.…y el hombrecillo se llegó ante Él y le dijo: Aquí me tienes, mi Dios, con deseos de amarte, también de escucharte, mirarte y creer en ti. El hombrecillo no sabía que Dios por un momento dejó todo su quehacer de lado para mirarle a él, con él quería estar.
martes, 8 de diciembre de 2015
MARÍA, ACEPTÓ EL PLAN DE DIOS.- (por Manuel Armenteros)
Si, fué en aquella doncella hebrea reconocida como Maria la de Nazaret, donde Dios fijó sus ojos y pidió permiso para poner su “tienda entre nosotros”. Y María dijo SI, se fió y confió en Dios: CONSINTIÓ. Y fué tan grande su Fé, como su valentía. Digo bien, su valentía, porque tras aceptar su nueva e inesperada situación, respondiéndole al mensajero de Dios: Hágase en mí según su Palabra…, Maria corrió y puso en riesgo su vida. Dadas las severas y crueles Leyes judías de su tiempo; las cuales castigaban con lapidación hasta la muerte, a la mujer por todo acto de adulterio. Es decir, por violar la fidelidad conyugal, que ya comenzaba o se iniciaba desde los “desposorios nupciales contraídos”. Tanto es así, que el joven israelita llamado José, que más adelante desposaría a Maria, la repudió en su interior. Decisión que tornó aceptar al anunciarle, en sueños, el mensajero celeste de la procedencia divina, sin intervención humana, del Hijo que portaba en su vientre inmaculado MARIA. Y así el bueno de José quedó también incorporado al Misterio Redentor y Salvador, ya iniciado en la Encarnación.
Gran lección de MARIA, la siempre Virgen desde la Fé, para todas las mujeres en cinta de nuestras actuales sociedades; que salvando tiempo y creencias, hoy se desangran por tantos desahucios a la vida. MARIA, se fió y confió valientemente aceptando su nueva situación y Dios…hizo el resto. Y también de JOSÉ, el fiel y humilde servidor de Dios, quien ofrece gran lección para nuestros dirigentes e Instituciones (civiles y eclesiásticas). Para que imitando a José, quien asumió la responsabilidad de la crianza y protección de aquel Niño llamado Emmanuel, faciliten medios legislativos o ayudas a madres solteras o casadas con dificultades. A favor incluso propio, de la necesaria fertilidad que precisa URGENTEMENTE nuestra mermada familia europea.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Toques del Alma 131
El Evangelio es algo así como las burbujas de Dios. Bailan sobre nuestras entrañas acariciándolas hasta que estallan, es entonces cuando nos es dado conocer, al menos en parte, la creatividad amorosa de Dios: nadie como Él para cortejar nuestra alma.
domingo, 6 de diciembre de 2015
El Señor siempre oye (por Carmen Pérez)
"CUANDO PAREZCA QUE NUESTRA ORACIÓN NO ES ESCUCHADA QUE EL SEÑOR NO OYE, RECORDEMOS A LA VIUDA DEL EVANGELIO, QUE TODAS LAS MAÑANAS ACUDÍA AL JUEZ PIDIENDO JUSTICIA -TODOS LOS DÍAS-. SEGURO QUE A VECES SE DESANIMARÍA... SI TÚ CREES QUE A PESAR DE TU ORACIÓN SE COMPLICA O EMPEORA LO QUE PIDES, CIERRA LOS OJOS DEL ALMA Y CONFÍA, NO TE DESANIMES. ÉL, NOS PUSO EL EJEMPLO DE CÓMO PEDIR SIN DESANIMARNOS. EL SEÑOR SIEMPRE OYE".
sábado, 5 de diciembre de 2015
¿QUIÉN ERES SEÑOR? Hch 9,5 (Domingo 6-12-2015)
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5
Para el Evangelio del domingo 6-12-2015)
(Por el padre Antonio Pavía)
Todos verán la salvación de Dios, leemos hoy. .. Sí, todos los que acogen al Emmanuel "se saciarán de gozo en su Presencia" Sl 16,11 Si nuestros ojos no captan aún al Hijo de Dios, tendremos que soltar lo que nos estorba, como el ciego de Jerico Mc 10,46-52, hasta que Él nos diga ¿Qué quieres que haga por tí? Sabemos la respuesta....¡ Señor.abre mis ojos...!
