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martes, 27 de octubre de 2020

Os infundiré mi Espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos

"Os infundiré mi Espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos" Ezequiel 36,27


¿Cuál es el camino por el cual dice el Señor que quiere que caminemos para que según sus preceptos los guardemos y cumplamos?
Jesús dijo: "Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn. 14-6), no hay otro camino, sino, Jesús y su Palabra, ÉL mismo es la Palabra. 
ÉL es la Verdad que preserva nuestros pasos del mal y sus mentiras y seducciones. "Si permanecéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" Jn.8, 31-32).
ÉL es la vida en plenitud, el alimento y la fuerza para nuestra alma: "Buscadme y viviréis" (Amós 5,4).  
"Yo he venido para que tengáis vida, y para que la tengáis en abundancia" (Jn. 10,10).
Mas Jesús, conociendo la precariedad e indefensa humana les dijo a sus discípulos:
"El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante porque sin mí no podéis hacer nada (Jn. 15,5). Pero les dijo: "Os infundiré mi Espíritu", un defensor... el único defensor... y lo hizo el día de Pentecostés: "Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas que se dividían partiéndose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse". Desde este momento el Espíritu de Jesús actúa en nosotros y nos da la fuerza necesaria para poder guardar y cumplir lo que por nuestras propias fuerzas no podemos... vivir y anunciar el santo Evangelio.

María Pilar Pérez Rodríguez

lunes, 25 de diciembre de 2017

Viniste Señor porque me amas (3)

Viniste Señor, a enseñarme  a reconocerte en mi prójimo.
Viniste Señor, para grabar en mi alma tu bendita Palabra que me alimenta, me sacia y me hace estremecer.
Viniste Señor, para alimentar y hacer crecer la semilla de mi bautismo, para que llegue a  dar buen fruto acogiendo tu Palabra.         
Viniste Señor, para abrir mis oídos entaponados a la escucha de tu voz.
Viniste Señor,  a descolocar  “mis cosas” para colocar en su lugar “las tuyas”.
Viniste Señor, para ejercitar mi espíritu con el arte de orar, y de esa manera, enseñarme a amar como tú amas.
Viniste Señor, a decirme que el que ama, ora, y por lo tanto el que ora, no puede dejar de amar.
Viniste Señor, para que mis ojos puedan recrearse en la maravilla de tu creación.
Viniste Señor, para asumir mis pecados y borrar mi culpa.
Viniste Señor, a decirme: “Te amo y eres preciosa para mí”.
Viniste Señor, porque querías escuchar de mis labios, mi respuesta a tu amor por mí. Que  desde lo profundo de mi alma, yo también te amo Señor, Tú lo eres todo  para mí.
Viniste Señor, para dar tu vida por mí, y un día llevarme junto a Ti.
Viniste Señor, para ser mi Salvador.
Gracias Señor! Que el mundo entero conozca tu amor y sepa que en Tí está la salvación.
(Por María Pilar Pérez)

martes, 19 de diciembre de 2017

VINISTE SEÑOR PORQUE ME AMAS (2)


Viniste Señor, para caminar conmigo y acompañarme siempre.

Viniste Señor, para sostener con tu fuerza mi debilidad.
Viniste Señor, para darme el  poder de vencer a mis enemigos del alma.
Viniste Señor, para ahuyentar mis miedos.
Viniste Señor, a romper mis cadenas, soltar mis amarras, para descansar sólo en ti.
Viniste Señor,  para enseñarme tu Verdad.
Viniste Señor, a fortalecer mi esperanza para que no desfallezca.
Viniste Señor, y porque viniste, gracias por venir. Ya no me dejes marchar sin Tí. Y a los que durante mi vida anudaste a mi querer, y a los que no, atráenos a todos hacia Tí. Que el mundo entero conozca tu Amor y que en Tí está la salvación.
(María Pilar Pérez)


domingo, 10 de diciembre de 2017

VINISTE SEÑOR, PORQUE ME AMAS. 1 (Por María Pilar Perez)


Viniste Señor, porque sabías que te necesito.

