jueves, 17 de diciembre de 2015

Debilidad y cobardía de un rey (Mc 6,14-29)

Debilidad y cobardía de un rey (Mc  6,14-29)
(Texto bíblico y comentarios por Tomás Cremades)

Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”. Otros decían: “Es Elías”; otros: “Es un profeta como los demás profetas”. Al enterarse Herodes dijo: “Aquel Juan, a quien yo decapité, ese ha resucitado”.
Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: “No te está permitido tener la mujer de tu hermano”. Herodías le aborrecía y quería matarle pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle quedaba muy perplejo y le escuchaba con gusto.
Y llegó el día oportuno cuando Herodes en su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey entonces dijo a la muchacha:” Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Y le juró: “Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino”.
Salió la muchacha y preguntó a su madre: “¿Qué voy a pedir?”Y ella le dijo: “La cabeza de Juan el Bautista”. Entrando, al punto, apresuradamente, a donde estaba el rey le pidió:” Quiero que ahora mismo, me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a cusa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traer la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
PALABRA DEL SEÑOR


En aquellos tiempos, los reyes eran reyes absolutos, de tal forma que, ostentaban todos los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales y, por tanto, eran dueños de vida y hacienda de los gobernados. No es de extrañar, pues, que no tuviera Herodes reparo en encarcelar o incluso matar a cualquiera sin juicio alguno, simplemente por capricho de alguien.
Aquí Herodes comete varios pecados: de injusticia por encarcelar a Juan; de lujuria y adulterio, por sus amores deshonestos con su cuñada, vivo su marido; de imprudencia al ofrecer parte de su reino por un “trabajo” bien hecho, simplemente una danza; de debilidad ante sus súbditos por no afrontar su responsabilidad ante algo tan grave como la vida de otra persona, injustamente encarcelado. Y así podríamos continuar con todos los agravantes que hubiere menester.
Recordemos que el rey David cayó en los pecados de adulterio y asesinato, pero su reacción ante Dios por las acusaciones del profeta Natán fue de arrepentimiento, haciendo penitencia, vistiéndose de saco y llenado la cabeza de ceniza en señal de esa misma penitencia. Por ello obtuvo el perdón de Dios, dejándonos ese bellísimo Salmo 51 que conocemos como el “Miserere”.
Además es de señalar la postura inicial que nos relata el Evangelio en cuanto a la curiosidad de Herodes por conocer a Jesús: él desea conocerlo para que le haga un milagro que le divierta. Como un juglar más, como alguien que hace malabares que le diviertan o sacien su curiosidad.
Cuantas veces nosotros no habremos pedido a Dios que nos haga un milagro sobre algo que necesitamos, sin pensar que Él es Providente y cuida siempre de sus criaturas. Como no sabemos pedir, Jesucristo nos enseñó con la catequesis del Padrenuestro la forma en que nos hemos de presentar a Dios, y lo que realmente es necesario para nuestra vida, pero sobre todo, para nuestra salvación.
Alabado sea Jesucristo

Toques del Alma 137

17-12-2015
Toques del Alma.-por el padre Antonio Pavía)

María guardaba las cosas santas de Dios en su corazón (Lc 2,19). Ahora comprendemos su entereza al pie de la cruz, su morada de fe y de amor a su Hijo, también Hijo de Dios. Levantado como un criminal en el Calvario, permaneció junto a Él compartiendo el último lugar de la tierra. ¿No nos dejaremos guiar por ella hasta esta morada de fe y amor?

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Dichoso el que Tú eliges (Por Carmen Pérez)

16-12-2015

"SALMO 64: DICHOSO EL QUE TÚ ELIGES Y ACERCAS PARA QUE VIVA CONTIGO". 

EL QUE SE ABANDONA EN TUS MANOS Y SE COBIJA EN TU SOMBRA Y SÓLO ESPERA EN TI, Y NO EN LAS COSAS NI EN LOS HOMBRES ÉSE ES FELIZ AL  HACER TODO PARA AGRADAR A DIOS... Y NO A LOS HOMBRES.