Toques del Alma 130
5-12-2015
Toques del Alma
(Por el padre Antonio Pavía)
Vengo hoy mi Dios, contigo, no digo para mirarte porque eres el Invisible, pero sí para que tú me mires a mí. Cuando tu mirada me alcanza, los ojos de mi alma se cruzan con los tuyos. Parece un juego de palabras, mas no… o sí. Es cierto, es un juego, mas no de palabras sino de amores; es juego que abre la puerta a la Fiesta.
viernes, 4 de diciembre de 2015
MI SEÑOR, MI ESPERANZA..- (por María Pilar)
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra, mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora (Salmo 130, 5-6)
El que espera en el Señor, es el que se deja moldear por la Gracia Divina. El Señor dice: "Tened ceñida la cintura y encendidas vuestras lámparas" (Lucas 12,35).
Sí, es preciso estar siempre a la espera y alertas al paso de Dios en nuestra vida, porque Él quiere formar parte de ella para que tengamos una vida plena, dejándonos saciar de todos sus bienes, de su misericordia infinita.
"Para mí, la vida es Cristo", decía S. Pablo, porque bien sabía en quién esperaba, y cuál era su ganancia. Todo lo tenía por basura ante la sublimidad de haber conocido a Cristo Jesús. Dios permitió que Pablo perdiese la luz corporal de sus ojos temporalmente, quizás para poder recuperar una luz mayor, la de su alma, al ser inundado por la Luz de Cristo. Como dice el Salmo 36, 10: "Pues en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz".
Sí, el Señor llega. No debemos de dormirnos y estar alerta, porque no sabemos ni el día ni la hora: "Llega el esposo, salgamos a recibirle con las lámparas encendidas" (Mateo 25,1); como las vírgenes prudentes, la luz siempre encendida y la Palabra en el corazón. Ahora es el momento de llenar nuestras lámparas de aceite para que no nos fate la luz que necesita nuestra alma para estar con Él cuando llegue (Mateo 25,6).
Y, "ceñida la cintura"; no para ceñirse a los falsos atractivos que nos ofrece el mundo, tantas veces obras de las tinieblas, sino para ceñirnos a la Gracia de Dios, -Salmo 62: "Tu gracia vale más que la vida"- esta Gracia que nos mantiene el espíritu joven, renovado y en la verdad. El Salmo 91, dice hablando del justo que en la vejez seguirá dando fruto y está lozano y frondoso..., por tanto no depende de tener muchos o pocos años, sino de saberse ajustar y estar más en sintonía en las cosas de Dios; deseos de acercarnos a Él, de estar con Él para conocerle mejor en la intimidad de la oración personal y permanente, para llegar a amarle más, y sobre todo, dejarnos amar por Él, de modo que sea el centro y el Rey de nuestra vida.
Esperar en el Señor es estar siempre en movimiento continuo en busca de su Rostro, buceando en las Aguas Vivas de su Palabra, que es siempre nueva e inagotable para quienes tenemos el oído abierto a la escucha de su voz.
Dios llega, sí, y llega con su recompensa "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. (1 Corintios 2,9).
Por eso, mi alma espera en el Señor, espera en su Palabra.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Toques del Alma 129
El tiempo erosiona sin piedad todo aquello que no lleva el toque del Eterno. Todos anhelamos algo que conserve la vitalidad y frescura que en su día nos fue posible disfrutar. Si bien es cierto que no podemos esquivar el desgaste de lo que en un tiempo nos asombró y sorprendió, sí está a nuestro alcance, por increíble que parezca, el Alguien que permanece. Basta meterse en cuerpo y alma en el Evangelio, todo él sabe a eternidad.
Toques del alma 128
Qué pasaría por la cabeza de san Jerónimo cuando escribió… “del manjar sustancioso de las Escrituras, pan de la Palabra que nutre el alma…” por su cabeza quizás nada, por su corazón ¡el Manantial del Dios vivo!
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Sentimientos 4.- (por Mila)
Silencio.. es una de las palabras más bonitas que hay. En donde
estés, en un rincón mismamente de tu casa, estás en conversación con Jesús a
solas. Es la mente quien habla con él, no la boca. Habla de las mismas cosas que él
sabe mías y para mí son momentos de mucha felicidad. Cuando me levanto
porque me tengo que ir, parece ser como si le oyese: " Ven pronto.. ". Eso es amor.
