miércoles, 31 de octubre de 2018

YO NUNCA

Yo nunca te amenazaré

Nunca arrebataré tu esperanza, ni dejaré que tu luz se consuma

Yo nunca te pediré nada a cambio

Ni siquiera te arrancaré un compromiso

Yo nunca te confundiré, no lo haré nunca

Nunca negociaré contigo ni te pediré nada  a cambio

Yo nunca te obligaré a seguirme, nunca te forzaré

Mi voz es clara como la luz y mi mirada es la libertad

Extenderé mi mano hacia ti y alargaré mi mirada

Yo me sentaré y esperaré

Y cuando quieras, sólo cuando tú quieras

Andaremos el camino juntos

Cuando tú elijas, cuando pidas que tú vida

Descanse escondida en mí.


(Olga Alonso)

martes, 30 de octubre de 2018

LA PEREGRINACION (del Salmo 83)

…Bienaventurados los que encuentran en Ti su fuerza al preparar su peregrinación

Cuando atraviesan áridos valles

los convierten en oasis,  

como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones…

¡Señor de los ejércitos, bienaventurado el hombre que confía en Ti!

El salmista es consciente de que la vida del hombre es una peregrinación, similar a la del pueblo de Israel por el desierto durante cuarenta años; y en esa peregrinación, - el número cuarenta es simbólico para expresar “toda una vida”, - es sometido a multitud de incidencias de todo tipo: enfermedades, desencuentros, luchas, peleas, incomprensiones, todo tipo de maldades y calamidades que podamos imaginar. Y, sin embargo, es “bienaventurado” cuando es capaz de encontrar la fuerza para sobrevivir en el amparo y la fuerza de Dios. Entendiendo por “bienaventurado” en el sentido de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, como nos relata el Evangelio de Mateo en el capítulo 5. Muchas traducciones dicen: “dichosos”, cuando en realidad, es bienaventurado.

Y hace un símil maravilloso, inspirado, como en todos los Salmos, por la Fuerza y Sabiduría del Espíritu Santo:

Cuando atraviesan áridos valles,  los convierten en oasis.

Estos áridos valles son la multitud de problemas que acompañan al hombre a lo largo de su vida. Es lo que antes anunciaba en esa peregrinación que no es otra cosa el devenir de los acontecimientos del día a día.

Pero la singularidad es que, a la Luz del Evangelio, que es la Luz de Dios, estos problemas se convierten en auténticos oasis, lugares del desierto donde el hombre encuentra agua, pan, sombra para resguardarse del calor y paz. Paz, como la da Jesucristo, no como la da el mundo. Es un oasis donde la lluvia, - simbología de la Palabra de Dios, - ha sido capaz de crearlos, anegándolos de bendiciones.

Pero surge una pregunta: ¿Estoy preparando mi particular peregrinación? Quizá No sea consciente de que mi tiempo se acaba, y he de presentarme al Señor a rendir cuentas, como el empleado al que su Señor le encomendó el control de su Hacienda. (Mt 25, 14-30)

Por eso: ¡bienaventurado el hombre que confía en Ti!


(Tomás Cremades)

 

 

 

 

 

viernes, 26 de octubre de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. Mc 10,46-52 para el Evangelio del XXX Domingo del Tiempo Ordinario 28 de Octubre de 2018

A las puertas de Jericó, un ciego pide limosna. En esto, Jesús está saliendo de la ciudad y el ciego que se entera le pide a gritos que se apiade de él. Aparentemente Jesús pasa de largo, lo que no desanima al buen hombre, al contrario, refuerza su petición de auxilio. Ante su insistencia, Jesús detiene sus pasos y le manda llamar y le pregunta: ¿Que quieres que haga por tí? Éste le responde: Señor, que vea. Esto es lo más sublime y grandioso que un hombre puede vivir, que sus ojos interiores se iluminen tanto que traspasando la humanidad de Jesús alcancen a ver su divinidad, al Hijo de Dios vivo, como le reconoció Pedro cuando Él les pregunto: "¿Quién decís que soy yo?". 
Entendemos la petición del ciego; en la Escritura, "ver", en su sentido más profundo, significa reconocer por dentro. Este hombre sabía lo que quería: que Jesús hiciese con él, la iluminación que engendra la Fe. Una vez que empezó a ver, siguió a Jesús, sabía que no seguía a un hombre, sino al Hijo de Dios Vivo.

