domingo, 14 de octubre de 2018

Salmo 30(29).- Acción de gracias después de un peligro de muerte

Texto Bíblico 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado que mis enemigos se rieran de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida de la tumba,
me hiciste revivir de entre los que bajan a la fosa.
Tocad para el Señor, fieles suyos, alabad su memoria sagrada.
Su cólera dura un instante,y su favor la vida entera.
Al atardecer viene el llanto, por la mañana, gritos de júbilo.
Yo decía tranquilo: «¡No vacilaré jamás!».
Tu favor, Señor, me aseguraba el honor y el poder, pero escondiste tu rostro,
y quedé turbado.
A ti, Señor, grité, supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa? ¿Acaso te alaba el polvo,
o proclama tu fidelidad?
iEscucha, Señor, y ten piedad de mí! iSeñor, socórreme!».
Cambiaste mi luto en danza,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta.
Por eso te canta mi ser y nunca callará. Señor, Dios mío, te alabaré por siempre.


Reflexiones Salmo 30.- Me has vestido de fiesta
 
El salmista, emocionado por la protección que Dios le ha dado, llega a decirle: «Cambiaste mi luto en danza, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta».
Esto nos lleva a la visión que tuvo el apóstol Juan de la gran fiesta triunfal que nos cuenta en el libro del Apocalipsis: «Había una muchedumbre inmensa, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Esta visión describe el triunfo celeste de aquellos que apoyaron toda su vida, en Dios. Continuamos com la visión de Juan: «uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: “Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”. Yo le respondí: “Señor mío, tú lo sabrás”. Me respondió: “Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero”» (Ap 7,13-14).
En la Escritura, el blanco simboliza la victoria; pero antes han pasado por la tribulación que ya había sido profetizada por Jesucristo: «.. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo» (Jn 16,2.33).
En Jesucristo y en su victoria, el hombre pasa del sayal de la tribulación al vestido de fiesta blanqueado.
Sin embargo, hay que tener presente que los momentos de tribulación son reales, por lo que hemos de poner nuestros ojos en el Evangelio, como única ventana donde resplandece en toda su plenitud el rostro de Dios. 
Y no hay que extrañarse si, cuando estamos en el centro del huracán, vacilan todas nuestras creencias y experiencias, tal y como le pasó al salmista: «Yo, decía tranquilo: «¡No vacilaré jamás!».Tu favor, Señor, me aseguraba el honor y el poder, pero escondiste tu rostro, y quedé turbado»
Tampoco nunca pensaron los Apóstoles que su fe en Jesús iría a vacilar; pero en la Pasión... «los discípulos le abandonaron todos y huyeron» (Mt 26,56).
Mas cuando Jesucristo, como Buen Pastor, vino al encuentro de sus discípulos con la gloria de la Resurrección, volvió la fiesta para estos hombres, temerosos y cobardes pero inmensamente queridos por Dios.
Tribulación o fiesta: la última palabra la tiene Dios, vencedor del mal, y la palabra es: Fiesta para la humanidad.

Antonio Pavía.- Misionero Comboniano

viernes, 12 de octubre de 2018

CULTO A UN DIOS DESCONOCIDO (Hch 17-22)

Ya profetizó Isaías: “…Es verdad, tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. Quedarán afrentados los fabricantes de ídolos…” (Is 45, 15-18).

Y es que la humanidad, desde sus orígenes, ha buscado Alguien superior en quien descargar sus inquietudes…su vida. Y así, se fabrican ídolos representantes de ese Dios que no logran descubrir. El episodio del becerro de oro que nos narra (Ex 32), relata cómo el pueblo de Israel, viendo que Moisés tardaba en bajar de la cima del monte donde le había citado Yahvé, increpó a Aarón diciendo: “…Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues no sabemos qué ha sido de “ese” Moisés que nos sacó del país de Egipto…”

Este dios que solicitan es, como dirá el Salmo (135, 15) “hechura de manos humanas, tiene boca y no hablan, nariz y no huelen, ojos y no ven…sean como ellos los que los hacen, los que en ellos ponen su confianza…”. Es un dios a medida, un dios que no molesta porque nunca te va a denunciar…un dios que no te compromete ni perturba tu paz, aunque en tu interior sepas que todo es una falacia.