Poemas II.-ABRAZAR EL EVANGELIO.- (Por OlgaAlonso)
Puesto que en obediencia a la verdad habéis
purificado vuestras almas para un amor sincero de
hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro. Pues habéis nacido de nuevo, no de una
simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la
palabra de Dios que vive y permanece .
1 Pe,
1,22-25
ABRAZAR EL EVANGELIO
Queremos abrazar el evangelio contra nuestro pecho y hacerlo
con todas nuestras fuerzas porque deseamos que las palabras que escuchamos
empapen nuestro corazón, lo libren de sus ataduras y lo transformen.
Queremos que las palabras que oímos, lleguen al lugar
primero de nuestras intenciones, de nuestros sentimientos y de nuestros
pensamientos; para que, así, todo lo que hacemos, pensamos, sentimos, venga del
Dios que tanto anhelamos.
Sin embargo, sabemos que nosotros tan sólo,
podemos tener la voluntad de extender los brazos y retener las palabras
que sabemos pueden transformar en vida, la muerte que tantas veces perseguimos
.Pero Cristo, solamente nos pide que lo abracemos.
Solamente a él le corresponde el milagro de que esas
palabras traspasen los huesos y se hagan uno con nuestro alma.
¿Cómo ocurre?
No lo sé
No lo sé
Pero, cada día, camino los pasos de este sendero que traza
Dios y experimento como el cielo se derrama en un corazón que ya nada se parece
al que antes era.
Yo solamente pongo el deseo de que así sea; Dios hace lo
demás
Yo le digo: Señor, quiero, y… él se ocupa.
No hay experiencia comparable a sentir cómo el aliento de
Dios roza nuestra espalda y nos hace amar lo que antes ni siquiera conocíamos.
Nada se parece al deseo de querer morir para que él sople
sobre nuestras cenizas y cree en nuestro alma de nuevo la VIDA, SU VIDA
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renueva
en mi interior un espíritu firme
Salmo
50. 1
PASTORES SEGÚN MI CORAZÓN - (Hombres de Dios para el mundo) - CAPÍTULO IV.-El maná escondido
IV - El maná escondido
El Señor Jesús previene
a los suyos: “Donde esté vuestro corazón, allí estará vuestro tesoro” (Lc
12,34). Con estas palabras establece la relación de un hombre de fe, un
discípulo, con las riquezas, con sus bienes. Es una exhortación que les suena
tan nueva como extraña y que, por supuesto, les deja asombradísimos. Ya les
había dicho anteriormente que a los ojos de su Padre son más valiosos que las
aves del cielo y los lirios del campo, a quienes provee y cuida (Mt 6,26…);
ahora su Maestro les habla al corazón para inculcarles que su relación con sus
bienes es el termómetro que marca la calidad de su fe y amor a Dios.
En realidad les
ha trazado el punto de partida que conduce al pastoreo según su corazón.
Decimos esto porque a continuación les imparte una catequesis que tiene el fin
de delinear este aspecto que define la identidad de su ser pastores, y que
consiste en compartir con Él sus entrañas de misericordia para con la multitud
vejada y abatida: “Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque
estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,36).
Volvemos al
texto de Lucas con el que comenzamos esta reflexión. Después de exhortarles e
indicarles la relación entre corazón y tesoro, añade: “Estén ceñidos vuestros lomos
y las lámparas encendidas…” (Lc 12,35 ss). Estad preparados para caminar como
vuestros padres en Egipto cuando salieron hacia el camino a la libertad: Yo soy
vuestro camino y vuestra libertad; ceñíos, pues, los lomos para poder seguir
mis pasos; “escuchad mi voz y seguidme” (Jn 10,27). Escuchadme y prestad
atención a mis huellas, las que llevan al Padre. Para ello, “tened encendidas
vuestras lámparas”; sólo con mi luz podréis sortear el valle de tinieblas que
se interpone ante vosotros (Sl 23,4). No temáis, no os dejaré solos, como nunca
solo me dejó mi Padre. “El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado
solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él” (Jn 8,29).
