Que difícil me resulta hablar del dolor sino me duele,
dar esperanza sino la siento,
saber lo que es el sufrimiento sino he sufrido,
ponerme al lado de mi hermano y quizás
sólo en silencio, acompañar esos momentos
en que las palabras sobran y falta el aliento.
Pero ahí! es cuando el Padre sale a mi encuentro
y me dice “no estás sola”.