Y le dice a Aarón:ese”, sin ni tan siquiera llamarle por su nombre. Les ha sacado de las penurias de la esclavitud, y ¡pronto se han olvidado de él! Y llama la atención ese pronombre: “ese”. Suena despreciativo. Es el mismo lenguaje que emplea la parábola del Hijo Pródigo: “…y ahora, que ha venido “ese” hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda, has matado, para él, el novillo cebado…” (Lc 15,30)

Para los israelitas, el nombre no es como en nuestro idioma español: nosotros identificamos por el nombre a la persona que lo lleva. Pero los judíos, el nombre, que siempre se lo pone el padre, representa, además, la transmisión de su propio gen, de su propio ser. Y en ambos casos, el interlocutor menosprecia con la palabra “ese”, sin identificarle por su nombre.

Y a este dios, hay que contentarlo para que no se enfade; y así le ofrecen sacrificios y oraciones para que no se vuelva contra ti. Es realmente UN DIOS DESCONOCIDO.

Y tiene que venir Jesucristo a enseñarnos quién es Dios, y Él como Hijo del Padre.

Tomando ambos episodios, es muy interesante la catequesis de Pablo en el Areópago de Atenas. Se narra en el libro de los Hechos de los Apóstoles, (Hech 17,22).

Al ser un texto relativamente largo, se emplaza al lector a acudir al mismo, y vamos a ir comentando algunas notas catequéticas que nos pueden ayudar en nuestra reflexión sobre el CULTO A UN DIOS DESCONOCIDO.

Pablo ha ido a Atenas, y predicaba en la sinagoga. Y tanto era así, que ya le consideraban “un charlatán”. Pablo discute con los epicúreos y estoicos, movimientos hedonistas los primeros, y los segundos, descendientes de la filosofía de Zenón de Citio, no consideraban ninguna acción buena ni mala, sino más bien, se aferraban a la intencionalidad de la misma para considerarla o no, punible. En este ambiente se desenvuelve Pablo. 

Y le citan en el Areópago, lugar donde se reunía el Consejo Supremo de Atenas. Este lugar se encontraba al sur del Ágora, colina donde se situaba el centro político, cultural administrativo, comercial de Atenas.

Pablo, lleno de la Gracia de Dios, comienza con un elogio: “Atenienses: veo que sois hombres extremadamente religiosos. Contemplando vuestros monumentos  sagrados encontré un altar con esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO…”Ya no tenéis que esperar más: ese Dios desconocido os lo anuncio yo.

Y va desgranando poco a poco, desde los orígenes la imagen de Dios Creador. Y les explica que este Dios desconocido, Señor de Cielo y tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, sino que vive dentro de nosotros: “…por Él vivimos, nos movemos y existimos…”; y añade: “…somos estirpe suya…”, recordando con esta expresión a sus mismos poetas.

¡Qué inteligencia la de Pablo! ¡Cómo les abre poco apoco, sus oídos…! Y termina: “…Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del Hombre a quien Él ha designado; y ha dado a todos garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos…”

De esta forma les anuncia la llegada de Jesucristo (el Hombre a quien él ha designado), y anunciando su Resurrección.

Naturalmente, esto chocó con la filosofía de entonces, ellos, que no creían en la resurrección de los muertos, y se burlaron de él diciendo: “…De esto ya te oiremos en otra ocasión…”

No obstante la catequesis de Pablo no fue baldía, pues muchos atenienses se convirtieron como Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámarisy ¡cómo no! Nosotros, que aprovechamos estas “perlas bíblicas” de Pablo, para conocer mejor a Jesús.

