domingo, 10 de marzo de 2019

Toque aaaap

Para aquellos que no han descubierto la inmensa riqueza escondida en su alma,es normal que piensen que después de su muerte no pase a la Vida. Solo aspira a pasar a la nada....a la fustrante nada

viernes, 8 de marzo de 2019

REFLEXIONES AL EVANGELIO DEL DOMINGO I DE CUARESMA Ciclo C (Lc 4,1-13)10-03-2019

No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios, responde Jesús a Satanás cuando le indujo a convertir unas piedras en panes para saciar su hambre después de ayunar. Jesús no nos está diciendo que el pan, que simboliza los bienes materiales, sean malos, sino que no nos dobleguemos ante ellos. La señal que nos indica que no nos doblegamos ante los bienes de este mundo o, mejor dicho, que éstos no nos doblegan, es saberlos poner en su sitio.Todo aquel que ha encontrado a Dios, sabe que cuando Juan dice que la Vida está en la Palabra (Jn 1,4), se está refiriendo al Manantial de Vida en abundancia que brota del Evangelio de Jesús. Aunque parezca absurdo, la tentación es ¡aliada nuestra!, pues gracias a ella se abre en el hombre la libertad para escoger entre doblegarnos a ella o elevarnos sobre ella. Hay una calidad de vida en esta elección y nadie puede elegir por tí.

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MI TIERRA

Busco cada día tu tierra, la anhelo

La que me prometiste y de la que me hiciste nacer.

La que perdí, la que me ata y la que me libera……..mi tierra

La tierra de nuestros Padres, donde solo Tú reinas

 

Surcar los caminos de la vida y el mundo para encontrarla

Añorarla y llorarla y otras veces, encontrarla y descansar

Preguntarte dónde está, escucharte y luchar

Luchar para no equivocarse y engañarnos con nuestra elección

 

Mi tierra, tu tierra, Señor

Mi anhelo, pertenecer a ella, fundirme, ser tierra santa para ti

Ser tierra tuya que entregar a los hombres para su soledad

Repartirla, extenderla, ser y vivir en ella

Bonita razón de existir, hallarla y, finalmente, respirar


(Olga Alonso)

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jueves, 7 de marzo de 2019

Toque aaaao

Tiempo de Cuaresma, tiempo glorioso en el que de una forma especial miramos a Aquel que desde la Cruz en la que se dejó clavar, pronunció tu nombre sellando así su Amor eterno por ti.

Toque aaaañ

"Cuando El Señor ve que un hombre le busca de verdad, se le acerca y le dice: "si aprietas tu corazón contra el Evangelio, Yo me apretaré contra el tuyo"

lunes, 4 de marzo de 2019

Encontrarte

Señor, Tú nos modelas con arcilla y luego la vida nos dás, ¿hay algo más grande en el mundo que te puedan regalar?.
Andaba yo por los senderos y comenzó a lloviznar y como estoy hecha de barro me empecé a deformar, pensaba que estaba sola, me entró miedo, ¿como yo lo podría arreglar?, pero no, Tú me recoges y me vuelves a modelar.
Cuando voy por los caminos, miro hacía los lados, hacía adelante y hacía atrás, estoy como perdida no sé qué dirección tomar, pues me olvido de mi meta que es el cielo y nada más.
Un poco más tarde, empieza a caer agua, otra vez... y otra vez más, y yo ya estoy perdida del camino de la "gloría celestial". A veces estoy tán desecha, que ya no puedo seguir más, temo que me lleve la corriente, te pido ayuda y Tú me la dás... esa ayuda que no merezco, pues te había olvidado ya. Tú no te cansas nunca de perdonar, a pesar de que tantas veces te hayamos olvidado entre un aquí y un allá.
Yo me encuentro perdida, yo sin Tí no valgo nada, de esto no me doy cuenta pues ciega debo de estar.
Señor, ayúdame a buscar, ese resguardo que yo sola no supe encontrar, para que cuando llueva no me vuelva a mojar ni me pueda llevar la corriente y desaparecer, así, sin más.
Señor, acógeme en tús brazos, ese lugar que yo buscaba y Tú me ayudas a encontrar, ahí es donde estaré a salvo y nunca me volveré a mojar.