(Antonio Pavía-Misionero Comboniano)
www.comunidadmariamadreapostoles.com

martes, 23 de octubre de 2018

Veréis lo que hará con vosotros

"Si os volvéis a Él de todo corazón y con toda el alma, siendo sinceros con Él, 
Él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro". (Tb 13,6)

Así es, siendo sinceros, reconociendo que sólos, no podemos con muchas o algunas cosas del Evangelio... pero sabiendo y creyendo que ahí está la verdad y la vida como nos dice Jesús ...yo soy el camino, y la verdad, y la vida ,.y sabiendo que Dios es nuestro padre .. que nos conoce ..y sabe que somos barro .. y como hizo con el hijo pródigo .. nos ve a lo lejos .. aún lejos .. pero sale a recibirnos para abrazarnos y ponernos un traje nuevo, quitarnos todos nuestro pecados y vestirnos para la boda con...  el Evangelio que para mí es el traje que Dios hace a nuestra medida, cada uno como lo necesita...
Y mirad cómo termina este canto de Tobías:
"Veréis lo que hará con vosotros y le daremos gracias a boca llena.
Bendeciréis al Señor de la Justicia  
Y ensalzareis al Rey de los Siglos"   

ESTE  ES NUESTRO DIOS

(Carmen Pérez)

TÚ, LA VID

Tú, la vid , yo, el sarmiento

Tu alma sellada a la mía, vigilante, siempre pendiente del fruto que doy


Tu vida viviendo en mis entrañas y tu esencia, buena, llegando a los lugares más recónditos de mi ser


Y, si ocurre que el fruto no es bueno, tu voz se hace oír, la vida se para y ya no hay lugar para la paz.


Uno querría pasar su vida unido a esa vid que tú plantaste, recostado al sol del amanecer, entregado y alimentado por ti, pero se nos escapa la voluntad y corre desbocada tantas veces hacia otros lugares en los que tu savia no está.i

Mientras no estamos, resérvanos Señor ese mismo lugar en tu vid, el espacio que creaste para cada uno.

 

Tú que ves en el tiempo, convéncenos de que regresaremos a ese lugar, no dejes que sintamos el vértigo del no retorno y, en la lejanía, sella con más fuerza tu alma a la nuestra para que no dejemos de mirar al lugar de dónde partimos.

Y que al menos, sea eso, nuestra mirada, la que no te abandone para que, cuando caiga la tarde y el sol no caliente, en la oscuridad, volvamos a andar y encontremos el camino que nos lleva de nuevo a ti, a tu vid.


(Olga Alonso)

comunidadmariamadreapostoles,com

 

domingo, 21 de octubre de 2018

Los discípulos de Jesús y el Evangelio Presentación

https://youtu.be/_bvPJNScafE

https://youtu.be/yesdQOgZ-e0

https://youtu.be/dRZD1nR-fBc 

https://youtu.be/ce1vGucKnWs

https://youtu.be/-DtmIdckbVM 

https://youtu.be/4R_p0eOafhk

https://youtu.be/EFzOutdPkxs

https://youtu.be/qovW1_Mysik

https://youtu.be/j6ATHo8E7R8

https://youtu.be/s2oMzQgSIbM

https://youtu.be/tlb19sSeTgA

https://youtu.be/vurmzzrBVAc

https://youtu.be/WvWAvcrrA90

https://youtu.be/ZAg3V5r8ICI

https://youtu.be/PGGbxB38SzY

https://youtu.be/ZEywwz0c-Do

https://youtu.be/jp7GlFrs5RA

https://youtu.be/9bJKoNF2L8o

https://youtu.be/AAY_LJ9dHt4

https://youtu.be/0Tsbx9SneH4

Bajo el título Los discípulos de Jesús y el Evangelio la Comunidad María Madre de los Apóstoles va  a publicar semanalmente una serie de catequesis en audio (aunque también se da la opción de leerlas) entresacadas del Evangelio por el padre Antonio Pavía, con el deseo de que los oyentes, puedan descubrir y valorar lo que Jesús define como el amor más profundo y sublime que una persona puede vivir hacia Él, tal y como se lo hizo saber a Pedro al decirle: “¿Me amas? ¡Apacienta mis ovejas!” (Jn 21,15…).

A lo largo de estas audiciones –de unos quince minutos de duración- veremos cómo el Señor se asoma a nuestra vida con el deseo de conducirnos por un camino plagado de asombros y sorpresas. Experimentaremos el estremecimiento de sentirnos amorosamente sacudidos por este o aquel pasaje evangélico que nos descolocará de nuestra prudencia humana al revolver este nuestro armario interior, en el que, desde una óptica sesgada y calculadora, cada cosa tiene su lugar fijo. 
Al entrar el Evangelio en nosotros, nos quedamos expectantes, y permitimos al Hijo de Dios que ponga “su orden” en nuestro orden.
Se abre entonces la caja de las sorpresas para los que dejan el campo libre al Señor. Cada compartimento del armario con su proyecto ya definido, que le permitimos remover, da paso a la expectación; es la expectación que nace del riesgo que supone creer que el Hijo de Dios salga garante de lo que quiera cambiar, sabiendo -y en esto consiste la fe- que será para nuestro bien. Las sorpresas se suceden una tras otra; a cada riesgo que aceptamos, Jesús corresponde demostrándonos con hechos que nuestra apuesta por Él fue un acierto. Entramos así en una espiral de asombros inauditos propios del ámbito de Jesús, ámbito que no es el de este mundo tan atado a seguridades no exentas  por otra parte de inestabilidad. Los discípulos de Jesús, al confiar en Él –repito- como garante de nuestras elecciones, vivimos un “subidón” ininterrumpido al constatar por nosotros mismos su poderoso y amoroso hacer en nuestras vidas.
Concluyo diciéndoos que estos textos alcanzan a todos aquellos que están en camino, o desean estarlo, para llegar a ser discípulos de Jesús. Son muy apropiados también para todos aquellos que puedan sentir la llamada al sacerdocio, o simplemente que no la excluyan. Sea como sea, el Discipulado lleva consigo llenar el mundo de la Luz del Hijo de Dios (Mt 5,14…). Estos textos, centrados en la espiritualidad del Evangelio, pueden ser escuchados  individualmente o en grupo, bien sea parroquial, de confirmación, movimientos, etc.

