viernes, 15 de diciembre de 2017

AMEMOS LA LITURGIA 14.- LAS FIESTAS CATÓLICAS vs LAS FIESTAS JUDÍAS(Por Tomás Cremades)

No debemos olvidar que nuestra fe católica procede de la religión judía, y que, como tal, nuestras celebraciones litúrgicas se apoyan en una tradición plena de significado también entre la judía. Jesucristo Es judío y María también. 

Dios se eligió un pueblo, el pueblo de Israel, y nosotros, somos herederos de ese pueblo por Gracia de Dios.
En la religión judía hay tres fiestas fundamentales:
La primera es la Fiesta de la Pascua, que llaman Pesaj, y que representa el paso del Señor. Es llamada también la fiesta de los Ácimos. Este paso, no es otra cosa que el paso de la esclavitud a la libertad, y nos lo recuerda el libro del Éxodo en su capítulo 12. Yahvé está hablando con Moisés y su hermano Aarón, y les indica cómo ese mes ha de ser el primer mes del año, y les explica con todo detalle cómo será la celebración de la comida del cordero, la forma en que han de vestir, etc. Más adelante les dice que el Angel de Yahvé pasará esa noche para exterminar a los primogénitos de los egipcios; y pasará de largo de las casas de los israelitas que hayan marcado las jambas de las puertas con la sangre del cordero que han matado para cenar. “..Es la Pascua, el paso del Señor…” (Ex 12,12)
Y aquí hay una primera alusión al sacrificio del Cordero Manso, Jesucristo, que salva a la humanidad con el derramamiento de su Sangre. Por eso en la Eucaristía, se celebra el sacrificio cruento de la muerte y resurrección de Cristo, y por eso decimos que todos los días en que la celebramos, celebramos la “Pascua”, el Paso del Señor por nuestra vida.
La segunda fiesta importante es la de Pentecostés,o “Fiesta de las Semanas”, que en la festividad judía se denomina “Shavuot”, y que conmemora la entrega de la Torá por parte de Yahvé a Moisés. Sabemos que la Torá es el libro sagrado por excelencia, donde se recogen los libros del Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, escritos por Moisés. Está recogido en el capítulo 20 del Éxodo. Igualmente esta fiesta judía celebra la primera recolección del pueblo de Israel.
Los cristianos sabemos que la fiesta de Pentecostés conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Lo podemos leer en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, (Hech 2, 1-5). Para nosotros, es la fiesta más importante de la Iglesia junto con la Pascua y la Navidad.
La tercera fiesta, entre los meses de septiembre y octubre es la llamada fiesta de la Parusíaconmemorando el inicio de la Creación del mundo, y comenzando el año Nuevo judío. Esta fiesta tiene, podríamos decir, otros tres  aspectos diferentes: la fiesta de Rosh Hashaná,  el Yom Kypur o día del perdón, y la fiesta de “Sucot”, que conmemora el tiempo que Israel anduvo errante por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida.
Esta fiesta de Yon Kipur o del perdón, tiene importancia también entre los cristianos. No la celebramos así, sino que nos detenemos en una cierta meditación: PER-DON es la unión de dos palabras: PER, que nos recuerda algo que se amplía, que se intensifica, y DON, que nos indica que algo se nos da gratis, el perdón de Dios para el pecador arrepentido.
Hemos de pensar que en nosotros Dios-Yahvé ha cumplido todas las promesas hechas a Moisés, a Abraham, y a todos los profetas, enviándonos a su Hijo Jesucristo. Él es la verdadera Tierra Prometida, la tierra de Jericó, que mana leche y miel (Ex 33,3)
Para los judíos, sin embargo, aun esperan al Mesías, el que renovará todo, el Señor, nombre sólo dado a Dios. Por eso, la fiesta de la Parusía, en sus tres vertientes Rosh Hashaná,  el Yom Kypur o día del perdón, y la fiesta de “Sucot”, es un memorial que indica que si todo se ha cumplido, también esto (la venida del Mesías), .se cumplirá.
El libro del Deuteronomio, en su capítulo 16, dice: “…Tres veces al año se presentarán ante Yhavé, tu Dios, todos los varones:, en el lugar que Él elija: en la fiesta de los Ácimos, (Pascua), en la fiesta de las Semanas ( Pentecostés) y en la fiesta de las Tiendas (Parusía). Nadie se presentará ante Yahvé con las manos vacías… ”(Dt 16,16)
Para los cristianos la Parusía es la manifestación última del Señor Jesús en el fin de los tiempos. Pero no hemos de esperar al fin último, Jesús viene a nosotros cada vez que comemos su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, y cada vez que leemos meditando su Evangelio, Él se hace presente, pues el Señor Jesús es la Palabra del Padre.
Alabado sea Jesucristo.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿ QUIEN ERES SEÑOR ? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 3 deDiciembre de 2017