(Elia Herrero)

Salmo 37(36).- Destinos del justo y del impío

Texto bíblico:
No te irrites por los malvados, ni tengas envidia de los injustos. Se secan pronto, como la hierba, enseguida se agostan como el césped.
Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y vive tranquilo.
Sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que desea tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará.
Manifestará tu justicia como el amanecer y tu derecho como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en Él, no te irrites contra los que triunfan, contra el hombre que maneja intrigas.
Deja la ira, abandona la cólera, no te irrites, pues sólo harías el mal.
Porque los malvados serán excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un instante y ya no estará el malvado; buscarás su sitio y no existirá.
Pero los pobres poseerán la tierra, y disfrutarán de paz abundante.
El malvado trama intrigas contra el justo, y rechina los dientes contra él.
Pero el Señor se ríe a costa del malvado, porque ve que se avecina su día.
Los malvados desenvainan la espada y tensan el arco para matar al pobre y al indigente, para asesinar al hombre recto.
Pero la espada les atravesará el corazón, y sus arcos se quebrarán.
Más vale lo poco del justo, que las riquezas de muchos malvados, pues al malvado se le romperán los brazos, mientras que el Señor sostiene a los justos.
El Señor conoce los días de los perfectos, y su herencia permanece para siempre; no se avergonzarán en tiempos de sequía, y en tiempos de hambre quedarán saciados.
Pero los malvados perecerán, los enemigos del Señor se marchitarán como la belleza de los prados, se desharán como el humo.
El malvado toma prestado y no devuelve, pero el justo se compadece y da.
Los que el Señor bendice, poseerán la tierra, y los que maldice serán excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre, y se complace en su camino.
Cuando tropieza, no llega a caer, porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven y ya soy viejo, pero nunca he visto un justo abandonado, ni a su descendencia mendigando pan.
Todos los días se compadece y presta, y su descendencia es una bendición.
Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa, porque el Señor ama el derecho y nunca abandona a sus fieles.
Los malhechores serán destruidos para siempre,
la descendencia de los malvados será  exterminada.
Pero los justos poseerán la tierra, y habitarán en ella por siempre jamás.
La boca del justo habla con sabiduría, y su lengua explica el derecho, pues lleva en el corazón la ley de su Dios, y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo, y trata de darle muerte.
Pero el Señor no lo entrega en sus manos y no deja que lo condene en el juicio.
Confía en el Señor y sigue su camino; te ensalzará para que poseas la tierra, y verás la supresión de los malvados.
Vi a un malvado lleno de poder, que prosperaba como un cedro frondoso.
Volví a pasar y ya no estaba, lo busqué y no lo encontré.
Observa al honrado, mira al hombre recto: el hombre pacífico tendrá posteridad.
Pero los impíos serán todos destruidos,
la descendencia de los malvados quedará truncada.
La salvación de los justos viene del Señor, él es su fortaleza en tiempos de angustia.
El Señor los ayuda y los libra; va a librados de los malvados y a salvados, porque los justos se acogen a él.


