martes, 24 de noviembre de 2015

PASTORES SEGÚN MI CORAZÓN - (Hombres de Dios para el mundo) - CAPÍTULO III.-Sus discípulos se le acercaron



III - Sus discípulos se le acercaron
                             
Es la cercanía al Señor Jesús, al Maestro, lo que forma el corazón de sus discípulos a imagen del suyo, el Buen Pastor. Cercanía que se nos da a conocer explícita y repetidamente a lo largo del Evangelio, como bien sabemos.
Hay con todo un  momento que podemos llamar crucial en la predicación del Hijo de Dios en que esa cercanía es profunda y manifiestamente reveladora; supone un desmarcarse del mundo por parte de los discípulos a fin de entrar en la órbita del Maestro para ser formados por Él. Me refiero a aquel día en el que Jesús subió al monte, se sentó y proclamó el Sermón de la Montaña, catequesis que podríamos definir como el ADN del discipulado.
Mateo introduce este discurso evangélico, tan magistral como sublime del Hijo de Dios, en estos términos: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo…” (Mt 5,1-2).
 Partamos con detenimiento este texto. Jesús sube a un monte. Tengamos en cuenta la reminiscencia que tiene el monte en la espiritualidad del pueblo santo. Se sienta a fin de comunicar las palabras que el Padre pone en su boca (Jn 12,49). Abajo han quedado los que le acompañan, toda una muchedumbre, explicita Mateo. Sin embargo, el evangelista especifica que un grupo de entre la multitud –sus discípulos- se le acercaron.
De esta cercanía, a fin de que su corazón sea moldeado por el Buen Pastor, es de la que estamos hablando. Acercarse, en la espiritualidad bíblica, no se reduce simplemente a una proximidad física, sino que apunta a una realidad mucho más profunda. Es un aproximarse para escuchar con atención, un ir al Evangelio del Señor con el oído abierto. Isaías nos hace saber que uno de los signos distintivos del Mesías es el de tener el oído abierto a Dios (Is 50,4). Esa es la razón por la que tendrá un corazón según el suyo: corazón de Pastor.
Es en esta dimensión que hemos de entender a todas aquellas personas que, a lo largo de la historia, han llegado a ser pastores según el corazón del Señor que los llamó. Se han desmarcado de la muchedumbre a fin de acoplar su oído y su corazón –son inseparables- al Evangelio. Se han separado de los hombres a fin de dejar que el Hijo de Dios cree en ellos un corazón según el suyo para, a continuación, enviarlos de nuevo  a su encuentro, a la inmensa e ingente muchedumbre del mundo entero. “…y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).
 Volvemos nuestros pasos al Sermón de la Montaña. Habíamos dejado al Hijo de Dios sentado y en actitud de enseñar a los discípulos que, habiendo salido de la multitud, se habían acercado a Él. Por supuesto que, hablando de discípulos, trascendemos el grupo de los doce y vemos en un instante eterno y supraespacial la fila interminable de hombres y mujeres sedientos de Trascendencia, que hicieron de su vida una apasionada búsqueda de Dios. Así como nos es fácil imaginar al andariego acercar con ansia y gozo sus labios resecos a la fuente que encuentra en su caminar, vemos también a estos hombres y mujeres allegarse con sus oídos y sus corazones –aburridos de toda rutina- a las palabras de vida que fluyen de la boca de su Señor: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (Jn 6,63b).
De la abundancia del corazón
Nos detenemos a degustar la primera de las ocho bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3). Podemos señalar que miles y miles de arroyos y veneros han surgido de este manantial de agua viva nacido de esta primera bienaventuranza. Nos vamos a decantar por uno de ellos, siempre en la línea de reconocer a los pastores según el corazón de Dios. Discípulos llamados por su Hijo, que tienen la misión de iluminar al mundo entero (Mt 5,14) y de revestirlo con su alegría (1P 1,6-8), alegría que su Pastor sembró en sus entrañas: “Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros… Ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada” (Jn 17,11b-13).
Los pastores según el corazón del Hijo de Dios son pobres de espíritu porque son hijos de la precariedad; por no tener seguridades, no tienen ni siquiera garantizada la Palabra           –según la garantía del mundo- con la que se alimentan a sí mismos y a sus ovejas. Permanentemente han de estar pendientes de que Dios ponga sus palabras en su boca, como atestigua el apóstol Pablo: “…orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio…” (Ef 6,18-19).
No predican, pues, de lo que han aprendido de memoria, sino de lo que Dios les da gratuitamente, tal y como profetizó Isaías (Is 55,1-2). Así, de la abundancia de su corazón, alimentan a su rebaño, como afirma Jesús (Mt 12,34). En este sentido, hemos de señalar que no es posible ser pastor según el corazón de Dios sin la experiencia continua de la precariedad. Sólo quien vive en el día a día en esta especie de escuela, aprende a confiar en Dios. De ahí que podemos traducir la primera bienaventuranza en estos términos: Bienaventurados los que, llenos de confianza, aceptan la precariedad evangélica, porque conocerán lo que es tener la vida depositada en las manos de Dios. Ellas son el verdadero Reino de los Cielos.
