martes, 15 de noviembre de 2016

AMAR LA EUCARISTÍA.- HISTORIA.- Capítulo 4


Los Padres de la Iglesia nos van a dar su opinión acerca de la eucaristía:
San Ignacio de Antioquía
Fue Obispo de Antioquía, martirizado en Roma siendo devorado por los leones en los tiempos del emperador Trajano en el año 110. Nos deja los siguientes testimonios:
-Carta a los Efesios: “Partiendo de un mismo pan, que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, sino vivir por siempre en Cristo Jesús”.
-Carta a los Filadelfios: “Esforzaos, por lo tanto, por usar de una sola eucaristía; pues una sola es la carne de nuestro Señor Jesucristo y uno solo es el cáliz para unirnos con su sangre, un solo altar, con un solo Obispo junto con el Presbítero y los Diáconos con siervos míos, a fin de cuanto hagáis, todo hagáis según Dios”.
-Carta a los Romanos: “No siento placer por la comida corruptible ni por los deleites de esta vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, el linaje de David; y por bebida quiero la sangre, de Él, el cual es caridad incorruptible”.
-Cartas a los Hermíneos
a) “De la Eucaristía y de la oración se apartan (los docetas) porque no confiesan que la eucaristía de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por bondad resucitó el Padre. Por tanto, los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo, mejor les fuera amar para que también resucitasen”.
b) “Solo aquella Eucaristía ha de tenerse válida: la que se celebra bajo la supervisión del Obispo o aquel a quien él se lo encargare...no es lícito sin el Obispo ni bautizar ni celebrar ágapes”,
San Justino
Es un mártir que murió decapitado en el año 165, fue uno de los mayores apologetas de la Iglesia, destacando su obra Diálogos con Trifón debido al intenso debate que mantuvo con éste judío. Justino tuvo que hacer frente a las acusaciones de canibalismo que recaían sobre los cristianos. No obstante Justino va a ser muy tajante al respecto:
En su Apología primera, manifiesta: “Este
alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del cual a ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrinas verdadera, y ha sido purificado por el bautismo para perdón de pecados y para regeneración y que vive como Cristo enseñó. Porque estas cosas no la tomamos como pan ordinario ni bebida ordinaria, sino que, así como el verbo de Dios, habiéndose encarnado Jesucristo nuestro Salvador, tuvo carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra (verbo) de oración procedente de El alimento del que nuestra sangre y nuestra carne se nutren con arreglo a nuestra transformación es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó... Y por todas las cosas de las cuales nos alimentamos, bendecimos al Creador de todo, por medio de su hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Y el día llamado del sol se tiene una reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en las ciudades o en los campos, y se leen los comentarios de los apóstoles o las escrituras de los profetas...Y se da y hace participante a cada uno de las cosas eucaristizadas y a los ausentes se les envía por medio de los Diáconos.....Y nos reunimos todos los días del sol (domingo) puesto que es el día primero el cual Dios, cambiando las tinieblas y la materia, creó el mundo y Jesucristo nuestro salvador resucitó de entre los muertos”.
En sus Diálogos con Trifón dice:
- “Porque desde la salida del sol hasta su ocaso mi nombre es glorificado entre las gentes y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda pura, pues grande es mi nombre entre las naciones dice el Señor, pero vosotros lo profanáis....Ya entonces predice a cerca de los sacrificios que en todo lugar le son ofrecidos a Él por nosotros los gentiles, (gentiles convertidos al cristianismo) esto es, el pan de la Eucaristía y el cáliz igualmente de la Eucaristía”.
- “Así nosotros los que por el nombre de Jesús con un solo hombre hemos creído en el Dios hacedor de todas las cosas, habiéndonos despojado, por el nombre suyo hijo primogénito, de los vestidos viejos, es decir de los pecados, inflamados por la palabra de su llamamiento, somos la verdadera raza sacerdotal de Dios; según atestigua el mismo Dios al decir que en todo lugar entre los gentiles hay quienes le ofrecen a él sacrificios agradables y puros. Pues de todos los sacrificios por medio de este nombre los cuales ordenó Jesucristo que se hicieran, a saber, en la Eucaristía del pan y del cáliz, sacrificios que hacen los cristianos en todos los lugares de la tierra, ya que de antemano testifica Dios que le son agradables. En cambio rechaza los que hacéis vosotros, y por medio de vuestros sacerdotes, diciendo: y vuestros sacrificios no aceptaré de vuestras manos: pues desde la salida del sol hasta su ocaso mi nombre es glorificado, dice, entre las gentes, mientras que vosotros lo profanáis”. 

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