Viniste Señor, porque me creaste y querías que yo te conociera.
Viniste Señor, para enseñarme a vivir y a ser feliz.
Viniste Señor, a decirme quién eres tú y qué quieres de mí.
Viniste Señor, para dar plenitud a mi vida, fiel amigo mío.
Viniste Señor, para mostrarme cuál es tu voluntad.
Viniste Señor, y porque viniste, gracias por venir. Ya no me dejes marchar sin ti. Y a los que durante mi vida anudaste a mi querer, y a los que no, atráenos a todos hacia ti. Que el mundo entero conozca tu amor y que en ti está la salvación.

 

miércoles, 12 de abril de 2017

DAME TU SANTA LLAVE, SEÑOR (por Mari Pili)

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación”  (Salmo 117, 19-21).

    El hombre busca y ansía triunfar. Para ello, hace todo lo que está a su alcance para conseguirlo; de mil maneras va abriendo puertas para entrar en ese ansiado triunfo creyendo que con “su propia llave” puede abrir todas las puertas que quiera, todas las que se le antojen para conseguir por ejemplo, fama, prestigio, bienes materiales, una buena posición etc., Puede que consiga todo eso y más cosas, y cree  que ha triunfado y lo ha conseguido por sus propios méritos, sólo con su esfuerzo, sin la ayuda de nadie, ni siquiera de Dios. Se llena de vanagloria como un pavo y se siente vencedor.
    ¿Vencedor de qué? ¡Insensato! ¿No te das cuenta de que ni medio paso puedes dar si Dios no te da el poder para hacerlo? Menos orgullo y más humildad, recuerda que “Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.
    Es por eso que el hombre cuantas más cosas consigue,  “sin Dios”, más vacío se va sintiendo y a la larga o a la corta, “teniéndolo todo” su vida va perdiendo sentido. De tanto tener ya nada le satisface, el “vencedor” empieza a sentirse derrotado. ¡Algo le falta!, ¡Le falta todo!,   ¡¡LE FALTA DIOS!!.......
    Se desespera, entra en depresión; no sabe, ignora que posiblemente Dios ha permitido todo esto hasta ahora en su vida para que entienda, para que se dé cuenta de que su  “falsa llave” que ha abierto tantas falsas puertas, la tiene que tirar al cubo de la basura, porque Dios quiere darnos vida, quiere darnos la oportunidad de renovarnos y darnos la felicidad con una vida nueva, por medio de su Espíritu que es bueno. “No quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Porque “La salvación se anuncia donde acechó el infierno”, y  “Él nos librará de la red del cazador” (Is. 50).
    Todavía estamos a tiempo de encontrar la llave maestra, la verdadera llave que está en las manos de Cristo Jesús, El nos la quiere entregar a ti y a mí para que abramos la puerta del precioso paisaje del Evangelio, donde se encuentra el tesoro de su Palabra. Él es la llave, Él es la puerta, Él es la Palabra. Él nos abre la puerta y ya podemos pasar; entramos en un camino donde el mismo Jesús nos lleva de su mano, porque Él sabe que el camino no está exento de dificultades. Su mano fuerte y segura nos guía, si nos dejamos conducir por Él, hacia el verdadero triunfo de la salvación donde los vencedores entrarán.
    A partir de este momento, se comienza a experimentar la alegría de vivir y la esperanza de la salvación. La esperanza en Aquél que sabemos nos ama; ya no   caminamos  tristes y desolados como  les ocurrió a los discípulos de Emaús cuando creían que ya todo había acabado, que todo había sido un  fracaso, el aparente fracaso de su muerte en cruz resultó ser el triunfo, la victoria de su resurrección y también de la nuestra, porque es el triunfo de nuestra vida eterna. Ya no caminamos tristes porque hemos encontrado todo lo que necesitamos para triunfar; ya tenemos la llave que abre la puerta donde vamos a encontrar todas nuestras complacencias, las riquezas y los preciosos  tesoros a los que podemos aspirar: a ser discípulos suyos y conocedores de la verdad que nos hace libres.
    Te doy gracias Señor porque a ti grité, me escuchaste y fuiste mi salvación al entregarme la santa llave de de tu santa Puerta.
     A TI, EL HONOR Y LA GLORIA  POR SIEMPRE, SEÑOR. 
 