Dios junto a mí

Velad, estad alerta: El Señor viene a nuestro encuentro para darnos la Vida que no está al alcance del poder del Mal. Éste es el mensaje del Evangelio de hoy. Es un velar pasionalmente, con la intuición de que estamos ante una ocasión excepcional que nos lleva al descanso del alma. Jesús se nos acerca con unos bienes que no conocen el desgaste ni el hartazgo (Lc 12,33 ) Son para aquellos que por la pasión con la que los buscan...llegan a encontrarlos. Son los que oyen la Voz del Señor Jesús y la abren las puertas de su alma. Acontece entonces el Bien de todos los bienes: estar con Dios cara a cara, tú a tú. 

comunidadmariamadreapostoles.com

POEMAS II.- TUS PALABRAS LLEGAN.- (Por Olga Alonso)

"Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! .Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»" Lc 10; 23-24


TUS PALABRAS LLEGAN


Tus palabras llegan  y su haz de luz recorre lentamente los espacios de mi alma
Ellas, tus palabras, impulsadas por ti y convertidas en fuentes de luz, se descubren poco a poco y penetran mis sentidos.
Así, se transforman , de palabras escritas, en palabras oídas, palabras amadas, promesas anheladas, respuestas a la falta de esperanza.
Ellas solas crean vida porque nacen en tu mano y, con ellas, nos hacemos parte de ti.
Ellas, escritas sobre papel, vienen de ti y conservan la vida que tú les imprimiste.
¡Tinta convertida en vida cuando las leemos!
"Y me dijo: «Daniel, hombre de las predilecciones, comprende las palabras que voy a decirte, e incorpórate, porque yo he sido enviado ahora donde ti.» Al decirme estas palabras me incorporé temblando .Luego me dijo: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo." Dn 10; 11-12

domingo, 10 de diciembre de 2017

VINISTE SEÑOR, PORQUE ME AMAS. 1 (Por María Pilar Perez)


Viniste Señor, porque sabías que te necesito.

Viniste Señor, porque me creaste y querías que yo te conociera.
Viniste Señor, para enseñarme a vivir y a ser feliz.
Viniste Señor, a decirme quién eres tú y qué quieres de mí.
Viniste Señor, para dar plenitud a mi vida, fiel amigo mío.
Viniste Señor, para mostrarme cuál es tu voluntad.
Viniste Señor, y porque viniste, gracias por venir. Ya no me dejes marchar sin ti. Y a los que durante mi vida anudaste a mi querer, y a los que no, atráenos a todos hacia ti. Que el mundo entero conozca tu amor y que en ti está la salvación.

 

Catequesis: Señor, cambia mi corazón reedicion





¡Somos hijos de Abraham! Bramaron airados los fariseos en sus corazones ante la llamada a la conversión formulada por Juan Bautista en nombre de Dios. Estamos con el problema de siempre, frente a la conversion que se nos propone nos sentimos ofendidos y es que como diría Jesús, el que no tenga una capa de fariseismo en su interior, que arroje la primera piedra. ¡Cuando entenderemos que el Evangelio juega a nuestro favor, no en contra...! ¡Cuando llegaremos a ser sabios segun Dios!.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Aviso de Navidad


AVISO.- Queridos hermanos, os comunicamos que teniendo en cuenta que las catequesis de los sábados del padre Antonio Pavía, se interrumpen desde el 9 de Diciembre hasta el 13 de Enero en que se reanudan, en este intervalo se  reenviará cada sábado una catequesis de las que se publicaron en su día y que tuvieron una gran acogida . El 16 de Diciembre se publicará la homilía de la misa de PRE-Navidad de ese día. 

¡Feliz Navidad!