Toques del Alma 136

16. El hombre crece hasta la altura de aquel a quien pertenece. Si sólo se pertenece a sí mismo quizá no crezca más que la mortaja con la que será envuelto un día. Si por el discipulado pertenece al Hijo de Dios, su crecimiento traspasa lo visible hasta llegar a la altura del Invisible.

martes, 15 de diciembre de 2015

Toques del Alma 135

15. La verdad os hará libres, dice Jesús a sus discípulos. No hay mayor libertad que la de poner la propia vida en tensión de búsqueda del Absoluto. Es libertad porque, al encontrarlo, el alma se libera de todo límite y finitud. Diríamos que vuela hacia el Absoluto, aunque nos acercaríamos más a la verdad si dijéramos que vuela con el Absoluto.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Breves recuerdos del paraíso | Capítulo XIV.- La medida del Poder.-(por Juan José Prieto Bonilla)

Aunque parezca un juego de palabras, no es por eso menos cierto que tener el poder de la medida es en realidad la medida del poder.
Pues tener la medida de uso del mundo es lo que confiere al hombre verdadero poder sobre éste.
De hecho, cuando uno se siente impuro o pecador o como se le quiera llamar, no es sino porque uno reconoce una falta de medida, bien en sus actos, omisiones pensamientos o palabras y es en esta falta de medida donde está el punto débil o el pecado del individuo que eventualmente podría degenerar en enfermedad e incluso matar a la persona.
Esto es fácilmente demostrable en el mundo físico, si una célula pierde su medida y se reproduce alocadamente se convertirá en un cáncer, y si no se reproduce convenientemente, también causará una deficiencia que en ambos casos enfermará el cuerpo de la criatura.
También una mente desmedida y obsesionada en una idea o grupo de ellas puede enfermar, al igual que una emoción desbocada puede tener consecuencias trágicas.
Todo tiene una medida en el universo el cual se rige por leyes que aunque aparentemente puedan parecer caóticas en realidad obedecen a principios muy precisos. Y creo que el hombre puede afirmar sin lugar a dudas que esta es la verdadera voluntad del Creador, de Dios.
Podría no encontrar argumentos convincentes como para afirmar que rezar el Rosario sea más voluntad de Dios que cumplir los preceptos del Ramadán; sin embargo, lo que sípuedo afirmar es que la voluntad del Creador es que si te tiras de un quinto piso, bajarás con una velocidad de (2xgxh)1/2, y que si tu estructura ósea no es capaz de soportar el impacto debido a la velocidad, sufrirás las consecuencias.
Esto es una ley física y como tantas otras descubiertas y sin descubrir, son voluntad del Creador y no de los científicos. Conocer la medida de los parámetros de esta ley, te dará poder para saber hasta dónde puedes establecer los límites para dar un salto o saber en qué medida puedes aplicar otras leyes para contrarrestar los efectos de la primera.
Si el universo desobedeciera estas leyes y, por ejemplo, el agua no se dilatara a 0ºC, se congelarían los mares y no sería posible la vida; si no se atrajeran las masas o las cargas positiva y negativa; si el aire no absorbiera humedad o perdiera su punto de rocío; si se agotara la capa de ozono tampoco sería posible la vida… y así cientos de miles de ejemplos, que obedecen a una medida muy precisa: la voluntad del Creador.
Está contado hasta el último cabello de nuestra cabeza.
Pero moviéndonos en un campo más prosaico, si quieres hacer una tortilla de patatas o una paella, conviene que conozcas las medidas y proporciones de los ingredientes; de lo contrario, te podría salir otra cosa, y aunque parezca una bobada, también esto es voluntad del Creador.
Hoy en día aparecen anuncios donde hay quien asegura conocer la medida exacta de las grasas que debes tomar, las calorías que necesitas e incluso te venden productos con los que aseguran conseguirás tener la medida adecuada de estos parámetros sin esfuerzo. 