 
 
     
 
    
 
 

martes, 7 de febrero de 2017

MELODÍA DEL CIELO EN LA TIERRA (por Mari Pili)

“Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra” (Salmo 95)
“Que canten de alegría las naciones porque riges el mundo con justicia” (Salmo 66)
Cuando estamos felices, cuando estamos alegres, nos impulsa el deseo de cantar, pero cuando nuestra alegría es el Señor, nuestra alma toca el cielo de felicidad llevados de la mano del mismo Dios. Nos eleva a la altura de cantar y tocar instrumentos al Creador.
Así le ocurrió por ejemplo a Judit, cuando en acción de gracias entonó  un himno de alabanza en medio de todo Israel diciendo: “Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecerle los acordes de un salmo de alabanza” (Judit 16-1)
Muchos son los salmos que invitan a cantar las maravillas de Dios: “Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor. ¿Cuándo vendrás a mí? (Salmo 100)
Pero, ¿cuál es la más bella canción que agrada al Señor? Sin duda alguna, la que ha compuesto Él mismo. Él es el autor y director de letra y música que dirige la orquesta más fabulosa e impresionante: EL EVANGELIO. Tiene música y melodía propia, es la sinfonía del cielo porque es la canción compuesta por Dios para que resuene en los oídos de toda la humanidad, para que el hombre alcance su plenitud y su salvación.
¿Cuándo vendrás a mí? Siento que esa canción, que esa música, ya va resonando en mis oídos; se va convirtiendo cada vez más en mi melodía preferida, la que más me gusta escuchar porque me conduce a Dios, a Jesús Palabra que viene a mí cada vez que me abre las Escrituras y me hace ver que Él es mi verdad, mi camino, mi vida y mi canción. Y es que ya Señor, nada se me puede resistir a tu voz.    

jueves, 5 de enero de 2017

TE BUSCO A TI, MI DIOS (por María Pilar Pérez )

 Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría e la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero  al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. (Lc. 2, 46-49)
    Si ya hemos recibido el don de la fe por la gracia de Dios, no podemos permitir que nada nos la arrebate, y para eso hay que cuidarla y alimentarla para que sea firme y fuerte, para no correr el peligro de perder a Jesús en nuestra vida.
Perder la fe significaría perder a Dios, y si perdemos a Dios, sería nuestra propia perdición, -hago mías estas palabras- sería mi propia perdición. Por la fe llega a los pulmones del alma del cristiano el aire suave del Espíritu Santo; el aire que respira todo discípulo del señor Jesús. El aire que capacita al creyente a vivir en su presencia, siempre atentos a la escucha de su voz. Nos capacita y enseña a recibir y vivir la lluvia de la gracia de su Palabra y los Sacramentos, para que unidos a Él, como sarmientos por los que corre la Savia del Tronco que es Jesús, podamos vencer las tentaciones y el peligro de desviarnos y perder el camino, o sea, perder a Dios como consecuencia de los pecados al mantenernos alejados del Señor.
    Para María y José, tú mi Señor Jesús, eras lo más importante de sus vidas, y te buscaron angustiados por todas partes hasta encontrarte. Tú no te perdiste, -debías ocuparte de las cosas de tu Padre-  eran ellos los que se sentían perdidos sin ti; como yo me sentiría si me alejo de ti. Sólo se tranquilizaron al hallarte entre los doctores del Templo respondiendo sabiamente con las maravillas que salían de tu boca.
    Que yo Señor, nunca deje de buscarte. Te busco a ti mi Dios, porque quiero escucharte con el mismo asombro y entusiasmo de los doctores del Templo, y seguirte y serte fiel todos los días de  peregrinación en mi vida de fe; aunque no entienda a veces nada y me vea envuelta en la oscuridad. Tampoco María comprendió la respuesta de Jesús, ni tantas otras cosas durante su vida, y sin embargo, todas  las cosas las guardaba en su corazón.
    Su respuesta a la voluntad del Señor fue: “HAGASE”, dijo  SÍ a la Palabra, con una actitud de total entrega y abandono, y por eso Dios la eligió para ser Hija, Esposa y Madre de Dios. Aún así, María en su vida experimentó el silencio de Dios. Ella es ejemplo a seguir para todo el que le busca.  
                                    

domingo, 25 de diciembre de 2016

DIOS HA PUESTO SUS PIES EN LA TIERRA. (Por María Pilar Rodríguez)

