viernes, 13 de noviembre de 2015

PASTORES SEGÚN SU CORAZÓN - (Hombres de Dios para el mundo) - CAPÍTULO II.-UN HOMBRE SEGÚN SU CORAZÓN


II - Un hombre según su corazón

Nos adentramos en los entresijos de la historia de Israel y recogemos el encuentro entre el profeta Natán y el rey Saúl, aunque más que encuentro habría que llamarlo ruptura. El profeta es portador de un mensaje de Dios para el rey: ha sido desechado a causa de su desobediencia, pues ha desoído su mandato para hacer lo que él creía más oportuno. Para que no quede la menor duda de lo que ha supuesto la deslealtad de Saúl  para con Dios, el profeta le dice textualmente: “Yahvé se ha buscado un hombre según su corazón, al que ha designado caudillo de su pueblo, porque tú no has cumplido lo que Yahvé te había ordenado” (1S 13,14).
Un hombre según su corazón, es decir, alguien que dará prioridad en su misión a lo que le dice Dios, y no a sus corazonadas, aquellas que dan paso a la desobediencia, que fue lo que hizo Saúl. Pablo, al comentar la elección de David, resalta la unión indisoluble entre corazón recto según y conforme a Dios y el cumplimiento de su voluntad: “… les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera” (Hch 13,22).
“Os daré pastores según mi corazón”, había prometido Dios a su pueblo por medio de sus profetas (Jr 3,15). Promesa y profecía que alcanza toda su plenitud en Jesucristo, y, por medio de Él, a los pastores que llamó y sigue llamando a lo largo de los tiempos.
Antes, sin embargo, de abordar al Hijo, nos conviene sondear en las inagotables riquezas de la Escritura, cómo es la acción de Dios en orden a moldear, trabajar, el corazón del hombre; ese corazón “tan retorcido como doloso” que nos retrata Jeremías (Jr 17,19).
No, no se cansa Dios de escrutar, como buen Alfarero, nuestro corazón tan posesivo; sabe que se puede trabajar en él aunque las primeras impresiones den a entender que es material desechable; algo así como el escultor que rechaza una piedra arenosa por su inconsistencia, ya que sabe perfectamente que no puede sacar de ella la figura que tiene en mente. Dios no es así; es capaz de convertir la arena en roca firme y hacer su obra; por eso es llamado el Alfarero, el Escultor por excelencia (Is 29,16).
Así es Dios. Es Creador, el que hace ser de donde no es, el que da forma a lo que parece hueco y vacío. Es capaz de moldear nuestro corazón hasta hacerlo semejante al suyo. Lo trabaja con un cuidado y amor infinito, está pendiente, extremadamente atento y preocupándose de que alcance la suficiente madurez mientras se fragua en el crisol de la prueba. Él sabe marcar los tiempos para que pueda resistir al fuego que le permite moldearlo. A la vez le va limpiando de toda ganga y escoria. Oigamos la experiencia del salmista: “Tú sondeas mi corazón, me visitas de noche; me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí: mi boca no claudica al modo de los hombres. La palabra de tus labios he guardado…” (Sl 17,3-4).
Si fuerte nos parece el testimonio del salmista, mucho más, creo yo, se nos antoja el de Job, la figura bíblica que representa al hombre de fe, el que “se deja hacer por Dios” por más que no entiende en absoluto los acontecimientos que caen sobre él. Sólo sabe una cosa: que Dios no puede jamás hacerle el mal, sino el bien. Por eso y enfrentándose incluso a sí mismo, a sus protestas interiores, se deja hacer por Él. En su angustia se agarra a una certeza: si se deja probar por Dios, llegará a ser oro puro a sus ojos. Oigamos su testimonio: “Pero él sabe todos mis pasos: ¡probado en el crisol, saldré oro puro…! Del mandato de sus labios no me aparto, he albergado en mi ser las palabras de su boca” (Jb 23,10-12).
No, no es nada fácil dejarse hacer por Dios. No lo es en absoluto, ya que la tentación, siempre vigente de la desconfianza que nos mueve a esquivar su voluntad, nos acosa sin cesar. Llegar a tener un corazón según el de Dios es todo un proceso, más aún, un combate en el que se ganan y pierden pequeñas y grandes batallas. Al final, el vencedor -me estoy refiriendo al que deja vencer a Dios- puede testificar, igual que Jeremías, que su corazón está con Él, le pertenece: “… A mí ya me conoces, Dios mío, me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo” (Jr 12,3).
Cuando Dios afirma respecto de alguien que tiene un corazón según el suyo, no le está confiriendo una especie de título honorífico, está afirmando que ha alcanzado la actitud e idoneidad para hacer su voluntad. Por increíble que parezca, es como si Dios le dijera: “Eres de fiar, te encomiendo esta misión”.

