domingo, 13 de agosto de 2017

Poemas II.- EL LIBRO QUE PONES EN MIS MANOS.-(por Olga Alonso)

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis  Os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros ois, pero no lo oyeron

Lc 10, 23-24
 
EL LIBRO QUE PONES EN MIS MANOS
 
Es hermoso este libro que pones todos los días en  mis manos para rezar.
 
Hoy he descubierto que yo te hablo y  me respondes.
 
Es nuestro espacio de conversación, Señor.
 
No importa cuántas veces haya leído el mismo texto.
 
Hoy,  decides acariciar mi alma con una palabra y, ayer, tú secaste mis lágrimas con una frase de esperanza.
Otro día, me descubriste tu inmensidad en un verbo.
 
¿Quién sabe qué regalo del cielo me encontraré mañana en este libro, que es nuestro pequeño espacio de encuentro diario, Señor?
 
Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. 
Isaías 42:16
 

sábado, 12 de agosto de 2017

Él nos abre un camino (por Carmen Pérez)

"El dividió en dos partes el Mar Rojo,
porque es eterna su misericordia,
Y condujo  por medio a su pueblo, porque es eterna su misericordia" 
(Sal 135).

Nos abre un camino en medio del  Mundo  para que pasemos ... Y como dice el profeta: "Como árboles plantados en esa orilla demos frutos los doce meses del año".
Y. sanear las aguas del mar para que haya vida en ellas ..(El mar significa el mal) 
Y Él es el primero que abre un camino.... 

Y Jesús nos dice: yo soy el camino, la verdad y la vida ... caminad por mí y llegaréis al Padre.... 

¿Hay promesa más bonita? Que el Señor se fíje en mí para algo tan grande ...
¡Pues este es nuestro Dios!

viernes, 11 de agosto de 2017

Pastores Según mi Corazón (Hombres de Dios para el mundo).- Cap XXX.- LAS CENIZAS SE SONROJAN


Las cenizas se sonrojan

 

Uno de los signos que hará reconocible al Mesías anunciado por los profetas de Israel es que, gracias a Él, el hombre podrá ser partícipe del fuego, de la luz de Dios. El salmista lo explicita meridianamente al proclamar exultante ante Dios: “En tu luz vemos la luz” (Sl 36,10b). Es la Luz -sinónimo del Fuego- la que hará posible que se restablezcan los brazos débiles y las rodillas vacilantes del hombre caído. Recordemos la exhortación llena de esperanza de Isaías: “Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón cansado: ¡Ánimo, no temáis!” (Is 35,3-4a).

Al igual que esta promesa,  otras semejantes se harán también realidad por medio de su propio Hijo, el Emmanuel. Se acercará al hombre caído y no le pedirá cuentas, sino que le levantará. El mismo Isaías nos lo anuncia proféticamente como aquel que se compadece de la mecha humeante a la que se ha visto reducido el hombre que ha decidido vivir de espaldas a Dios. Se apiadará de él y, con ternura inmensurable, convertirá su apenas imperceptible pábilo en luz, en antorcha de Dios que ilumina el mundo.

Jesús, antorcha, hoguera luminosa de Dios Padre, prenderá su fuego en el mundo. Sí, lo hará pero a costa de su vida. Su obediencia amorosa al Padre, su entrega incondicional al hombre, le lleva hasta su mecha humeante, sus brazos caídos, sus esperanzas fallidas, su corazón renqueante; y, con su aliento, prenderá en él el Fuego eterno, el de Dios.

He aquí una descripción bellísima de la acción del Hijo de Dios sobre el hombre. Su Encarnación fue un caminar hacia sus angustias, al tiempo que Él no se privó de ellas; Él mismo nos lo hace saber cuando, confidencialmente, se abrió a sus discípulos y les dijo: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! (Lc 12,49-50).

