domingo, 10 de marzo de 2019
Toque aaaap
viernes, 8 de marzo de 2019
REFLEXIONES AL EVANGELIO DEL DOMINGO I DE CUARESMA Ciclo C (Lc 4,1-13)10-03-2019
MI TIERRA
Busco cada día tu tierra, la anhelo
La que me prometiste y de la que me hiciste nacer.
La que perdí, la que me ata y la que me libera……..mi tierra
La tierra de nuestros Padres, donde solo Tú reinas
Surcar los caminos de la vida y el mundo para encontrarla
Añorarla y llorarla y otras veces, encontrarla y descansar
Preguntarte dónde está, escucharte y luchar
Luchar para no equivocarse y engañarnos con nuestra elección
Mi tierra, tu tierra, Señor
Mi anhelo, pertenecer a ella, fundirme, ser tierra santa para ti
Ser tierra tuya que entregar a los hombres para su soledad
Repartirla, extenderla, ser y vivir en ella
Bonita razón de existir, hallarla y, finalmente, respirar
(Olga Alonso)
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jueves, 7 de marzo de 2019
Toque aaaao
Toque aaaañ
lunes, 4 de marzo de 2019
Encontrarte
Salmo 37(36).- Destinos del justo y del impío
No te irrites por los malvados, ni tengas envidia de los injustos. Se secan pronto, como la hierba, enseguida se agostan como el césped.
Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y vive tranquilo.
Sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que desea tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará.
Manifestará tu justicia como el amanecer y tu derecho como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en Él, no te irrites contra los que triunfan, contra el hombre que maneja intrigas.
Deja la ira, abandona la cólera, no te irrites, pues sólo harías el mal.
Porque los malvados serán excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un instante y ya no estará el malvado; buscarás su sitio y no existirá.
Pero los pobres poseerán la tierra, y disfrutarán de paz abundante.
El malvado trama intrigas contra el justo, y rechina los dientes contra él.
Pero el Señor se ríe a costa del malvado, porque ve que se avecina su día.
Los malvados desenvainan la espada y tensan el arco para matar al pobre y al indigente, para asesinar al hombre recto.
Pero la espada les atravesará el corazón, y sus arcos se quebrarán.
Más vale lo poco del justo, que las riquezas de muchos malvados, pues al malvado se le romperán los brazos, mientras que el Señor sostiene a los justos.
El Señor conoce los días de los perfectos, y su herencia permanece para siempre; no se avergonzarán en tiempos de sequía, y en tiempos de hambre quedarán saciados.
Pero los malvados perecerán, los enemigos del Señor se marchitarán como la belleza de los prados, se desharán como el humo.
El malvado toma prestado y no devuelve, pero el justo se compadece y da.
Los que el Señor bendice, poseerán la tierra, y los que maldice serán excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre, y se complace en su camino.
Cuando tropieza, no llega a caer, porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven y ya soy viejo, pero nunca he visto un justo abandonado, ni a su descendencia mendigando pan.
Todos los días se compadece y presta, y su descendencia es una bendición.
Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa, porque el Señor ama el derecho y nunca abandona a sus fieles.
Los malhechores serán destruidos para siempre,
la descendencia de los malvados será exterminada.
Pero los justos poseerán la tierra, y habitarán en ella por siempre jamás.
La boca del justo habla con sabiduría, y su lengua explica el derecho, pues lleva en el corazón la ley de su Dios, y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo, y trata de darle muerte.
Pero el Señor no lo entrega en sus manos y no deja que lo condene en el juicio.
Confía en el Señor y sigue su camino; te ensalzará para que poseas la tierra, y verás la supresión de los malvados.
Vi a un malvado lleno de poder, que prosperaba como un cedro frondoso.
Volví a pasar y ya no estaba, lo busqué y no lo encontré.
Observa al honrado, mira al hombre recto: el hombre pacífico tendrá posteridad.
Pero los impíos serán todos destruidos,
la descendencia de los malvados quedará truncada.
La salvación de los justos viene del Señor, él es su fortaleza en tiempos de angustia.