Pero nadie o casi nadie habla de la medida de utilización del mundo, y me atrevo a asegurar que el hombre que conoce esta medida es un hombre realmente poderoso; sabe lo que debe comer, beber, dormir, fumar, hablar, callar, escuchar, mirar etc., y este conocimiento le convierte en un hombre libre, pues lo que normalmente llamamos fuerza de voluntad, no es sino administrar medida al uso del mundo.
Todos los hombres que aspiran a la santidad, eventualmente, se retiran a orar o a meditar, de alguna manera dejan de utilizar el mundo, como actores que necesitan descansar entre los actos de un drama.
Cuándo nos retiramos a orar, sentimos que de alguna forma somos solo los actores en un drama, y que es la unión con Dios lo realmente importante; entonces podemos regresar al mundo de nuevo a interpretar nuestros papeles con cierta distancia. 
Después de la oración, somos capaces de tomar la acción necesaria en el momento como la situación lo demanda y después la soltamos. De esta manera regulamos el uso del mundo y podemos interpretar nuestros papeles sin el sentimiento de ser un hacedor independiente y separado, sino más bien como parte de un todo, respondiendo a un drama que se representa. Esta actitud trae consigo un sentir de gran liberación y libertad.
Solo Dios es la Verdad, el Conocimiento y la Bienaventuranza. 
La Creación es el Paraíso que Dios hizo para el hombre, para su Bienaventuranza, y sus leyes tienen el mismo propósito. Los seres humanos son hijos de Dios y son por sí mismos veraces, conscientes y felices.
Pero el hombre no quiere reconocerse hijo de Dios sino que quiere ser Dios mismo y prefiere gozar como hacedor,no como testigocreando su propio mundo imaginado dentro de la creación, donde él es el máximo protagonista y todo se convierte en “querer” y “obtener” para sí mismo. Así pierde la medida de uso del mundo y la libertad.
Todo esto ata al hombre en límites pequeños y le proporciona sólo una pequeña bienaventuranza. 
Pero resulta que eAlma del hombre es infinita a imagen de Dios, y como no hay medida que la colme sino Dios mismo, no podría quedar satisfecha con esa pequeña bienaventuranza. De ahí que haya un movimiento y búsqueda constante que finalmente sólo pretende más bienaventuranza, más verdad y más conocimiento. Este movimiento hace a los hombres correr furiosamente tras sus deseos, lo que es seguido por problemas, ansiedades, conflictos entre ellos más falta de medida.
El propósito verdadero de la vida en el Paraíso se pierde completamente. 
Sólo si los hombres se abandonaran en los brazos de Dios y dijeran un “SÍ” a su Voluntad, verían que no tienen nada que hacer, nada que reclamar, nada que lograr en esta Creación, que ya es completa y feliz. Ellos también comenzarían a disfrutar con su papel en este drama y sabrían con exactitud cuál es la medida de uso del mundo.



J.J. Prieto Bonilla.

Noviembre 2013

Toques del Alma 134

14. Anunciar el Evangelio del Señor Jesús a los hombres lleva implícita la capacidad de elevarlos a la dignidad de hijos de Dios. Es que el Evangelio saca a la luz la potencialidad divina que reposa o, mejor dicho, discurre por los entresijos de su alma.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Catequesis 13 12 2015 FUERTES EN DIOS

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 (Para el evangelio de mañana)

12-12-2015
¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5
(Para el evangelio de mañana)

En el Evangelio de éste domingo nos impresiona enormemente la libertad interior y  grandeza de alma de Juan Bautista. Sabe que el Único Fuerte frente a Satanás, nuestro adversario, es Jesucristo y así lo hace saber a todos. Está como diciéndoles.. ¡No seais necios. no os ateis a nadie porque el Fuerte es Él !  Seguid a Jesús ,a nadie más. Una aclaración, en Israel , Satanás significa Adversario.