No parece que sus discípulos se enterasen mucho de lo que les acababa de decir, pues sus ensoñaciones idílicas acerca de Jesús y su misión pesan demasiado. No importa -se diría el Señor- ya tendrán su tiempo de madurez. De todas formas, en la última cena vuelve sobre el tema, puntualizando que sólo entregando su vida podrán recibir el Espíritu Santo que -como sabemos- descendió en forma de fuego sobre ellos (Hch 2,1…).

Jesús pierde la vida, mejor dicho, la entrega por amor. Sin duda que las angustias le pesan enormemente; aun así, el amor es más fuerte. Es la obediencia de quien ama, de quien confía, del que pone toda su existencia en Aquel que le indica su voluntad. Nunca una obediencia fue tan libre, nunca un amor tan cargado de vida hacia aquellos a quienes ama: las mechas humeantes, los hombres sin brazos ni pies para sostenerse, ¡el hombre caído!

Estremecedora, a este respecto, la profecía de Isaías sobre la restauración de Jerusalén. La ciudad de la tristeza, a causa del exilio, se convertirá en la ciudad de la luz, y su esplendor iluminará a todas las naciones: “Por amor de Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha. Verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria" (Is 62,1-2a).

No, no descansará el Mesías hasta que se cumpla esta palabra del Padre. Incluso si es necesario que Él se abrace a las tinieblas de la cruz y de la muerte para que el hombre alcance a ser revestido de la luz y fuego de Dios, dirá a su Padre: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (Hb 10,7).

 

Reflectores de su Luz

El Hijo de Dios murió en la cruz, y de su costado abierto, como nos dicen los Padres de la Iglesia, nació la nueva Jerusalén, a la que Pablo llama metafóricamente: “nuestra madre” (Ga 4,26). Es normal que la que ha sido revestida por la luz de Dios, sea también la luz del mundo. Sus hijos, que lo son por ser discípulos del Señor Jesús, fueron llamados por Él mismo la luz del mundo: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt 5,14-15).

Cuando Jesús dice a sus discípulos que son la luz del mundo, no les está confiriendo un título honorífico, sino una misión. El rechazo está garantizado y anunciado (Jn 15,19), mas también la victoria del que acepta su misión en total consonancia con quien le envía. Las palabras del Prólogo del evangelio de san Juan acerca de Jesús se cumplen también en sus enviados/discípulos: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron” (Jn 1,5).

Vosotros sois la luz del mundo, les dice; es esencial a su elección iluminar al mundo entero. En ellos se realiza la obra de salvación que el Hijo de Dios hará a los hombres, tal como profetizó Isaías. El Mesías anunciará a los pobres la Buena Noticia, vendará los corazones rotos, abrirá a los cautivos caminos de libertad, cambiará sus tristezas y lutos –recordemos las mechas humeantes- en gozo y fiesta incontenible; y no sólo eso: serán reconocidos como plantación de Dios para manifestar su gloria (Is 61,1-3).

Plantación de Dios, su obra amorosa. Y llenos de su esplendor manifestarán al mundo entero la gloria, el amor del Bendito y Eterno.  Oigamos lo que  Jesús añadió cuando dijo a sus discípulos: vosotros sois la luz del mundo. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16).

Luz de Dios para el mundo, su fuego y su calor frente a la oscuridad lóbrega que le envuelve. Lo anunció el profeta acerca del Mesías: “El pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz. A los que vivían en tierra de sombras, una gran luz les brilló. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia…” (Is 9,1-2a). Una vez que el Hijo de Dios cumplió su misión de ser Luz del mundo, pasó el testigo a sus pastores. Ellos serán los que, yendo hacia los más alejados rincones de la tierra, iluminarán a los hombres avivando el resplandor de Dios con su Palabra, que es Fuego y Luz verdadera (Jn 1,9).

Estos pastores, que tienen muy claro el tipo de pastoreo al que les ha llamado su Señor y Maestro (Mt 23,8), reflejan la gloria de Dios. Gracias a ellos, porque son pastores según el corazón de Dios, la gloria de lo alto es visible al mundo entero, abriendo así las puertas de la salvación a “hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Ap 5,9b).