El Señor los ayuda y los libra; va a librados de los malvados y a salvados, porque los justos se acogen a él.
viernes, 1 de marzo de 2019
REFLEXIONES AL EVANGELIO DEL DOMINGO DE LA OCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C (Lc 6,39-45) 03-03-2019
jueves, 28 de febrero de 2019
TU ROSTRO ENTRE LA NIEBLA
Hace tiempo que veo tu rostro escondido entre la niebla.
Hace tiempo que anhelo verte nítido, como antes
Hace tiempo que las cosas, el mundo, se interpone entre mis ojos y tú
Sigo buscándote pero esa niebla no se va, extiendo mi mano y no te alcanzo.
Eres más un espejismo que aquel rostro claro y transparente que sostenía mi vida
Camino y me falta el aliento, quiero sentir mis pasos firmes y me sobreviene el temor
Señor, te intuyo tras la niebla pero mis días se consumen sin saber cómo llegar a ti
Ven tú mismo y abrázame
Toma mi vida y caminemos
Mírame como sólo tu mirada logra y devuélveme tu fortaleza
Ven y dime que no eres una ensoñación.
(Olga Alonso)
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martes, 26 de febrero de 2019
Dios y el azúcar
Una Profesora preguntó en clase a sus alumnos: ¿Quién es Dios?
Uno de los niños respondió: Dios es nuestro Padre, el más sabio, creador del mundo y de cuanto existe; nosotros somos sus hijos y un día nos llevará al Cielo.
¡Muy bien! Contestó la profesora. Y ahora decidme: ¿Cómo sabéis que existe Dios, si no lo habéis visto nunca? La clase enmudeció. Todos los planteamientos que se habían hecho de Dios caían súbitamente, abriendo en los niños como un vacío que les sumergían en el engaño recibido de sus padres y profesores.
Pero Dios, que siempre habla por boca de sus pequeños, los “anawim” de Dios, los más humildes, inspiró a otro:
Mi madre dice que Dios es como el azúcar que me echa todos los días en la leche del desayuno. Yo no la veo, pero siento su dulzura. Si no estuviera, yo sentiría que la leche es como ácida, no tendría sabor. Dios está siempre con nosotros aunque no lo veamos, es nuestra azúcar que nos endulza en las penas, los sufrimientos de nuestra vida.
Y este azúcar sólo engorda el alma y el espíritu, y te acompaña en los momentos más amargos de tu vida. Hay que tenerla siempre a mano, para que Él no nos falte.
Es verdad, Tú eres un Dios escondido
El Dios de Israel, el Salvador (Is 45,15)
(Tomás Cremades)
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sábado, 23 de febrero de 2019
REFLEXIONES AL EVANGELIO del Domingo 7 del Tiempo Ordinario Ciclo C (Lc 6,27-38), 24-02-2019
viernes, 22 de febrero de 2019
LOS QUE NO PUEDEN
jueves, 21 de febrero de 2019
Pablo vs David (TU GRACIA VALE MÁS QUE LA VIDA)
A veces no nos damos cuenta de lo que es “estar en Gracia de Dios”. Y llevamos, los cristianos, educados desde la infancia con esta frase de “estar en Gracia de Dios”.
Nos recuerda el Salmo 62: “…Tu gracia vale más que la vida…” Y es que David, perseguido por Saúl para matarle, ha de refugiarse huyendo de la muerte. Ha sido ungido por Dios, por medio del profeta Samuel, que, inspirado por el Espíritu Santo, le reconoce entre todos los hijos de Jesé; David havisto la Mano de Dios en su victoria frente al gigante Goliat…y ahora tiene que huir…Pero no se desanima; en su huída toma un respiro para meditar: “… ¡Cómo te contemplaba en el Santuario viendo tu Fuerza y tu Gloria…!”
Es algo parecido a lo que siglos más tarde sentirá Pablo, cuando dice: “llevamos este tesoro en vasos de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Apretados en todo, mas no aplastados; perseguidos, mas no abandonados; apurados, mas no desesperados; derribados, mas no aniquilados…” (2Cor 4, 7-10)
En ambos episodios “todo lo podemos en Aquél que nos conforta” (Fp, 4; 13)
Este es el espíritu de “estar en Gracia de Dios”; ser sensibles a su Presencia. A Dios nadie lo ha visto jamás, nos dirá Juan en el epílogo del Evangelio. Pero sí podemos atestiguar que “lo sentimos” muy dentro de nosotros. Tampoco vemos el azúcar diluido en el vaso de café con leche, pero, cuando falta el azúcar, “sentimos” su ausencia.