No busco mi voluntad

Los personajes que hemos citado a lo largo de este texto –David, Job y Jeremías- son, al igual que las grandes figuras del Antiguo Testamento, iconos que profetizan y preanuncian el Icono por excelencia, Aquel cuyo corazón fue uno con el corazón de su Padre: Jesucristo.
De Él sí que se puede decir que nunca aspiró a otra libertad, sea de palabra o de obra, que la de identificarse con su Padre. No hubo dos voluntades, la del Padre y la del Hijo, sino una sola. Jesús no se siente infravalorado por hacer la voluntad de Otro. Es su gala y su orgullo y nos lo hace saber abiertamente: “Yo no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; –al Padre- y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn 5,30).
En su obediencia al Padre y como consecuencia natural a la misión por el Él confiada, se va moldeando en su naturaleza humana un corazón disponible. Recordemos al autor de la carta a los Hebreos: “Jesús aprendió sufriendo a obedecer” (Hb 5,8). Jesús tiene un corazón humano en total comunión con el del Padre; sólo con su obediencia es posible tal identificación. Jesús, el Señor, es el Buen Pastor por excelencia según el corazón de Dios anunciado por los profetas. En Él confluyen dos voluntades, mejor dicho, dos corazones: el suyo y el de quien le envía;  digamos que el Enviado y el Dueño de la mies tienen un solo corazón, el amor los ha fusionado.
El Padre ama al Hijo, bien lo sabe Él en lo más profundo de su ser aun cuando su vida está en juego a causa de su obediencia: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo” (Jn 10,17). Por su parte, Jesús ama al Padre, lo ama en la más radical totalidad, lo ama como Hijo y como Enviado. Por amor es capaz de someterse al poder del mal, personificado en el Príncipe de este mundo. Se someterá para que quede bien claro ante el mundo entero quién tiene la última palabra acerca de su vida y la de todo hombre: Si el Príncipe de este mundo o Dios, su Padre. Dará este paso trascendental como broche de oro de toda una vida y misión que testifica que su amor al Padre no es sólo de palabra sino también de obra. Oigamos su confesión, justo a las puertas de su pasión,  de este amor único e incondicional: “…llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según su voluntad” (Jn 14,30-31).
Amor de comunión, amor de palabras y obras el de Jesús. Amor donde no se sabe dónde termina un corazón, el del Hijo, y dónde empieza otro, el del Padre. Amor que pone en evidencia tantos falsos amores entre los hombres y Dios; falsedad que el profeta Oseas denunció explícitamente: “¡Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal, que pasa!” (Os 6,4b).
Amor volátil a Dios, e incluso perverso, que los profetas denunciaron repetidamente y acerca del cual Jesús se pronunció parafraseando a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15,8). ¿Cómo pretender tener un corazón según el corazón  de Dios, con esta lejanía? Una distancia bien establecida que hace entrever un Dios molesto a quien hay que tener alejado, porque no nos permite vivir nuestra vida en paz. Recordemos lo que decían estos israelitas a los profetas que les llamaban a conversión: “Apartaos del camino, desviaos de la ruta, dejadnos en paz del Santo de Israel” (Is 30,11).
Jesús, el Hijo, el que con su obediencia se dejó modelar por el Padre, a quien le permitió hacer hasta que su corazón llegó a ser según el suyo, tiene el poder recibido de Él para modelar el corazón de los discípulos, de forma que también en ellos se cumpla la promesa-profecía de Jeremías: “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3,15).
Jesús es, entonces, modelo y modelador. Las manos con las que hace su obra en sus pastores son su Evangelio. Por supuesto que esta es una realidad que nos sobrepasa. Tenemos la tentación de pensar que un buen pastor se hace a sí mismo, como a sí mismo se hace un médico, un ingeniero, una juez… No, en este  caso es Dios quien hace por medio de su Hijo, aunque también es necesario señalar que éste sólo actúa en quien se deja hacer no pasiva sino amorosamente, confiadamente. En estas personas Jesús deposita su Evangelio que, como dice Pablo, es operante (1Ts 2,13b). Es justamente Jesús con su Evangelio quien más partido  saca de todas las riquezas, intuiciones, pulsaciones y metas de nuestro corazón.
Estremecedoras hasta lo indecible nos parecen las palabras del Buen Pastor a su Padre acerca de los futuros pastores que, sentados a su mesa, participan de la Última Cena: “…Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me confiaste se las he confiado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado” (Jn 17,6b-8).
Fijémonos bien en lo que Jesús, acaba de susurrar a su Padre: “Las palabras que tú me has confiado, aquellas por las que mi corazón es según el tuyo, yo, a mi vez, se las confío a ellos para que, más allá de su debilidad, actúen en sus corazones haciendo que lleguen a ser pastores según Tú y según Yo; según nuestro corazón: el tuyo y el mío.