Desde entonces ya no es para nosotros un Dios desconocido: Jesucristo nos lo ha dado a conocer: “…Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre…” (Jn 14,9), dice Jesús a Felipe.


(Tomás Cremades)

 

jueves, 11 de octubre de 2018

Salmo 29(28).- Himno al Señor de la tormenta

Texto Bíblico :

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor.
Aclamad la gloria del nombre del Señor, adorad al Señor en su atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente, la voz del Señor es esplendorosa.
La voz del Señor despedaza los cedros,
el Señor despedaza los cedros del Líbano, hace brincar al Líbano como a un becerro, y al Sarión como a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego, la voz del Señor sacude el desierto, el Señor sacude el desierto de Cades. 
La voz del Señor retuerce los robles y descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta sobre el diluvio, el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor fortalece a su pueblo,
El Señor bendice a su pueblo con la paz.


Reflexiones : El hombre y las aguas

En este Salmo se hace hincapié en el dominio de Dios sobre las aguas con fuerza y majestad, por el poder que despliega su Voz, es decir, su Palabra. 

En la Escritura, las aguas simbolizan el caos, la confusión...todo aquello que tiene que ver con la muerte. Vayamos al principio de la Biblia: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas». 
Este «viento» es la antesala de la Palabra, pues inmediatamente el texto continúa: «Dijo Dios: haya luz» (Gén 1,1-3). Es a partir de la luz que Dios va creando el mundo introduciendo una armonía en el caos. 
Damos un salto desde el inicio de la Creación hasta el pueblo de Israel en su salida de Egipto, y nos encontramos que apenas inicia la partida, se encuentra con una muralla infranqueable: las aguas del mar Rojo. Israel se queda paralizado, preso de mortal angustia. Dios interviene con fuerza y majestad sobre las aguas para que su pueblo pueda franquearlas sin que éstas supongan su tumba.
Damos otro salto hasta llegar a la plenitud de los tiempos: la Encarnación. En ella el enviado de Dios: su Hijo Jesucristo, va a hacer presente la gran novedad de amor de Dios sobre el hombre. Jesucristo no va tanto a separar las aguas que le ahogan y destruyen cuanto a darle el poder de caminar sobre ellas, de no hundirse en sus propias frustraciones, en las autodestrucciones que el hombre se hace por su lejanía de Dios.
Vamos a ver a los Apóstoles en la angustia que experimentan en una noche de tempestad estando ellos en la barca zarandeada por las olas. Cuando el pánico alcanza su cénit, ven a alguien caminando sobre el mar. Es tal el terror, que creían que era un fantasma, ya que nadie puede caminar sobre las aguas de la destrucción. Jesús les gritó: ¡Ánimo! que soy yo; no temáis!.
Pedro suplica a Jesús el poder caminar hacia Él sobre las aguas.
Jesús acepta con agrado la propuesta de Pedro, pues para esto ha venido del Padre, para que el hombre reciba el poder sobre las aguas destructoras, y le dice: ¡Ven! 
Pedro bajó de la barca hacia las aguas y caminó; después se hundió y gritó a Jesús, y fue levantado por Él (Mt 14,24-33).

Esto es la fe. Un caminar sobre las aguas, un dudar, un hundirnos, un suplicar, y una mano de Dios que nos vuelve a levantar afirmándonos ... Sí, esto es la fe.

Antonio Pavía- Misionero Comboniano.

