castigarnos, sino para sanarnos. Para sanar el alma. 
El demonio nos tentará diciéndonos: ¡mira tus pecados! ¡No tienes perdón de Dios. Te vas a condenar!!
¡NO! nos basta la Gracia de Dios. El salmista nos lo recuerda: “…tu Gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios…  (Sal 62)
Pues que este Canto de alabanza del Salmo de David, nos haga reconocer que la Gracia de Dios vale más que todo lo que la vida nos pueda dar, y que “donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia”(Rom 5,20)
Alabado sea Jesucristo

(Tomás Cremades)

martes, 1 de mayo de 2018

Los Salmos. La Oración de Jesús.



La actual fragilidad humana es el resultado de no contar con Dios para la solución de los problemas que se ciernen pesadamente sobre nosotros. Sin embargo, el Espíritu Santo no deja de obrar en ayuda nuestra. Una de sus actuaciones es la de desempolvar el inagotable tesoro de espiritualidad que teníamos arrinconado y que son los Salmos.

Sabemos que la vida del Señor Jesús y su misión no estuvieron exentas de tentaciones y sombras, de las cuales la mayor de todas fue, sin duda, el rechazo continuo y sistemático de su propio pueblo. 
Nos preguntamos de dónde sacaba Jesús la fortaleza para sobreponerse a estas fuerzas del mal y la mentira que se abatían sobre Él. Creemos que todo su ser estaba fijo en los Salmos como palabra viva; palabras que le daban vida. En ellas el Hijo de Dios encuentra el manantial que le sumergía en su Padre y que le fortalecía ante toda prueba y tentación.
Cada Salmo nos muestra la sabiduría que viene de Dios, y también podemos encontrar en ellos datos catequeticos que los relacionan con el Nuevo Testamento, con el Evangelio, con la misma vida de Jesús.  Esto con el fin de que nuestra relación con Dios –sobre todo en lo que respecta a recibir la gracia en toda prueba, tentación o duda– sea semejante a la que recibió Él en su constante relación con el Padre. 
Los Salmos son fuerza y alimento que Dios da al hombre. El mismo alimento con que se fortalecía el Señor Jesús.
En su Resurrección, el Señor Jesús abre el corazón y el espíritu de sus discípulos (Lc 24,45); es decir, los hace aptos para asimilar el alimento que, como hemos dicho, aún no estaba a su alcance. A la luz de este don, los discípulos de Jesús de todos los tiempos tenemos abierto el camino que nos introduce en el misterio de Dios y que está oculto en su Palabra. 
Los Salmos, la oración de Jesucristo, son también, y por excelencia, nuestra oración. 
Los Salmos, no son palabras de hombres sino palabras de Dios que, en cuanto tales, son, como dice el apóstol Pablo, palabras operantes, es decir, que tienen fuerza en sí mismas para hacer la obra de Dios en el creyente.
Amén
(padre Antonio Pavía)

lunes, 30 de abril de 2018

TU IMPOSIBLE


"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos.» .Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible.»"  Mt 19;23-26


Me enamoré de tu imposible.
Escuché tu voz que me hablaba de una forma de vivir que superaba todo sueño y era inalcanzable para mis pobres fuerzas.
Te oí hablar de amar a los enemigos, de ser feliz en la tribulación, de vivir sin medio; imposibles de mi vida que tu llamabas, posibles.
Sigue siendo hoy un sueño pero un pequeño destello de luz que crece cada día en mí me confirma que puede ser cierto.
Camino, cada día, mirando ese imposible y he hecho de atraparlo, de hacerlo posible , mi razón de vivir:  la fuerza que me impulsa, la luz que no dejo de mirar.
Y , a cada paso, tu mirada, tus ojos que me confirman que se puede lograr.
La esperanza que toco con mis manos y mi vida, la certeza de que no nos engañas, la seguridad de que tu promesa es verdad.

(Por. Olga Alonso))

"Así dice Yahveh Sebaot: Si ello parece imposible a los ojos del Resto de este pueblo, en aquellos días, ¿también a mis ojos va a ser imposible?, oráculo de Yahveh Sebaot. .Así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo salvo a mi pueblo del país del oriente y del país donde se pone el sol;"  Za 8;6-7

viernes, 27 de abril de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 Domingo V de Pascua (Jn 15,1-8)