Los pastores según el corazón del Hijo de Dios encarnan, al igual que Él, -por supuesto que no en la misma plenitud- la experiencia de fe del salmista que, habiendo sopesado los dioses del mundo, aquellos que insistentemente pretenden absorber su vida llenándola de vacíos, se decantan por el Dios vivo, el que da sentido a su existencia. Él es su bien, su lote y su herencia. Paradójicamente, esta su fe, fuerte como una roca, se apoya en la precariedad, ¡Bendita y prodigiosa precariedad que le permite saberse en las manos de Dios! En Él, su vida y su destino están asegurados: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: Tú eres mi bien. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen… El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en su mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad” (Sl 16,1-5).
La experiencia de la precariedad. He ahí el genuino campo de la fe, en cuyos surcos el grano de trigo encuentra su lugar para germinar y dar fruto (Jn 12,24). Por supuesto que estos pastores no están en absoluto exento de crisis, desánimos, dudas y hasta de llegar a pensar que están perdiendo su vida por una causa perdida o bien, que no le interesa a Dios. Isaías nos presenta esta terrible tentación en una de sus profecías mesiánicas más dramáticas: “Yo me decía: Por poco me he fatigado, en vano e inútilmente he gastado mi vigor. ¿De veras que Dios se ocupa de mi causa, y de mi trabajo?” (Is 49,4).
En manos de Dios
¡Cuántas veces esta profecía mesiánica se cumple también en los pastores con la intención de adueñarse de su alma hasta someterla! Tristeza y angustia se abaten sobre ellos como se abatieron sobre su Maestro: “Mi alma está triste hasta morir”, exclamó  con un gemido estremecedor en el Huerto de los Olivos (Mt 26,38). Es como si su alma  hubiera sido atravesada por una espada; sin duda que el dolor alcanzó también a los suyos. Bajo esta tentación, parece que la precariedad sea algo casi ridículo, ajena al sentido común; nos sentimos como desamparados. Tiembla el alma de estos amigos de Dios. Sin embargo, justamente por ser amigos, porque han hecho experiencia de su cercanía y sus cuidados, se sobreponen a la “falsa evidencia” de creer que se han equivocado al haber aceptado la misión recibida de su Señor. Rehaciéndose de su abatimiento, levantan sus ojos hacia Él, y proclaman exultantes: “Pero yo confío en ti, Señor, te digo: ¡Tú eres mi Dios! En tus manos está mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores; haz brillar tu rostro sobre su siervo… No haya confusión para mí…” (Sl 31,15-18).
La fluctuante y sinuosa precariedad se ha convertido en roca firme; en ella han encontrado a su Dios… ¡y descubrieron que es Padre…, su Padre! Es entonces cuando saben que sí, que han acertado al aceptar la llamada que recibieron. Han acertado con su vida no porque ésta haya culminado la realización de un proyecto tras otro, sino por algo mucho más esencial, han culminado su Gran Proyecto: haber encontrado en las manos de Dios su hogar. Dios es el único que está pendiente de su causa porque piensa en él (Sl 40,18). Es así porque la causa del que llama y del llamado es la misma, como se nos dice en los Hechos de los Apóstoles hablando de Pablo y Bernabé: “Hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros, juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que son hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo (Hch 15,25-26).
Los pastores según el corazón de Dios se saben, a pesar de las tormentas y contrariedades de todo tipo, en sus manos. Antes que pastores, son ovejas del Buen Pastor quien, al elegirlos, los tomó en sus manos y los pasó a las manos del Padre con esta garantía: “Nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre” (Jn 10,28-29). Tanto en el Hijo como en sus pastores, se cumple la profecía-promesa de estar “guardados junto a Dios, sellados en sus tesoros” (Dt 32,34).
En tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46). He ahí el grito de fe del Hijo de Dios mientras las tinieblas, ingenuamente, celebraban su triunfo en el Calvario. Grito de victoria, cuyos ecos resonaron con tal fuerza que todos reconocieron que el crucificado había vencido: “… Todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho (Lc 23,48).
En tus manos, Padre: ellas son las bolsas donde los bienes adquiridos por el Evangelio y la evangelización -tesoros inagotables, puntualiza Lucas-  están seguros, son inalcanzables a los ladrones, inmunes a la carcoma de la polilla; y a la luz de los días en que vivimos, inaccesibles a la voracidad y vaivenes del mercado: “Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla” (Lc 12,33) A estos pastores que confían su vida en las manos de Dios, Él mismo les llama pastores según su corazón (Jr 3,15).

