domingo, 6 de diciembre de 2020
PREGUNTAME SEÑOR
¿A QUIEN PERTENECES TÚ?
¿A QUIEN PERTENECES TÚ?
P. Antonio Pavía. comunidadmariamadreapostoles.com
miércoles, 21 de octubre de 2020
Jamás se oyó decir
Jamás se oyó decir
"Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio, a un Dios que hiciese tanto por quien espera en Él" (Is. 64,3)
Nos adentramos en este pasaje de Isaías a la luz de la experiencia de Pedro en la Transfiguración de Jesús (Lc 9,28.) Jesús le llevo junto con Juan y Santiago al monte Tabor y se transfiguró ante ellos. Pedro, nos centramos en él, se quedó tan estremecedoramente impactado ante la visión de Jesús resplandeciente que, olvidándose de todo solo acertó a decir: ¡Señor qué bueno, qué maravilloso es estar aquí contigo! ¡haremos tres tiendas!
Para Pedro y para cualquier hombre, limitados como somos en nuestras aspiraciones, esto ya es más que suficiente, no así para Jesús. Recordemos lo que pidió al Padre para sus discípulos la noche en que fue entregado por Judas: "Quiero que mis discípulos estén conmigo y contemplen mi gloria" (Jn 17,24) Contemplar es un verbo que tiene matices riquísimos en la Espiritualidad de la Palabra, en este sentido Jesús, que sabe que tras su muerte volverá resucitado al Padre, le está pidiendo que sus discípulos resuciten también y contemplen-participen de su Gloria, es decir, de su Transfiguración. Es por estas palabras de Jesús por las que Pablo nos dijo que Jesús "transfigurará nuestro cuerpo corruptible y llegará a ser glorioso como el suyo" (Flp. 3,21).
Recordemos el texto de Isaías "Jamás se oyó decir...". Pedro da fe de ello, pidió ver a Jesús Transfigurado desde la distancia, y el proyecto de Jesús sobre él y sobre ti era y es ¡Transfigurarle! ¡A Él y a ti!
P. Antonio Pavía
lunes, 19 de octubre de 2020
Levanto mi alma hacia Ti
Levanto mi alma hacia Ti
"Alegra el alma de tu siervo pues la levantó hacia ti"
Bienaventurado aquél que en un mundo en el que "donde las dan las
toman" se deja levantar por el Señor sometiendo así toda rencilla y
venganza que alimentamos en nuestro corazón y que llegan a ser cadenas pesadísimas
que nos arrastran al polvo. Por el contrario Jesús, Camino, Verdad y Vida
nos atrae y conduce a la Fuente de la Vida que es el Padre. Es cierto que
vivimos, siempre ha sido así, en una sociedad violenta. El ansia de tener, de
dominar o burlarse del que no piensa como nosotros nos mueve a desencuentros
que provocan malestares profundos y enemistades que no son en absoluto
evangélicas por mucho que la Mentira que habita en ti pretenda justificarlas.
¿Y, cómo volar por encima de esta condición tan rastrera que a todos nos
alcanza? ¡Con las alas del Evangelio! Sí, solo el Evangelio de Jesús engendra
en el hombre esa Libertad, SÍ, con mayúscula, que nos permite decir con el
salmista: "Tu paz rescata mi alma" (Sal. 55,19) El salmista profetizó
la paz que solo Jesús nos puede dar (Jn 14,27)
P. Antonio Pavía. comunidadmariamadreapostoles.com
martes, 13 de octubre de 2020
El que anda a oscuras y carece de claridad, confíe en el nombre de Yavhe, que se apoye en su Dios"( Is 50, 10b)
"El que anda a oscuras y carece de claridad, confíe en el nombre de Yavhe, que se apoye en su Dios"( Is 50, 10b)
Dios nos invita por medio del profeta Isaías a confiar en su Nombre, es decir a apoyarnos en Él. La invitación es bellísima y la acogemos a la luz del Espíritu Santo pues sino corremos el riesgo de invocar el nombre del Señor en la adversidad. Solo con la boca y no con el corazón (Mt. 15, 8) Invocar el nombre del Señor implica que está con nosotros en toda prueba ayudándonos pues su honor, el honor de su nombre está en juego (Sal. 23, 3) es por eso que nunca te dejará solo ante el mal que te acosa. En definitiva el compromiso de Dios con aquel que pone en Él su confianza es infalible. Ahora hemos de ver si nosotros somos honestos cuando invocamos el nombre del Señor, es decir cuando nos ponemos bajo su protección. Por ejemplo si una persona te hace mal, sea el daño que sea, tienes dos opciones: tomarte la justicia por tu mano o confiar en que El Señor, por el honor de su Nombre, te haga justicia. Si dejas que sea Dios quien te haga justicia un día podrás testificar como el Salmista lo que Dios ha hecho por ti ( Sal. 66, 16)
P. Antonio Pavía. comunidadmariamadreapostoles.com
jueves, 8 de octubre de 2020
Venid conmigo...
"Jesús dijo a Pedro y a Andrés, venid conmigo y os haré llegar a ser pescadores de hombres" ( Mc. 1, 17)
Se suele alabar la generosidad de los dos Apóstoles por su disponibilidad ante la llamada de Jesús, que es verdad, pero lo que hemos de resaltar, y esto vale para todo aquel llamado al Discipulado, es que el Generoso por antonomasia es Jesús al llamarles. Fijémonos que les dice: "Yo os haré llegar a ser..." Tengamos en cuenta que el verbo hacer es el utilizado por el autor del libro del Génesis al narrarnos la creación del mundo por parte de Dios y que no pocas veces los profetas llaman a Yavhé, nuestro Hacedor, por ejemplo (Is. 54, 5) En fin, que es Jesús quien se compromete con Pedro, Andrés... con todos para crear nosotros el Discipulado. Todo aquel que, consciente de su debilidad, confía en que Jesús culminará su obra en él, que es llegar a ser su discípulo, al constatar que la Fuerza y la Gracia que fluye del Evangelio moldean su ser de forma que ya no es siervo del Señor sino amigo (Jn. 15, 15), puede apropiarse de la confesión de fe del Salmista y proclamar : "Señor, tu promesa supera tu fama..." (Sal. 138, 2). ¡Si, Dios mío! Has hecho en mi lo que jamás hubiese podido imaginar. Y en su crecimiento le pide como el Salmista: que culmine el Discipulado en él: "Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos" (Sal. 138, 8). Con el salmista decimos todos. ¡Señor, ya sé que no hay cima mayor en este mundo que llegar a ser tu Discípulo! Tu qué me llamaste, culmina en mi tu obra por excelencia.
P. Antonio Pavia. comunidadmariamadreapostoles.com