¿QUIEN ERES SEÑOR? Hch 9,5 para el Evangelio del Domingo 10 deDiciembre de 2017

¡Preparad el camino al Señor! Clama Juan Bautista al pueblo de Israel y a todo aquel que quiera encontrarse con él. Preparar el camino al Señor poco tiene que ver con adornar una calle con flores, guirnaldas y el resonar de vítores y cantos... que también; pero es sobretodo abrirle paso dentro de nosotros, para que sus palabras alcancen nuestro corazon y lo saneen. 
Preparar el camino al Señor es acoplar nuestro oído a su Evangelio para llegar a entender que sus proyectos sobre nosotros son mucho mas altos y completos que los planificados por nuestra mente. 
Preparar el camino al Señor es acoger un Amor que no sabe de cuentas atrasadas ni siquiera de conpromisos no cumplidos.
Preparar el camino al Señor es fundamentalmente tener dispuesto nuestro oido hacia Él, como nos dice el salmista: "Escucha hija, mira, pon atento el oído...y Dios se prendará de tu belleza" Sl 45,11....Se está refiriendo al alma.. a la tuya y a la mía.

(Padre Antonio Pavía)
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 8 de diciembre de 2017

Del Salmo 5 ( Por Carmen Perez)

"Por la mañana te expongo mi causa, y me quedo aguardando. Tú no eres un Dios que ame la maldad,  Ni el malvado es tu huésped, Ni el arrogante se mantiene en tu presencia" (Salmo 5)


Tú amas al que confía en Tí, se acoge en tus brazos y espera tranquilo, sabiendo que está con su Padre ...confía totalmente en Su voluntad y en Su Amor.

Y sabe que el que es prepotente y piensa que todo está bien, no necesita ser perdonado como le pasó al fariseo ... no será justificado, pero sí el publicano ..que sabía que había cometido errores... el mismo Jesús dice que quedó justificado.
 
Nuestro Dios es misericordia confiemos como niños en brazos de su madre.

AMÉN

jueves, 7 de diciembre de 2017

APETECIBLE A LA VISTA (Tomas Cremades)

“…Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que también comió. Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos…” (Gen 3, 6-7)

Este muy conocido texto del Génesis, pone al descubierto muchas de las tentaciones del hombre de todo tiempo. ¡Qué necesidad tenían de comer nuestros padres, si tenían todo tipo de frutas a su alcance…! Es el sabor de lo prohibido lo que incita a Eva, sabor que no se ha disipado aún en la humanidad caída.
Pero es que, además, es apetecible a la vista. ¡Cuántas cosas en el mundo son apetecibles a la vista! Ya nos dirá el Mateo: “El ojo es la lámpara de tu cuerpo; si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está sano, pero si tu ojo está enfermo, ¡cuánta oscuridad tendrás…!” (Mt 6,22)
En otro lugar nos dirá la Escritura: “…no podré mis ojos en intenciones viles…” (Sal 101,3)
“…Ojos engreídos, corazones arrogantes no los soportaré…” continuará el Salmo más adelante. 
Incluso Eva observó que el fruto prohibido era excelente para lograr sabiduría…sabiduría que no procedía de Dios. 
Nos recordará el libro de la Sabiduría, en su capítulo 9: “…pues aunque uno sea perfecto ante los hijos de los hombres, sin la Sabiduría que procede de Ti será estimado en nada…” (Sb 9,6) Esta era la Sabiduría que le faltaba a Eva, la que procedía de Dios.
Y hay un detalle que no puede pasar desapercibido. Cometido el pecado de desobediencia a Dios, y de idolatría por querer ser como Él, se dieron cuenta que estaban desnudos.
Estar desnudos es estar en pecado, en la espiritualidad bíblica. Recordemos que Pedro, en la barca, después de la muerte de Jesús, y su consiguiente traición se considera en pecado. Y ha vuelto a su vida anterior. Dice textualmente: “…Dice Pedro: voy a pescar. Le contestan: vamos también nosotros…” (Jn 21,3)
Para Pedro ha sido todo un desastre. Un sueño hermoso, terminado en tragedia. Un fracaso por pensar que Jesús era el Mesías libertador… Y quiere volver a su vida anterior. Y no consiguen pescar nada…Nuevamente se aparecerá Jesús, en la orilla, en actitud de espera, no de reproche. Jesús sabe que no pueden aún “beber del cáliz que él les iba a dar”, a pesar de que en el episodio de la madre de las Zebedeos dijeran rotundamente: “…Sí, podemos beber el cáliz que  has de beber…” (Mt 20,22)
Solo lo reconoce Juan: “Es el Maestro”. Las ganas de volver a encontrarse con Él le hacen impetuosamente lanzarse al mar.  Dice el Evangelio: “…Cuando Simón Pedro oyó: “es el Señor”, se puso el vestido, pues estaba desnudo, y se lanzó al mar…” (Jn 21, 7), como Adán y Eva, conscientes de su pecado. 
Todo el capítulo 21 es muy enriquecedor, y dejamos al lector el placer de “escrutar” la Escritura, buceando en el texto.
Pues no tomemos ejemplo de nuestros padres, no escuchemos las voces del mundo, escuchemos la Voz de Jesús en su santo Evangelio, única Voz segura y fiable.
Alabado sea Jesucristo