DIOS HA PUESTO SUS PIES EN LA TIERRA.

¿Cómo fue, cómo ocurrió? ¡algo se siente! ¡algo se respira! ¡¡"algo grande va a pasar"!!....
Se prepara una gran fiesta. La tierra entera expectante ya, se alegra por la visita de Aquél que está por llegar.
Preparemos "nuestra casa", pues no es cualquiera quien nos va a visitar.
Una mujer está encinta, y en su seno virginal lleva la inmensidad infinita, que por su SÍ y su HUMILDAD de Dios aceptó su voluntad.
A esta mujer sencilla llamada María, el Angel Gabriel le anunciaría que el que de ella iba a nacer sería el Enmanuel (Lc.1, 31-38). 
Preparemos "nuestra casa", pues aunque de la Virgen nacerá, Él querrá que en nuestra alma le engendremos y en nosotros habitar. 
María convertida en sagrario, ni corta ni perezosa a Isabel fue a visitar, pues informada por el Ángel, le dijo: "tu prima de seis meses está" (Lc 1, 36).
Y sucedió que Isabel al ver a María, el espíritu la inundó, y Juan en sus entrañas de gozo saltó (Lc 1, 39-41).
¡Llegó la hora del parto!!. No fue fácil ni sencillo, pues José y María pasaron gran dificutad, se le cerraron muchas puertas, pues no encontraban hospitalidad. Y después de muchas fatigas, a un establo llegaron a parar (Lc 2, 1-7).
¡El gran acontecimiento de la historia ocurrió!  ¡¡De la Virgen UN NIÑO NOS HA NACIDO!!  Es el Hijo de Dios, nuestro salvador; la luz que ilumina a toda la humanidad al poner sus pies en la tierra para disipar nuestras tinieblas y conducirnos a la paz y a la verdad (Lc 1, 78-79).
La madre toma a su Hijo en sus brazos y en pañales lo envolvió. Como no tenía cuna, en el pesebre lo recostó (Lc 2, 7). Ninguna cuna por majestuosa, semejante honor na recibido como la del humilde pesebre que al Niño Dios, entre pajas, vio dormido.
Preparemos "nuestra casa", pongamos una cuna en nuestro corazón; arrullemos y adoremos al recien nacido  nuestro Dios y Salvador.
¡¡Algo grande ha ocurrido!!......  ¡¡Ha nacido Dios!!
Los magos que le adoraron le ofrecieron sus regalos; estos son: Mirra, como hombre. Oro, como rey. Incienso, como Dios. Los pastores intrigados quisieron ver lo que los ángeles les anunciron, y corrieron a Belén también para adorarlo (Lc. 2-  11).
Y María asombrada, apoyada en José, ambos no entendían, no sabían los designios del señor, ni pretendían dar vueltas a la razón. Pero en fe y obediencia, porque creyeron en Dios, todas estas cosas las guardaban en su corazón.
Preparemos "nuestra casa". Dejémos entrar el Señor. El será nuestra alegría y nuestro consuelo en el dolor.
Aprendamos de María, y llevemos al Señor donde quiera que vayamos, y al presentarles a Dios, también otros salten de gozo ante la presencia del Redentor.
¡¡"GLORIA A DIOS EN EL CIELO, Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD"!! (Lc. 2, 14)

sábado, 24 de diciembre de 2016

Dios mío: llene la tierra tu gloria (Salmo 56) (por Mari Pili)

"Elévate sobre el cielo, Dios mío y llene la tierra tu gloria" (Salmo 56). 