DEJA EN SUS MANOS (por Carmen Pérez)

 "CUANDO CREAS QUE EL SEÑOR NO TE OYE, NO TE ANGUSTIES. EVITA LOS PENSAMIENTOS SOBRE LO QUE PUEDE SUCEDER, DEJA EN SUS MANOS TU VIDA, ÉL TE AMA, NO TEMAS. PON TODAS TUS PREOCUPACIONES EN SUS MANOS Y ESPERA. RECUERDA QUE EL SEÑOR TIENE SUS PROPIOS TIEMPOS ".

Emigrantes (por Mila)

Emigrantes (por Mila)

Estamos en Adviento.. Cuatro semanas de recogimiento, caridad y amor y alegría porque esperamos la venida del Señor que se hace carne para estar entre nosotros. 
Acerquémonos y acojamos a los hermanos que están entre nosotros y que han tenido que salir de sus países para poder trabajar y vivir aquí con sus familias.. Acuérdate de aquellos emigrantes, María y José con El Niño Jesús que también tuvieron que emigrar ante la persecución de Herodes... Pensar en la Sagrada familia.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Toques del Alma 133

13. Cuando Jesús llama a sus discípulos, infunde en ellos un impulso irresistible que les hace abrazarse al Evangelio, más aún, lo tatúa en su alma. Entonces sí, ya pueden ir al mundo entero, Dios ha puesto en sus bocas su soplo creador, ya son hombres para y al servicio del mundo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Pastores según mi corazón.- Capítulo V.- Creció delante de Él.- (por el padre Antonio Pavía)



V - Creció delante de Él

El profeta Isaías nos da a conocer en sus escritos una serie de rasgos, descripciones detalladísimas acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Entre todas las profecías concernientes al Mesías, sobresalen las contenidas en el capítulo cincuenta y tres de su libro.
Dentro de este capítulo nos vamos a detener en un pequeño texto en el que por analogía, y también por arquetipo hacia el que orientarnos, -por supuesto que por la gracia de Dios- podremos saber cómo Él forma y hace crecer a los pastores según su corazón. Así miraremos, a la luz de esta Palabra, en qué condiciones modeló Dios el corazón de Pastor de su propio Hijo en cuanto hombre quien, como nos dice Lucas, tuvo su natural crecimiento en “estatura, gracia y sabiduría” (Lc 2,52).
El pasaje de Isaías al que hemos hecho alusión, dice lo siguiente: “Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; le vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar” (Is 53,2). Fijémonos bien: se nos habla de una raíz de tierra árida. Ésta, la raíz, es casi imperceptible, desprovista de cualquier apariencia o esplendor. Por supuesto que los matorrales y las zarzas, aun siendo improductivos, deslumbran  más nuestros ojos por su vistosidad.
La raíz de tierra árida de la que nos habla el profeta es despreciable a la mirada de los hombres;  mas, preciosa a los ojos de Dios. De hecho nos dice Isaías que “crece como un retoño delante de Él”, es decir, en su presencia. No depende de nadie para ser aprobado o recibir reconocimiento; depende únicamente de quien la plantó: Dios.
Quizá lo que estamos diciendo pueda parecer, al menos a alguien, un poco irreal, más poético que consistente. Bien, pues dejemos hablar al Hijo, al Pastor según el corazón de Dios, y nos daremos cuenta que Él mismo tiene a gala el no depender en absoluto del  testimonio de ningún hombre, sino del de su Padre, bajo cuyos ojos está realizando la misión, el pastoreo que le ha encomendado (Jn 5,19-20). Jesús, la plantación de Yahvé por excelencia anunciada por Isaías (Is 61,3), es sostenido a lo largo de su misión por su Padre; es su testimonio el que le importa, apoya y conforta: “Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. El Padre es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido… El Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí” (Jn 5,31-32 y 37).
A lo largo de la última cena, sabiendo que entraba ya en su pasión, siendo consciente de la destrucción física y anímica que había de afrontar en cuanto hombre y sintiendo  el total rechazo  de su sensibilidad, Jesús se dirigió a su Padre con palabras que sólo desde el alma se pueden pronunciar y comprender. Recogemos el umbral con el que abre su oración: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti” (Jn 17,1). ¡Glorifícame, da testimonio de mí, para que mi testimonio acerca de ti sea lo suficientemente luminoso como para que todos crean en ti y en mí! Esto es lo que viene a decir Jesús en este primer compás de su oración al Padre.