Toques del Alma 119

13-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

Cuanto más es llevado un hombre por la gracia, más nítido es el sello que le indica su pertenencia. Pertenece a Dios, y no por sumisión sino por rendición. Sólo el que se rinde ante el amor de Dios puede anunciar su Evangelio, el de la Gracia, con propiedad.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Toques del Alma 118

11-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

 Todo aquel que vive sometido a la letra está en realidad, aun sin saberlo, sometido a una imprenta que puso ordenadamente un conjunto de palabras en unas páginas que, a su vez, dieron paso a un libro. Los hijos de Dios son criaturas nacidas de las Palabras de espíritu y vida salidas de la boca de su Maestro y Señor (Jn 6,63b).

lunes, 9 de noviembre de 2015

Toques del Alma 117

37. Todos aquellos que son llamados por el Hijo de Dios al discipulado, son llamados también a participar de su vida, de su ser en el Padre. Es así, con este sello existencial, que multitud de hombres y mujeres se convierten, para un mundo que les contempla entre atónitos y perplejos, en maestros del vivir y del existir.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Toques del Alma 116

8-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

Señor y Dios mío, presérvame de la hinchazón del alma, del inútil y pesado estar lleno de todo menos de ti. Presérvame de la llaga maloliente del tener, que oprime al ser. Dios mío, arranca de mí –eso sí, con mimo y suavidad- todo lo que en mí no ha sido sembrado por ti.

sábado, 7 de noviembre de 2015

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 (para el evangelio del domingo 8-11-2015)


Jesus no desdeña la generosidad de estas personas que con sus donativos ayudaban al mantenimiento del Templo, pero recalca que esta viuda que dió todo lo que tenia para vivir, manifestó la plena confianza en que su Padre celestial la cuidaría con más solicitud y cariño que a las aves del cielo y los lirios del campo (Mt 6,26...) Esta es sin duda la fe que agrada a Dios, la que le mueve a inclinarse hacia ti..

Toques del Alma 115

35. Cuando decimos que controlamos todo, en realidad nos hemos acomodado a la opresión ventajista del sistema. Dios, el antisistema por excelencia, es asombro y sorpresa continuos. Por supuesto que nada de esto estaba en el guion cuando aceptamos su invitación al seguimiento. Claro, es que no había tal guion porque Dios es Palabra, Creación continua y, como tal, prescinde de todos los guiones. Por otra parte, resulta que solamente así nos hace crecer sin interrupción.

Toques del Alma 114

34. El discipulado supone una creación ininterrumpida de Dios. Por eso lleva consigo la más importante aventura que jamás hombre alguno pueda vivir. Es así porque todo aquel que se deja crear, no controla como el que cae en un abismo sin fondo. Por no controlar, el discípulo no domina ni sus miedos ni sus dudas. Es como si el continuo hacer de Dios con él le impidiese volver atrás para tomar el control… ¿de qué? Bien lo entendió el apóstol Pedro: ¿Adónde iremos, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68).

jueves, 5 de noviembre de 2015

Toques del Alma 113

5-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

El discípulo del Señor Jesús abre, con la fuerza de su Espíritu, un nuevo camino de vida en el mar como nuevo Moisés. Lo abre para sí mismo empujado por el don divino de la libertad. La cuestión es que una vez abierto, pasa por el mismo camino toda una multitud de hombres. Dios le constituyó pastor de todos ellos.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros.- (por TomásCremades)