Reflexiones al  Salmo 37 : Llamados a hacer el bien

Este Salmo es una invitación al hombre justo a que ponga toda su confianza en Dios. Está sufriendo una experiencia adversa pero no por ello dejará de hacer el bien, porque lleva dentro de su corazón el sello de la confianza en Dios. «No te irrites por los malvados, no tengas envidia a los injustos... Confía en el Señor y haz el bien».
Cuando Dios revela a Pedro que tiene que anunciar a Cornelio la Buena Nueva de Jesucristo, le comunica estas palabras: «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y Él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él».
Pedro le hace ver que Jesucristo pasó haciendo el bien, librándole de la opresión de Satanás
La Iglesia primitiva tenía esta conciencia clara del don que había recibido de Dios de amar y hacer el bien a los enemigos. Y esto porque hacer el bien a los enemigos es la única forma de vencer al mal. Dice el apóstol Pablo: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien».
El salmista, nos da la razón de por qué el hombre,ha de poner su confianza en Dios: «Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará, manifestará tu justicia como el amanecer y tu derecho como el mediodía».
¿Pero cómo puede el hombre vivir esta confianza en Dios? ¿Cómo puede confiar su suerte, y hasta su propia vida en Dios cuando, la tentación de actuar por sí mismo ante lo inmediato de una situación, es lo normal y lo válido que uno ve a su alrededor? 
Si preguntáramos a Jesucristo qué fuerza interior tenía para aceptar la persecución por parte de su propio pueblo, nos diría que es tener conciencia de que le pueden arrebatar todo: hasta su propia vida, porque sabe que su Padre está con Él; que su Padre nunca le dejará solo. «Mirad que llega la hora en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo» 
Abandonado hasta por los pocos discípulos que decían que creían en él, Jesús confía en su Padre. Y Dios resucita a su Hijo haciéndole victorioso sobre todo poder del mal que había provocado toda esta dispersión. Jesús resucitado «hace el bien a los hombres»: a los que le rechazaron y a los que huyeron escandalizados. Y los convocó en torno a él, dándoles el Evangelio de la salvación, por el que el hombre  es engendrado como hijo de Dios.
Dice el Salmo«Ten tus delicias en Dios y te dará lo que pida tu corazón». ¿Cuándo sabe un hombre que tiene verdaderamente sus delicias en Dios? Jesucristo nos dice que tener las delicias en Dios supone buscarle, pedirle y llamarle. «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá... Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» 
Cuando un hombre pide el Espíritu Santo, está pidiendo que Dios le dé el conocimiento revelador de la Palabra, Y la palabra, que es Dios mismo, crea en su corazón lo que este no posee por naturaleza, que es «tener sus delicias en Dios». Dios mismo habita en el hombre y provoca en él, delicias hasta entonces desconocidas que van más allá de lo inmediato. El hombre, que es así habitado por el santo Evangelio, experimenta, conoce y vive «sus delicias en Dios».

(Antonio Pavía- Misionero Comboniano)

viernes, 1 de marzo de 2019

REFLEXIONES AL EVANGELIO DEL DOMINGO DE LA OCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C (Lc 6,39-45) 03-03-2019

Partimos la Palabra de un punto del Evangelio de hoy, con la intención de que nos sirva para seguir creciendo como discípulos de Jesús. Este punto nos dice que todo discípulo bien formado, será como su maestro. Si lo aplicamos a nuestra relación con El que es el Maestro, nos quedamos atónitos. Hemos de verlo en el sentido de que participamos de su misión. ."Como mi Padre me envió, así os envío yo" (Jn 20,21). Jesús es enviado por su Padre como Cordero que vence el mal del mundo y así envía a sus discípulos (Lc 10,3). Él siempre estará a años luz de nuestra altura pero podemos decir como Juan Bautista: "Es precisó que Él crezca y yo disminuya" (Jn 3,30). También hacemos nuestra la exhortación de Pablo a los cristianos de Galacia: "sufro dolores de parto hasta ver a Jesús formado en vosotros" (Gal.4,19) Querámonos más y aspiremos a lo que nadie jamás pudo soñar ni imaginar...llegar a ser, salvando las distancias, como nuestro Maestro.

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jueves, 28 de febrero de 2019

TU ROSTRO ENTRE LA NIEBLA

Hace tiempo que veo tu rostro escondido entre la niebla.

Hace tiempo que anhelo verte nítido, como antes

Hace tiempo que las cosas, el mundo, se interpone entre mis ojos y tú

Sigo buscándote pero esa niebla no se va, extiendo mi mano y no te alcanzo.

Eres más un espejismo que aquel rostro claro y transparente que sostenía mi vida

Camino y me falta el aliento, quiero sentir mis pasos firmes y me sobreviene el temor

 

Señor, te intuyo tras la niebla pero mis días se consumen sin saber cómo llegar a ti

Ven tú mismo y abrázame

Toma mi vida y caminemos

Mírame como sólo tu mirada logra y devuélveme tu fortaleza


Ven y dime que no eres una ensoñación.


(Olga Alonso)

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martes, 26 de febrero de 2019

Dios y el azúcar

Una Profesora preguntó en clase a sus alumnos: ¿Quién es Dios?

Uno de los niños respondió: Dios es nuestro Padre, el más sabio, creador del mundo y de cuanto existe; nosotros somos sus hijos y un día nos llevará al Cielo.