Desde lo alto, observas tú Señor, el comportamiento de todas tus criaturas porque tu deseo es rescatar y bendecir con tu amor a todos los hombres de la tierra. Por eso, Señor, extiende tu manto de gloria desde lo alto y envuelve a todas las gentes que confían y esperan en tí, porque de tí procede todo bien y nos lo quieres dar a manos llenas. Sí Señor, llénanos de tí, de tu verdad, tú mismo eres la Verdad, y contigo no seremos arrastrados por la falsa gloria mundana.

     Tú eres Señor, nuestra paz y nuestra gloria, porque el mundo rebosó de esta gloria y fue bendecido con la Encarnación de tu Hijo Jesucristo; con su Evangelio, por el cual entregó voluntariamente su vida en la cruz, y después  de su resurrección y ascensión a los cielos a toda la tierra llegara su Palabra, enseñándonos un camino perfecto para nuestra salvación. 
     Yo soy sólo un granito de esa tierra sobre la que tú Señor, quieres llenar de tu gloria, y como me conoces bien y sabes que espero en tí, aunque no merezco nada, sólo te digo: soy pecadora, ten misericordia de mí. Espero y me agarro a tus Palabras: "No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío". (Isaías 43,1).

miércoles, 30 de noviembre de 2016

SOMOS LLAMADOS (por Mari Pili)



Jesús nos llama a la conversión, y nos llama hoy. Nos dice el Evangelio que Jesús llamó a Pedro y su hermano Andrés y les dijo: “Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”Igual hizo conSantiago y Juan que estaban repasando las redes con su padre Zebedeo, y también inmediatamente dejaron la barca y lo siguieron.
    Jesús los llamó, y sus respuestas no fueron:  ya iremos  más adelante, que ahora estamos muy atareados y tenemos muchas cosas que hacer”. Jesús dijo: “Ojalá escuchéis hoy mi voz”. Hicieron lo que Jesús nos pide. No lo dejemos para mañana; Dios nos llama hoy; nos llama a la conversión hoy; quiere dárnoslo todo hoy; no sea que mañana sea demasiado tarde.
    Debemos acudir a su llamada de inmediato, y no dejarlo para más adelante porque por ese camino nunca nos convertiremos. ¿Por qué dejar para más tarde lo que sabemos que es bueno para este momento?
    Somos llamados y enviados, y no deberíamos de tener miedo porque Él llama a los más discapacitados para que se manifieste la Gloria de Dios, su Espíritu no deja sólo a nadie y pone sus Palabras en nuestra boca para que a toda la tierra alcance su Pregón”.
    Dice el Señor: “No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os he designado para que deis fruto y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. (Juan 15, 1-17)
  Señor concédeme la sabiduría de los apóstoles y siga su ejemplo, que al oír la voz del Señor lo dejaron todo y te siguieron.
 
 
 
 

lunes, 11 de abril de 2016

Misericordia y conversión 3 (por María Pilar)


En Isaías 45, el Señor dice: "Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. Volveos hacia mí para salvaros confines de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro". Para que se nos quiten las dudas y los miedos, el Señor nos llama a estar con él. El mismísimo Dios saldrá fiador nuestro ante el tribunal porque nadie más tiene  poder para salvarnos.
     Porque Dios nos ama, se compadece; porque se compadece, nos justifica; y porque nos justifica, nos perdona. Nunca se cansa de amarnos, somos nosotros, insensatos y desagradecidos  los que nos podemos cansar de Dios. Y como su paciencia tampoco se acaba, espera, sí, espera nuestra respuesta, espera a que reconozcamos nuestros pecados y le pidamos perdón, porque ese día celebrará por nosotros una gran fiesta. Como lo hizo con el "Hijo pródigo" cuando después  de tocar fondo y verse envuelto en el fango del pecado, reconoció que su mayor pecado fue estar lejos del Padre, que con el  Padre nada le faltaba, y ya ni siquiera era digno ni quería llamarse hijo suyo, y sólo aspiraba a recibir su perdón y ser tratado como cualquiera de sus jornaleros. Sin embargo, el Padre lo recibió con los brazos abiertos y celebró "una gran fiesta", porque su hijo estaba perdido y fue hallado.
   