miércoles, 6 de diciembre de 2017

POEMAS II.- HERIDAS.- (por Olga Alonso)

"Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo." 2 Co 12; 8-10

HERIDAS
Entre tus manos y sanada por ti.
Quedan muchas, muchas heridas por cerrar y es probable que otras muchas se abran, que yo misma abra.
Pero la alegría que se manifiesta en paz de las ya cicatrizadas, me da fuerza para caminar y una esperanza inquebrantable en que no dejarás ninguna abierta.
Tú, mi sanador y tu amor, mi bálsamo.
Heridas que provocaban amargura y desolación.
Heridas de caminar por la vida, heridas que el mundo no cura y que se abren con el consuelo que el mundo ofrece.
Tu amor, como bálsamo suave, despacio, muy despacio, derramado en mí, cierra cada día un poco de esas heridas y me siento tan bien en tus manos, sanada por ti.


 "Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados; consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todas los gentes; consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado." 
Is 25; 6-8


 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Guió a su pueblo (por Carmen Pérez)

"Guió por el desierto a su pueblo, 
Porque es eterna su misericordia...."

Así es, tiene que sacarnos de "nuestras cosas", para que nos demos cuenta que, como decía San Agustín, nos has creado para Tí y nuestro corazón no descansará si no es en Tí.

Y el mismo Señor nos dice: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados .. y yo os aliviaré.

El mismo Salmo dice:  Él da alimento a todo viviente porque es eterna su misericordia. 

Bendito Señor

Amemos la Liturgia 13.- La Lectio Divina ( por Tomás Cremades)