A los pies del Maestro
Figura de la raíz que crece y se desarrolla en tierra aparentemente árida e infructuosa es María, la hermana de Marta, y Lázaro, los tres, amigos de Jesús. Lucas nos la presenta a sus pies escuchando su Palabra. No nos es difícil ver la comparación entre Jesús, que en presencia del Padre escucha su Palabra (Jn 12,50), y esta mujer que, fijos los ojos en su Maestro y Señor, escucha, recibe y acoge su Evangelio. El Pastor de pastores está modelando con sus palabras el corazón de la discípula.
Jesús, Maestro y Señor, también Modelador, forma discípulos-pastores según su espíritu por medio de la Palabra, su Evangelio. A lo largo de todo este proceso el discípulo conoce el Fuego, mas también el terrible témpano de hielo: la tentación, la crisis y el desánimo. Diríamos que todo le es asumible menos el anonimato, el sin sentido aparente que supone crecer en tierra árida, el no ser tenido en cuenta por nadie. Por supuesto que la frondosidad de las zarzas y los matorrales tienen mayor proyección social que esta raíz solamente perceptible a los ojos de su Señor.
Hablamos entonces de la inevitable crisis de maduración, de identidad como persona, de fe; esa crisis existencial por la que el discípulo tiene la sensación de que nunca va a atracar en puerto alguno. Es también la crisis de dudar de la validez y autenticidad de las palabras que oye de su Maestro y Señor: el Evangelio.
Crisis terrible. Porque si el que le habla es un embaucador (Jn 7,47), todo en él no es más que una gran mentira. Si el que le habla no es más que un iluminado, un loco (Mc 3,21), él, que se pone a sus pies, terminará también fuera de sus cabales. Si el que le habla y enseña es un fanático y un blasfemo (Jn 10,31-33), todo en el que le escucha se ve abocado al delirio y desajuste psicológico… Y así podríamos ir desgranando de la vida de Jesús toda una serie de títulos honoríficos con los que los suyos le agasajaron. Juan lo resume en pocas palabras: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11).
Largo, tenaz e interminable es el invierno que el discípulo pasa a los pies de su Maestro y Señor en esta tierra árida. Sólo las palabras de su Señor van dando forma a la diminuta raíz que pugna por abrirse paso en su desierto. La finalidad de tanto esmero no es otra que la de modelar un corazón de pastor semejante al suyo; toda una obra de arte salida de las manos del Alfarero.
Obra sublime que el Maestro y Señor ve a lo lejos con total nitidez mientras que el discípulo la intuye con su fe, digamos que también la ve, mas con muchos, demasiados velos. En esta situación no queda sino saber esperar y confiar. La fuerza y los ánimos escasean; justamente por ello Jesús viene en ayuda de su debilidad. Él mismo será quien dé testimonio de sus discípulos de la misma forma que el Padre lo dio en su favor. De ahí que ante la objeción de Marta, “di a mi hermana que no pierda más el tiempo y me ayude”, responda con un testimonio inapelable acerca de quien había puesto su oído y todo su ser en sintonía con su Palabra: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas… María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10,41-42).
Nos parece seguir oyendo a Jesús que dice: Tu hermana representa a los pastores según mi corazón. De la misma forma que mi Padre dijo acerca de mí “Éste es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle” (Lc 9,35), así lo digo yo acerca de todos mis pastores, porque lo son según mi corazón: ¡Escuchadles, llevan mi Palabra en su alma! Sí, escuchadles porque yo mismo grabé mi Evangelio en sus entrañas; porque no desdeñaron ser raíz en tierra árida que, al final, ha resultado ser “la buena tierra que da su fruto” (Mc 4,20).