Los pastores reciben su misión, envuelven el corazón de sus oyentes con la luz y el fuego de quien les llamó y, tal y como Él les dijo, glorifican a Dios a causa de su ministerio. Pablo testifica que sí, que es cierto que se cumple la promesa que Jesús hizo a sus pastores, los de todos los tiempos, que su pastoreo daría gloria a Dios: “…Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia… Solamente habían oído decir: El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir. Y glorificaban a Dios a causa de mí” (Gá 1,21-24). La mayor señal de la impostura de un pastor es cuando, como “sin querer”, trasvasan la glorificación a Dios, hacia ellos.

 

Solidarios con los que no ven

Los pastores según el corazón de Dios se reconocen instantáneamente. Desde la oración del corazón, se acercan a la Palabra con el temblor provocado por el asombro inaudito de saberse junto a Dios. Con sus manos entregadas a su misión, van descubriendo y sacando a la luz el Fuego de Dios que, como la lava de un volcán, discurre oculto entre el conjunto de las palabras textuales de la Escritura. Estremecidos ante las entrañas ardientes de Dios que Él mismo ha hecho visibles a los ojos interiores de su alma (Ef 1,18), van presurosos al encuentro de sus hermanos. No necesitan una orden; los gritos de la humanidad, huérfana de vida y calor, les apremian; es como si  todo su interior ardiese.

Por eso mismo, porque el fuego que Dios ha prendido en sus entrañas, se ha convertido en una hoguera incontenible, necesitan compartirla con sus hermanos. Mucho les queman las brasas del Evangelio para quedarse impasibles. Sólo así, compartiéndolas, pueden encontrar sosiego a tanto estremecimiento interno. Cual nuevos samaritanos, se llegan al hombre, al que la frialdad sistemática del Mentiroso (Jn 8,44) ha arrojado, cubierto de heridas, en su camino existencial. Cara a cara con él, convierten su mecha humeante en una hoguera como la suya.

Estos pastores según el corazón de Dios conocen la alegría perfecta, sin límites, porque tiene su origen en Dios, y su meta no existe por venir de quien viene. Su alegría nada tiene que ver con éxitos ni con logros; si fuese así, sería muy poca cosa, y dar la vida por tan poca cosa es desbaratarla, ponerla a precio de mercadillo.

La alegría de estos pastores reside en ver crecer a sus ovejas, saber que su relación con el Fuego de la Palabra no es pasiva sino activa. Me explico. Unas ovejas bien evangelizadas alcanzan a descubrir y sacar a la luz, también ellas, el Fuego oculto de Dios en la Escritura, como dijimos antes. También Dios les da el poder hacerse con el Espíritu y Vida que palpita en su Palabra (Jn 6,63b). Llegados a este punto, entendemos que la alegría de estos pastores no es medible. Hablamos de la alegría colmada que tuvo Jesús: “Ahora voy a ti, Padre, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada” (Jn 17,13).

Se da una relación así entre pastores y ovejas, cuando el fuego del Evangelio prende en unos y otros, y sólo Dios es glorificado, porque es de su seno de donde ha surgido la llama viva de la predicación. Si diéramos voz a esta predicación y le preguntáramos quién la dio a luz, nos respondería “Yo salí de la boca del Altísimo” (Si 24,3).
Más de uno se habrá extrañado, incluso asustado, por lo que acaba de leer. Otros, más comprensivos, pasarán por alto el susto pensando que me he permitido una licencia metafórica. Bueno, me limito a decir que esto mismo fue lo que Dios dijo a Moisés para tranquilizarle, pues se consideraba totalmente incapaz de cumplir la misión que le había confiado. Le dijo: “Vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir” (Éx 4,12). Cuanto más estos pastores tienen conciencia de que su predicación viene de Dios, tanto mejor comprenden lo que les dijo su Señor: “Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles” (Lc 17,10). Claro que a esto hemos de añadir que Dios glorifica a todo aquel que, renunciando a su propia gloria, busca la suya, la de Él. 