LOS VALORES ESPIRITUALES vs LOS VALORES DEL MUNDO​

En la sociedad actual, en que todo se mide por su valor, podríamos preguntarnos por el valor del hombre. Valor no en sentido de su capacidad de afrontar o realizar hazañas, por ejemplo, de tipo militar, heroico, de salvamento, etc., sino en el sentido de cómo valorar a una persona en general. 
Yo creo que hay dos formas o criterios de afrontar este pensamiento: el primero por los valores espirituales; el segundo por los valores con los que “mide” el mundo.
Valores espirituales, hay muchos, naturalmente. Pero podríamos resumirlos en tres: Valores de VERDAD, valores de BELLEZA, y valores de BONDAD..
Los valores espirituales en el hombre son reflejo de los Atributos de Dios. Y los que queremos ser discípulos suyos sentimos en nuestro más íntimo “yo”, la necesidad de conseguirlos, de poseerlos.
Le dice el discípulo Tomás a Jesús: “…Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?...Le dice Jesús: Yo soy el camino, LA VERDAD y la vida, nadie va al Padre sino por Mí…” (Jn 14, 6)
Jesucristo es la auténtica Verdad de nuestra vida. Y hemos de encontrarle para encontrar esta Verdad. En el mundo que nos ha tocado vivir, necesitamos saber dónde está la verdad de todo, necesitamos encontrar el verdadero camino, dónde hallar la verdadera vida. Porque hay otros caminos que no son los verdaderos, y otras vidas que no son las verdaderas…y que se nos presentan más agradables a primera vista.
Lo entendió bien PilatoSu pecado fue no escuchar la Voz del Señor: “…He venido al mundo para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la Verdad, escucha mi Voz…” Le dice Pilato: “¿Y qué es la Verdad?” (Jn18, 37-38)
Hermosa revelación de Jesucristo al mundo. Con claves para meditar: Él es la Verdad plena; y contesta con el Shemá: ¡Escucha Israel! 
Todo el que escucha su Voz, es decir, su Palabra, revelada en su Evangelio. Ahí está la clave: Escuchar su Evangelio.
Hay muchos Evangelios en que Jesús comienza: “En verdad, en verdad os digo…” En su Verdad, en su Palabra, poniendo su Nombre como garantía de certeza.
El segundo “valor” que tratamos es la BELLEZA. Toda la Belleza infinita de Dios se refleja en todo lo creado; y sobre todo en sus criaturas. Todo lo que es bello mantiene equilibrio natural. Lo entendió san Agustín en su libro de “Las confesiones”: “…tarde te amé, Belleza infinita, tarde te amé…yo te buscaba en la belleza de las criaturas…en la torpeza del placer desordenado…pero Tú estabas dentro de mí…y yo estaba fuera…tarde te amé”.
El equilibrio de la naturaleza, la belleza de los seres creados a su Imagen y semejanza…Todo nos lleva  a la Belleza de su Rostro, tal y como se nos manifestó en la Transfiguración (Mt 17)
La BONDAD; ¿Hay quien dude de la Bondad de Dios, revelada en su Hijo Jesucristo? El mensaje de Jesús es de perdón  al enemigo; de devolver bien por mal. La fe en Cristo es el mensaje del BIEN. Basta leer la Biblia, los santos Evangelios. “…Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no perezca…” (Jn 3,16)
Inspirados en esa Bondad, podemos afianzarnos en nuestro camino hacia el Bien, que es Jesucristo. Hacer el bien es encontrar en el otro, sea de la condición social, que sea: política, humana, religiosa, de género…, al mismo Dios. Y realizar en él,  el bien, por amor a Dios. 
Aquí hay un punto importante a señalar: hay personas no religiosas, que realizan actos buenos, actos de solidaridad con el prójimo; ahí hay una semilla de Dios. El cristiano no debe enfocarlo sólo desde el punto de vista solidario, aunque también: el cristiano ha de trascender a Dios, y encontrar en este necesitado a Cristo.
¿Y qué decir de los valores del mundo?
El mundo, no sigue estos criterios; normalmente “tanto vales cuanto tienes”. Se nos mide por otros tantos criterios contrapuestos a los anteriores; a saber: valores de PODER, valores de PLACER, y valores de RIQUEZAS
Basta asomarse a él: La lucha por el PODER, pasando por encima de los seres humanos.
La lucha por el PLACERdesordenado en su concepción. Dios hizo todas las cosas para el bien de los seres creados. Es el hombre quien puede tergiversar esos dones del Creador, en su propia dirección.
El poder de las RIQUEZAS. Ya lo avisó Jesús: “…no podéis servir a dos señores, pues aborrecerá a  uno y amará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero…” (Mt 6,24)
Y no es que el dinero sea malo en sí; es bueno o malo según el uso que se le de. No se puede hacer cualquier cosa por dinero. El Joven Rico del Evangelio se marchó triste al no poder aceptar el planteamiento del “Maestro Bueno” como le definió: “…vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme…” (Mc 10, 17-31; Lc 18, 18-23; Mt 19,16-22)