Ésta será,
podría seguir diciendo, vuestra mayor experiencia de fe. Que la Luz de Dios –que
soy yo mismo- estará siempre a vuestro alcance, como lo profetizó el salmista:
“Tú eres, Dios mío, la lámpara que alumbra mis tinieblas” (SL 18,29). A esta
altura, Jesús previene a los apóstoles de lo que podríamos llamar la desidia en
su ministerio, en su pastoreo; prevención que culmina con un apremio a estar
preparados porque “en el momento que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre”
(Lc 12,40).
Nos preguntamos
cómo cogió a los apóstoles esta exhortación catequética del Hijo de Dios. Tenemos
motivos para creer que un poco desprevenidos. Lo que escuchan tiene mucho de
novedad, no están acostumbrados a un lenguaje así, tan directo. Quizá la
experiencia que tienen de los pastores que les habían apacentado es de otra
índole; algo más sistemático, funcional y, por supuesto, sin la fuerza de
provocar grandes cambios en sus vidas. Pastores acostumbrados, que sólo
imparten normas, y celebran ritos que dejan a sus ovejas vacías, insatisfechas,
y, lo peor de todo, “acomodadas al sistema”.
Es evidente que
lo que oyen de su Maestro y Señor les espolea, más aún, les sabe a pan candeal,
tierno y humeante, como despidiendo aún el olor de las brasas; también a vino
nuevo. Sus paladares, los del alma, parecen despertar después de un largo
letargo. Podríamos decir que por primera vez los discípulos se percibieron que
estaban provistos del “sentido del gusto en el alma”. No obstante, junto a la
grandeza y sublimidad que se estaba apoderando de ellos, surge la normal pregunta
o inquietud; es Pedro quien la pone sobre la mesa: “Señor, ¿dices esta parábola
para nosotros o para todos?” (Lc 12,41).
Jesús acoge y
escucha atentamente la inquietud formulada. Su respuesta no deja lugar a dudas:
la proclama con la autoridad que le da el ser el “único Maestro” (Mt 23,8); y
además, esta respuesta es y llegará a ser la carta de ciudadanía que habrá de
identificar a los pastores según su corazón. Sus pastores, aquellos según su
corazón, serán administradores fieles y prudentes, pecadores y débiles, pero
con tanto amor a su Evangelio que se harán fiables. Por eso recibirán de Él el
alimento para poder nutrirse, primero, a sí mismos, y también a sus ovejas, a
las que proporcionarán “a su tiempo su ración conveniente” (Lc 12,42).
Lo que era
figura de los bienes futuros (Hb 9,11) se ha hecho realidad en Él y, por su
medio, en sus pastores. La ración de maná que los cabezas de familia de Israel
habían de recoger en el desierto para ellos y para los suyos (Ex 16,16),
alcanza su plenitud en los pastores según el corazón del Hijo de Dios, los que
Él llama.
Mi pueblo se saciará de
mis bienes
Lucas continúa
narrándonos el discurso bellísimo de Jesús acerca de los pastores; nos unimos a
los apóstoles para participar con ellos de su asombro. Asombro, porque nunca en
su existencia, a veces tan escasa de incentivos y novedades, se habían sentido
tan valorados y tan amados. ¡Resulta que el Hijo de Dios les considera aptos
para colaborar con Él, les hace partícipes de la misión a la que su Padre le
envió al mundo! Sin inmutarse, como quien está diciendo la cosa más natural,
Jesús acaba de proclamar que pondrá a los suyos -pastores según su corazón- al
frente de todos los bienes que el mismo Dios tiene preparados para los hombres.
Bienes de los que tenían noticia por
medio de los profetas.
Fijémonos en la profecía de Jeremías teniendo
en cuenta que los bienes de los que hace mención, pensando en la vuelta del
destierro, no son sino una pálida figura de aquellos que Dios ha puesto en
manos de su Hijo para nosotros (Ef 1,3 ss.) Nos detenemos, pues, en esta
profecía: “… El que dispersó a Israel le reunirá y le guardará como un pastor
su rebaño… Entonces se alegrará la doncella en la danza, los mozos y los viejos
juntos, y cambiaré su duelo en regocijo, y les consolaré y alegraré de su
tristeza; empaparé el alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo se saciará
de mis bienes” (Jr 31,10b-14).