LA LECTIO DIVINA
Podríamos decir que la Lectio Divina es “la lectura orante de la Palabra de Dios”. Es, en esencia, un camino, un itinerario que nos conduce al Señor, partiendo de un determinado texto de la Sagrada Escritura.
No podemos considerar esta, llamemos, “forma de comunicarnos con Dios”, como un método de oración nuevo, ni tampoco un sistema para conocer mejor la Biblia.
El Señor nos habla con la Escritura. Pero puede ocurrir que nuestros sentidos, los sentidos del alma, no estén acostumbrados a “escucharle”. Y puede ocurrir, que “leamos” la Escritura de corrido, sin profundizar, sin “escrutar” lo que nos quiere decir. La Biblia no es una novela, ni una sucesión de hechos históricos, aunque nos recuerden a Dios. (Subrayo “leamos”, porque la Escritura no se lee, se medita). La Biblia es un pozo sin fondo que nos trae el Agua Viva=Jesucristo, y que cada vez que la abrimos, se nos hace presente .
Por eso os propongo esta experiencia:
Cuando vayamos a un texto de la Escritura, ya sea el Evangelio, o cualquier otro, lo primero es invocar al Espíritu Santo con una breve llamada: 
“...Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el Fuego de tu Amor; envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra…” También puede valer cualquier otra oración sencilla, que nos ponga “en sintonía” con Él.
A continuación, tomamos un texto cualquiera que nos sirva de meditación. Yo creo que es bueno comenzar con una lectura del Evangelio, que suele ser más conocido, más cercano, y, probablemente más fácil de interpretar.
Y ahora comienza el “sistema de la Lectio Divina”.
Leemos el texto con calma, fijándonos en todos los detalles: quién o quiénes están hablando; qué dice cada uno; cuál es el entorno que lo rodea. Observa si se habla de una situación en que intervenga la meteorología: es de noche, o acaba de amanecer; hace frío o calor…Observa si hay algo que “no cuadre” con la lógica: aquí el Señor quiere que nos detengamos a tratar de encontrar un sentido. Al principio no es fácil, y no hay que desesperarse por ello. Dios no nos pone listones que saltar, solo nos va moldeando
Continuamos meditando sobre las realidades o acontecimientos de nuestra vida que puedan tener una similitud con el texto de que se trate. Quizá hayamos sentido desánimo, o frustración por algo… 
Hasta aquí, el Señor nos ha estado hablando. Ahora hablamos nosotros: quizá nuestra oración (que eso es hablar con Dios, sea de petición; o para darle gracias por algo; o para decirle, con el corazón en la mano que no sentimos nada por Él: hay que ser sincero y valiente, pues a Él no le engañamos…y Él conoce nuestro barro).
Podemos pedirle por los familiares y amigos, por los que no tienen fe…por nosotros… por algo que nos inquieta y no nos deja concentrarnos en Él. Jesús sabe nuestras necesidades, no es preciso “agobiarnos” con contárselo…pero si eso nos calma, ¡Adelante!
Ahora vamos a CONTEMPLAR, si somos capaces, la “mirada” de Dios sobre nosotros. ¿Cómo nos verá en estos momentos? Quizá nos vea desanimados, o con sufrimientos, o con dudas, incluso de su existencia…no hay que asustarse, nuestra fe es racional, no hay nada en ella que no lo sea. Y Dios nos quiere seguros de Él, aunque no entendamos muchas cosas…si lo supiéramos TODO seríamos dioses, y ya tenemos muchos pequeños dioses dentro de nosotros como para crear otro nuevo…Dios quiere hacer un camino de Amor con cada uno de nosotros.
Podemos pensar que esta forma de comunicarnos es” novedosa”; o a lo mejor no. Pero es Gracia de Dios caer en la cuenta de que haciendo así, al menos, no me aburro, ni me distraigo como en otras ocasiones, y mi conversación – oración ha sido diferente.
Por último es importante que nos metamos “dentro del cuadro”: imaginar que nosotros vivimos la escena que se nos presenta; a lo mejor también nosotros, por miedo, negaríamos a Jesús; a lo mejor le seguiríamos de lejos como el discípulo amado…o empañaríamos su sufrimiento como la Verónica…o querríamos quedarnos con Él en el Tabor, para siempre, sin pasar por la cruz…
Para terminar, conviene rezar algo sencillo, en acción de gracias y despedida…un”Adiós” sincero o hasta pronto.
Al menos intentar este modo de encontrarnos con Jesucristo nos ayudará a no caer en la “rutina” de la oración. Este sistema no tiene tiempo previsto. No podemos rezar deprisa y corriendo para cumplir y quedarnos tranquilos de haber cumplido con Dios. Esa oración es pobre y el Señor merece algo más, mucho más. 
¡Démosle nuestro corazón!

viernes, 1 de diciembre de 2017

PASTORES SEGÚN MI CORAZÓN.- 34.- LA VOZ QUE SALVA


14

La Voz que salva

 
Nada abate más al hombre que no encontrar respuesta ante la desgracia y la calamidad cuando es visitado una y otra vez por ellas. Desamparado, desvalido e inerte ante el cúmulo de adversidades que se ceban en él, le parece estar a merced del mal y su autor, Satanás; Jesús le llama “el Maligno” (Jn 17 15).

La Escritura sitúa al Maligno en las profundidades de las aguas. Éstas, a su vez, por su permeabilidad, simbolizan la inseguridad del hombre. Desde sus profundidades, Satanás agita violentamente su existencia sumergiéndole en un mar de angustias a causa del mal que le sobreviene. Dicho esto, podemos afirmar que el Maligno tiene su propia voz. Es tal el desajuste interno que nos produce esta voz, que nos hace creer que para solventar las pruebas no hay mejor salida que la de desobedecer a la Voz, la de Dios. Preso de la angustia, el hombre da crédito a estas voces que le llevan a ninguna parte, a una soledad sin caminos como frecuentemente leemos en las Escrituras.

De estas dos voces, la de Dios y la de Satanás, nos habla el Salmo 93; voz del seno de las aguas –recordemos que en ellas tiene su morada Satanás-. Proclama el salmista: “Levantan los ríos, Señor, levantan los ríos su voz, levantan los ríos su bramido…”  El miedo está servido; son voces tenebrosas que buscan asustar y someter. Así parece que va a discurrir la existencia del hombre cuando, como de pronto, el salmista da un giro portentoso al himno y se erige como confesor de la fe en Dios cuya Voz se impone hasta acallar por completo el rugido que brota de las aguas impetuosas. “…pero más que la voz de las aguas caudalosas, más potente que el oleaje del mar, más potente en el cielo es el Señor”.