¡Muy bien! Contestó la profesora. Y ahora decidme: ¿Cómo sabéis que existe Dios, si no lo habéis visto nunca? La clase enmudeció. Todos los planteamientos que se habían hecho de Dios caían súbitamente, abriendo en los niños como un vacío que les sumergían en el engaño recibido de sus padres y profesores.

Pero Dios, que siempre habla por boca de sus pequeños, los “anawim” de Dios, los más humildes, inspiró a otro:

Mi madre dice que Dios es como el azúcar que me echa todos los días en la leche del desayuno. Yo no la veo, pero siento su dulzura. Si no estuviera, yo sentiría que la leche es como ácida, no tendría sabor. Dios está siempre con nosotros aunque no lo veamos, es nuestra azúcar que nos endulza en las penas, los sufrimientos de nuestra vida.

Y este azúcar sólo engorda el alma y el espíritu, y te acompaña en los momentos más amargos de tu vida. Hay que tenerla siempre a mano, para que Él no nos falte.


Es verdad, Tú eres un Dios escondido

El Dios de Israel, el Salvador (Is 45,15)


(Tomás Cremades)

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sábado, 23 de febrero de 2019

REFLEXIONES AL EVANGELIO del Domingo 7 del Tiempo Ordinario Ciclo C (Lc 6,27-38), 24-02-2019

Vemos el Evangelio de hoy a la luz de esta confesión de Pablo: "Soy de carne, vendido al poder del pecado" (Rm 7,14). Soy de carne, es decir, rehén de mi debilidad frente al mal que el demonio me presenta, como un bien para mí. Jesús nos dice hoy, entre otras cosas, haz el bien a quien te hace el mal, a quien te odia. Frente a un anuncio así, Pablo confesaría una vez mas su impotencia y confiando en que el Evangelio de Jesús es en sí la Fuerza, Gracia y Sabiduría De Dios, le diría: ¡Aquí me tienes Señor, no tengo nada que prometerte pero Tú a mí sí!  La Fuerza de tu Palabra para aceptar que mi vida no se puede apoyar en mi sabiduría sino en la tuya. La postura contraria, es la farisaica con su  casuística de medias tintas, que no es sino un rechazo encubierto al Evangelio de Jesús, por más que se les hace la boca grande diciendo que creemos en Él . Una casuística que es, de por sí, hija de la Mentira y con la que se pretende justificar la mediocridad de una relación con Dios, a quien parece que servimos pero en quien no confiamos, porque no creemos que sus Palabras sean buenas para nuestra realización personal. Respecto al Evangelio de hoy, fijémonos que eso del perdón y amor a quien nos hace el mal, vienen precedidos por una exhortación.."Os digo a los que me escucháis.." He ahí el secreto..el que tiene, como Jesús, su oído abierto a la Palabra, se hace con la Fuerza de Dios para cumplirla con la Alegría que nace de la Libertad. El que no sabe escucharle, oye el Evangelio, pero se escucha a sí mismo, empieza entonces la casuística, el conformismo con la mediocridad, con sus consiguientes justificaciones.A los que me escucháis dice Jesús. Éstos, un día sabrán que el Evangelio es la carta de Dios a su favor, no en contra, es entonces cuando coge fuerza y ritmo la serena y  belleza única del discipulado.

(Antonio Pavía.- Misionero Comboniano)
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viernes, 22 de febrero de 2019

LOS QUE NO PUEDEN

Los que no pueden, son fracasados para el mundo y para sí mismos, pero en esa costumbre tuya de dar vuelta a mi vida, me has contado cuánto te gusta mirarme cuando lo intento. 
Lo que para mí son fracasos, día tras día, para lograr parecerme a ti, se convierte en motivos para tu alegría.
Me dices: “Me enternece tanto verte luchar por lograrlo, te siento tan hijo mío cuando te veo fracasar. No me importan los fracasos sino los intentos, porque en tus intentos” - sigues hablándome – “ya has descubierto la verdad, ya estás muriendo a lo que pide tu voluntad y deseando la mía, ya eres pequeño, y ése es el camino”

Gracias por este paso de sabiduría; Bendito seas, Señor,  por darme tanta luz. Ahora, ya sé que lo importante no es lograrlo – quizás me pase toda una vida intentando parecerme a ti en mis decisiones, en mis actitudes, en mi lenguaje interior  y no lo logre - pero confío en que, en el camino, mientras yo batallo tú me miras y, cuando lo haces, sin darme cuenta mi vieja piel de ser humano se convierte en Luz y más allá de perder el tiempo intentando y fracasando, tú mismo te haces parte nuestra , crecemos y somos cada vez más reflejo de ti.