Toques del alma 125

Más allá de las palabras, a veces tan devaluadas por ambiciones y vanidades inconfesadas…, está la Palabra. Nada hay en Ella de ambigüedades ni trampolines para medrar. La Palabra es por sí misma el Amor inmortal; quien se deja seducir por ella saborea la inmortalidad del Amor.

Toques del Alma 124

Sed para los demás, dice el Hijo de Dios sin cesar a sus discípulos. Sed mi Teofanía, mi Presencia ante los esclavos de toda ausencia, los gimientes del espanto de la soledad.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Toques del Alma 123

22-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

El espacio habitacional de Dios en ti es directamente proporcional al que tú desocupes en tu abrazarte al Evangelio. Cuanta más vida tuya entregas al mundo, más vida suya   –la de Dios- entra en ti.

sábado, 21 de noviembre de 2015

¿ QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5

¿ QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5
Se extrañó Pilato de que todo el pueblo a una con los Sumos Sacerdotes le entregasen a Jesús para condenarle a muerte. La cuestión es que todo aquel que viva en la Mentira..rechaza la Verdad..a Jesús..por eso sigue siendo entregado. Sin embargo...es Rey de Reyes y Señor de Señores..Ap 19,16

viernes, 20 de noviembre de 2015

La iglesia, enigma o misterio.- parte I.- (por Manuel Armenteros Martos)

Ante los mundanos hechos e infidelidades de algunos de sus miembros de la Iglesia, valga esta breve reflexión sobre ella.
Nuestra iglesia, pues soy creyente practicante, desde el principio tuvo que superar un doble escollo: la desafección de los judeocristianos que bajo la presión del nacionalismo judío, corrían el peligro de volver a la Antigua Alianza, y la presión de los pagano-cristianos que corrían el riesgo de abandonar la Fe nueva, antes que verse apresados por el judaísmo antiguo, universalizándose la iglesia.
Más adelante, insertada, metida en las estructuras de la vida política del Imperio romano, del Feudalismo después, de la Cristiandad medieval y de las naciones modernas... la Iglesia debería haber perecido con ellas. Pues bien lo extraño, lo paradójico es que sigue existiendo, presentado ante el mundo más santos (as) que visibles pecadores. Veinte siglos no han logrado acabar con su vitalidad.
En la historia humana tal como la conocemos, semejante temporalidad constituye un verdadero enigma,,
   
(continua en parte II)

La Iglesia, enigma o misterio .- parte II.- (por Manuel Armenteros)

(viene de parte I.....)