(Tomás Cremades)

martes, 9 de octubre de 2018

Dar Gloria a Dios

"Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
Cumple tus votos al altísimo
e invocame el día de peligro . 
Yo te libraré y tú me darás gloria"
(Sal 50)


Solo cuando ves que el Señor está a tu lado siempre ... que cuando lo necesitas y lo llamas responde...y lo sientes a tu lado ayudándote .dándote una paz que no sabes de dónde viene... bueno, sí lo sabes, porque no hay nada que se pueda comparar... entonces puedes dar gloria a Dios .
Como el ciego del camino...lo sigues, dando testimonio de lo que ha hecho por tí... y puedes darle gloria contándolo a otros ..y compartiendo tu alegría, al darte cuenta que ese milagro que Dios hizo contigo, lo hará también por los demás.

ÉSTE ES NUESTRO DIOS

Guardarte

Guardarte, guardarte dentro aunque no te entienda
Abrir mi corazón, acogerte.
Acoger la sinrazón, acoger la esperanza y escucharte desde dentro
Parar el mundo para escuchar ese sonido, esa palabra que hemos acogido
Vivir recostados en ella y abrir el oído interior para descansar
Descansar en esa música que forma ya parte de nuestra existencia
Esa música que crece y hace crecer
Esa música que enseña, que educa…………que calma 
Ese hogar muy dentro desde donde entregar a otros el fruto de tu regalo
El lugar desde donde tu música se escucha en el mundo, 
Siempre desde el corazón de discípulos que te acogen, que te meditan, que guardan tu Palabra

(Olga Alonso)
www.comunidadmariamadreapostoles.com


viernes, 5 de octubre de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. Mc 10,2-16 para el Evangelio del XXVIIDomingo del Tiempo Ordinario 7 de Octubre de 2018

Unos fariseos piden su opinión a Jesús sobre el matrimonio, recordándole que Moisés vio razones para permitir el divorcio. Su respuesta es meridianamente clara: Moisés dió vía libre al divorcio por la dureza de vuestro corazón. El matrimonio es un excelente proyecto de Dios para quienes lo quieran acoger y vivir; en cuanto proyecto divino, está abierto a un continuo crecimiento generado por la savia que fluye del Evangelio y los Sacramentos. El problema surge y se agudiza, cuando no es vivido como proyecto De Dios, sino como proyecto personal, como si dependiera de la pareja casada hacer crecer la frescura y la novedad del amor, frescura y novedad que provocan el continuo y gozoso asombro entre ambos. Al dejar de lado a Dios de tan sublime proyecto, se corre el peligro que la convivencia llegue a ser de una pesadez insoportable. Jesús achaca este triste desenlace a la dureza de corazón, dureza provocada por, como ya he señalado, porque se ha prescindido de Dios o por no haberle dado más que un papel decorativo en este proyecto de vida tan sublime,

(Antonio Pavía- Misionero Comboniano)
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jueves, 4 de octubre de 2018