(0lga Alonso)

jueves, 21 de febrero de 2019

Pablo vs David (TU GRACIA VALE MÁS QUE LA VIDA)

A veces no nos damos cuenta de lo que es “estar en Gracia de Dios”. Y llevamos, los cristianos, educados desde la infancia con esta frase de “estar en Gracia de Dios”. 

Nos recuerda el Salmo 62: “…Tu gracia vale más que la vida…” Y es que David, perseguido por Saúl para matarle, ha de refugiarse huyendo de la muerte. Ha sido ungido por Dios, por medio del profeta Samuel, que, inspirado por el Espíritu Santo, le reconoce entre todos los hijos de Jesé; David havisto la Mano de Dios en su victoria frente al gigante Goliat…y ahora tiene que huir…Pero no se desanima; en su huída toma un respiro para meditar: “… ¡Cómo te contemplaba en el Santuario viendo tu Fuerza y tu Gloria…!”

Es algo parecido a lo que siglos más tarde sentirá Pablo, cuando dice: “llevamos este tesoro en vasos de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Apretados en todo, mas no aplastados; perseguidos, mas no abandonados; apurados, mas no desesperados; derribados, mas no aniquilados…” (2Cor 4, 7-10)

En ambos episodios “todo lo podemos en Aquél que nos conforta” (Fp, 4; 13)

Este es el espíritu de “estar en Gracia de Dios”; ser sensibles a su Presencia. A Dios nadie lo ha visto jamás, nos dirá Juan en el epílogo del Evangelio. Pero sí podemos atestiguar que “lo sentimos” muy dentro de nosotros. Tampoco vemos el azúcar diluido en el vaso de café con leche, pero, cuando falta el azúcar, “sentimos” su ausencia.

Es algo así como lo que nos dirá Jesucristo: …Vosotros sois la luz del mundo; vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?... (Mt 5,13)

La sal, como el azúcar, la notamos en su ausencia, pero no la vemos…Así Jesús, que como el Gran Pedagogo, nos instruye con ejemplos sencillos para grandes acontecimientos.

Es la característica de los sabios: “hacer de fácil comprensión lo difícil”. Y así es nuestro Maestro: Nos revela el Reino de Dios, con pequeños acontecimientos y ejemplos entendibles por nosotros, los que queremos ser sus discípulos, los que creemos sin ver, los pequeños de Dios, los Anawim del Señor.

Alabado sea Jesucristo


(Tomás Cremades)

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domingo, 17 de febrero de 2019

Salmo 36(35).- Maldad del pecador y bondad De Dios

Texto Bíblico:

El malvado escucha en su corazón un oráculo del pecado: <'¡No tengo miedo a Dios ni en su presencia!».
Se ve con ojos tan engañosos,
que no descubre ni detesta su pecado.
Las palabras de su boca son maldad y mentira, ha renunciado a la sensatez de hacer el bien. 
En su lecho planifica el crimen, se obstina en el mal camino y nunca rechaza la maldad.
Señor, tu amor llega hasta el cielo, y tu fidelidad hasta las nubes.
Tu justicia es como las montañas más altas, y tus juicios como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales. ¡Qué precioso es tu amor, oh Dios! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.
Se sacian de los manjares de tu casa,
y tú los embriagas con el torrente de tus delicias.
Porque en ti está la fuente de la vida y con tu luz vemos nosotros la luz.
Mantén tu amor por los que te reconocen, y tu justicia para los rectos de corazón.
Que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado. Han fracasado los malhechores, han caído y no se pueden levantar. 


Reflexiones: ¡Quédate con nosotros!