No nos es
difícil ver su cumplimiento en el gesto y acontecimiento del Buen Pastor, al
llamar a sus discípulos con el fin de enviarlos al mundo con su Evangelio. “Mi
pueblo se saciará de mis bienes” había dicho Dios por medio de Jeremías; y
vemos a Jesús empapando el alma de sus pastores con sus palabras que “son
espíritu y vida” (Jn 6,63). Él es quien les da el Pan de vida, lo da por que lo
es. “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35). Bien entendió esto –por supuesto
que a la luz del Espíritu Santo- el
salmista que nos dio a conocer el paralelismo entre el alimento que sacia el
cuerpo y el que sacia el alma: “Como de grasa y
médula se empapará mi alma (de Ti)” (Sl 63,6). Paul Jeremie traduce
catequéticamente este texto con la maestría a la que nos tiene acostumbrados:
Así como el cuerpo se deleita con la grasa y la médula –las mejores raciones de
la carne en aquel tiempo-, así el alma de los buscadores de Dios se empapan de
Él.
En este
contexto, bajo esta realidad, profecía y promesa se cumplen en los pastores
llamados por Jesús. Son pastores en consonancia con su ímpetu buscador del
rostro del Dios vivo en el Evangelio. Sólo así, empapados de Dios, pueden ser
administradores y repartidores de sus bienes, aquellos que hacen crecer a sus
ovejas “hasta ver al Señor Jesús formado en ellas” (Gá 4,19).
He ahí, pues,
uno de los signos de identidad con los que Dios reconoce si un pastor es o no
según su corazón. Lo es en la medida en que arden sus entrañas en búsqueda de
su Sabiduría, de su Palabra. No lo hace para instruirse simplemente, sino
porque ansía la vida. Jesús dejó muy claro la diferencia entre la búsqueda
académica y la existencial. Dice a los fariseos: “Vosotros investigáis las Escrituras,
ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de
mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida” (Jn 5,39-40), en realidad,
nos parece seguir oyéndole, no buscáis la vida eterna sino la vuestra; queréis
ser sabios sólo para vuestra gloria, y dejáis a las ovejas “vejadas y abatidas…”,
sin la Palabra donde está la Vida (Jn 1,4).
El pastor según
el corazón de Dios le busca, pues sabe que vive oculto en la letra de la
Escritura. Dios corona sus pesquisas, hechas con sencillez y con la clara
percepción de sus límites ante el Misterio de la Palabra, revelándoseles,
manifestándoseles en Ella. Al abrir su Misterio a sus corazones, les está
dando, tal y como prometió, “el maná escondido” (Ap 2,17a).
Una vez que
Dios pone en sus manos y en sus bocas el maná escondido, los pastores hacen
partícipes de este alimento a sus
ovejas. Esta es la predicación que alimenta de verdad al hombre. Delicia que
alegra y robustece el alma a través de una escucha paciente y amorosa. Lo
profetizó Isaías: “¡Oíd todos los sedientos, id por agua, los que no tenéis
dinero, venid, comprad y comed, sin dinero, y sin pagar, vino y leche!… Aplicad
el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma” (Is 55,1-3).
Saciados y
empapados los pastores por la Palabra que Dios mismo ha sacado a la luz para
ellos, la reparten a sus ovejas, que no son otras que aquellas que tienen
hambre y sed de vivir (Mt 4,4). Reparten el alimento de Dios con sencillez, sin
prepotencia ni derechos sobre nadie. Lo
expresa muy bien el autor israelita al mostrarnos la experiencia de un buscador
de Dios que, encontrándole, recibió su Sabiduría. “Con sencillez la aprendí y
sin envidia la reparto; no me guardo ocultas sus riquezas porque son para los
hombres un tesoro inagotable, y los que lo adquieren se granjean la amistad de
Dios” (Sb 7,13-14).
Pastores según
su corazón. Gratis han recibido los tesoros, los bienes de Dios, gratis y sin
jactancia los comparten con sus ovejas (Mt 10,8), como hacen los padres con sus
hijos. Al igual que Pablo, han comprendido que el Evangelio está todo él lleno
de las riquezas de Dios, las que empapan el alma de Vida, de Él; por eso lo
anuncian sin descanso (2Tm 4,2). Además, al igual que Pablo, saben que el que
predica el Evangelio participa de sus bienes (1Co 9,
TOBÍAS 4. NO HAGAS A OTROS... - (por Carmen Pérez)
"TOBÍAS 4. NO HAGAS A OTROS LO QUE NO TE GUSTARÍA QUE TE HICIERAN A TI. Con esto estaríamos cumpliendo con lo de amar a tu prójimo como a ti mismo. El Señor lo superó amándonos más que a sí mismo dando la vida por todos, buenos y malos".
