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miércoles, 1 de enero de 2020

Porque no hay nada imposible para Dios” (Lc 1,37)

Cuando el discípulo confía plenamente en la veracidad de la Palabra de Dios y ha experimentado “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6a), diciendo como Pedro  “Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68) Dios, como en la Anunciación, le llama por su nombre y  le dice: “no temas… porque has hallado gracia delante de Dios” y ante este Amor el discípulo, al igual que la Virgen María, dirá: “He aquí la esclava/o del Señor; hágase en mí según tu palabra”
“Jesús le dijo: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!” (Mc  9,23)
(Susana)
comunidadmariamadreapostoles.com


viernes, 24 de marzo de 2017

Breve comentario a Ezequiel (18, 20-28) 2ª Parte.- (por Susana Jimenez)


 2ª Parte: Dios no se complace en la muerte de nadie

Dios Padre no quiere que ningún hombre se pierda. Por eso, se dirige al justo (al hombre que conoce a Dios) y al malvado (al hombre que no conoce a Dios) “Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahvé. Convertíos y vivid” (Ezequiel 18, 32)
En cuanto al justo, Dios Padre conoce el corazón y la inestabilidad del hombre: “El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?” (Jeremías 17, 9); “Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamo por la gracia de Dios, para pasaros a otro evangelio” (Gálatas, 1-6) Sabe, que aun conociendo a Dios, puede llegar a confundirse: “Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció” (Romanos 1, 21) e incluso llegar a olvidar todas las promesas cumplidas por Dios: “No falló una sola de todas las espléndidas promesas que Yahvé había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió” (Josué 21, 45), así como las obras que Dios ha realizado: “Más pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta sus propósitos; en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa” (Salmo 106, 13-14)
Dios Padre quiere que seamos conscientes de que dejar de practicar su justicia y ser infiel nos aleja de Él y morimos: “Pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir a la obras del cuerpo, viviréis” (Romanos 8, 13) “Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro” (Romanos 6, 23) 
Como Dios Padre conoce la naturaleza del hombre y no desea la muerte del justo, que se aleja de Él, envío a su hijo: “¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada?”(Mateo 18, 12); “Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su Hijo querido, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados” (Colosenses 1,9-14)
En cuanto al malvado, hombre que no conoce a Dios, hombre que: “No saben ni entienden, caminan a oscuras, vacilan los cimientos de la tierra” (Salmo 82, 5) El no saber y caminar a oscuras hace que no sepa donde tropieza: “Pero el camino de los malos es tenebroso, no saben dónde tropiezan” (Proverbios 4, 19) Se trata de un hombre que está perdido, que camina en tinieblas y por el amor que Dios tiene al hombre, que no desea la muerte de nadie envía a su hijo: “pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lucas, 19, 10); “También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir” (Juan, 10, 16); “Y a vosotros, que en otro tiempo erais extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de Él” (Colosenses 1,21) 
Dios Padre envía a su Hijo Jesús para que nadie muera: “A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (Corintios 5, 21); “Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando,mediante la sangre de su cruz, los seres de la tierra y de los cielos” (Colosenses 1,18-20) 
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3, 16); “Más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Romanos 5 ,8);“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestro pecados” (Juan 4, 10)

¿Dios Padre se complace en la muerte del hombre?...
 
 

lunes, 20 de marzo de 2017

Breve comentario a Ezequiel (18, 20-28) 1ª Parte (por Susana Jiménez)




Breve comentario a Ezequiel (18, 20-28)
1ª Parte: “Vivirá a causa de la justicia que ha practicado”
 
“El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa del padre, ni el padre con la culpa del hijo; al justo se le imputará justicia y al malvado su maldad.
En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado –oráculo del Señor Yahvé- y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?
Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá. Y vosotros decís: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Qué no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?
Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere,a causa del mal que ha cometido muere. Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservara su vida. Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá”
 