jueves, 31 de marzo de 2016

Misericordia y conversión 5 (Por María Pilar)

Dios es así! La misericordia de Dios aguarda nuestra respuesta. Reconozcámonos pequeños, indefensos. El Señor dice: "Sin mí no podéis hacer nada". Si nos abandonamos a Él, y nos fiamos y alimentamos de los pastos de las Palabras de su boca, donde encontraremos todo lo que necesitamos, cambiará y dará plenitud a nuestra vida. "Dejemos las  actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz" (Romanos 13).
     Que el Señor conduzca nuestra vida para no ser arrastrados por las cosas mundanas. Si nos arrepentimos de corazón, Él siempre está dispuesto a perdonar. Este es el tiempo de la Misericordia. Entremos por la puerta de la salvación. Jesús es la Puerta, dice: "Yo soy la puerta: el que entre por mí se salvará, entrará y saldrá y encontrará pastos. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud" (Juan 10, 9-10).
     " ¡¡Vamos, entremos, la puerta está abierta, los vencedores entrarán por ella!!". Acudamos a las fuentes de la sabiduría, la Palabra de la Vida y la alegría de nuestra salvación que se encuentra en el santo Evangelio de Nuestro Seño Jesucristo.
SEAS POR SIEMPRE SEÑOR, BENDITO, ALABADO, ENSALZADO, ADORADO Y AMADO CON TODO MI SER.

Misericordia y conversión 4 (por María Pilar)

Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y se salve. Espera pacientemente  a que demos el paso, nos acerquemos y le dejemos trabajar en nuestra alma, para darle vida cambiando nuestro corazón de piedra en un corazón de carne; y por su misericordia, si dejamos doblegar nuestra voluntad según su voluntad, a nosotros su rebaño, nos rescatará y conducirá a su santa morada (Salmo 118).
     

jueves, 24 de marzo de 2016

MISERICORDIA Y CONVERSIÓN 2.-(por María Pilar)

     Necesitamos una verdadera y  profunda conversión del corazón. Hay que pedirlo con sinceridad y confianza todos los días, seguro que el Señor oirá nuestras súplicas. El proceso puede ser lento y transcurrir a lo largo de toda  nuestra vida, pero no tenemos que desanimarnos porque el Señor nos dice: "Buscad y encontraréis". "Pedid y recibiréis". "Llamad y se os abrirá". Porque todo el que pide, recibe. El que busca, encuentra. El que llama, se le abrirá. 
     Pues pidamos al Señor con el grito del salmista, (Salmo 118): "A ti grito Señor: sálvame y cumpliré tus decretos", "Escucha mi voz por tu misericordia, con tus mandamientos dame vida.
     Dejemos moldear nuestra alma por el Señor que es el mejor alfarero. Con amor nos hará ver nuestros tropiezos para poderlos corregir, y hacer que crezca en nosotros la semilla de la fe. Sí, el Señor es alfarero, jardinero y muchas cosas más. Abonará en nuestra alma la semilla de  la fe con su Palabra, la regará y hará que germine y dé fruto. De esta manera iremos renovándonos en la mente y en el espíritu para ser revestidos de la nueva condición humana (Efesios 4, 23-24).
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SEAS POR SIEMPRE SEÑOR, BENDITO, ALABADO, ENSALZADO, ADORADO Y AMADO CON TODO MI SER.

sábado, 19 de marzo de 2016

MISERICORDIA Y CONVERSIÓN I .- (por María Pilar)

Este es el tiempo de la Misericordia. La salvación se anuncia donde acechó el infierno. ¿Nos queremos convertir?, pues preparémonos para "escuchar"; pero para escuchar a Dios, con todo nuestro ser, atento y receptivo. 