Es algo así como lo que nos dirá Jesucristo: …Vosotros sois la luz del mundo; vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?... (Mt 5,13)
La sal, como el azúcar, la notamos en su ausencia, pero no la vemos…Así Jesús, que como el Gran Pedagogo, nos instruye con ejemplos sencillos para grandes acontecimientos.
Es la característica de los sabios: “hacer de fácil comprensión lo difícil”. Y así es nuestro Maestro: Nos revela el Reino de Dios, con pequeños acontecimientos y ejemplos entendibles por nosotros, los que queremos ser sus discípulos, los que creemos sin ver, los pequeños de Dios, los Anawim del Señor.
Alabado sea Jesucristo
(Tomás Cremades)
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domingo, 17 de febrero de 2019
Salmo 36(35).- Maldad del pecador y bondad De Dios
Reflexiones: ¡Quédate con nosotros!
Este salmo nos descubre el interior del hombre impío; es alguien que tiene en su corazón una palabra que conviene a sus intereses. Evidentemente, esta palabra interesada que tiene en el fondo de su ser, no es la palabra de Dios. Digamos que es la palabra aduladora y engañosa que Satanás pone en el corazón del hombre. Así lo vemos en el pecado original, cuando el tentador desplazó la palabra que Dios había puesto en Adán y Eva acerca de no tocar ni comer del fruto prohibido. Satanás susurró en el corazón de nuestros primeros padres la gran mentira: «Dios sabe muy bien que el día en que comiereis del árbol, se os abrirán los ojos y seréis como dioses...»
A esta palabra acogida por Adán y Eva, el salmista le da un nombre: el pecado. Lo llama así porque provoca actitud de desobediencia a Dios: «El malvado escucha en su corazón un oráculo del pecado: ¡No tengo miedo a Dios ni en su presencia!». Sin embargo, Israel no está en disposición de obedecer a Dios. Tiene una querencia a hacer su voluntad. Su rebeldía, que es común a todos los pueblos con respecto a Dios, viene denunciada por Él mismo llamándoles «pueblos de dura cerviz», incapaces de obedecer, exactamente igual que Adán y Eva. En el salmo se nos anuncia otro dato del impío que nos sobrecoge. No sólo no guarda la palabra de Dios, sino que se contempla con autosatisfacción: «Se ve con ojos tan engañosos, que no descubre ni detesta su pecado». Uno de los signos que definen al Mesías es la curación de los ciegos; que son aquellos que no se ven pecadores, no encuentran nada dentro de ellos que tengan que detestar y rechazar. Su corazón está en paz... una paz engañadora y voluble.
Jesús nos habla de un personaje de estas características cuando presenta al fariseo que fue a orar al Templo. Junto con él, aunque «a distancia», estaba un publicano. Y el fariseo rezó así: «¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias...»
Así que este hombre se miró harto lisonjero y, evidentemente, no encontró dentro de él ninguna culpa que detestar por más que la culpa acababa de manifestarse por su boca: «No soy como los demás hombres... ni tampoco como este publicano». Este hombre «todo lo hace bien», pero es tan ciego que no se da cuenta de que está de espaldas a sus hermanos y, por supuesto, también está de espaldas a Dios, a quien cuenta «lo bien que hace sus prácticas y obligaciones religiosas». Tendremos que clamar, gritar y, forzar a Dios para que Él, se quede con nosotros, plante su sabiduría en el fondo de nuestro ser y habite en nuestro corazón.
Esto es lo que hicieron los dos discípulos de Emaús cuando, apesadumbrados camino hacia su casa, oyeron del mismo Jesús las catequesis que hablaban del Mesías, que tenía que morir en la cruz y resucitar. Estas palabras no habían quedado en su corazón y por eso, desertaron de la cruz. Al oírlas de Jesús resucitado, aun sin reconocerle, algo se movió en su corazón tan fuerte que, al llegar a la casa, le cogieron del brazo forzándole y le dijeron: «¡Quédate con nosotros!, porque atardece y el día ha declinado»
Antonio Pavía
Misionero Comboniano