¿ QUIEN ERES SEÑOR ? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 13 de Agosto de 2017

Los apóstoles  faenan en el mar y de pronto se ven zarandeados violentamente por una tempestad. El embate de las aguas sobre la barca les sume en una terrible angustia. En esto una voz resuena en la oscuridad: ¡Ánimo, no temáis, soy yo! Asustados, no saben si es el Señor o una alucinación provocada por sus delirios y miedos. Pedro decide salir de dudas, total que no tiene ya nada que perder, Grita ¡Señor, si eres tú, dáme una Palabra que me permita caminar hacia Tí sobre el mar!. Jesús se la da.. ¡ Ven ! Y Pedro con miedos , titubeos y hasta hundimiento llegó hasta Jesús. Esta es la fe adulta, caminar sobre el mar de nuestra vida a veces tempestuosa apoyados en una Palabra.. se llama Evangelio. Cuidado con sucedáneos... ¡ El Evangelio ! Caminar de la mano del Evangelio es caminar de la mano del Hijo de Dios, quien dijo: " Nadie va al Padre si no es por mí" Jn 14,6

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Casualidades (por Rafael Salazar)

Señor, sé que estás siempre conmigo... ¡qué alegría cuando provocas asombrosas "casualidades" en mi vida, que sé que son fulgores de tu existencia!


Libres de ataduras (por Carmen Pérez)

"Como una polilla roes sus tesoros, el hombre no es más que un soplo.."

Quién no ha sentido como desaparece. todo por lo que lucha ... y como van terminando todas sus expectativas .... Se van los hijos .. las cosas ya no te satisfacen y también se van...

En el mismo Salmo se dice:  "Señor dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis años.. para que comprenda lo caduco que soy".

El Señor nos va despojando de todo para que podamos entrar por la puerta estrecha,  y así ya libres de toda atadura ... poder entregarnos a él con toda confianza . Recordemos el hijo pródigo había pecado mucho... Pero Él lo esperaba con los brazos abiertos .. y no contento con eso le hizo una fiesta... 
Pero nos pide volver con humildad y arrepentidos ... ¿No es maravilloso saber que nos ama as?í ...pues así es,

AMÉN

jueves, 10 de agosto de 2017

La felicidad (por Paloma Sebastián)

Feliz quien se deja aconsejar por el Espíritu que inspiró las Sagradas Escrituras, ya que no morirá sino que vivirá para bendecir y alabar al Señor, en esta vida y en la eternidad.
La felicidad es Dios padre, Dios hijo Jesucristo y Dios Espíritu Santo, Dios uno y trino que habita en toda persona que guarda la Palabra De Dios en su corazón. "El que me ama guardará la Palabra y vendremos a él y haremos morada en él".

miércoles, 9 de agosto de 2017

LAS TRES RESURRECCIONES DE JESÚS (por Tomás Cremades)

Dicho así, parece que Jesús hubiera resucitado por tres veces, y no fue así. Sólo resucitó una vez: “…Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte no tiene ya señorío sobre él…” (Rom 6,9), nos dice san Pablo en la Carta a los Romanos. Pero hay tres muertes, con los correspondientes milagros de Jesús, que es bueno pararse a meditar.