Este salmo nos descubre el interior del hombre impío; es alguien que tiene en su corazón una palabra que conviene a sus intereses. Evidentemente, esta palabra interesada que tiene en el fondo de su ser, no es la palabra de Dios. Digamos que es la palabra aduladora y engañosa que Satanás pone en el corazón del hombre. Así lo vemos en el pecado original, cuando el tentador desplazó la palabra que Dios había puesto en Adán y Eva acerca de no tocar ni comer del fruto prohibido. Satanás susurró en el corazón de nuestros primeros padres la gran mentira: «Dios sabe muy bien que el día en que comiereis del árbol, se os abrirán los ojos y seréis como dioses...» 

A esta palabra acogida por Adán y Eva, el salmista le da un nombre: el pecado. Lo llama así porque provoca actitud de desobediencia a Dios: «El malvado escucha en su corazón un oráculo del pecado: ¡No tengo miedo a Dios ni en su presencia!». Sin embargo, Israel no está en disposición de obedecer a Dios. Tiene una querencia a hacer su voluntad. Su rebeldía, que es común a todos los pueblos con respecto a Dios, viene denunciada por Él mismo llamándoles «pueblos de dura cerviz», incapaces de obedecer, exactamente igual que Adán y Eva. En el salmo se nos anuncia otro dato del impío que nos sobrecoge. No sólo no guarda la palabra de Dios, sino que se contempla con autosatisfacción: «Se ve con ojos tan engañosos, que no descubre ni detesta su pecado». Uno de los signos que definen al Mesías es la curación de los ciegos; que son aquellos que no se ven pecadores, no encuentran nada dentro de ellos que tengan que detestar y rechazar. Su corazón está en paz... una paz engañadora y voluble.

Jesús nos habla de un personaje de estas características cuando presenta al fariseo que fue a orar al Templo. Junto con él, aunque «a distancia», estaba un publicano. Y el fariseo rezó así: «¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias...» 

Así que este hombre se miró harto lisonjero y, evidentemente, no encontró dentro de él ninguna culpa que detestar por más que la culpa acababa de manifestarse por su boca: «No soy como los demás hombres... ni tampoco como este publicano». Este hombre «todo lo hace bien», pero es tan ciego que no se da cuenta de que está de espaldas a sus hermanos y, por supuesto, también está de espaldas a Dios, a quien cuenta «lo bien que hace sus prácticas y obligaciones religiosas». Tendremos que clamar, gritar y, forzar a Dios para que Él,  se quede con nosotros, plante su sabiduría en el fondo de nuestro ser y habite en nuestro corazón.

Esto es lo que hicieron los dos discípulos de Emaús cuando, apesadumbrados camino hacia su casa, oyeron del mismo Jesús las catequesis que hablaban del Mesías, que tenía que morir en la cruz y resucitar. Estas palabras no habían quedado en su corazón y por eso,  desertaron de la cruz. Al oírlas de Jesús resucitado, aun sin reconocerle, algo se movió en su corazón tan fuerte que, al llegar a la casa, le cogieron del brazo forzándole y le dijeron: «¡Quédate con nosotros!, porque atardece y el día ha declinado»


Antonio Pavía 

Misionero Comboniano

Salmo 35(34).- Súplica de un justo perseguido

Texto Bíblico:

¡Señor, acusa a mis acusadores, combate a los que me combaten!   iToma tu escudo y tu armadura, levántate y ven en mi auxilio! iEmpuña la espada y el hacha contra mis perseguidores! Di a mi alma:
«iYo soy tu salvación!».
¡Queden avergonzados y arruinados los que buscan mi vida! ¡Retrocedan cubiertos de vergüenza los que planean el mal contra mí!
¡Sean como paja frente al viento, cuando el ángel del Señor los desbarate!
¡Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el ángel del Señor los persiga! 
Sin motivo me han tendido su red, y han cavado una fosa para mí.
¡Caiga sobre ellos un desastre imprevisto! ¡Queden atrapados en la red que me tendieron, caigan ellos en la fosa!
Mi alma exultará con el Señor, y se alegrará con su salvación.
Todo mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú
que libraste al débil del más fuerte,
y al pobre e indigente de su explotador?».
Se levantaron testigos falsos
y me interrogaron de lo que no sé.
Me pagaron mal por bien, y me dejaron desamparado.
Yo, en cambio, cuando estaban ellos enfermos, me vestía de saco,
me humillaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o un hermano, iba de un lado para otro
cabizbajo y triste,
como de luto por mi madre.
y cuando tropecé, se alegraron, se juntaron contra mí,
y me atacaron por sorpresa.
Me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio.
Señor, ¿hasta cuándo verás esto?
Defiende mi vida delante de los que rugen; defiende mi único bien de estos leones.
Te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.
iQue no se alegren a mi costa mis enemigos traidores!
iQue no se hagan guiños
los que me odian sin motivo!
Pues nunca hablan de paz: contra los pacíficos de la tierra planean sus calumnias.
Abren descomunalmente sus fauces contra mí, diciendo con desprecio:
«iLo hemos visto con nuestros propios ojos!».
iSeñor, tú lo has visto, no te calles! iSeñor, no te quedes lejos de mí!
iDespierta, levántate, defiende mi causa Dios mfo! 
iJúzgame tú según tu justicia, Señor, mi Dios!
¡Que no se alegren a mi costa! 
Que no piensen: «iQué bien!».
Que no digan: «iNos lo hemos zampado!». 
¡Queden avergonzados y frustrados los que se alegran de mi desgracia!
iQueden cubiertos de vergüenza y confusión los que se engrandecen a mi costa!
Que canten y se alegren
los que desean que se me haga justicia, y repitan sin cesar:
Grande es el Señor!
y desea la paz de su siervo».
y mi lengua proclamará tu justicia, tu alabanza todo el día. 


Reflexiones : Dios, nuestra justicia


El salmista está rodeado de enemigos y perseguidores que atentan continuamente contra su vida. En su desamparo se acoge a Dios y le suplica que sea Él el que combata contra sus adversarios, pues el poder que tienen sus perseguidores es superior al suyo
Nuestro hombre tiene vivo el recuerdo del acoso que sufrió Israel cuando se encontró por delante del Mar Rojo y, por detrás, el ejército de Egipto. Israel experimentó el apoyo de Dios. Los egipcios, gritaron: «Huyamos, porque Yavé pelea por Israel» 
El salmista confía en que Dios le salve y se apoya no en su justicia sino en la de Dios. 
El profeta Jeremías anuncia la venida del Mesías, a quien le da un nombre que nos sorprende por su profundidad: Se llamará Yavé, nuestra justicia. «Mirad que vienen días en que suscitaré a David un germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra... Y este es el nombre con que le llamarán: Yavé, nuestra justicia» 
Y en la plenitud de los tiempos nace el Mesías a quien sus padres le pondrán el nombre de Jesús, que quiere decir «Dios salva». Jesucristo es salvador no por nuestra justicia sino por la suya. En Él el hombre queda liberado de la carga de la ley, que no produce sino la justicia exterior pero es impotente para cambiar el corazón.
A la luz de Jesucristo y a la luz del Nuevo Testamento, la palabra justicia significa en primer lugar «Don de salvación». El Evangelio tiene el poder de provocar en el hombre el hambre y la sed de esta justicia-salvación. 
Y más aún, la justicia en el Nuevo Testamento se entiende como la fidelidad de Dios a su pacto-alianza. Así Pablo, nos dice: «Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no con mi justicia, la que viene de la ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe).
Cuando el Hijo de Dios llega al Jordán para ser bautizado por Juan,  sabe que está ante el cordero de Dios, es decir, sabe que es el inocente y sin pecado. Jesús le dice: «Conviene que así cumplamos toda justicia»
Al sumergirse Jesús en las aguas del Jordán, está anticipando,  su inmersión en el drama de la Pasión; su hundimiento en lo profundo del sepulcro.
Victorioso el Resucitado, tiene poder para santificar y justificar al hombre cumpliendo así la promesa que Dios nos había hecho por medio de Jeremías: «Yavé, nuestra justicia»..
Leamos, este texto de san Gregorio Nacianceno, Padre de la Iglesia: «Jesús, siendo Dios, nació con la naturaleza humana y unió en su persona dos cosas contrarias entre sí; la carne y el espíritu. El espíritu concibió la divinidad, la carne la recibió.

(Antonio Pavía.- Misionero Comboniano)