.. Sabemos por la Fé que la Iglesia no perecerá, porque el principio de su perennidad no está en el hombre sino en Diós, revelado y encarnado en su propio Hijo Jesucristo y en su Espíritu que la impulsa. Por ello todo aquel que es consciente no debe extrañarse demasiado de que una institución haya logrado mantener su identidad y dinamismo. La Iglesia, insisto, no deja de ser a pesar de todo, una paradoja, pues en el seno del abismo de sus miserias, encuentra la cruz que el ecándalo lleva aparejada y al asunirla como  Jesús, la Iglesia encuentra siempre la luz y la fuerza de su Resurreción, purificándose. El fenómeno parece desembocar más que en un enigma , en un Misterio. Un Misterio de Salvación de Dios para los hombres. Porque dentro de ella transita su Reino, donde el perdón, la gracia y la misericordia de Dios, nos introduce en Él, nunca por nuestros propios méritos.

TRES CANTOS.- 10 de Noviembre de 2015.- Manuel Armenteros Martos

El señor cuida de sus fieles (por Carmen Pérez)

"SALMO 146: EL SEÑOR CUIDA DE SUS FIELES, LOS QUE CONFÍAN EN SU MISERICORDIA.
Nos dice, no te apures ni te agites por los problemas de la vida. Carga sobre Mí todas tus angustias, Yo te amo y sé lo que te hace falta".

Toques del Alma 122

20-11-2015
Toques del Alma 
(Por el padre Antonio Pavía)

En cada generación surgen como por encanto voces que exigen a la Iglesia una adaptación al “mundo real”. Estas voces que se dicen y creen autorizadas, olvidan que Jesucristo envió a sus discípulos al mundo para ser su Luz (Mt 5,14), y no cómplice de sus tinieblas.

jueves, 19 de noviembre de 2015

TU ME SEDUCES Y ME HABLAS AL CORAZÓN.-(por Paloma Sebastián)

Dios ama infinitamente a todos sus hijos y busca atraernos hacia  Él . El salmista totalmente atraído por Dios habla así: " Como buca la cierva corrientes de agua , así mi alma te busca a tí Dios mío" , " cuando encontraba palabras tuyas , las devoraba".
     Dios nos lleva al desierto para seducirnos y hablarnos al corazón. Cuando el Señor dice que nos va a llevar al "desierto" , está queriéndonos decir  que tenemos

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Toques del Alma 121

 

1. No hay mayor acto de amor al hombre que el de anunciar el Evangelio  de Dios, es así como recibe la luz que le permite encontrar su alma o, dicho de otra forma, le permite encontrarse.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Toques del Alma 120

40. Por más que nos asombremos de la grandeza de la creación con todas sus galaxias, y aun teniendo en cuenta que la inmensidad que queda por descubrir es mayor que lo que conocemos, bien pequeño es todo ello al lado de lo que Dios Padre quiere y puede hacer en nuestro espíritu. Es tal su hacer en nuestras interioridades que a su lado, la creación entera no parece sino más que un simple ensayo.  

sábado, 14 de noviembre de 2015

¿Quién eres Señor? Hch 9,5 (Para el Evangelio del Domingo 15-11-2015)

¿Quién eres Señor? Hch 9,5
(Para el Evangelio del Domingo 15-11-2015)

El sol, la luna y las estrellas..figuras bíblicas que representan toda idolatria,  caerán. Si, caen gradualmente y estrepitosamente a las puertas de la muerte.Por el contrario el que muchos creen muerto, una simple fábula, viene con poder y gloria inmortal para sus elegidos. Una aclaracion: La elección se busca, se escoge, como Maria la de Betania que supo escoger la mejor parte: sentarse a los pies de Jesús escuchando su Palabra(Lc 10,38-42)