Dios no habla de hombre-bueno/hombre-malo, sino “el justo” y el “malvado” Y no dice al justo se le imputara su bien, sino “al justo se le imputará justicia y al malvado su maldad” Habla del hombre que conoce a Dios (el justo con su justicia) y del que no lo conoce (el malvado con su maldad)
También, dice: “si el justo se aparta de su justicia muere, no quedara memoria de ninguna de la obras justas practicadas” y, en cambio, “el malvado vivirá a causa de la justicia que ha practicado, ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más” Por tanto, lo que da vida o muerte y que Dios olvide la justicia practicada o los crímenes del mal, es practicar o apartarse de la Justicia de Dios, ya que al apartarnos de “su justicia” cometemos el mal y morimos: “El que se aparta del camino de la prudencia descansará en la asamblea de los muertos” (Proverbios 21, 16)
La Justicia de Dios no es mi justicia: “Si digo al justo: Vivirás, pero él, fiándose de su justicia, comete injusticia, no quedará memoria de toda su justicia, sino que morirá por la injusticia que cometió” (Ezequiel 33, 13), ni tampoco una justicia para cumplir con la ley: “Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley lo dice para los que están bajo la ley, para que toda boca enmudezca y el mundo entero se reconozca reo ante Dios, ya que nadie será justificado ante él por la obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado” (Romanos 3, 19-20).
Se trata de convertirme a la Justicia de Dios mediante Jesucristo; “justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen – pues no hay diferencia; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3,22-23); “Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2, 16) “Si por la ley se obtuviera la justicia, habría muerto en vano Cristo” (Gálatas 2, 21) 
 
Si tengo fe en Jesucristo, en el Evangelio, me convierto en un hombre que practica la Justicia De Dios: “Se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahvé” (Ezequiel 18, 9); “Decid al justo que bien, que el fruto de sus acciones comerá. ¡Ay del malvado! Que le irá mal, que el mérito de sus manos se le dará” (Isaías 3, 10-11)
 
“El que busca justicia y bondad encontrará vida y gloria” (Proverbios 21, 21) 
 

miércoles, 11 de enero de 2017

Breve comentario a Ezequiel 34,11-16 (Susana Jiménez)

“
Así dice el Señor Dios: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas;  las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad.

Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra, las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel, se recostarán en fértiles dehesas, y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear – oráculo del Señor Dios.
Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré, y las apacentaré debidamente” (Ezequiel 34,11-16)
 
“Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas”, “Yo mismo apacentaré mis ovejas”, “Yo mismo las haré sestear”. Este “yo mismo” afianza que Dios es Padre, porque solo un padre se preocupa él mismo de sus hijos. 
 
“Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas”. Como un padre busca y lucha con todas sus fuerzas por recuperar a un hijo, así Dios Padre con todos nosotros.

“Diré al Norte: “Dámelos; y al Sur: “No los retengas” Traeré a mis hijos de los confines de la tierra; a todos los que se llamen por mi nombre, a los que para mí gloria cree, plasme e hice” (Isaías 43, 6-7)
 
Una vez encontrados, rescatados como un buen Padre nos trasmite seguridad, confianza y sobre todo su AMOR hacia nosotros:
 “No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío. Si pasas por la aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegaran. Si andas por el fuego, no te quemaras, ni la llama prendera en ti” (Isaías 43, 1-3), “dado que eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo” (Isaías 43, 4)
 
“Yo mismo apacentare mis ovejas, yo mismo las haré sestear”. Como el padre vela por sus hijos así nuestro Dios Padre  “Por los caminos pacerán y en todos los calveros tendrán pasto. No tendrán hambre ni sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiara” (Isaías 49, 9-10)
 
Si Dios mismo me cuida, ¿a quién temeré?, ¿Por qué me he de preocupar?...

“Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre. Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tu vienes conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan” (Salmo 23 (22) 1-4)
 

jueves, 5 de enero de 2017

Breve comentario a Juan (1,43-51) (Susana Jiménez)

“Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret. Le respondió Natanael: ¿De Nazaret puede haber cosa buena? Le dice Felipe: Ven y lo veras. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuanto estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: Rabí, tu eres el Hijo de Dios, tu eres el rey de Israel. Jesús le contesto: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”
Cuando iniciamos nuestra búsqueda de Dios, Él nos va poniendo por el camino persona que nos ayudan a acercarnos y a conocer a Dios, como puso a Felipe para atraer a Natanael. Al principio somos algo incrédulos ante el testimonio de los instrumentos que Dios pone en nuestro camino “¿De Nazaret puede haber cosa buena?”. Pero como en nuestro corazón está el deseo profundo de conocer a Dios seguimos el camino, la invitación… 
Ante este deseo Dios no se queda impasible y se nos manifiesta  “Me buscareis y me encontrareis cuando me solicitéis de todo corazón” (Jeremías 29,13) “Desde allí buscaras a Yahvé tu Dios; y lo encontraras si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma” (Deuteronomio 4,29)
Cuando se manifiesta en nuestra vida nos sorprendemos porque estas manifestaciones están fuera del alcance de nadie, ya que solo nosotros sabemos lo que realmente guardamos en nuestro corazón.  Por eso, cuando Jesús dice a Natanael  “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”,  él se sorprende porque está ante un extraño que no le conoce y aun así sabe que es una persona íntegra. Y nos preguntamos  ¿Cómo puede saber que en mí no hay engaño cuando el hombre es apariencia? “Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad” (Mateo 23,28) Por eso dice a Jesús “¿De quéme conoces?”, Jesús responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuanto estabas debajo de la higuera, te vi” Ante esta respuesta percibes que Dios te estaba esperando, te estaba llamando, te estaba cuidando “Sabes cuándo me siento y me levanto, mi pensamiento percibes desde lejos; de camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas” (Salmos 139,2-3) “El vigila el camino del hombre, se da cuenta de todos sus pasos” (Job 34,21) y, sobre todo, “Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenia consagrado: yo profeta de las naciones te constituí” (Jeremías 1,5)
Ante esta manifestación de Amor de Dios Padre nos rendimos ante El y decimos como Natanael “Rabí, tu eres el Hijo de Dios, tu eres el rey de Israel”

jueves, 17 de noviembre de 2016

“EL EVANGELIO ES LA TIERRA PROMETIDA” (2ª PARTE) (por Susana Jiménez)

“Pero ten cuidado y guárdate bien de olvidarte de estas cosa que tus ojos han visto…” (Deuteronomio 4,9) 

No debo olvidar las cosas que mis ojos han visto, las cosas que Dios ha hecho por mí y en mí; ni creerme que por mis méritos y mi justicia Dios me da en posesión la tierra buena “No por tus méritos ni por la rectitud de tu corazón llegaras a tomar posesión de su tierra, sino que solo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahvé tu Dios delante de ti; y también por cumplir la palabra que juro a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob. Has de saber, pues, que no es por tu justicia por lo que Yahvé tu Dios te da en posesión esa tierra buena, ya que eres un pueblo de dura cerviz” (Deuteronomio 9,5-6) La victoria se debe a Dios no a mis méritos “No conquistaron la tierra con su espada, ni su brazo les dio la victoria; fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, pues los amabas” (Salmo 44,4)
Ni olvidar de donde me viene la fuerza: “No digas en tu corazón: “Con mi propia fuerza y el poder de mi mano me he creado esta riqueza”, sino acuérdate que Yahvé tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear riqueza, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy” (Deuteronomio 8,17-18) “No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios” (2Corintios 3,5).
A medida que voy consiguiendo entrar, tomar en posesión, guardar, practicar y vivir el Evangelio, sin cambiar “ni una i ni una tilde” y no deposito mi confianza en mí fuerza, mérito, sabiduría… Dios me saca de mi tumba y me establece en mi suelo, en el Evangelio, “Voy abrir vuestras tumbas; os hare salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevare de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros y viviereis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahvé, lo digo y lo hago, oráculo de Yahvé” (Ezequiel 37,12-14) 
Establecida ya, en mi suelo, en el Evangelio Dios hace conmigo la nueva alianza “Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días – oráculo de Yahvé -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31,33)