LA FIESTA DE MATEO

“…Vio Jesús a un hombre, llamado Mateo, sentado a la mesa de los impuestos, y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y le siguió (Mt 9,9)
Así de sencillo. Mateo, recaudador de impuestos para el pueblo opresor de Roma, comisionista con un tanto por ciento de beneficio para él, a cambio de los impuestos romanos, oye la llamada de Jesús, y, sin rechistar, lo deja todo y le sigue. Parece hasta imposible. Podríamos pensar que recogería sus papeles de encima de la mesa, el dinero de la recaudación…No. Deja todo de golpe.
¿Qué pasaría en la vida de Mateo para dejarlo todo así? Da la sensación que está harto de esa vida, pero que no es capaz de dejarlo. Necesita un impulso fuera de lo humano. Él era un impuesto viviente, “estaba sentado”, postura bíblica que representa que todo su ser se identifica con su actividad. Es una postura opuesta a estar de pie, como un Resucitado, como nos narra el Libro de los Hechos de los Apóstoles en el martirio de san Esteban: “…Esteban levantó los ojos al cielo y vio a Jesús, “en pie”, como el Testigo Fiel ante el Padre intercediendo por él…” (Hech 7,55)
De la misma forma que la postura de “estar acostado” representa el rencor, el odio, la venganza:”…el pecado es un oráculo para el impío…no tiene temor de Dios…acostado medita el crimen…” (Sal 35)
Y volvemos a Mateo. Pasa Jesús y su vida cambia de golpe. Jesús no le recrimina su trabajo, su modo de vida, sus pecados. Sólo: ¡Sígueme! Y no solo le sigue, es que celebra una fiesta en su casa en honor a Jesús. Mateo ha entendido el mensaje de Jesús. Le bastó una palabra: ¡Sígueme! 
Los fariseos, en cambio murmuran contra Jesús: “…come con pecadores…” Pero él responde: “…no necesitan médico los sanos, sino los enfermos…”
Jesús ha actuado con Mateo como el Padre de la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11, 32), que al ver volver a su hijo descarriado no le echa en cara su anterior proceder, sino que organiza un banquete en su honor, restituyéndole de toda su pertenencia a la casa del padre. Ahora Mateo, reconoce en su interior su mala vida, y solo recibe a cambio el Amor infinito de Jesús que le dice: ¡Sígueme!
Y es Mateo quien organiza el banquete en su honor, emulando al padre. 
¿Cuántas veces pasa Jesús delante de nosotros y nos dice: ¡Sígueme!? Nos dice: no miro tus pecados, tus errores, conozco tu barro, ¡Sígueme! 
¿Cuántas veces respondemos: …tengo que ir a enterrar a mi padre…!”Deja que los muertos entierren a sus muertos…tú sígueme! (Mt 8, 22) Los muertos, los que han enterrado su alma en los bienes de este mundo, esos entierran a sus muertos….pero tú
¡Sígueme!

(Tomás Cremades)