(Antonio Pavía-Misionero Comboniano)
Madrid, a 21 de Octubre de 2018 .- Día del Domund

sábado, 20 de octubre de 2018

CATEQUESIS: "EL CONVIERTE BARRO EN ROCA"

VIVIR EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR

No es fácil este vivir en la presencia del Señor, tomar conciencia de ello. Nos levantamos por la mañana, con las prisas de llegar pronto a nuestro trabajo, a realizar nuestras actividades…y está muy bien, la obligación hay que cumplirla. Pero… ¿vivo en la Presencia del Señor?

Lo más probable es que ni tan siquiera me lo haya planteado; Dios está ahí…y es bueno que esté, sobre todo cuando me hace falta; - siempre me hace falta -, pero sólo acudo a él, -eso si lo hago-, cuando me encuentro perdido y no encuentro salida. Eso es recurrir a un dios “conseguidor” de mis caprichos. Para eso me sirve Dios.

Y la pregunta sigue estando en el aire: ¿Vivo en la Presencia del Señor? ¿Es para mí importante comenzar el día con una oración?

Es que no tengo tiempo, Dios es Padre y me ama y me comprende… ¡Claro que lo es, y naturalmente que me ama, y, por supuesto que me comprende…Pero es que Dios ya nos dijo hace miles de años: “…amarás a tu Dios con TODO tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas…” (Dt 6.4

Y no dejamos nada más que una parte de nuestro corazón, (eso si lo dejamos), para amar a Dios. Alguien dijo: “la medida del amor es amar sin medida”, y creo que por ahí empezamos a entender.

Vamos a ver qué nos dice la Escritura, ya que nos pica la curiosidad de la pregunta. 

Se pregunta el salmista:

“… ¿De verdad que el Señor se ocupa de mi causa?...” Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa (Sal 43,1)

Y esta justicia que reclama el salmista, es la de “ajustarse” a Dios. Lo mismo que una mano se ajusta la otra, así se ajusta mi alma al Señor. Con esta visión puedo comenzar a vivir en su Presencia

Desde siempre ha habido una inquietud en el hombre por las cosas de Dios, sea el Dios de los católicos, el de los musulmanes, el de los judíos…incluso esos dioses de otras religiones a los que hay que rendir culto y tributo para que no se enfaden. En todos ellos está la semilla de Dios, siendo así que en la religión Católica está la plenitud de la Revelación. Ya en los tiempos antiguos, cuando el rey David daba gloria a Dios con los Salmos, entonaba esta estrofa tan bella:

“…Una cosa pido al Señor, es lo que ando buscando: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, admirar la belleza de Yahvé, contemplando su Templo…” (Sal 27,4)

Pero, ante todo, vivir en la presencia del Señor, es una Gracia de Dios. Una gracia que hay que pedir, que Él concede, pero, al mismo tiempo, respetando nuestra libertad. Dios quiere ser amado en libertad, no nos obliga a quererle. Tanto poder dio al hombre, que le permite incluso rechazarle. ¡Cuántas veces no le habremos rechazado!

Para vivir en su presencia lo primero es estar en Gracia de Dios: Mirar para el interior de nuestra alma, abrir el armario inconfesable que llevamos dentro, acudir al Sacramento de la Reconciliación, y tomar su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía.

Así comenzamos en sintonía con Dios. Dicho lo cual, no nos podemos dar por satisfechos. Hemos de avanzar, porque el que no avanza, retrocede.

Por la mañana, hemos de encontrar media hora para la oración de Laudes. Hay muchas personas que no saben cómo y dónde se encuentran estas oraciones. En el libro del Diurnal, con la ayuda de un sacerdote o persona habituada a estas oraciones, se puede comenzar. Incluso es bueno que estas personas nos introduzcan en ello, porque al principio se puede uno despistar. 

Hoy en día hay páginas en Internet que nos introducen en estas oraciones, y que por no publicitar, no incluyo.