Aun así, hemos de volver a las primeras voces, las de las aguas, las de nuestro Adversario, recordemos que Satán significa adversario. La intención de éste cuando, ante el mal o, mejor dicho, sirviéndose de él, se allega a nosotros con su voz, no es otra que la de descolocarnos y someternos. Sí, someternos al fruto amargo de su voz: la muerte, como dice Pablo (Rm 6,23a). Más adelante, una vez que por su sometimiento nos ha llevado a conformarnos a ser hijos de la muerte, el Maligno nos impele a “morir matando”: a maldecir a Dios. A este conformismo suicida quiso llevar la mujer de Job cuando, ante la terrible secuencia de males que habían caído sobre él, le dijo: “¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muere!” (Jb 2,9).

Lo dicho, morir matando, abrazarse a la voz maldita del adversario y,  desde ella, maldecir a Dios. He ahí el combate del hombre. En sus oídos resuenan la voz y la Voz; una te abraza a la muerte,  la otra a la Vida; una te desampara, la otra te levanta; una te empobrece hasta aceptar el absurdo, la otra te abre al asombro que te sobrepasa y te introduce en la fiesta de saber estar con Dios. Por último, una que te desata las entrañas esparciéndolas por tierra, como hizo con Judas (Hch 1,18), y la otra que te dice: “No tengáis miedo: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33b).

 

¡Escuchad a mi Hijo!

Marcos nos relata un episodio de Jesús con sus apóstoles en el que se hicieron presentes las dos voces. Están en alta mar y “en esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ésta ya se anegaba” (Mc 4,37). Por una parte, resuenan las voces destructoras simbolizadas en el estruendo terrible de la tempestad; son voces que abanderan el miedo, hacen mella en los apóstoles quienes, en el colmo de su desesperación, piden ayuda a Jesús y no muy delicadamente por cierto; señal evidente de su desajuste interno: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” (Mc 4,38b). Jesús no es, en absoluto, ajeno a las voces que quieren envolver al hombre en una espiral interminable de desesperación, y porque no es ajeno, da cumplimiento a la profecía del salmista levantándose e imponiendo su autoridad sobre el rugido de la tempestad. Dice Marcos que increpó al viento y dijo al mar: “¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza” (Mc 4,39).

¿Quién es éste que hasta el viento y el mar obedecen?, se dijeron entre sí los apóstoles. Pues ese tal no era ni más ni menos que ¡la Voz hecha Emmanuel! La Voz que se levanta majestuosa sobre las aguas, sobre todo poder, sobre toda desesperanza y mentira; es la Voz tantas veces anunciada por los profetas. Los apóstoles la oyeron, y también, como es propio de la Palabra, “la vieron”; sí, vieron que se cumplía, que la morada del Maligno había sido invadida y sometida ante el resonar de la Voz, la Palabra del Padre, el Señor Jesús.

La fe no es algo que se recibe de golpe como en una sola entrega y que hemos de guardar y administrar, sino que tiene sus fases de crecimiento. Digo esto porque esta experiencia de los apóstoles en el mar en la que, con sus propios ojos, fueron testigos de la majestad de la Voz de Dios sobre las aguas, les preparó –hablo de Pedro, Juan y Santiago- a comprender mejor, diría casi en su real dimensión, la Voz que tronó gloriosa desde lo alto en la Transfiguración de su Señor. Recordemos los hechos. Ahí están los tres junto al Hijo de Dios  revestido de gloria junto a Moisés y Elías, cuando, de pronto, escucharon la Voz del Padre testificando acerca de su Hijo. Les dijo: “escuchadle” (Lc 9,35).

¡Escuchadle! Él es mi Voz, la que se sobrepone al Maligno, la que saca a la luz todo engaño y mentira, la que os levanta y perdona, la que os acompañará día y noche a lo largo del nuevo éxodo que, junto con Él, haréis hacia mí. Bien sabe Jesús que es la Voz, la Palabra del Padre; que ha sido enviado por Él como Buen Pastor para conducirnos a lo largo de este nuevo y definitivo éxodo. De ahí su exhortación a sus discípulos en la última cena: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6).