Beneficios de Dios para con su pueblo (Dt 32, 1-12).- ( por TomásCremades)
Este hermoso cántico del Deuteronomio, escrito por Moisés a su pueblo, recoge aquí un reproche por su mal comportamiento.
Comienza con las palabras del Shemá: ¡Escuchad cielos y hablaré! ¡Oye tierra los dichos de mi boca!
Y pide el descenso de la Palabra cual doctrina, igualándola a una lluvia fina, a un orvallo sobre la hierba. Incluso solicita su transformación en el rocío de la mañana.Palabra que nos recuerda el Salmo 110 cuando dice: “…yo mismo te engendré como rocío antes de la aurora...”
Y que también nos recuerda el Credo cuando dice: “…engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre…”
Y, continuando con el texto, el siguiente versículo dice:”…Voy a proclamar el nombre del Señor…” Es curioso: dice “proclamar”. La única palabra que se proclama en la Escritura es el Evangelio. Recordamos en la santa Misa cuando se va a proceder a dar lectura al Evangelio, y se dice: PROCLAMACIÓN DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN…y Moisés, unos cuanto siglos antes, ya identifica el Nombre del Señor con el Evangelio, que no conoció.
Todo esto para decir que el Señor Jesús, identificado con su Palabra, que es el Evangelio, fue profetizado ya desde los primeros tiempos por profetas como Moisés, o Isaías, o Jeremías, en diversos textos de la Escritura. Y es la belleza de su Palabra, que cual jeroglífico, está velada, la que, una vez roto el velo del Templo, con la muerte de Jesús, se nos presenta en extensa plenitud, anegándonos el alma.
El cántico continúa recordando que Dios, en la creación distribuye a los hijos de Adán trazando las fronteras de las naciones. Y Él se reserva un pueblo: el pueblo de Israel. Este pueblo que luego le traiciona, que cae en la idolatría, que adora al becerro de oro; este pueblo que propiciará la venida de Jesucristo en las entrañan purísimas de María, su madre y nuestra Madre. Este pueblo somos nosotros también como herederos suyos, con sus virtudes, sus caídas, sus traiciones y sus vicios. Y, a pesar de ello, Dios se enamora de este pueblo. Lo que no perdonó a los ángeles, lo perdona en nosotros.
Por eso dice el Salmo 8: “…lo hiciste poco inferior a los ángeles, le coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies…”.
Texto que refiere a Jesucristo en cuanto hombre, y que también nos refiere a nosotros, como hombres que somos. Jesucristo coronado con la corona gloriosa del martirio.
Que luego recogerá Pablo diciendo: “…Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies…”
El pueblo elegido, Israel, nosotros, estábamos en una “soledad poblada de aullidos”, dice el cántico. Sólo había aullidos, de lobos, y el pueblo se encontraba sólo. Pero no estaba solo. Dios lo rodeó cuidando de él, guardándolo como a las niñas de sus ojos.
No puedo por menos que ir al texto, que dice así:
Lo encontró en una tierra desierta
En una soledad poblada de aullidos, lo rodeó cuidando de él
Lo guardó como a las niñas de sus ojos
Como el águila incita a su nidada, revolando sobre sus polluelos
Así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas
Así nos recoge Jesucristo, con sus alas, que son sus brazos extendidos en la Cruz, haciéndose pecado por nosotros, para que nuestro pie ni siquiera tropezase en piedra alguna, como nos dirá más tarde el Salmo 90.
Bendito Dios, que saca bien del mal, que es Omnipresente en el tiempo, como vemos en la consecución de acontecimientos, y que para él es el eterno presente.
Alabado sea Jesucristo
martes, 1 de diciembre de 2015
Toques del Alma 127
7. Sólo el que asimila la espiritualidad de la Palabra conoce la “adoración en espíritu y en verdad” (Jn 4,24). Cuando un hombre llega a adorar así recibe el soplo de vida que, al igual que el salmista, le hace exclamar: ¡Tú eres mi Pastor, nada me falta!
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