El primero es la resurrección de la hija de Jairo. Lo relata Marcos (Mc 5,21): Jesús, después de la curación del endemoniado de Gerasa,  “pasa a la otra orilla”, nos dice textualmente el Evangelio. Y se llega a él un personaje llamado Jairo, jefe de la Sinagoga, rogándole: “…mi hija está a punto de morir, ¡ven! ¡Impón tus manos obre ella!, para que se salve y viva…!”. Le interrumpe en su camino una mujer que lleva doce años con flujos de sangre, - la sangre para el pueblo judío, representa la vida -, y en ello, que le llegan de casa de Jairo para avisarle que la hija acaba de fallecer. San Agustín interpreta este Evangelio comentando que es la imagen del pecador que muere por el pecado del pensamiento.Podríamos decir, que es una muerte súbita, no es una muerte esperada. Y es que, el pecado de pensamiento, se presenta también en nuestra mente así, de forma “súbita”.
Hay en este relato una nota catequética que no se puede dejar pasar. Es cuando dice: “pasar a la otra orilla”. Pasar a la otra orilla, es pasar al lugar donde reside el pecado, donde el hombre más necesita a Dios. Y ahí está Jesús, en esta otra orilla, buscando a la oveja perdida.
El segundo milagro se refiere a la resurrección del hijo de la viuda de Naim. Y nos lo cuenta Lucas en (Lc 7, 11-17). Acaba de sanar Jesús al hijo del centurión, cuando va de camino a una ciudad llamada NaimEs interesante ver cómo Jesús sana al hijo del centurión, “a distancia”. En tiempos de Jesús, según la Ley de Moisés, el que tocaba a un pagano, a un gentil, quedaba contaminado, y así, cumpliendo la Ley, el Señor, le cura.
Al entrar ve una gran muchedumbre: es del entierro del hijo de una viuda. Las viudas, en aquellas épocas, muy frecuentes, por otro lado, debido a las continuas contiendas, a la par que a la falta de una justicia que aminorara los asaltos y asesinatos, quedaban totalmente desvalidas, al no haber como en los tiempos actuales, una Seguridad Social que les pudiera amparar. No sólo tenían el dolor del  fallecimiento, sino también, se veían condenadas a la miseria, dependiendo de la caridad pública. San Agustín interpreta esta situación como la del pecador habituado a pecar, de obra. Hemos de recordar que “el salario del pecado es la muerte, nos dirá san Pablo; es la muerte del alma. (Rom 6,23)
Y el tercer milagro es el de la resurrección de Lázaro. Lázaro, amigo querido por Jesús, hermano de Marta y María de Betania, fallece. Y le avisan a Jesús que Lázaro ha fallecido. Jesús recibe la noticia, y aún espera dos días más. Llama la atención que el Señor espere tanto tiempo. Y no es por casualidad, Los judíos consideraban que había que esperar al cuarto día del fallecimiento, para asegurar que esa persona había fallecido; podía ocurrir un desvanecimiento, una posible recuperación…lo que ahora podríamos definir como un estado cataléptico; y así, a los cuatro días, era seguro que el cadáver entraba en descomposición. Jesús, espera a que Lázaro esté totalmente muerto, y no haya ninguna duda de ello. La interpretación de san Agustín es la de una persona que vive “habitualmente “en pecado; está totalmente muerta su alma. Es un vivir de permanente ausencia de Dios.
No es que estas interpretaciones de san Agustín reflejen el pecado de los protagonistas del fallecimiento; el santo quiere comparar su estado de muerte con la muerte del alma que produce el pecado en el hombre, en la línea que comenta san Pablo como hemos visto al principio.
Pues estas tres resurrecciones en los milagros de Jesús, nos llevan al pensamiento del fracaso del hombre al pecar gravemente, que le deja al arbitrio total del Maligno. Jesucristo, el buen Samaritano, que no da un rodeo para no contaminarse como en la parábola citada, que es Señor del tiempo y de la historia, que tiene todo el poder del Padre, y a Él invoca en los milagros, que cura a distancia cumpliendo la Ley…, es capaz de sanar el cuerpo y el alma de las personas que mantienen su pecado, ya sea de forma puntual o inmediata, o permanente.
Alabado sea Jesucristo

domingo, 6 de agosto de 2017

¡No esperes más! (por Rafael Salazar)

¡No esperes más!, Deja que la existencia del Señor dé sentido  a tu existencia.

¡No esperes más!, Deja que Jesús y su Evangelio eliminen las sombras y el sin sentido que sin Él se ciernen, sobre tu nacimiento, tu vida y tu muerte.

¡No esperes más! Deja que el Evangelio  elimine el sin sentido de tu mundo.