Para convertirse, hay que escuchar a Dios y poner en práctica lo que el Señor nos dice.
Sin embargo, ocurre con facilidad, que al escuchar la predicación del Evangelio, pensemos que lo que nuestros oídos están oyendo, lo que Dios está hablando no es para nosotros. Y automáticamente lo trasladamos a los demás: ¡ésta palabra no es para mí!, ¡esto es para tal persona!, ¡y qué pena que no esté aquí para oírlo, con lo bien que le hubiese venido!.......
     Seguro que todos hemos caído alguna vez en esa equivocación. El que escucha soy yo, y es a mí a quien Dios le está hablando.
     Dios nos habla siempre a través de su Palabra, y por si  no lo sabemos, nos habla a cada uno de una manera individual y personal cuando escuchamos la predicación del Evangelio. Aunque el receptorio esté abarrotado de personas, en esos momentos Dios se está dirigiendo a mí como si estuviésemos solos El y yo. Pues de esta escucha, la cual Dios nos capacita abriéndonos el oído a su voz, casi sin darnos cuenta, vamos comenzando a conocerle y amarle. Entonces es cuando nos nace el deseo de darlo a conocer a los demás como respuesta a su llamada y nuestra escucha. ¡Ahora es cuando comienza nuestra conversión!

viernes, 4 de diciembre de 2015

MI SEÑOR, MI ESPERANZA..- (por María Pilar)

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra, mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora (Salmo 130, 5-6)

     El que espera en el Señor, es el que se deja moldear por la Gracia Divina. El Señor dice: "Tened ceñida la cintura y encendidas vuestras lámparas" (Lucas 12,35).

     Sí, es preciso estar siempre a la espera y alertas al paso de Dios en nuestra vida, porque Él quiere formar parte de ella para que tengamos una vida plena, dejándonos saciar de todos sus bienes, de su misericordia infinita.

     "Para mí, la vida es Cristo", decía S. Pablo, porque bien sabía en quién esperaba, y cuál era su ganancia. Todo lo tenía por basura ante la sublimidad de haber conocido a Cristo Jesús. Dios permitió que Pablo perdiese la luz corporal de sus ojos temporalmente, quizás para poder recuperar una luz mayor, la de su alma, al ser inundado por la Luz de Cristo. Como dice el Salmo 36, 10: "Pues en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz".

Sí, el Señor llega. No debemos de dormirnos y estar alerta, porque no sabemos ni el día ni la hora: "Llega el esposo, salgamos a recibirle con las lámparas encendidas" (Mateo 25,1); como las vírgenes prudentes, la luz siempre encendida y la Palabra en el corazón. Ahora es el momento de llenar nuestras lámparas de aceite para que no nos fate la luz que necesita nuestra alma para estar con Él cuando llegue (Mateo 25,6).

Y, "ceñida la cintura"; no para ceñirse a los falsos atractivos que nos ofrece el mundo, tantas veces obras de las tinieblas, sino para ceñirnos a la Gracia de Dios, -Salmo 62: "Tu gracia vale más que la vida"- esta Gracia que nos mantiene el espíritu joven, renovado y en la verdad. El Salmo 91, dice hablando del justo que en la vejez seguirá dando  fruto y está lozano y frondoso..., por tanto no depende de tener muchos o pocos años, sino de saberse ajustar y estar más en sintonía en las cosas de Dios; deseos de acercarnos a Él, de estar con Él para conocerle mejor en la intimidad de la oración personal y permanente, para llegar a amarle más, y sobre todo, dejarnos amar por Él, de modo que sea el centro y el Rey de nuestra vida.

     Esperar en el Señor es estar siempre en movimiento continuo  en busca de su Rostro, buceando en las Aguas Vivas de su Palabra, que es siempre nueva e inagotable para quienes tenemos el oído abierto a la escucha de su voz.

     Dios llega, sí, y llega con su recompensa "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. (1 Corintios 2,9).

     Por eso, mi alma espera en el Señor, espera en su Palabra.


ESPERO EN TÍ, MI DIOS Y SEÑOR. TÚ MI ESPERANZA. TU MI VIDA ETERNA. ¡¡GRANDE Y ADMIRABLE, SEÑOR!!