Igualmente, al atardecer, la oración de Vísperas nos lleva ante Él, y, al acostarse, la oración de Completas nos ayuda a descansar en el Señor.

Durante el día, sobre las doce de la mañana, hemos de rezar el Ángelus, que nos llevará cinco minutos. Los mejores cinco minutos “perdidos” para Dios.

Quizá nos hayamos olvidado de “bendecir la mesa” antes de las comidas. Quizá no lo hagamos del todo bien: hay personas que bendicen los alimentos que Dios nos da, a la persona que los ha realizado…está casi bien. Pero la bendición siempre es para Dios, que es el dador de todo a todos.

Con estas devociones, el Señor nos irá abriendo el oído para escucharle, nos enseñará a rezar, y nos irá presentando ocasiones de encontrarlo, en catequesis, en charlas, en conversaciones con nuestros amigos…Así comenzaremos esta experiencia maravillosa de VIVIR EN SU PRESENCIA TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA


(Tomás Cremades)

 

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viernes, 19 de octubre de 2018

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5. (Mc 10,35-45) para el Evangelio del XXIXDomingo del Tiempo Ordinario 21 de Octubre de 2018

Jesús dice a sus discípulos que va a ser entregado a los Sumos Sacerdotes, que será objeto de burlas y desprecios y que al fin le matarán; eso sí, que al tercer día resucitará.
¿Cuál fue reacción de ellos? Su reacción constituye el Evangelio de hoy. La verdad es que actúan como si no hubiesen oído nada; Juan y Santiago dan rienda suelta a sus ambiciones, a su hambre y sed de gloria, la que el tiempo relega al olvido.
Ya han escogido su puesto de honor, pensando en el triunfo de Jesús, a quien se imaginan rey victorioso. Bastante impresentables estos tipejos, son un escándalo para todos... menos para Jesús. Bien sabe que ellos y los demás y todos los que lleguen a ser sus discípulos a lo largo de la historia somos de un barro que asusta. Jesús lo sabe y penetra nuestra debilidad con su Palabra invitándonos a seguirle. Su primera Palabra es: ¡Ven !  Esta llena de Fuerza y Sabiduría..y tiene poder creador, ¡Si! porque llegar a ser discípulo de Jesús, no es cuestión de voluntarismo sino de dejarse crear por nuestro Maestro y Señor. Fijémonos en Juan, Santiago y los demás que se indignaron vivamente ante las pretensiones de ellos. Sí, fijémonos en que culminada la obra del Señor, en su debilidad pasaron de ser barro a ser rocas. Al final su única ambición y honor fué, identificarse con Jesús hasta dar su vida por Él y por su Evangelio como servicio al mundo.

(Antonio Pavía-Misionero Comboniano)

Nota: Este domingo que celebramos el Día Misionero por excelencia en la Iglesia,  estamos con todos los misioneros que entregan su vida por la evangelización en los pueblos más necesitados del mundo.


Curar nuestras heridas

"Yo me dije: «Voy a vigilar mi conducta, para no pecar con la lengua; voy a poner una mordaza en mi boca, cuando el injusto esté presente».

Enmudecí, guardé silencio.

Me contuve de hablar, y mi dolor se volvió insoportable.

El corazón me ardía por dentro. Pensando en ello, el fuego se avivaba. Entonces solté la lengua.

«Muéstrame, Señor, cómo será mi fin, y cuál la medida de mis días, para comprender lo caduco que soy."

(Salmo 39(38), 2-5)

¡Qué heridas las del corazón! Solo Dios las puede curar. Es como aquél del que nos habla el Evangelio, que bajaba de Jericó a Jerusalén .. y por el camino lo asaltaron los ladrones y lo dejaron medio muerto.. solo Jesús  le curó las heridas y lo llevó a la posada ...diciendo: yo pagaré todo ... De igual modo Jesús pagó con su vida y nos rescató a todos..
Esas heridas que nos hacen en nuestro caminar por la vida ... Solo Jesús las puede curar y después de vendarnos, llevarnos a la posada ... Que yo creo que es la Iglesia ..donde escuchamos ..y aprendemos a comprender....
Lo grande que es el Señor y cómo nos busca. Cómo nos devuelve al Camino, que es Él, cuando nos perdemos por los senderos equivocados ...
Cómo nos cura con amor, sin hacernos daño.... Y al fin vemos qué bueno es el Señor ....  

ÉSTE ES NUESTRO DIOS

(Carmen Pérez)
www.comunidadmariamadreapostoles.com

jueves, 18 de octubre de 2018

Toque del alma aaaai

Maquillaje: he ahí la palabra que define a una parte de nuestra sociedad. Todo pasa por la mano del maquillaje para no evidenciar el "no existir" que se ha escogido.