Yo soy la Vid, vosotros mis sarmientos dice el Señor en el Evangelio de hoy. Solo a tí te toca comprobar si esto es verdad y se cumple, o no es más que una fábula de un embaucador.. así llamaron a Jesús los fariseos (Jn 7,47). 
Si Jesús es el Hijo De Dios, tenemos en nuestras manos la respuesta al problema que ha golpeado sin cesar a todo hombre de toda época, creencia y cultura: la Soledad. 
Por muy amplia y rica que sea nuestra proyección vital, si está enmarcada en los límites de lo visible, empíricamente llega un día en que éstos nos atosigan con su animal más dañino, la Soledad. No me refiero a la soledad física sino a la insufrible soledad de un alma inhabitada. Un alma que no es tocada, palpada por el Invisible, languidece poco a poco. El Evangelio de hoy abre una amplia puerta a la compañía que rompe toda soledad. Personalizamos las palabras del Hijo de Dios..Yo soy la Vid y tú mi Sarmiento, permanece en mí y yo en ti. Como vemos, Jesús no se impone, se pone a nuestra disposición.

(por el P. Antonio Pavía)
comunidadmariamadreapostoles.com

A LA LUZ DEL SALMO 91

“…Proclamar por la mañana tu Misericordia y de noche tu fidelidad…”

Todos los Salmos, la oración de Jesucristo, se refieren y cumplen en Él, y en cuantos queremos ser sus discípulos. Muchos son, en la Escritura, los conceptos antagónicos, tales como: estar sentado o de pie; subir o bajar…la mañana o la noche. En esta ocasión, me detengo en esta última apreciación: la mañana y la noche. 
Por la mañana parece todo más hermoso, los problemas de la vida, del día a día, parecen más pequeños o incluso se difuminan…Amanece y sale el Sol, tanto para buenos como malos, para justos o pecadores (Mt 5,45).
Y el Sol refiere a Jesucristo, como nos dice el canto del Benedictus: “…Nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y sombra de muerte…” (Lc 1, 68-79)
Me he permitido el poner en negrita la palabra “proclamar”, para que nos demos cuenta que la única Palabra que se proclama en la Escritura es el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Y, en este Salmo, el Señor, con su aparición como Sol para todos, y por medio de su Palabra-Evangelio, tiene Misericordia con nosotros, acordándose que tenemos un corazón lleno de miserias. Y cuando en la noche, cuando todo nos parece peor, cuando se agrandan los problemas del día, cuando nos inundan anegando el alma, el Señor nos recuerda su Fidelidad: la garantía de que va a cumplir sus promesas. 
Nos lo recuerda Pablo: “Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos: si morimos con Él viviremos con Él; si nos mantenemos firmes, reinaremos con Él; si le negamos, también Él nos negará; si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo…” (2 Tim 11-15)
Más adelante, en el Salmo 91, nos habla Dios por boca del salmista, para decirnos: “…el ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta…”, refiriéndose a los designios de Dios. El ignorante es el que desconoce sus Palabras; las desconoce porque prescinde de ellas; como nos recordaran los ateos y agnósticos, que tanto abundan en esta sociedad idólatra: hay tantas razones para creer, como para no creer. Craso error. Buscan la justificación falaz para no creer. Son los ignorantes culpables. 
Los necios son los opuestos a la Sabiduría, que procede de Dios. ¡Qué necios para no entender las Escrituras (Lc 24,25) reprochó el Señor Jesus a los discípulos de Emaús. Tres años con Él, viviendo con ellos, viendo su vida y sus milagros, viendo cómo se cumplían en Él las Escrituras, y ¡no lo entienden!
¡Tardos y necios! Y en so Corazón Misericordioso, ha de repetirles la Escritura, comenzando por Moisés y los profetas, explicando dónde se escribía de Él.
No hemos de confundir estos ignorantes con los pequeños de Dios, que le hacen exclamar lleno de júbilo: ¡Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños…”(Lc 10,21)
Se puede ser sabio en conocimiento de las cosas del mundo, siendo pequeño a los ojos de Dios, creyendo en su Palabra, su Evangelio, estando en el mundo pero sin pertenecer a él. Esos son los llamados “Anawim”, pequeños de Dios porque creen en su Padre del Cielo, muchas veces sin preguntar, confiando en su Palabra. Cuando uno pregunta mucho, es para buscar  argumentos para “no creer”. Es mejor preguntarle a Jesús, que nos vaya revelando a su tiempo, no al nuestro, sus confidencias.
Alabado sea Jesucristo

(Tomás Cremades)

miércoles, 25 de abril de 2018

¡AQUÍ ESTOY, SEÑOR!