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL AMOR A LOS ENEMIGOS

La sociedad actual, cuando quiere hacer el panegírico de alguien, dice esta frase: Es, o era,-según si ha fallecido o no-, “amigo de sus amigos”. Y lo presenta como un valor intrínseco. La sociedad actual, huye de la realidad del Evangelio, huye porque el Evangelio le pone frente a sus pecados… y eso ¡molesta!
De entre todas las religiones que existen,  hay notables diferencias, y también similitudes, pues todas tienen una semilla de Dios. La única verdadera es la religión Católica, Apostólica, Romana, bajo la autoridad del Papa de Roma, Vicario de Cristo en la tierra. Pero entre todas estas diferencias, hay una que nos define: el amor a los enemigos.
No se trata tan solo del respeto, de la ayuda, de la comprensión…y de todas las calificaciones de bondad que queramos añadir, que también. Es el amor a los enemigos.
En el Discurso Evangélico por excelencia, las Bienaventuranzas, Mateo escribe estas palabras de Jesús: “…Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿No hacen eso mismo los publicanos?...” (Mt 5 46), siendo así que el pueblo judío consideraba pecadores a éstos.
“Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos…” (Mt 5, 43-46)
Muchas personas integradas en la Iglesia, se sienten incapaces de seguir estos preceptos del Señor. “Soy incapaz de perdonar las ofensas que me han hecho”, confiesan. Y, ciertamente, si no nos ilumina la Luz del Evangelio, que es el mismo Jesucristo, el hombre, con sus únicas fuerzas, es incapaz de perdonar y, en consecuencia, de amar a sus enemigos. 
Y esto es un proceso, que comienza por mirarse para dentro, ver la lepra que llevamos en el pecho, como Moisés vio la suya en el relato en que entabla un diálogo con Yahvé, cuando éste le envía a hablar con los israelitas. (Ex 4,6)
Pero a la Voz de Yahvé,- que es la Palabra de Dios-, Moisés vuelve a meter la mano y la saca limpia de ella. La Palabra de Dios, su Evangelio, es la Fuerza de Dios que nos limpia de nuestros pecados y nos da la fuerza para el envío. 
“…Vosotros ya estáis limpios gracias a la Palabra que os he anunciado…” (Jn 15,3) nos dice Jesús en la catequesis de “La vid verdadera”. Es decir, la Palabra, el Evangelio, limpia nuestra alma.
Pues aquí está la clave: Hablar con el Señor meditando su Palabra, y pedirle que ésta sea eficaz en nosotros. La Palabra de Dios siempre es válida, pero si no se recibe, si cae en tierra no fértil, no será eficaz para nuestra alma.
Y si no podemos aún perdonar, y eso nos impide “amar”, comencemos por rezar por los enemigos, que el Señor hará en nosotros el resto, cambiando nuestro corazón de piedra en un  corazón de carne.
“…Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne…” (Ez 36, 26)

(Tomás  Cremades)
www.comunidadmariamadreapostoles.com

martes, 2 de octubre de 2018

YO PENSABA

Yo pensaba que seguirte cortaría mis alas
Yo creía que escucharte pondría en peligro mi vida
Yo decía que tus palabras eran imposibles para mí
Yo te miraba y pensaba que no sería capaz
Yo tenía miedo de ti
Yo miraba hacia otro lado cuando te escuchaba decir, ¡Ven!
Yo temblaba ante tu voz aunque todo me decía que abrazarte era perder

Y la vida me llevó a lugares solitarios y no hay nada que perder cuando se ha perdido todo
Así que entonces pensé que esa voz que tanto tiempo me había acompañado, podía ser el camino y me dispuse a seguirte
Confiando para aprender a confiar y dejándote hacer para conocerte
Así me encontré contigo y a lo que entonces temía, hoy me abrazo y me abandono
sin dejar cada minuto de volar alto, muy alto

(Olga Alonso)

domingo, 30 de septiembre de 2018

Toque del alma aaaae

El Evangelio de Jesús, es la plenitud de la imagen y semejanza de Dios en el mundo.
El que va con "su propio" evangelio por la vida, va con la imagen y semejanza de su propia mediocridad.

viernes, 28 de septiembre de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. Mc 9,38-48 para el Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario 30 de Septiembre de 2018

Atentos a lo que Jesús nos dice en este Evangelio: todo el bien que hacemos a alguien porque es discípulo suyo, a Él mismo se lo hacemos. Claro que vale también para el caso contrario, si hacemos daño a un discípulo suyo, a Él se lo hacemos. Recordemos cuando se le apareció a Pablo, perseguidor de los primeros cristianos; no le dijo: ¿Porque persigues a estos pobres hombres? sino ¿Porque me persigues?.  Esta es una bellísima noticia para todos aquellos que incluso con dudas y desviaciones llevamos en nuestra alma el deseo irrenunciable de llegar a ser discípulos del Señor Jesús y lo es porque hoy nos dice que se identifica con nosotros, también cuando caemos, siempre que sigamos con los ojos puestos en su Evangelio, Escuela del Discipulado.
El Apóstol Pablo, el antaño perseguidor, apasionado por Jesús hasta la médula del corazón y del alma canta exultante de gozo su nueva identidad: ¡su Señor viviendo en él!, y así lo proclama en su carta a los cristianos de Galacia: " Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi " (Gal 2,20)

(Antonio Pavía.- Misionero Comboniano)