Escuchadle, porque su Voz os dará fuerzas para acallar toda violencia de las aguas; no hay torrente o tempestad por muy estruendosa que sea arremetiendo vuestras almas, que no termine por ser aplacada. Y es que el amor y la fuerza que nacen de esta Voz se sobreponen a todo ímpetu de las aguas. Lo testificó la esposa del Cantar de los Cantares: “Ni las grandes aguas ni los grandes ríos pueden anegar ni apagar el amor” (Ct 8,7a).

A la luz de la Teofanía del Tabor, podemos hablar también de Teofonía porque Dios se hizo audible con su Voz. Nos acercamos con inmensa ternura a la figura de Juan Bautista, el que se sabía y reconocía como precursor de la Voz. Podríamos hacer una atrevida interpretación de aquella su confesión de fe cuando le preguntaron algunos de sus discípulos si él era el Mesías que esperaban. Les dijo que no, que era solamente una voz, que la Voz venía detrás de él y que era eterna (Jn 1,30).

 

Hombres para la eternidad

Precioso, sin duda, el testimonio, la confesión que hemos puesto en la boca del Bautista moviendo un poco la forma, mas no el fondo de sus palabras. Seguimos con él y nos descubrimos ante la sublimidad que alcanza su adhesión al Señor Jesús. Más adelante, ante la duda que todavía persiste por parte de algunos de si es o no el Mesías, despeja toda incertidumbre con esta proclamación que sabe mucho a pastoreo. Se olvida de sí mismo a favor de sus discípulos a fin de que éstos se encuentren con la Verdad, con el Mesías. Les dice: “…El que tiene a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del esposo” (Jn 3,29a).

Es confesión y testimonio de amor, sí, mas también resplandece su plenitud como pastor. Sin pretenderlo, nos acaba de dar las pautas de cómo quiere Dios que sean sus pastores. Lo son según su corazón porque no miran por su vida, tampoco lo necesitan pues la tienen recogida en buenas manos, las de Dios; no, no miran por su vida sino por la de sus ovejas. La mayor alegría de Juan Bautista reside en que sus ovejas oigan la Voz. Nos estremece la elegancia del precursor de Jesús, su saber ser y estar. Al “desprenderse” de sus discípulos, no se siente herido o sacrificado como si fuera una loba a quien arrebatan sus lobeznos. Todo lo contrario, su alma rebosa, exultante; sensaciones desconocidas la hacen vibrar, y es que no es para menos. ¿No va el mismo Dios a penetrar el alma de este hombre que sabe ser y estar, que sabe dar paso a la Voz a fin de que sus ovejas “tengan vida en abundancia”? (Jn 10,10).

No, no hay aceptación “sacrificada y melancólica” de la voluntad de Dios, sino plenitud de gozo, él mismo nos lo hace saber. Después de decirnos que se alegra mucho con la voz del esposo, testifica: “Ésta es, pues, mi alegría que ha alcanzado su plenitud” (Jn 3,29b).

Juan Bautista es imagen del pastor sabio, consecuente, honesto con Dios y con sus ovejas. Sabe bien que no es el esposo del alma de nadie, tiene en su mente y en su corazón tantas profecías que recorren el Antiguo Testamento acerca de Dios como único Esposo del alma del hombre. Con la Encarnación del Hijo estas promesas alcanzan su cumplimiento. Nuestro amigo se alegra indeciblemente cuando su voz se echa a un lado para dar paso a la del Hijo de Dios. No sé si tendremos la suficiente capacidad imaginativa para hacernos una idea de lo que pudo pasar en el corazón, alma y entrañas del Bautista cuando oyó la Voz dirigiéndose a sus discípulos en estos términos: “Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres” (Mc 1,17…).

La figura de Juan Bautista, su voz anticipadora de la Voz, nos revela no poca ternura, y también sensatez y sabiduría; así como -repito una vez más- un saber ser y estar como pastor. Salvando las infinitas distancias, al igual que Dios Padre en el Tabor orientó los oídos de los tres discípulos hacia el Pastor diciéndoles “escuchadle, oídme a mí y seguidle a Él que es mi Palabra”, de la misma forma, -repito, salvando la distancia infinita- el Hijo de Dios proclamará solemnemente que todos aquellos que escuchen la voz de los pastores según su corazón están escuchándole a Él mismo: “Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha” (Lc 10,16a). Siguiendo o, mejor dicho, completando la figura de Juan Bautista en cuanto pastor según el corazón de Dios, podemos decir que fue pastor no según su voz sino según la Voz de Dios.