¡No esperes más!, La misma palabra que existía antes de la Creación de todo, existe y clama hoy. Déjala que actúe en tu vida.

¡No esperes más, La Palabra De Dios da sentido a tu existencia!

Alabado sea Dios

Poemas II.- SI TE CULPAS (por Olga Alonso)

Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo Jn 12,46-47
SI TE CULPAS


 Si te culpas, pierdes la oportunidad  de que Dios te perdone.
Nuestro Dios quiso amarnos en el perdón y negar su perdón es negar su amor.
Solo se conoce a Dios cuando permitimos que El, cumpliendo su voluntad primera, nos libere de la pesada carga de nuestras culpas.
Por eso, dedicó el momento culminante de su vida en la tierra a morir por nosotros.
Con esta entrega, nos dijo a cada uno que su voluntad era amarnos hasta el extremo y, en su cruz, abrazó nuestras pesadas cargas, las de cada día, 

las grandes y las pequeñas,
las que te impiden amar,
las que te inclinan a maldecir,
las que no te permiten levantar los ojos del suelo
y las que te restan libertad y te nublan el aire para no ver a Dios.


Si nuestro Padre del cielo, amó nuestra culpa hasta morir para quedarse con ella
¿Cómo tener la arrogancia de no entregársela?
¿cómo retenerla para que siga emponzoñando nuestro corazón?


 
Nuestra culpa le pertenece  y quien se la entrega, descarga su corazón y deja espacio para el Amor de Dios.


 Hay algo tan creador en el perdón de Dios que tal como nos dijo Jesús en su Evangelio, amamos en proporción al perdón que recibimos.
Dios crea Amor en nuestro corazón cada vez que nos perdona y, quien sufre reteniendo su culpa pierde la oportunidad de sentir la libertad de los Hijos de Dios y caminar por el mundo tocando el suelo con la punta de los pies, sintiendo que tocamos el Cielo.

Mi sacrificio es un espíritu contrito, 
Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias Salmo 51(50), 19b



 

viernes, 4 de agosto de 2017

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 6 de Agosto de2017





¿ QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 6 de Agosto de 2017

Por mucho que demos rienda suelta a nuestra imaginación con el fin de hacernos una idea de lo que Dios tiene preparado para los que le aman, siempre nos quedaremos cortos. Lo vemos en el Evangelio de hoy. Jesús , junto a Moisés y Elías, prototipos de todo israelita fiel, se manifiesta transfigurado y glorioso ante Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor. Pedro no concibe mayor plenitud de vida que la de plantarse en el monte para contemplar la Gloria de Jesús Transfigurado. Muy pobre su expectativa. Jesús en la Ultima Cena dice que subirá  al Padre y que preparará a los suyos una morada junto a El ( Jn 14,1-3). Junto a Él y no como espectadores, sino gloriosos y transfigurados. 
Oigamos a Pablo: "..esperamos como Salvador al Señor Jesús quien transfigurará nuestro cuerpo corruptible en un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil 3,20b - 21)

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Elevar la mirada (por Rafael Salazar)

Ante las dificultades y sufrimientos de esta vida no te quedes mirando a ras de suelo.. ¡Mira sí!  Pero mira elevando la mirada, mira desde la trascendencia eterna de tu vida y mira desde el Amor eterno de tu Dios.

Pasar la noche (Carmen Pérez)

"Y ahora bendecid al Señor  los siervos del Señor, los que pasáis la noche en la casa del Señor.." (Salmo 133).