La mejor parte
Por supuesto que Dios continúa levantando en el mundo pastores según su corazón que, a su vez, levanten y afirmen sobre sus pies, a las inmensas muchedumbres de vejados y abatidos que malviven en todas y cada una de las naciones de la tierra. Llamados por la fuerza de su Palabra, encuentran su lugar, al igual que María de Betania, en el que pueden alargar sus oídos hacia su Maestro. Es por ello que esta mujer, en su estar junto al Hijo de Dios, se nos presenta como un espejo que les ayuda a reconocerse en su identidad de pastores. Saben que son administradores de los  Misterios de Dios (1Co 4,1) que les son confiados por su Maestro por medio de su Palabra, su Evangelio.
Hay además en María de Betania, en su estar cara a cara con el Señor Jesús, una faceta, un matiz, que abre un campo infinito de libertad a aquellos que sienten la llamada a ser pastores como los que Dios busca: según su corazón. Podríamos definirles también pastores según la Palabra que les ha sido confiada. Hablamos de la libertad que nace del hecho de haber elegido, al igual que María de Betania, “la mejor parte”, como testificó Jesús. La eligieron para ellos y para que su servicio a los hombres tuviera como fundamento no su propia sabiduría sino la que reciben de su Señor, como confiesa Pablo: “Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios… Mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu…” (1Co 2,1-4).
Justamente por esta su diáfana y transparente libertad, así como por la persuasión interior de haber sido enriquecidos por la Palabra y Sabiduría de Dios de cara a la predicación, son y están inmunes a la lacra de la envidia, que no pocas veces actúa como auténtico carcoma en el alma de tantos bautizados, sea cual sea su servicio o carisma. Pablo llama a éstos pobres hombres “superapóstoles” (2Co 12,11).
No envidian absolutamente a nadie, sea quien sea, haga lo que haga, ocupe el cargo que ocupe, reciba los agasajos que reciba, pues son conscientes de que han recibido, y también aceptado, elegido, la mejor parte, y están a gusto. No envidian a causa de un ejercicio ininterrumpido de ascesis o sacrificios para dominarse, no. Si no envidian es porque no tienen nada que envidiar; viven su plenitud por el hecho de estar donde están y por hacer lo que hacen.
Están donde están y oyen a su Maestro que les dice confidencialmente: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,15). Por otra parte, están más que contentos con su hacer: dan, comunican al hombre palabras de Vida (Hch 7,38b). Se las pueden dar por su estar con el oído abierto ante el Evangelio. Su relación oído-Evangelio ha dado lugar a una simbiosis. Aclaro esto: De una escucha amorosa y constante del Evangelio por la que el Maestro se lo va explicando y revelando (Mc 4,34), acontece entre el discípulo y la Palabra una especie de simbiosis, una identidad. En realidad es como si se hicieran uno con las palabras que Dios pone en sus bocas, como en el caso de Jeremías (Jr 1,9).
Con estas palabras van al encuentro de los postrados y dolientes de la tierra, los engañados por Satanás, el mentiroso por excelencia (Jn 8,44). Estos hombres, tan urgentemente necesitados de amor, exultan y se abren a la vida ante la Voz: “En verdad, en verdad os digo: Llega la hora, ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Jn 5,25). Ahora entendemos mejor por qué estos pastores nunca podrán envidiar a nadie. El ministerio que el Señor les confía es la música que emana de  la “mejor parte” que Él les propuso, y que ellos aceptaron y eligieron.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO (Ez 36,24-28) (por Tomás Cremades)