Pastores según su propia voz los hay. Adhesiones voluntaristas, provocadas en general por el prurito de estar a la última en cuanto a sabiduría humana se refiere, la experiencia nos dice que su recorrido es muy corto. Son voces cuyo resonar dura lo que una radio que se alimenta con pilas y sin repuesto disponible.
Los pastores según el corazón de Dios son, al igual que Juan Bautista, según su Voz. Son hombres para la eternidad porque proclaman palabras eternas; son hombres de eternidad por ser hijos de la Palabra. Por todo ello son conscientes de que su predicación no es suya sino manantial que fluye de la Voz. Su Buen Pastor les da palabras que son “espíritu y vida” (Jn 6,63) para sus ovejas.

jueves, 30 de noviembre de 2017

LOS PRIMEROS Y LOS ULTIMOS (Tomás Cremades)


En Mateo 20, 1-16 se relata la parábola de “Losobreros de la viña”, sobradamente conocida, y que crea una controversia entre los mismos cristianos. Resulta que un patrono, según la costumbre de aquellos tiempos en el pueblo de Israel, va llamando a los obreros situados en la plaza del pueblo para trabajar en su viña. Y se ajusta con ellos en un precio determinado: un denario. Y el patrono, que sería el empresario actual, va llamando a distintas horas a los trabajadores a trabajar. 

Cuando llega el fin de la jornada, paga igual a todos, independientemente del horario que han trabajado, comenzando por los que han llegado al final. Visto desde el punto de vista humano, parece incluso injusto: a más trabajo, más salario, podríamos pensar. Y no estaríamos mal encaminados. Cuando en la Escritura hay algo que parece “chirriar”, hay que detenerse: Dios nos quiere decir algo. Dios, paradigma de todas bondades y justicias, no puede caer en esa trampa.
El primero que fue llamado desde los tiempos de Adán y Eva, fue el justo Abel, asesinado por Caín, hijo de nuestros primeros padres. Y después el Señor fue llamando a Abraham, a Jacob, a los Patriarcas, a Moisés, a David…a los profetas, y por último a Jesucristo, Dios mismo encarnado en las purísimas entrañas de María, nuestra Madre. Y a todos los ofreció lo mismo: el premio de “trabajar” en su Viña, que no es otra cosa que el Reino de Dios.  Y a todos paga lo mismo, si le somos fieles: la Vida Eterna. 
A algunos les llama a la primera edad, para ser hijos de su Iglesia; a otros más tarde, quizá en la juventud…después de un problema de cualquier tipo…a otros en la madurez o la vejez. Pero es cierto que a todos nos llama. Dice el texto bíblico de Mateo, que “sale” a distintas horas. Y repite, en diferentes formas verbales la palabra “salir”. Literariamente hablando, podríamos decir que incluso es poco afortunada la repetición de esta palabra. Y es que el Señor, insiste e insiste en “salir” a nuestro encuentro. Salió al encuentro de los de Emaús, y sigue saliendo, como salió en busca de san Agustín, por la intercesión de su madre santa Mónica. Él mismo escribiría en su libro de “las Confesiones”: “…tarde te amé, belleza infinita… yo te buscaba en la belleza de las criaturas… pero Tú estabas dentro de mí…” Incluso a Dimas, en los últimos instantes de su vida, con su confesión de fe, le regala la salvación. 
Y sale en busca de la oveja perdida, de nosotros, una y otra vez, con distintos acontecimientos de la vida, haciéndose presente en ella, para recordarnos su Presencia junto a nosotros. Nos llama, en definitiva, a trabajar en su Viña, en su Reino; cada uno con las habilidades, carismas…que nos regaló. Y el pago es igual, para todos: la Vida Eterna. Aquí está la Justicia de Dios, que no es, sino, “ajustarse” a Él. Por eso nos recordará, por medio del profeta Isaías: “mis caminos no son vuestros caminos (Is55,8), o reprochará a Pedro: “tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16,21-23)
De ahí que adoremos a Jesucristo, nuestro Maestro y Señor, Dios único y verdadero, que nos enseña las verdades de su Reino, adonde nos tiene destinados.
Adorado sea Jesucristo