Este envío de Jesús, ya resucitado, se recoge en el Evangelio según san Juan (Jn 20,21). Es la primera aparición de Jesús, cuando los Apóstoles están encerrados en el Cenáculo, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Es interesante esta apreciación de “las puertas cerradas”. Los apóstoles han visto todo lo que le sucedió a Jesús, el martirio de su crucifixión, y temen que a ellos les pueda pasar lo mismo.
Pueden recordar las palabras del Maestro: “…Si a Mí me han perseguido a vosotros también os perseguirán…” (Jn15,20), y, sin la Fuerza del Espíritu Santo, que aún no han recibido, temen por su vida.
De nada han servido las palabras de Jesucristo que les anuncia su resurrección; sólo creen lo que han visto sus ojos. Y sus ojos han visto un sufrimiento atroz, injusto, en el que ni ellos mismos han sido capaces de defender. A la traición, unen el pánico. De hecho hay dos que ya han abandonado el grupo. Son los que conocemos como “los dos de Emaús”.
Éstos, como los demás, esperaban un Mesías poderoso que acabase con la dominación romana. Esperaban escalar un puesto importante con Jesús, “en su Reino”. Eran, ni más ni menos, que los “elegidos”. Han sido testigos de numerosos milagros, han visto la resurrección de Lázaro, y hay tres que han sido testigos de la Transfiguración del Señor.
Pero sólo ven ahora por sus ojos; solo vale la que tocan sus manos. Les falta fe.
¿Se parecen a nosotros? Indudablemente que sí. 
Jesús se presenta a ellos, y no les reprocha nada de su comportamiento. Comprende, incluso, en su Amor, la traición de Judas y de los demás.
Y se me ocurre pensar en la carta de Pablo a los Corintios (Cor 13, 4-8): “…La caridad ( el amor) es paciente, es amable, no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…”
Es la viva imagen de Jesucristo. ¡Qué revelación recibió Pablo! ¡Cómo definió la Caridad, el amor, personificado en Jesucristo, imagen viva del Amor.
Y dice Jesús: “como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. ¿Cómo le envió el Padre?
El mismo Jesucristo nos dice: “…Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos…” (Mt 10,16)
Pero también nos dice: “…En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo…) (Jn16, 33)
Hay un Evangelio, (Mc 6, 8-12), en el que Jesús envía de dos en dos a sus discípulos a predicar; y les dice: “…Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja, sino calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas…”
Se me ocurre pensar, que el bastón puede representar el auxilio para andar y moverse, lo que significa que es la cruz que tenemos que llevar siempre en la mano, para apoyarnos en ella. No tenemos que llevar nada más que unas sandalias para los pies, y recomienda “no llevar dos túnicas”. La túnica, el manto, representa en la espiritualidad bíblica la personalidad. Recordemos el episodio de Elías y Eliseo, cuando el primero es arrebatado al cielo. Eliseo le pide el manto, para predicar, le pide su espíritu para profetizar. Sólo debemos tener un único pensar y un único sentir: Dios
San Pablo recogerá más tarde un texto similar que dice así: “…Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno.
Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca para dar a conocer con valentía el misterio del evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene…” (Ef 6, 14-21)
Con estas palabras de Pablo, se cumple la profecía de Jesús: No temáis, Yo he vencido al mundo.
Así nos envía el Señor a predicar: seguros de que Él está con nosotros; así nos envía al mundo
 
Alabado sea Jesucristo


Toques del Alma 112

La fe no es un documento en blanco que se va llenando de contenidos a base de principios o enunciados. La fe se alimenta de postulados que están escritos en el trasfondo del libro de la vida del alma, y que se hacen presentes cuando aletea sobre ellos el soplo de Dios. Soplo emitido desde el Evangelio de su Hijo.

martes, 3 de noviembre de 2015

Toques del Alma 111

31. Crecer en el amor al Evangelio hasta el punto de que llegue a ser la Pasión de todas las pasiones que han prendido en tu vida. He ahí la mejor de todas las experiencias que un hombre puede hacer a lo largo de su vida; y lo es porque un hombre que vive esta pasión, sabe bien que cuando abre la Palabra no se está poniendo en contacto con un libro sino con Dios.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Toques del Alma 110

2-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

Buscar a Dios tiene mucho de místico. Señalo esto en la misma línea en la que digo que estoy convencido de que el hombre es místico por naturaleza, ya que sus deseos van siempre un paso más allá de su realidad. Por eso, cuando el hombre descubre su vertiente mística que, repito, ya nace con ella, lo primero que acierta a decirle a Dios es algo así como… “todo mi yo haciéndome en ti” (Paul Jeremie).

domingo, 1 de noviembre de 2015

Toques del Alma 109

1-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

Cuando un hombre busca a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, aun bajo el peso de la duda sobre si existe o no, entonces Él mismo se encarga de pasarle información de que sí, que existe; y también de que en el oleaje de sus incertidumbres nunca dejó de estar a su lado.