Salmo 31(30).- Oración en la prueba

A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado. iSálvame, por tu justicia!
ilnclina tu oído hacia mí! iVen aprisa a liberarme! Sé tú mi roca fuerte,
una fortaleza donde me salve;
pues mi roca y mi baluarte eres tú: ¡guíame por tu nombre, dirígeme!
Sácame de la red que me han tendido, pues tú eres mi fortaleza.
En tus manos encomiendo mi espíritu. iRescátame, Señor, Dios!
Detestas a los que adoran ídolos vanos. Pero yo confío en el Señor.
Danzaré de alegría por tu amor, porque te has fijado en mi miseria, has conocido mi opresión. No me has entregado en manos del enemigo, has afianzado mis pies en un lugar espacioso.
Ten piedad de mí, Señor, que estoy oprimido. El dolor me consume los ojos, y la garganta y las entrañas.
Mi vida se consume de tristeza,
y mis años se gastan en gemidos; mi vigor se debilita con la miseria, y mis huesos se consumen.
Me he convertido en escándalo
para todos mis opresores; en un ser repugnante para mis vecinos; en espanto para mis amigos. 
Los que me ven por la calle, huyen lejos de mí. Me han olvidado como a un muerto, y estoy como un cacharro inútiL
Oigo el cuchicheo de la gente, y el pavor que me envuelve. Conspiran juntos contra mí y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor, y digo: «¡Tú eres mi Dios!». En tus manos está mi destino: ilíbrame de los enemigos que me persiguen! Haz brillar tu rostro sobre tu siervo. iSálvame por tu misericordia!
Señor, que no me avergüence de haberte invocado; que se avergüencen los malvados, ¡queden reducidos al silencio de la tumba! Enmudezcan los labios mentirosos que profieren insolencias contra el justo con soberbia y desprecio.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para los que te temen, y la concedes a los que a ti se acogen, delante de todos los hombres.
Los escondes donde ocultas tu rostro, lejos de las intrigas humanas.
Los ocultas en tu tienda,
lejos de las lenguas mordaces.
¡Bendito sea el Señor!
Ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad: «Me has excluido de tu mirada». Pero tú escuchaste mi voz suplicante, cuando yo te grité. ¡Amad al Señor, sus fieles todos! El Señor guarda a sus leales, pero paga con creces al que obra con soberbia.
Manteneos firmes, fortaleced el corazón,
todos los que esperáis en el Señor. 

REFLEXIONES DEL PADRE PAVÍA AL SALMO 31: Nada me falta
  
Este salmo expresa con gran dramatismo las pruebas del Mesías. Experimentó una soledad absoluta, por lo que, no teniendo dónde apoyarse, acudió a la Roca que le dio fortaleza: Dios, su Padre.
 «A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado. En el Evangelio vemos que los parientes de Jesús piensan que está loco y quieren hacerse cargo de él como si fuese un hombre inútil: «Sus parientes fueron a hacerse cargo de él, pues decían: está fuera de sí» 
Jesús se ve obligado por las circunstancias, permitidas por el Padre, a refugiarse en Él, a buscar su agrado en el cumplimiento de la misión por Él encomendada. «El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada» (Jn 8,29). En Jesús se cumple en plenitud el Salmo 23 que dice: «El Señor es mi Pastor, nada me falta, restauras mis fuerzas... no temo ningún mal, porque tú estás conmigo...». .
No obstante, Jesús conoce en su propia carne la turbación y, así, a las puertas de la Pasión, le oímos decir: «Ahora mi alma está turbada y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!» (Jn 12,27.
«Y de nuevo le glorificaré». Dios gritó a la piedra del sepulcro que dio paso a Jesús resucitado, vencedor de la muerte y del mal. «Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26).
Y una misma experiencia con el Mesías: en Dios, mi Padre, «nada me falta».

El Santo Job como imagen de Jesucristo

(de una catequesis antigua de san Zenón de Verona)


En general, los cristianos tenemos conocimiento muy exacto de los Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo; de las lecturas de la Biblia, ya no hay tanto conocimiento, por desgracia…y, en este caso, del libro de Job.

Sin entrar en disquisiciones de si existió o no la verdadera figura de Job, lo que nos interesa realmente es la catequesis que Dios quiere dar de la figura de Job.

No perdamos de vista que “catequesis” es una palabra griega que significa “poner en resonancia” la Palabra Divina, para que, a través del oído, penetre en nuestro corazón.

Para lo que sigue, es bueno recordar la figura de Job, en el libro que lleva su nombre en la Biblia. Como “pincelada”, todos podemos recordar que Job era un personaje del Antiguo Testamento que poseía las riquezas que existían en aquellos tiempos: ganados, posesiones, tierras…tenía muchos hijos, lo cual era, y ahora también lo es, una bendición de Dios. Pero para un hebreo de entonces, además de una bendición, era asegurarse un futuro, pues entonces las leyes no estaban desarrolladas como en los tiempos actuales, y los robos, asesinatos, asaltos…etc, estaban a la orden del día, y las familias estaban más protegidas con muchos hijos.Job alababa a Dios por tantos beneficios, - cosa que actualmente no solemos hacer -, por desgracia!!