domingo, 13 de noviembre de 2016

Breve comentario al Deuteronomio 4,1-2; 5-9; 13-14. “EL EVANGELIO: LATIERRA PROMETIDA”(1ªPARTE) (por Susana Jiménez)

“Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las normas que yo os enseño, para que las pongáis en práctica, a fin de que viváis y entréis a tomar  posesión de la tierra que os da Yahvé, Dios de vuestros padres. No añadiréis nada a lo que yo os mando, ni quitareis nada, de modo que guardéis los mandamientos de Yahvé vuestro Dios que yo os prescribo. Mirad: como Yahvé mi Dios me ha mandado, yo os enseño preceptos y normas, para que los pongáis en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomar posesión de ella. Guardadlos y practicadlos, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los demás pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos preceptos, dirán: “Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente” Porque, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahvé nuestro Dios siempre que lo invocamos? Y ¿Qué nación hay tan grande cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que yo os expongo hoy? Pero ten cuidado y guárdate bien de olvidarte de estas cosa que tus ojos han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; enséñaselas a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Él os revelo su alianza, y os mando ponerla en práctica, las diez Palabras que escribió en dos tablas de piedra. Y a mí me mando entonces Yahvé que os enseñase los preceptos y normas, para que las pusierais en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomarla en posesión”
He marcado tres frases, que al repetirse, me han llamado la atención y han hecho que me detenga en ellas.
No les dice que van a vivir y trabajar en una buena tierra que Yahvé les va a dar, que sería lo normal, sino que les dice “vais a entrar para tomarla en posesión”. Dios no está hablado  de simple tierra, Dios se refiere a mi “Tierra Prometida” que es el Evangelio. Porque en la Palabra de Dios tengo que entrar, adueñarme de ella, tomarla en posesión, vivirla y guardarla en mi corazón. 
Cuando entro, habito y poseo el Evangelio (la tierra prometida) Yahvé es mi Dios “Os tomare de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevare a vuestro suelo. Infundiré mi espíritu en vosotros y hare que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Habitareis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios” (Ezequiel 36,24; 27-28)
Para poder “habitar la tierra”,  el Evangelio que Dios nos da y sellar nueva alianza con nosotros (ser su pueblo y Dios ser nuestro único dios) es importante no añadir ni quitar nada: “Cuidad, pues, de proceder como Yahvé vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni a derecha ni a izquierda. Seguid en todo el camino que Yahvé  vuestro Dios os ha trazado: así viviréis, seréis felices y prolongareis vuestros días en la tierra de la que vais a tomar en posesión” (Deuteronomio 5, 32-33). “Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejara de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ese será grande en el Reino de los Cielos” (Mateo 5,18-19). 
Hay que guardadlos y practicadlos, porque ellos son nuestra sabiduría e inteligencia “Guardareis cuidadosamente los mandamientos de Yahvé vuestro Dios, los estatutos y preceptos que te ha prescrito, harás lo que es recto y bueno a los ojos de Yahvé para que seas feliz y llegues a tomar posesión de esa tierra buena que Yahvé prometió como juramento a tus padres, arrojando ante ti a todos tus enemigos, como te ha dicho Yahvé” (Deuteronomio 6, 17-19) “Confía en Yahvé y obra el bien, vive en la tierra y cuida tu fidelidad, disfruta pensando en Yahvé y te dará lo que pida tu corazón” (Salmo 37,3-4)
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