Dice el Señor por boca del profeta Ezequiel:
“…Os recogeré entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra…”
Yahvé se ha escogido un pueblo, el pueblo de Israel, del que nosotros somos sus herederos; y, en esa herencia, siempre presente en Él por sus atributos de Eternidad y Presente continuo y permanente, nos elige también a nosotros; no ciertamente por nuestros méritos o por nuestra valía; simplemente por su infinito Amor. Nos reúne de entre todos los pueblos, sin distinción de raza, color de piel, sexo, edad, formación…estas características nos definen a los humanos, incluso, a veces, nos separan, “nos clasifican”, pero no son válidas para Dios.
Nos lo recordará muchos siglos después Pablo: “…Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús…” (Gal 3,28)
Y nos llevará a nuestra tierra. ¿Cuál es nuestra tierra? Es la tierra prometida, el Cielo, la visión Beatífica de Dios. Esa es nuestra tierra. Es nuestra particular Tienda del Encuentro
La Tienda del Encuentro es el lugar donde Moisés se encontraba con Dios-Yahvé, donde Moisés hablaba cara a cara con Él, como un amigo habla con su amigo. (Ex 33,11)
Y esto sucede inmediatamente después de la idolatría del pueblo de Israel adorando al becerro de oro. Yahvé quiere castigar a su pueblo-pueblo de dura cerviz, nos dirá-, pero por la intercesión de Moisés, le envía a la Tierra Prometida, tierra que mana leche y miel, ciudad de Jericó.
Hay una oración bellísima de Moisés a Yahvé pidiéndole compañía para llegar a la tierra prometida; Yahvé le contesta: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (Ex 33.14)
Y Moisés contesta: “Así, tu pueblo y yo nos distinguiremos de todos los pueblos sobre la tierra”
A lo que Yahvé replica: “Haré también esto que me pides, pues has obtenido mi favor y yo te conozco por tu nombre”( Ex 33,17)
Hermosísimas palabras de Dios-Yahvé: “te conozco por tu nombre”en el mismo sentido nos dirá Jesucristo en (Jn10,28): “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”
Los cristianos, los que buscamos a Dios, los que queremos ser discípulos de Jesucristo, escuchamos la Voz de Dios, y Él nos llama por nuestro nombre.
…Y, continuando con Ezequiel, dice: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará, de todas vuestras inmundicias os he de purificar, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne…”
Profecía de Ezequiel, anunciando a Jesucristo: Él es el Agua viva, como le dice a la Samaritana en ese bellísimo diálogo que recoge Juan en el capítulo 4 de su Evangelio. Le dice Jesús: “…Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ¡Dame de beber!, tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado Agua Viva…”
Y más adelante continúa: “…el que beba del agua que Yo le de se convertirá en él fuente de agua que brota para la Vida Eterna…”(Jn4,14)
Jesucristo es esta agua Viva derramada sobre nosotros para purificar todas nuestras idolatrías, lavar nuestros pecados. Él cambia nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, con las palabras ARRANCARÉSi recordamos, en las palabras de la Consagración, decimos: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo…”. Palabras que dice Juan el Bautista cuando ve pasar a Jesus antes de bautizarlo (Jn 1,29), y cuya traducción más exacta es que ARRANCA EL PECADO DEL MUNDO, esto es: arranca de raíz el pecado. De esta forma, arrancará el Señor Jesús nuestros pecados, como dice la Escritura en boca de Ezequiel, cambiando nuestro corazón de piedra en uno de carne.
“… Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, vosotros seréis mi pueblo y Yo seré vuestro Dios…”. Esta tierra será para nosotros nuestra Tienda del Encuentro con Jesucristo, profetizado por Ezequiel, anunciado por Moisés en la Teofanía-manifestación- en el desierto, promesa de Jesús: “…Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos Morada en él…”(Jn 14, 23)

Alabado sea Jesucristo