Hay una conversación entre Dios y el diablo, - por otra parte, algo impensable-, en la que Dios le dice lo contento que está de su siervo Job.

A lo que el demonio responde: ¡No me extraña! Tiene de todo, salud, tierras, ganados, bienes… ¡quítaselo, y ya veremos si te tiene tanto cariño, y te bendice!

Y Dios accede, con la condición de no tocarle a él. Y digo que conviene continuar la lectura en la Biblia, porque el interés de esta catequesis es la de encontrar, por la Gracia de Dios, las similitudes entre Cristo y Job, siguiendo la catequesis de san Zenón de Verona.

Hemos indicado que Job era un hombre rico; ¿hay alguien más rico que Jesús? Rico en sus cualidades como Dios. Nos lo recordará el Salmo: “…del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes…! (Sal 23)

Conocemos las tres tentaciones de Job; pues no son menores las tres tentaciones de Jesús al comienzo de su vida pública que relata (Mt 4,1-11). Y no solo estas tres tentaciones; Jesús fue tentado en el huerto de los olivos, cuando dijo: “…que pase de mí este cáliz…” (Lc 22, 39-46), o cuando en la Cruz dijo: “…Padre, ¿por qué me has abandonado?... (Mc 15,33-34)

Job perdió todas sus riquezas, perdió a sus hijos, padeció la lepra…Jesús perdió toda su riqueza celestial al hacerse hombre, asumiendo las debilidades de la carne humana, incluso la muerte, y una muerte de Cruz. 

Jesús perdió a sus hijos, los Profetas del antiguo Testamento, los que anunciaron en su Nombre…y al asumir nuestra condición humana se manchó con la lepra de los pecados de los hombres.

Incluso la mujer de Job le reprochaba las alabanzas que éste daba a Dios, en medio de su infortunio. Y Jesús fue insultado por su pueblo, por los sumos sacerdotes, los fariseos, los letrados.

Al ver su amor a Dios, Dios le recompensó con una nueva familia, recobró la salud, tuvo nuevos hijos; y Cristo, al resucitar, recobró la salud, la inmortalidad, el poder y la Gloria. Por eso Jesucristo dirá: “…todo me lo ha dado mi Padre…” y da la Vida Eterna a todos cuantos queremos ser sus discípulos; éstos son los nuevos hijos que Dios engendró. 

Al fin Job descansó en el Señor, y Jesucristo permanece vivo en el Cielo, en la tierra, en la Eucaristía y en su Palabra: el santo Evangelio.


(Tomás Cremades)

miércoles, 17 de octubre de 2018

Poemas II.-La Ausencia

Aunque el silencio sea más fuerte que tu voz

Aunque escuche el susurro de quien me habla de abandono

Aunque camine y no vea tu luz

Aunque viva añorando cómo era cuando caminaba a tu lado

Aunque te busque y no te vea

Aunque mi día transcurra añorando pruebas de ti y mis ojos, tenaces, se empeñen en no ver

Aunque tu presencia sea un susurro imperceptible……………..

Yo no me moveré de aquí, el lugar dónde te vi por última vez

Aquí, donde me miraste

Aquí, donde aprendí a vivir

Aquí , donde tu “no presencia” habla de tu presencia

Y tu voz, dentro de mí, en forma de susurro, me invita a esperar

Porque tras la bruma, una de estas mañanas, aparecerás de nuevo

Invitándome a caminar, como haces siempre

¿Por qué seguirá extrañándome?, si fuiste tú quien me enseñó a comprender, hace ya tiempo que no hay primavera, si antes no acontece el Otoño.


(Olga Alonso)

 

martes, 16 de octubre de 2018

Que no queden defraudados

"Que por mí no queden defraudados
los que te buscan, Dios de Israel...
Por Tí aguanto afrentas, la vergüenza cubre mi rostro." (Salmo 69)

Esto se cumplió en Jesús, en su pasión. 
Qué angustia sentiría pensando todo esto... que los hermanos y hasta sus discípulos, quedaban defraudados...
Cómo así fue, sólo Juan permaneció viendo esta humillación. La humillación de aceptar la Cruz. 
Y pensar... que todo lo aceptó para nuestra salvación, para que en nuestra cruz,  que todos la tenemos, aprendamos la humildad y la paciencia y a apoyarnos en Dios... porque ya todos nuestros tesoros han desaparecido o no nos sirven de nada... tienen manos pero no abrazan ..tienen pies pero no corren a ayudar,  tienen boca y no nos dan palabras de consuelo ...ni vida eterna
Como no amarte ..Señor, por mostrarnos el camino y la verdad y la vida. Por eso le pido como Tú al Padre que, por mí, no queden defraudados los que te quieran buscar ...
 ....y sé que Él hará de mí, luz para algunos.