Los que esperan con paciencia que pase esa noche triste, donde no ves nada y todo te parece mentira ..
y muchos ...y tú mismo te preguntas donde está Dios ... pues esta ahí contigo ..pasando la noche y esperando que  llegue el día ...y poder decir:  ¡Tú me das más alegría de la que se puede nadie imaginar!

miércoles, 2 de agosto de 2017

El grito del hombre esperanzado en Dios Salmo 129 (Tomás Cremades)


Desde lo hondo grito al Señor:
¡Señor, escucha mi voz!
¡Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica!
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿Quién podrá resistir?
Pero de Ti procede el perdón
Y así infundes respeto
Mi alma espera en el Señor,
Espera en su Palabra, 
Mi alma aguarda al Señor
Como el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor
Como el centinela la aurora
Y Él redimirá a Israel de todos sus  delitos

El hombre que ha tocado fondo en su vida, y ve sus miserias, tiene tres opciones: desesperarse creyendo que sus pecados y su salvación ya no tienen perdón de Dios; pasar olímpicamente del tema diciendo como el impío: no hay Dios; o confiar en la Misericordia de Dios. Que comprende sus miserias, y perdona de todo corazón al pecador arrepentido.

El primer supuesto, es el de Judas. Judas, como buen judío de su tiempo, conocedor de las Escrituras, se aplica el lema de ojo por ojo y diente por diente. Dice el libro del Levítico: “El que mate a un animal, indemnizará por él, mas el que mate a un hombre morirá” (Lev 24, 19-21)

Leemos en el libro del Éxodo: “Si se produce una riña, con daños, pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pi por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal” (Ex 21, 22-26)

Igualmente podemos leer en el libro del Deuteronomio, capítulo 19 versículo 21. Es la llamada Ley del Talión.

Sin embargo, Jesucristo nos aclara la situación: “No he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud” (Mt 5,21). Es lo que Judas no entendió, aun después de convivir con Jesús durante tres años, y ver sus prodigios y enseñanzas. Y aun así, no podemos juzgar a Judas, ni asegurar su perdición: todo está en las Manos bondadosas de la Providencia divina, y no tenemos derecho a juzgar a nadie; el juicio SOLO  es de Dios. Nosotros ya tenemos bastante con mirarnos a nosotros mismos.

La segunda postura es la del pasota: No hay Dios. Así me quito de complicaciones, entierro mi cabeza en la tierra, no quiero saber nada y vivo la vida sacando de ella todo el beneficio que pueda mientras no me pillen. De un plumazo me he quitado de en medio todos mis problemas.

Es la imagen del necio. La Escritura, Sabiduría de Dios, como atributo de Él, en el Salmo 14 nos recuerda: 

“…Dice el necio en su interior:
 ¡No hay Dios! 
Corrompidos están, da asco su conducta
No hay quien haga el bien
Se asoma Yahvé desde los cielos
Por ver si hay algún sensato
Alguien que busque a Dios…” (Sal 14, 1-3)

Es la imagen misma de la Parábola de las “vírgenes sabias y las vírgenes necias” (Mt 25, 1-13)

En el Salmo 129 el salmista opta por la tercera opción: reconoce su pequeñez, su limitación: “Desde lo hondo grito al Señor, ¡escucha mi voz!”, poniendo oídos al Espíritu en una bellísima metáfora.

Y recuerda al Señor que no es un contable, que no lleve cuenta de sus pecados, que nadie es justo a los ojos de Dios. Y confía en Él, auténtico argumento de fe= fiarse de Dios. Decimos la noche de Pascua: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!

Y terminando con el Salmo, aparece la imagen del centinela: el que vigila, el que está expectante toda la noche para no caer en manos del enemigo. El centinela espera el relevo cuando amanezca. Está alerta.

Por eso nos dice el canto del Benedictus: “... Por la entrañable Misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto…”. Este Sol, este Amanecer, es imagen de Jesucristo, Sol que viene de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

al despertar me saciaré de tu semblante, Señor, veré tu Rostro. (Sal 17,15). Este despertar no es otra cosa que el encuentro definitivo con Jesús. Entonces, entonando el libro del Apocalipsis, podremos cantar el canto de los elegidos:

“…Llevarán su Nombre en la frente
Ya no habrá más noche
Ni necesitarán luz de lámpara o del sol
Porque el Señor Dios irradiará su Luz sobre ellos
Y reinarán por los siglos de los siglos…” (Ap 22,4-6)

Alabado sea Jesucristo

Tomas Cremades