(Del Sacramento de Confirmación de nuestros hermanos de la Comunidad María Madre de los Apóstoles, y veintiún alumnos del colegio Claretiano Mater Inmaculata, celebrada en la Parroquia de San Ireneo la tarde del 21 de Abril de 2018. Presidida por D. Alberto, Canciller delegado por el Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Madrid, y concelebrada por el Párroco D. Pedro y el Misionero Comboniano D. Antonio Pavía, Director Espiritual de nuestra Comunidad)

Todos sabemos que el cuarto domingo de Pascua se dedica a la celebración del “Buen Pastor” Jesucristo, nuestro Señor. Y no es casualidad que en este día se celebrase esta hermosa fiesta en la que los confirmandos dan fe cierta y verdadera de su deseo de pertenecer a la Iglesia Católica de Roma, siendo fieles a los mandamientos de Dios y de la Iglesia, reconociendo su fe mediante el rezo el Credo. 
Y digo que no es casualidad, porque “nada” es casualidad para un cristiano: es “Providencia de Dios”.
Como no podía ser de otra forma se inició con la Eucaristía, la “Acción de Gracias” por excelencia, en la que en este día teníamos todos un motivo especial que añadir: Nuestros hermanos de Comunidad: Carole, Emilia, Luis y Pepe, (además de los ya nombrados alumnos), públicamente confirman su deseo ferviente de pertenencia.
Para nuestra Comunidad María Madre de los Apóstoles es un “nuevo abrazo de Dios”. Y lo digo, como sabemos todos los miembros de ella, porque no hace aún un año, el pasado mes de Julio, nuestra hermana Carole, recibía al mismo tiempo los sacramentos del Bautismo y la 1ª Comunión; y en esta fiesta actual, confirma su amor y adhesión a Dios y a la Iglesia.
Es una gracia inmensa del Señor a ella, en primer lugar, y a su familia; y es una gracia inmensa también a los hermanos Emilia, Luis  y Pepe y a sus familias. Y, en la parte que nos toca, a toda nuestra Comunidad
Se estremeció mi alma al oír las primeras palabras de D. Alberto, al nombrar a cada uno por su Nombre. Y al oír la respuesta: ¡Aquí estoy, Señor!, me vino a la mente lo que antes apunté de la casualidad: Jesús, nuestro Buen Pastor llama por su Nombre a cada una de las ovejas, las ovejas que hoy han confirmado su presencia con el: Aquí estoy, Señor. Y las ovejas han conocido su Voz, y le siguen (Jn10, 11-18)
Aquí estoy para lo que mandes, para que escuche tu Palabra, tu Evangelio. Aquí estoy porque quiero ser tuyo, porque el lobo (Satanás) no me engañará; porque el Buen Pastor ha dado su Vida por mí, por cada uno de los que ahora se confirman, por todos los que queremos ser sus discípulos…Y te prometemos escuchar tu Voz (tu Evangelio), y seremos ovejas de tu rebaño, y sólo Tú serás nuestro Pastor.
El acto continuó con la señal de la Cruz sobre la frente, ungiéndola con aceite, el “aceite” del Espíritu Santo. Y la imposición de manos, sobre la cabeza de los confirmandos invocando al mismo Espíritu Santo, acto que se conoce como “epíclesis” (del griego epíklesis, invocación). Es fundamental en esta y en las celebraciones litúrgicas, para que descienda el Espíritu Santo, y colme de gracias a los celebrantes.
En este acto van acompañados por un @ padrino @ que, con la mano en el hombro presentan a su apadrinado al Canciller para obtener la bendición. Éste, después de la imprecación al Altísimo, le despide con un beso en la mejilla, símbolo del “beso santo” de la paz que nos habla Pablo, que en la Escritura se llama “ósculo”, símbolo de la pureza, unidad, amor y sinceridad, como hermanos en Cristo que somos, una práctica recomendada en los siguientes textos de la Escritura: 
“…Saludad a todos los hermanos con el besos santo…” (1 Ts 26) “…Saludaos unos a otros con el beso santo…” (Rm 16,16) “…Saludaos unos a otros con el beso de amor…”(1 P 5,14)
La unción con aceite era una práctica muy común en tiempos de Cristo, y nos lo recuerda la Carta de Santiago: “… ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él, y le unjan con óleo en nombre del Señor…” (St 5, 15). Sin embargo no podemos caer en el error de pensar que la unción con aceite limpia el alma.  Lo único que limpia y sana el alma es la Sangre de Cristo que lava el alma en preparación para la muerte. 
Pues damos gracias a Dios, en nombre de los hermanos confirmandos, y de todos nosotros. Él se ha fijado en ellos y en la Comunidad María Madre de los Apóstoles, para que, enviando su Mensaje a la tierra, su Palabra corra veloz… (Sal 147)

(Escrito en la Comunidad María Madre de los Apóstoles por Tomás Cremades)