ÉSTE ES NUESTRO DIOS
(Carmen Pérez)

domingo, 14 de octubre de 2018

Salmo 39(38).- Pequeñez del hombre ante Dios

Yo me dije: «Vaya vigilar mi conducta, para no pecar con la lengua; voy a poner una mordaza en mi boca, cuando el injusto esté presente».
Enmudecí, guardé silencio.
Me contuve de hablar, y mi dolor se volvió insoportable.
El corazón me ardía por dentro. Pensando en ello, el fuego se avivaba. Entonces solté la lengua.
«Muéstrame, Señor, cómo será mi fin, y cuál la medida de mis días, para comprender lo caduco que soy.
Mira, los días que me has dado,  apenas son un palmo, la duración de mi vida es nada ante ti.
El hombre no es más que un soplo, el hombre es sólo apariencia.
El hombre va y viene como una sombra, y se afana por nada: amontona sin saber quién lo recogerá».
Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? En ti está mi esperanza.
iLíbrame de todas mis iniquidades, no me expongas a la burla de los necios!
Me callo y no abro la boca, pues tú eres quien va a actuar.
iAparta de mí tus llagas, que sucumbo al ataque de tu mano!
Castigando el error, tú educas al hombre,
como la polilla, roes sus tesoros.
iEl hombre no es más que un soplo!
Señor; escucha mi oración!
¡Presta oído a mis gritos!
No seas sordo a mi llanto:
porque soy huésped tuyo,
un invitado como mis antepasados.
¡Aparta tu mirada, y dame un respiro, antes de que me vaya, y deje de existir! 

Reflexión: La rebeldía del hombre


Un hombre fiel vive un combate interior en su deseo de obedecer a Dios. Jesucristo nos dirá que la vida cristiana se parece a un combate«Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán» .Nuestro hombre sufre un tormento interno al ver cómo el impío vive su vida despreocupadamente sin tener en cuenta a Dios; dice el profeta Isaías: «Llamaba el Señor aquel día a lloro y lamento y a raparse y ceñirse de sayal, mas lo que hubo fue jolgorio y alegría... ¡comamos y bebamos que mañana moriremos!» 
Nuestro hombre dice así: «Yo me dije: Voy a vigilar mi conducta, para no pecar con la lengua; voy a poner una mordaza en mi boca, cuando el injusto esté presente. Enmudecí, guardé silencio. Me contuve de hablar, y mi dolor se volvió insoportable».
¿De dónde le viene tal agitación? ¿No será que no vive como el impío por miedo? ¿No es que le gustaría, pero no puede, porque la ley se lo prohíbe?
Entonces acude a Dios pidiéndole sabiduría: «Muéstrame, Señor, cómo será mi fin, y cuál la medida de mis días, para comprender lo caduco que soy... El hombre no es más que un soplo, el hombre es sólo una apariencia. El hombre va y viene como una sombra y se afana por nada: amontona sin saber quién lo recogerá».
El apóstol Pedro, exhorta a los cristianos: «Habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios viva y permanente. Pues toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba; se seca la hierba y cae la flor; pero la palabra del Señor permanece eternamente» 
Dios acoge la oración de este hombre haciéndole ver la rebeldía que hay dentro de él, cuando dice«Líbrame de todas mis iniquidades... Me callo ya, no abro la boca, pues tú eres quien va a actuar».
Rebelde es el pueblo de Israel a lo largo de toda su historia. Cuando llegaron a las puertas de la Tierra Prometida: «Partieron y subieron a la montaña; llegaron hasta el valle de Eskol...y nos informaron: Buena tierra es la que Dios nos da. Pero vosotros os negasteis a subir; os rebelasteis contra la orden de Dios» 
Los profetas son enviados por Dios para denunciar este corazón rebelde Escuchemos a Isaías: «Por su amor y compasión Dios los rescató: los levantó y los llevó todos los días desde siempre. Mas ellos se rebelaron y contristaron a su Espíritu Santo» Ante tan grave enfermedad del espíritu de Israel, Isaías clama a Dios así: «¡Ah, si rompieses los cielos y descendieses!» 
Todo hombre lleva este estigma dentro de sí: Su rebelión contra Dios, que le impide hacer su voluntad. 
Jesucristo es aquel que obedece a su Padre. Vive su misión haciendo su voluntad por una simple razón: Todas sus decisiones están orientadas por la voluntad del Padre. Él es el Cordero manso. Al encarnarse, Dios dio respuesta al grito de Isaías: « ¡Ah,  rompieses el cielo y descendieses!». El grito del profeta era la proclamación de que solamente Dios podía romper el corazón rebelde del hombre.
Una vez que se rompieron los cielos y Dios se hizo carne en Jesús de Nazaret, Juan Bautista lo presenta al pueblo con estas palabras: «He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» He aquí el enviado de Dios, aquel que nos dará fuerza para obedecer a Dios anulando nuestra rebeldía. El Hijo de Dios proclamará bienaventurados, es decir, llenos de divinidad, a aquellos que acojan de Él el don de la mansedumbre. «Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra»
 Cada vez que un hombre escucha la Palabra y la acoge en su interior... se vuelven a romper y rasgar los cielos, de forma que el Espíritu del manso cordero anida en el centro del corazón, allí donde están envueltas todas las rebeliones y, como hizo con los demonios, las expulsa.

