martes, 1 de enero de 2019
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. 1 de Enero Fiesta de Santa María, Madre deDios. Lc 2,16-21
lunes, 31 de diciembre de 2018
En el frío..
Toque aaaal
sábado, 29 de diciembre de 2018
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. (Lc 2,41-52) para el Evangelio del Domingode la Sagrada Familia: Jesús, María y José Ciclo C 30-12-2018
viernes, 28 de diciembre de 2018
Ojalá rasgases el cielo y descendieses! (Is 63,19)
Señor, ¿Por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete por amor a tus siervos y las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste y los montes se derritieron en tu presencia. Jamás el oído oyó ni el ojo vio un Dios, fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en Él.
La última frase de Isaías, la comenta muchos años después san Pablo a los Corintios, cuando dice: “…Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que lo aman…” (1 Cor, 2,9)
¡Cómo ha de sentirse Isaías para entonar este canto de súplica! Ya que el hombre es incapaz de convertirse, es Dios quien tiene que volverse a él, que es lo que significa la conversión. Los hombres estamos de espaldas a Dios, somos incapaces de levantar la cabeza y mirar al Crucificado. Estamos apegados al mundo, y, como mucho, esperamos que un día nos volvamos a Dios. Pero ese día tarda.
Isaías profetiza la “bajada de Dios”. Los montes, en el espíritu de la Escritura, representan los lugares donde se aposentan nuestros ídolos, donde habitan esos dioses, oro y plata, que son hechura de manos humanas y que no nos solucionan nuestros problemas. En la presencia de Jesús y su Santo Evangelio, se derriten nuestros pecados.
Nos lo recuerda Isaías: “…Así fueren vuestros pecados como la grana, cual nieve blanquearán, y así fueren rojos como el carmesí, cual lana quedarán…” (Is 1,18)
Y ese deseo se cumplió cuando el Padre envió a su Hijo para estar entre nosotros. ¡cuántas veces, al ver la situación que vive el mundo, quizá entonemos esa súplica de Isaías: ¡ Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
Pero no; el Hijo vino sólo una vez y volverá con toda su Majestad como nos tiene prometido, y Él es fiel, es decir, cumple sus promesas. Somos nosotros, los cristianos, los que queremos ser sus discípulos, los que tenemos la misión de llevar su Palabra al mundo, con nuestra vida y nuestro ejemplo. No nos hace falta ya que se “persone” rasgando el cielo. Tampoco le creerían…Lo tenemos en el Sagrario siempre, hasta el último día. Y desde ahí podemos hablar con Él y contarle lo que ya sabe, lo que inquieta nuestra alma; y pedirle que podamos descubrir cada día nuestra misión, la que Él nos ha preparado para ser sus testigos.
En palabras del santo Padre san Juan Pablo ll: ¡Abramos las puertas a Cristo!
(Tomás Cremades)
jueves, 27 de diciembre de 2018
Ser pequeño ante Tí
(OLGA ALONSO)
martes, 25 de diciembre de 2018
Feliz Navidad
Contentos por Navidad
lunes, 24 de diciembre de 2018
Es Navidad
Toque Es Navidad 1
Toques Es Navidad 0
domingo, 23 de diciembre de 2018
Salmo 28(27).- Súplica y acción de gracias
Toque: Es Navidad
sábado, 22 de diciembre de 2018
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. (Lc 1,39-45) para el Evangelio del IVDomingo de Adviento 23-12-2018
jueves, 20 de diciembre de 2018
Reflexiones al Salmo 89 (Saciarse De Dios)
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación…” Bien cierto, que Dios ha estado siempre con mirada providente sobre nosotros; pero el problema es que nosotros no nos damos cuenta de ello…Él ha actuado en nuestra vida, y siempre hemos pensado en la suerte, la nuestra o la de los demás.
Normalmente hemos pensado que el otro tenía más suerte que yo. Y el salmista, inspirado por Dios, aclara esto que quizá nunca habíamos pensado: que Él siempre ha sido nuestro refugio.
Y continúa: “…antes de que naciesen los montes, desde siempre tú eres Dios. Efectivamente, antes que naciesen los montes…Los montes donde habitan nuestros pequeños dioses, que nos apartan de Dios. Estos dioses, aparentemente más agradables, nos apartaron de Dios. Eran más agradables porque nos hacían importantes a los ojos de los demás, no denunciaban nuestra conducta, y acallaban nuestra conciencia, adormecían nuestra fe, nos separaban de Dios.
Y Dios esperaba, y esperaba. Por eso dice el Salmo: “…aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan…” Y qué razón tiene el Salmo; todos hemos comprobado que, con el paso de los años, el tiempo vuela!!
Y si miramos un poco atrás, vemos lo que pudimos hacer y no hicimos, o lo que hicimos mal, porque Dios no era el Único; era, en el mejor de los casos, de los primeros alicientes de nuestra vida. Nos recuerda el Salmo: “…enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato…”
Un corazón que sepa discernir, porque la vida se acaba y hemos de mirar nuestras manos vacías…Ahí está la sensatez. Solamente Dios podrá hacer prósperas las obras de nuestras manos, tal como termina el Salmo.
(Tomás Cremades)