Salmo 38(37).- Súplica en la desgracia

Texto Bíblico:


iSeñor, no me reprendas con tu ira, no me corrijas con tu cólera!

Se me han clavado tus flechas, tu mano ha caído sobre mí.

A causa de tu ira nada en mi cuerpo está ileso; no tengo un hueso sano, a causa de mi pecado. 

Mis culpas sobrepasan mi cabeza y pesan sobre mí, como una carga insoportable.

Mis llagas están podridas y supuran, por causa de mi insensatez. 

Estoy encorvado y encogido, y ando triste todo el día.

Me arden de fiebre las entrañas, no hay en mi cuerpo nada ileso.

Estoy débil y completamente agotado. Mi corazón gime, voy soltando rugidos.

Señor, tienes presentes todos mis deseos, y mi gemido no se te oculta.

El corazón me palpita, me abandonan las fuerzas y la luz de mis ojos también ha huido de mí.

Mis amigos y compañeros se alejan de mis llagas, y mis familiares se quedan a distancia.

Los que atentan contra mí me tienden trampas, los que buscan mi ruina hablan de crímenes, andan todo el día planeando traiciones. y yo, como un sordo, no oigo, quedo mudo y no abro la boca.

Soy como uno que no oye, y que no puede replicar 

¡En ti, Señor, yo espero!

¡Tú me responderás, Señor, Dios mío!

Esto pido: iQue no se alegren por mi causa, que no canten triunfo cuando tropiezo!.

Ya estoy a punto de caer, mi dolor está siempre presente.

Yo confieso mi culpa, me angustia mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos, son muchos los que me odian sin motivo, los que me devuelven mal por bien, y me atacan porque yo busco el bien.

¡No me abandones, Señor! iDios mío, no te quedes lejos!

¡Ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación! 

 


Reflexiones:  LPasión de Jesús

 

Un hombre, agobiado por el sufrimiento, suplica a Dios para que venga en su ayuda. Se siente pecador y lleva en su carne toda la devastación del pecado. San Pablo nos dice que «el salario del pecado es la muerte». El Apóstol entiende esta muerte como la destrucción interna que vive un hombre al margen de la voluntad de Dios, que en esto consiste el pecado. La muerte que provoca el pecado es fruto de orientar nuestros pasos en dirección marginal a Dios. 

El hombre reflejado en este salmo es Jesucristo. Él acoge el pecado de toda la humanidad; dice el apóstol Pablo. «A Jesucristo, que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en Él» El Padre envía a su Hijo como receptor de todo mal y pecado de la humanidad. Este acoge, todo el poder destructor que provoca el pecado;  oigamos al salmista

«Mis culpas sobrepasan mi cabeza, y pesan sobre mí como carga insoportable. Misllagas están podridas... estoy encorvado y encogido, y ando triste todo el día...». El peso de la Cruz, encorva a Jesucristo hasta el punto de dar con sus huesos en el polvo. 

Continúa el salmista«Mis amigos y compañeros se alejan de mis llagas, mis familiares se quedan a distancia». Y así aconteció con Jesucristo pues, una vez apresado en el Huerto de los Olivos, fue abandonado por sus discípulos«Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron».

El protagonista de este salmo, llega a exclamar: «Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca; sí, soy como un hombre que no oye ni tiene réplica en sus labios». Y esta fue la actitud de Jesús ante las acusaciones que caían sobre Él: se mantuvo en silencio. «Se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos atestiguan contra ti? Pero Jesús seguía callado» 

Jesús no necesitaba justificarse; sabía que su Padre le haría justicia. Y continúa« ¡En ti, Señor, yo espero! Tú me responderás, Señor, Dios mío».

Jesús tiene conciencia de que su Padre es la garantía de su inocencia Así se lo expresó en la oración de íntima confianza, que le dirigió la noche de la Pasión: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti...yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti» 

Dios Padre glorificó a su Hijo dándole la victoria sobre toda muerte, pecado y corrupción: «Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente ser igual a Dios... y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre» 

El Padre respondió por su Hijo y, el Hijo responde por nosotrospues, por su victoria sobre la muerte, ha roto las cadenas de nuestros pecados y hemos sido justificados. El evangelista Lucas nos cuenta este paso de la humanidad del pecado a la gracia cuando habla de la multitud que asistió al Calvario para divertirse perversamente. Pero estos espectadores, al ver la muerte de Jesús, al oír su gesto de perdón intercediendo por ellos ante el Padre, se volvieron golpeándose el pecho.

 

(Antonio Pavía-Misionero Comboniano)